¡Radicalizar la democracia ante cualquier agenda neoliberal, intervencionista y autoritaria!

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Juan Barreto. Javier Biardeau. Héctor Sánchez|

 El general no le prestó atención a la maestría de la respuesta, porque lo estremeció la revelación deslumbrante de que la loca carrera entre sus males y sus sueños llegaba a su fin. El resto eran las tinieblas.“Carajos”, suspiró. “Y cómo voy a salir de este laberinto!” Gabriel García Márquez, El general en su laberinto. 1989.

 DOCUMENTO COMPLETO, INDICE:

I.- ABRIR EL DEBATE MÁS ALLÁ DE LA IZQUIERDA: SUBCULTURA DE LOS MANUALES = SENTIDO COMÚN DE LA IZQUIERDA DE APARATO.
II.- LA CRISIS DE LOS REFERENTES MARXISTAS CLÁSICOS.
III.- LO QUE ABRIÓ LA COYUNTURA 1968-1990 PARA LAS COORDENADAS DE IZQUIERDAS
IV.- MAS ALLÁ DE LA LUCHA ARMADA COMO TÁCTICA POLÍTICA
V.- PARA NO OLVIDAR LAS DISIDENCIAS Y OPOSICIONES DE IZQUIERDA
VI.- INDAGAR PARALELISMOS ENTRE LAS CONCEPCIONES DE ALFREDO MANEIRO Y ERNESTO LACLAU
VII.- MÁS ALLÁ DE LA SOCIEDAD DE “LOS PRIVILEGIADOS EN EL PODER”

Venezuela: ¿Radicalizar el proceso?I.- ABRIR EL DEBATE MÁS ALLÁ DE LA IZQUIERDA: SUBCULTURA DE LOS MANUALES = SENTIDO COMÚN DE LA IZQUIERDA DE APARATO.

la publicación en 1985 del texto “Hegemonía y estrategia socialista”[i] de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, seis años antes de la caída de la URSS (1991), configuró un acontecimiento significativo en el debate del campo de las izquierdas europeas frente a la pretensión hegemónica del proyecto neoconservador/neoliberal[ii] en Gran Bretaña.

Nosotros postulamos que aquí y ahora en Venezuela es fundamental revisar muchas evidencias tácitas de la izquierda y desde allí, como orientación política del momento presente,confrontar cualquier política que remita a estos tres asuntos:

  1. Vulnerar la Soberanía Nacional,
  2. Precarizar aún más la existencia social, sobremanera en condiciones de Pandemia, y
  3. Desmantelar las conquistas democráticas no solo del proceso bolivariano, sino del trayecto histórico democrático venezolano.

Cuando nos referimos a Laclau, decimos “izquierdas europeas” y “Gran Bretaña” para contextualizar con precisión el lugar de enunciación de los análisis y discursos para nuestra lectura:

¿Tendrían alguna relevancia y pertinenciaaquella discusión para el contexto latinoamericano, cruzado en aquellos años tanto por la situación de alta turbulencia política centroamericana como por el devenir de los regímenes autoritarios del Cono Sur?

La significación fundamental de aquella propuesta de Laclau-Mouffe fue plantear, en aquel confuso momento histórico de los años 80,una interrogante sobre el balance teórico de las reflexiones críticas sobre el “marxismo”, incluyendo la validez, eficacia, legitimidad, vigencia y pertinencia del “marxismo-leninismo” predominante, tal como lo había concebido los Partidos Comunistas de Europa, la URSS y China, en sus diversas codificaciones y resignificaciones.

De este modo, no solo se oponían al “proyecto neoliberal/neoconservador”, sino que postulaba una alternativa que cuestionaba frontalmente los regímenes de partido único y su Estatismo Autoritario[iii], el modelo político prefiguradopor las propias izquierdas de aparato. Tal propuesta era la democracia radical y plural.

