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Ráfagas como para fingir que entendemos este momento – Question Digital

Ráfagas como para fingir que entendemos este momento

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DIEGO SEQUERA | La acumulación de sucesos políticos de peso lo pone a uno como a tratar de poner un poco de orden en la pea. El ritmo político actual ha hecho del resto de las cosas un amontonamiento de escenarios movibles. Pero empecemos por la mitad: el gobierno más asediado por el enemigo en la historia del país en tan poco tiempo está devolviendo los coñazos con mayor fuerza y eficacia; está avanzando y le quitó la iniciativa a la conspiración fachocriolla, aunque todavía no haya sido derrotada. Quedaron mareados, pero de que siguen, siguen.

habilitantemisionverdad.com

-Por más clichoso que suene, la frase “pensar el presente” cobra otra dimensión ante el cruce de hechos políticos capitales esta semana que pasó y esta que cursa. Hechos que inciden en la vida del país en su conjunto, en la vaina pequeña y diaria, en los aspectos más grandes y abstractos, en el cúmulo que hace al presente; nuestro permanente presente arterial, el hoy por hoy.

-Que todo este cruce de circunstancias (intervención extranjera y sabotaje, guerra económica fachofinanciera, la guerra contra la corrupción, el impulso hacia una nueva cultura política, la Habilitante, las elecciones municipales, coñoelamadre llegó diciembre) a todos nos llega, en todos nosotros influye, la confrontación también va por dentro, se enfrenta a lo que entendemos, a nuestras convicciones, y parece superarnos también. Que este tiempo sea de “excepción”, que lo ubique fuera de la ilusión de normalidad, explica que vivamos la excepción del tiempo de guerra.

-Una guerra integral, que ocupa todas las esferas de la actividad social, y que por eso es centralmente económica en primer lugar. Luego se extiende, y llega hasta el alma, sale de nuevo, y llega hasta la noción política que se produce en la calle, en los actos. En la forma en que se hace la cola pa comprar electrodomésticos, en la forma en que algunos reaccionan, defienden y encubren el históricamente delictivo estilo comercial venezolano; eso también es un hecho político. La usura, en este contexto, aún más: es un acto voluntario.

-Fue Eduardo Gómez Sigala el que representó y encarnó el discurso de la MUD el 14 de noviembre fijando la posición de las facciones escuálidas en el hemiciclo de la Asamblea Nacional. Y hay que ponerle cuidado a las proporciones simbólicas de ese acto: toda una metáfora que el más empresario, el más latifundista, el más apellidote de cuanto diputado opositor (“moderado” o facha) medra en la Asamblea sea el vocero para la ocasión. La posición de esa oposición está clara. Se confronta, con toda su desnudez; un proyecto frente a otro. El turbocapitalista Gómez Sigala frente a la Habilitante del Presidente. Aunque mejor dicho sería, manteniendo la metáfora, Gómez Sigala contra Clotilde. Ahí, en su discurso en la Asamblea, se destaca en última (y primera instancia) una cultura frente a otra.

-Una cultura, por cierto, que se estaba perpetuando en la vida política e institucional de la Revolución. Se estaba perpetuando dentro del Estado, se prolongaban insoportablemente las prácticas y nociones de lo político que sobrevivían sobre esa dupla siamesa que mientan burocratismo-corrupción. Todavía estamos ahí. Pero ya es un hecho consciente, ya es una decisión de Estado que cuenta con apoyo en el resto de la sociedad, del país en movimiento, el salir de ese marasmo, de otra fatalidad neocolonial que quieren vendérnosla como floclor.

-Si cultura implica todo lo que registra actividad humana, si una cultura es el sedimento de lo que va quedando no solo en el campo de la expresión (las artes, las comunicaciones, etc.) sino que también se refleja en las leyes que rigen a una sociedad, en toda la actividad humana de una sociedad, en todo registro, entonces también le agarramos la pata cultural al momento en curso.

-La Habilitante también se entiende mejor al desentrañar el fenómeno de la usura salvaje y bestial, aquella contra la que tuvo que entrompar el gobierno para frenar el sostenido proceso de asfixia a la cotidianidad en el que estábamos, por la arremetida de la guerra económica. Que eso se haya frenado, que se cruce con lo que entraña política, cultural y espiritualmente (en cuanto a nación) que se le da a la Habilitante (esta de ahora, la de Maduro), que se entrompe la arremetida más agresiva en lo que va de Gobierno de Calle, hacen de esa combinación de presente -uno bastante contradictorio, por cierto- encarne una situación revolucionaria. Una posibilidad de salto adelante.

-A uno le da por creer que en momentos así, pesa toda la historia, que se puede condensar en un solo instante. O al menos que esa posibilidad existe, que se hace más presente sin por eso tomar esto que se dice como una profecía o algo parecido. Esta mezcla de circunstancias, en este momento, cerrando uno de los años más sacudidos en nuestro país y en nuestras vidas, lo ha trastocado todo. Dejó al país mareado por completo. Ahorita vale más tirar flechas que buscar la opinión de esa ladilla ruidosa que son los expertos. Un “experto” no es más que alguien que alguna vez fue perto. Son nada pues. No dicen nada.

-Los revolucionólogos se horrorizan ante la falta de “conciencia de clase”, dicen, ante el inveterado consumismo, ante el gentío que hace colas de varias cuadras pa comprar un coroto que hacía falta -o no-, que ahí está el frrracaso de los dirigentes del gobierno actual de no hacer del rescate de los precios en Daka y etcétera un acto suficientemente bolchevique. La militancia pro, el ecosifrinaje pachamamista, sufren indignados porque la gente quiera comprar peroles en diciembre y estaban salvaje y ofensivamente caros, te restregaban precios en la cara y la izquierdología ascéptica, impecable, portoalegrista, lamenta que la gente vaya a consumir.

-Que arroje la primera laptop el que no haya consumido, que arroje su androide chino. Dentro de la complejidad del asunto, se les hace demasiado difícil de entender que ahí, consumo mediante, también se expresa un acto liberador (además de una larga y ladilla fila kilométrica). Y que importa una mierda que en ese acto sencillo no se haga superestructura. Un rasgo circunstancial se vuelve un hecho moralmente condenable por estar fuera del manual.

-Por supuesto, los que defienden ese estado de las cosas antes de la intervención del gobierno contra la subida de los precios son peores, la escualidumbre “pensante”, los que pronostican el desastre total, el Estado fallido que caerá porque frenar la usura bestial va contra las i-ne-xo-ra-bles “leyes del mercado”. Ese, que se lamenta de ser tan tercermundista. Jorge Roig, el actual frontman de Fedecámaras, dice que igualito, por ir contra el canon del capital, se viene el “punto de quiebre”, que las medidas en realidad funcionaron, pero pa que Maduro termine su mandato tiene que cambiar el modelo económico. Pero ya sabemos cuál es el modelo de Jorge Roig (“¡Te queremos Pedro!”). Veremos.

-El presente “presente”, digamos, es el punto de condensación entre el jalonamiento de la guerra en ese tiempo, y la fuerza emancipadora de la revolución, dicen por ahí. Y ahí, tal vez (aquí, tirando flechas) radica la esencia de este momento histórico que volvió a empujar el gobierno chavista y la gente en la calle, con ese cúmulo de movimientos cruzados, con ese presente global tan jodidamente inestable, con este ahora de ahorita, con todo lo que significa la Habilitante en este momento de nuestra historia, con la gente, en la calle, sabiendo quién es quién. Asumiendo el legado. Que así es que pareciera que se abren los nuevos ciclos. Y que lloren escuálidos y puristas en coro.