Todavía en los años 80 los Manuales (Los “Ladrillos Soviéticos” a los que hacía referencia el Che en los años 60) y la subcultura manualesca hacían estragos en los cuadros y militantes delas formaciones políticas de izquierda.Los debates no se resolvían ni tramitaban con argumentos, ni siquieracon persuasiones basadas en respaldos y criterios de consistencia, sino con decisiones racionalizadas con las llamadas “citas de autoridad”. La izquierda mostraba así, su esplendor dogmático.

Mucha doxa y propaganda sustituían el pensamiento crítico y creativo. Dudar fue automáticamente calificado de traicionar, a pesar que Marx había hecho suya la cita: “De omnibus dubitandum”; en fin, dudar de todo. Entre las víctimas de aquellas dudas estuvo el poeta Roque Dalton ajusticiado por sus propios “Camaradas”.

En el contexto de Venezuela, durante los gobiernos de Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi,se mostraban los síntomas de agotamiento del bipartidismo dominante. También el campo de las izquierdas mostraba sus debilidades, sus inconsistencias, sus fraccionamientos y sus costuras. Electoralmente débiles, organizativamente divididas, ideológicamente petrificadas con algunos excepcionales refrescamientos.

Por lo general, predominaba el pensamiento petrificado y la acción ineficaz, sin calidad transformadora de las relaciones sociales, reproduciendo fetichismos y enajenaciones que podrían reducirse a dos: su dogmatismo y su colonialismo interno.

 

Un ejemplo simbólico en Venezuela fue que hasta Ludovico Silva y sus textos seguían siendo mirados con ojeriza por “antisoviético”, al cuestionar la autoridad y la validez de los manuales marxistas.Ludovico Silva llamaba permanentemente a leer directamente la obra de Marx y Engels.

Mientras, en la izquierda revolucionaria grupuscular se hablaba de “lo concreto” no en referencia al círculo “concreto-abstracto-concreto” del método de Marx, sino reduciéndolo a su peor nivel de significación, como si fuera lo empírico o lo práctico-operacional.

El tareismo, la propaganda, lo panfletario era la actividad del militante revolucionario. ¿Para qué pensar si lo que había que hacer era aplicar el marxismo codificado, el molde, la plantilla del manual? La aplicación del marxismo a las condiciones concretas de cada país era la frase más manida. Obviamente, no se preguntaba por cuál de todos los marxismos.

Las categorías marxianas habían sido degradadas a pura doxa, a folletos y libritos de vulgata trasladados por alguna vía de Albania, de China o de la URSS en ediciones populares. Leer a Marx directamente era una severa desviación ideológica. Ese era el contexto venezolano. Quizás en otras geografías de la experiencia, con una tradición crítica hacia la vulgata marxista había otras “políticas de interpretación”.

Casi todo lo que fuera estudiar, formarse y desarrollar capacidades, destrezas y habilidades se había convertido en una desviación pequeño-burguesa, una desviación política o una desviación ideológica. El lenguaje del control y de la vigilancia era la socialización elemental del militante. El que no cumplía tareas y se dedicaba a pensar, a trabajar o a enamorarse simplemente no pasaba las pruebas necesarias para convertirse en un “cuadro revolucionario”. Tenía primero que dedicarse al tareismo, al seguimiento de las directrices, instrucciones y líneas del partido.

La lucha política inmediata nada tenía que ver con aquella “lucha teórica” que mencionaba Engels cuando planteaba que había que instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie[iv].

Tuvimos la fortuna en aquellos años de conocer otras referencias. Nos hicimos discípulos y amigos de la lectura de los textos de Rigoberto Lanz, entre muchos otros. De una lectura impugnadora y a contracorriente del “marxismo de aparato” (Dialéctica del conocimiento, El marxismo no es una ciencia, Para una crítica de la sociología marxista.

Para una teoría del poder, del Partido y del Estado), con quien se escrutaba y polemizaba con los textos prohibidos: Lukacs, Korsch, Gramsci, algo de Rosa Luxemburgo, ciertos diálogos con Trotsky, un Leninismo ya cruzado por su revisión en los años 60. Allí las referencias a Löwy, a Goldmann, a Lukacs, Gramsci y Sartre intentaban orientar una lectura distinta del DIAMAT-HISMAT.

Por otra parte, la polémica del eurocomunismo que se agitaba en aquellos lejanos territorios europeos, tenía una breve resonancia en el seno del MAS venezolano, pero en general la vieja militancia estaba fehacientemente convencida que hablar de socialismo era referirse exclusivamente a lo que sucedía en la URSS, China o Cuba. Noticias sobre posibles alianzas entre socialistas y comunistas en Francia o en Italia eran vistas como curiosidades que debían ser pasadas por el tamiz y autorización del Partido.

Todavía J. R. Núñez Tenorio no había dado su paso a una renovación teórica en diálogo polémico con Althusser. Era una proeza observar como aquel ya maduro y alambicado cerebro educado en los manuales marmolizados se iba transformando en un pensador crítico, contraviniendo la profecía que aseguraba que un “marxista-leninista” convicto y confeso, no podía pasar a desarrollar un marxismo crítico y abierto después de los 50 años de edad.

Por otra parte, Ludovico Silva había demolido los manuales y creaba su teoría de “La alienación como sistema”, su obra conceptual mayúscula, luego de recrear una teoría dela ideología y de postular la existencia de la “plusvalía ideológica”. Todavía hoy, más lo citan superficialmente y no lo estudian a profundidad.

Federico Riú insistía con Lukacs y Goldmann polemizando con el existencialismo de Sartre. Hugo Calello y el grupo de filosofía de la praxis en la UCV renovaban las lecturas de Gramsci, de Labriola y Mondolfo. Eran brillantes excepciones.Sin embargo, había un coro mayoritario que rezaba los manuales, incluyendo los manuales de Martha Harnecker.

Esas eran algunas de las coordenadas teóricas de aquel momento donde el texto de Laclau y Mouffe planteaban de una nueva estrategia socialista con una democracia radical y plural. Obviamente estaban fuera del “régimen del discurso” del marxismo de aparato.

Llego un momento en que nuestro amigo Rigoberto Lanz volvió a reactivar la cuestión de la “crisis del marxismo” (ya había dicho que no era una Ciencia, lo cual le costó el calificativo de terrorista intelectual) con su Tesis de Doctorado titulada “Razón y Dominación” (1988). Esta obra planteó una transfiguración del título del texto de Herbert Marcuse sobre Hegel: “Razón y Revolución”, colocando una crítica de los procesos ideológicos en el interior de una crítica al propio marxismo.

Ya no era suficiente declararse “marxista”. Había llegado el momento de la reflexión crítica postmarxista, sin declarar automáticamente a Marx como “perro muerto”. Al parecer ya se sabía que una cosa era Marx, y otra muy distinta los marxismos de manual y los folletos de las “Escuela de cuadros”.

En 1984, luego de ser juzgado y condenado por un tribunal militar de la IVRepública del bipartidismo adeco-copeyano, salía de su detención el hermano de Rigoberto, el militante anticapitalista Carlos Lanz, hoy secuestrado.

Era otro protagonista de aquella línea de la “Investigación Militante” con el método Invedecor, más emparentada con la investigación-acción en la estela de Orlando Fals Borda. Allí se planteaba un debate permanente sobre aquellos enunciados sobre la “unidad de la teoría y la práctica”contra la tentación epistemológica academicista (que encarnó Althusser por algún tiempo), así como la tentación del “tareismo” y el “tacticismo” examinada dura y críticamente por J. R. Núñez Tenorio, en sus últimas reflexiones y elaboraciones.Ya no se trataba simplemente de aplicar cartillas.

El problema estratégico no era en la izquierda que existieran “habladores de paja”; es decir, intelectuales en su “torre de marfil”, sino que en la acción práctica de un futuro “Estado Revolucionario”o de un “Gobierno Popular”, se demolieran las conquistas sociales y políticas del bloque popular debido a la incompetencia mayúscula sobre cuestiones vinculadas a desafíos de gestión de una posible acción de gobierno.

La izquierda parecía preparada para llegar de una manera u otra al gobierno, pero no para gobernar con “eficacia política y calidad revolucionaria”. No había “recetas de cocina”para edificación del socialismo, aunque si innumerables textos con tales títulos pomposos sobre la edificación, la construcción y la transición al socialismo.

Aunque no es el tema central de este artículo, recordando un mínimo capítulo de la vida de los hermanos Lanz, reclamamos por la aparición de Carlos Lanz sano y salvo. Seguimos el caso. Nos inquieta. Ha sido una extraña desaparición y lo más probable es que haya sido un secuestro por razones políticas.

Conocemos de la trayectoria de Carlos Lanz, de su irrenunciable posición anticapitalista, no sólo de aparentes desplantes antineoliberales de última hora o de la simulación de una retórica antiimperialista aprendida para escalar cargos en el Aparato del Estado a punta de repetir frases huecas.

Los hermanos Lanz han sido referencia teórica y práctica en el país. Dos hermanos, dos personalidades con ansias de subvertir lo existente con inquietudes canalizadas en focos de acción distintos. De nuevo, la vieja actualidad de la“unidad de la teoría y la práctica”.

A Rigoberto Lanz lo perdimos el mismo año en que Chávez salió de la escena política.Hoy todos nuestros buenos deseos están presentes para que Carlos Lanz aparezca con plena vida, sano y salvo. Perdonen nuestro desvío, pero es pertinente hacerlo. No queremos desaparecidos. Despreciamos tal figura.Regresemos al hilo.

Rigoberto Lanz había reactivado un debate: “Crisis del marxismo”. No era un debate nuevo. Necesidad de una teoría crítica radical para enfrentar precisamente la descomposición del “marxismo de aparato”. Esa descomposición traía sus consecuencias prácticas, sus implicaciones en la actuación política.

Ya alrededor de la década de 1890 la bifurcación de tal debate sobre la crisis del marxismo había sucedido en la socialdemocracia alemana: Kautsky, Bernstein y Rosa Luxemburg. Tres figuras y tres posibles líneas de desarrollo de una interpretación del legado marxiano.

En aquella socialdemocracia alemana, la primera generación de “marxistas” parecían tener aun en sus experiencias el contacto vivo de la transmisión de Marx y Engels. El debate sobre reforma, revolución, revisión y renovación de la obra abierta y crítica de Marx y Engels estaba vivo.

Todavía no estaba claro aún como se trasladaría tal debate a un nuevo centro de activación e irradiación política, trasladando las expectativas desde Alemania a Rusia. El papel que jugaba Kautsky en Alemania, lo jugaba todavía de modo desfasado Plejanov en Rusia. Rusia tenía sus propias tradiciones anarquistas y populistas arraigadas. Sin comprenderlas, no es posible estudiar el tipo específico de marxismo ruso.

El asunto fue entonces a finales del siglo XIX enfrentar simultáneamente en la lucha teórica, económica y política a aquel desafío llamado “crisis del marxismo”.

II.- LA CRISIS DE LOS REFERENTES MARXISTAS CLÁSICOS

 Sin embargo, ya tempranamente en 1898, el fundador de la República de Checoslovaquia Thomas Masaryk[v] había acuñado la expresión “crisis del marxismo” para referirse al debate sobre el “revisionismo” (referido a la obra de Bernstein), que junto a la emergencia del “socialismo de catedra” universitario fueron fenómenos simultáneos y complementarios.

El intenso y amplio interés por las ciencias sociales abrió espacios para cursos sobre el socialismo y sobre la obra conocida de Marx: Thorstein Veblen en la Universidad de Chicago, Bertrand Russell en la London School of Economics, Wagner en Berlín, Durkheim en París. Los principales estudiosos de ciencias sociales, de Sombart a Pareto, las grandes revistas sociológicas internacionales, dedicaron amplio espacio al marxismo y al socialismo.  Luego Max Weber (1918) y Durkheim (1928), ambos sociólogos escribían sus textos ante el socialismo.

Ya desde finales del siglo XIX se articula diversas líneas de crítica, desde la filosofía académica, conocida como “neokantiana”; la economía académica elaborada como crítica marginalista a la teoría marxiana del valor; y, finalmente, aquella elaborada en el propio campo socialista que buscaba respaldo de la emergente sociología o de experiencias como el “socialismo de cátedra” y el “marxismo legal”.

También George Sorel (“La descomposición del marxismo”[vi])y Henri de Man (“Más allá del marxismo”[vii]), confrontados teóricamente por Gramsci[viii] y por Mariátegui[ix] (dada la influencia de Antonio Labriola[x] en ellos), habían planteado a su manera un desafío a la centralidad del marxismo para el movimiento obrero.

El socialismo, la izquierda y el marxismo ya formaban parte del ambiente intelectual y político de aquellas sociedades, aunque no podían ser confundidos bajo una misma concepción.

Por ejemplo, Henri de Man (1871-1947) había escrito su texto en 1927, obra en la que negaba la lucha de clases y preconizaba la planificación económica como forma de mejorar el nivel de vida de los trabajadores. En 1933 sería el autor del “Plan du Travail”, en el que refutaba el carácter terminal de la crisis que atravesaba el capitalismo, y exploraba las vías de su superación mediante un sistema de ‘economía mixta’.

Mientras en Venezuela, la muerte natural no se llevaba aún a Gómez (1935) aunque comenzaban a nuclearse las primeras iniciativas de las izquierdas venezolanas (con el PRV-México y ARDI). En Europa se reflexionaba sobre la crisis del positivismo y del liberalismo, mientras el positivismo intentaba justificar toda una respuesta anticomunista en el seno del gomecismo. Por si faltara poco,la crisis de 1930 estalló en la cara de los fundamentalistas de mercado; es decir, los liberales clásicos.

Cuesta mucho no imaginar las afinidades electivas de Henri de Man y de lo que paso a llamarse el “Planismo” con Keynes, o con lo que a la postre será el New Deal de F. D. Roosevelt.

Los planes quinquenales soviéticos ponían en guardia a un nuevo capitalismo de monopolios financieros e industriales, con su política de expansión imperialista, de control de fuentes de materias primas, de abaratamiento de la mano de obra, de control y centralización de la innovación científico-técnica y por, sobre todo, de saqueo y explotación de las colonias. Ese imperialismo hoy ha mutado en extractivismo generalizado y acumulación permanente por desposesión (David Harvey Dixit).

Previamente a los debates sobre el imperialismo, la crítica aparentemente intra-marxista de Bernstein fundamentaba un cuadro de desafíos a un programa de investigación marxiano señalado por la inconsistencia de sus caracterizaciones y previsiones históricas. De allí se apegó hasta hoy la “socialdemocracia reformista”, en un pensador actual como Jürgen Habermas, por ejemplo, en su versión amellada de la teoría crítica.

La llamamos reformista porque en sus inicios hubo una “socialdemocracia revolucionaria”, mucho antes que las nociones y representaciones más diseminadasfueran sembradasal calorde la experiencia bolchevique en Rusia, con su poderosa capacidad de irradiacióne influencia a lo largo y ancho del mundo.

Eduard Bernstein, discípulo dilecto y albacea de Engels, dirigió sus críticas a la ortodoxia marxista desde Inglaterra, donde había debido exiliarse a causa de las leyes antisocialistas de Bismarck.

Si, existieron leyes antisocialistas, como las que luego fueron aplicadas por Gómez y López Contreras en Venezuela para perseguir, encarcelar y exiliar a lo que oliera a izquierdas. No hay que olvidar nunca el Inciso Sexto.

El reformismo de Bernstein estuvo estrechamente vinculado a los socialistas fabianos ingleses, que aceptaban las tesis económicas de la escuela marginalista, Bernstein como futuro autor de “La premisas del Socialismo y las tareas de la Socialdemocracia”[xi] señalará en una serie de artículos aparecidos en Die Neue Zeit el carácter incompleto y abstracto de la teoría marxiana del valor tal como estaba fundada en el primer volumen de El Capital, al mismo tiempo que afirmaba que en el capitalismo avanzado ya no se intercambiaban las mercancías conforme a la teoría del valor, sino de acuerdo a sus costos de producción, conforme la competencia entre capitales. Fue el estallido del Bernstein Debatte.

Tal desafío a la primera generación de marxistas fue anterior a los acontecimientos que dieron lugar a la revolución rusa y su influencia mundial, pero su permanencia soterrada reaparece cada vez que se quieren invalidar algunos de los planteamientos centrales de Marx y Engels.

Con argumentos históricos rigurosos (ya reiterados por Löwy), puede afirmarse que la recepción del “marxismo” en América Latina y el Caribe fue mucho proclive a una apropiación del debate ruso sobre Marx, que a todos los debates anteriores referidos al papel de la primera generación directa de discípulos y polemistas de los trabajos de Marx y Engels.

La II Internacional tenía la “mala prensa” debido en parte a las etiquetas endosadas por los revolucionarios rusos: reformismo, revisionismo, abandono del marxismo, fundamentalmente. Lenin había acuñado la poderosa frase de marxista “adocenado” a Kautsky mientras Kautsky se dedicaba a descalificar por vocación de Dictadura a la Revolución Rusa.

Si algún éxito tuvo el marxismo soviético fue el de administrar consignas y denostaciones a sus adversarios. Fue una máquina de propaganda extraordinaria, aunque la escolástica de su pensamiento social fue también reconocida y cuestionada por Lenin.

Lenin, estereotipado como un político del puro acto revolucionario planteó nada más y nada menos que volver a estudiar a profundidad la obra de Hegel: “Ciencia de la Lógica”. Decía qué sin ella, era imposible entender la Dialéctica y El Capitalde Marx. Nunca llamo “hablador de paja” ni “perro muerto” a Hegel. Lenin recomendaba en su antiestatista libro ¿Qué hacer? no abandonar nunca la “lucha teórica.No había espacio para cultivar ignorancias supinas.

He allí la grandeza intelectual de Lenin, frente a la bajeza de sus repetidores y deformadores, o frente a la mediocridad de los “revolucionarios” tareistas y tacticistas, de los que despachan el estudio y el debate teórico con frases estereotipadas.

He allí el testamento político de Lenin, para salirle al paso los arribistas del poder,que,agazapados en funciones administrativas intermedias, esperaban su salida final de la escena de la historia, controlando ciertamente las estructuras del aparato partidista. No olvidemos nunca las maniobras de Stalin en la Secretaria General del Partido mientras Lenin estaba convaleciente.

Quizás por esta razón, para los marxistas latinoamericanos, el marxismo fue fundamentalmente el “marxismo-leninismo”, una invención propiamente soviética, tanto del manual de Bujarin como de los textos de Stalin, que hacía caso omiso o denostaba por “revisionista” a cualquier discurso distinto a las ideas de los partidos comunistasde entonces. Se instituyó así la escolástica: DIAMAT-HISMAT.

Las complejidades y resistencias de un capitalismo cada vez más crecientemente organizado, la tesis del imperialismo, el avance del movimiento socialdemócrata parlamentario, la diferenciación y fragmentación de las distintas posiciones de los agentes sociales respecto a la unidad proletaria que, de acuerdo al paradigma clásico, hubiera debido existir entre las mismas, fue el clima de múltiples debates alrededor del marxismo de la II y la III Internacional. Así mismo lo fue la aparición de la fuerza del nacionalismo expansionista y la cuestión colonial. La guerra y la paz dejaron de ser cuestiones baladíes. El internacionalismo del socialismo revolucionario nunca se confundió con un chovinismo expansionista.

La experiencia histórica de la revolución rusa y el fracaso de la revolución alemana, marcaron para siempre el campo de las izquierdas mundiales. Muchas de sus diferenciaciones y polémicas posteriores derivan directamente de estos momentos fundacionales. Necesario será volver a adentrarse en tales tramas de polémicas, sin bozales ni censuras, para reapropiarse de herramientas y todo un bagaje de experiencias acumuladas.

" de octubreIII.- LO QUE ABRIÓ LA COYUNTURA 1968-1990 PARA LAS COORDENADAS DE IZQUIERDAS

Lo que abrió precisamente la coyuntura teórica y política entre 1968 y 1990 fue una nueva revisión o reexamen de aquellos viejos debates aparentemente enterrados en memorias políticas, en los archivos y bibliotecas, sobremanera por el fracaso de la ola de movilizaciones condensadas en el año 1968, y por la contraofensiva generalizada de la derecha hegemónica de los centros capitalistas ante tales acontecimientos.

Sin embargo, un fue sólo un asunto de centros, también las periferias capitalistas estaban en clave de turbulencia. La Masacre de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 en Ciudad de México mostró cuan represivo y sanguinario puede mostrarse un régimen político del llamado “Nacionalismo burgués”, en medio de las movilizaciones de trabajadores y estudiantes organizados en el Consejo Nacional de Huelga (CNH) contra elGobierno de Díaz Ordaz. De modo que no hay que hacerse ilusiones con el modo como una revolución social, como la mexicana, derivo en un régimen de partido-único-Estado por muchas décadas.

Por otra parte, el proyecto neoconservador/neoliberal fue una fórmula ideológico-política de reemplazo a la crisis política desatada en el contexto de 1968, al avance de acontecimientos como la revolución de los claveles en Portugal en 1974, a la significación de los fuerzas de izquierda en Europa, que encontraron en figuras como Thatcher y Reagan, los emblemas de la contraofensiva contra manifestaciones del “izquierdismo político-cultural”[xii], reelaborando sus principales convicciones políticas, sociales y de política económica en  décadas muy anteriores a 1990.

Los supuestos y metas básicas que orientaron desde entonces a los Gobiernos de EEUU y Europa fueron la redefinición de las relaciones entre Estado, política, sociedad y mercado, con “planes de austeridad” y “degradación social y laboral” que tuvieron como fundamentación teórica el pensamiento de los economistas monetaristas y neoliberales: ¡Guerra al Estado Democrático y Social! pudo haber resumido sus deseos e intenciones.

Hasta hoy sigue la iniciativa de desmantelamiento del Estado de Bienestar, de recuperación de la función de mando del capital ante las conquistas de la clase asalariada y ante las concesiones dadas anteriormente dadas las presiones en el conflicto Este-Oeste, así como en el intercambio desigual Norte/Sur.

Si se quieren comprender las transformaciones de los planes de ajuste estructural y estabilización, si se quiere comprender porque se elige el IVA y no la tributación progresiva, si se quiere comprender la precarización, la flexibilización y la degradación de los salarios y condiciones de vida de los trabajadores se precisa entender los flujos y agenciamientos micropolíticos del proyecto neoliberal/neoconservador. ¿Cómo llamar “progresista” a un gobierno que aplica una política monetarista y neoliberal?

Sin embargo, para América Latina y el Caribe, todo este escenario había comenzado mucho antes, justamente en la coyuntura crítica de la experiencia de “transición democrática, pacífica, constitucional y electoral al socialismo en el Chile” de Allende, interrumpida por el Golpe militar dirigido por Augusto Pinochet (1973).

La posibilidad de la vía chilena al socialismo (democrática, electoral y pacífica) contrastaba con lo que hasta entonces había sido el imaginario político de la mayor parte de la izquierda latinoamericana, centrada en la experiencia guerrillera y la revolución cubana en 1959. Se trataba para muchos de dos modelos de cambio social y político. Allí habitaba el dilema de Bernstein/Luxemburg debate: reforma/revolución.

Luego del Golpe militar en 1973, Pinochet tomó como inspiración de su política económica la plataforma de medidas y concepciones recogidas en el documento conocido como “El Ladrillo”[xiii]. Los autores del documento: Andrés Sanfuentes, Juan Villarzú y José Luis Zabala Ponce, iniciaron la elaboración del texto en agosto de 1972, mucho antes del Golpe militar de septiembre de 1973, y todos habían sido formados en la Universidad de Chicago.

“El Ladrillo” fue desde entonces un documento clave en la historia del Pensamiento Neoliberal en América Latina, pues demuestra que tal proyecto tuvo como laboratorio de experimentación el continente latinoamericano antes que se implantaran tales ideas-fuerza en los gobiernos de Thatcher y Reagan.

Tiempo después, en plena crisis del endeudamiento externo(1982), el gobierno de Reagan utilizó su enorme poder en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para obligar a los países latinoamericanos a llevar a cabo las reformas económicas y políticas de la agenda neoliberal sintetizada por John Williamson como “Consenso de Washington”[xiv] en un muy corto plazo, independientemente del costo social y político que esas drásticas políticas de ajuste pudieran tener.

A diferencia de lo ocurrido en los países centrales del sistema-mundo, esta ofensiva encontró en estos países periféricos una limitada oposición inicial por parte de la sociedad y sistemas políticos donde Estado, partidos y sindicatos se encontraban en una profunda “crisis de legitimación”. No había llegado aún la necesaria respuesta de la protesta popular antineoliberal[xv].

Además de ser planteada como una teoría económica racional, el neoliberalismo es y será una “visión del mundo”, una teoría política normativa que estipula las modalidades que deben y tiene que asumir el Estado y los sistemas políticos para garantizar el máximo despliegue de las potencialidades del “libre mercado, el libre comercio y la iniciativa privada”, sin regulaciones ni supervisiones del Estado.

De modo que la crisis desatada desde los años 60 en los países del Tercer Mundo y a partir de 1968 en el interior de los países centrales del sistema-mundo, fue contenida por diversas “estrategias de recuperación y restructuración” del Capitalismo Mundial Integrado. Aunque todavía no se hablaba de globalización, ya las semillas habían sido sembradas.

Las rivalidades y competencia por áreas de negocios, había dado paso a un concertado esfuerzo de reestructuración del Capital, con la configuración de una estructura de mando y coordinación política.Y esta no era ajena a las viejas “estrategias contra-insurgentes” como lo reflejarán los documentos de Santa Fé.

Entre tales estrategias puede mencionarse el primer Informe sobre la “Crisis de la Democracia” de la Comisión Trilateral[xvi], fundada por iniciativa de David Rockefeller, exmiembro ejecutivo del Council on Foreign Relations y del Grupo Bilderberg, órgano que aglutinó a personalidades destacadas de la economía y los negocios de las tres zonas principales de la economía capitalista: Norteamérica, Europa y Asia-Pacífico.

La Comisión Trilateral (1973), verdadero antecedente de la “triadización mundial” se propuso desde entonces convertirse en un organismo privado de concertación y de orientación de la política internacional de los países de la tríada (Estados Unidos, Europa, Japón). Su carta fundadora resumía su misión: “Centrada en el análisis de los temas principales a que deben hacer frente Estados Unidos, Europa del Oeste y Japón, la Comisión se consagra a desarrollar propuestas prácticas para una acción conjunta”.

Al igual que los neoliberales, la Comisión Trilateral exigió una transformación medular de los sistemas políticos contemporáneos con el fin de recuperar la autonomía (y separación) de la economía en relación a la política, limitando la acción del Estado para garantizar las condiciones básicas de reproducción del metabolismo del Capital y de las fuerzas del mercado, coincidiendo neoliberales y neoconservadores en una crítica a los «excesos» de la democracia en las sociedades contemporáneas, imponiendo toda su terminología politológica acerca de la “Gobernabilidad” y las “Democracia Gobernables”, contra los criterios conquistados de amplia legitimidad y participación democráticas, reduciendo así, el campo de acción de todos aquellos actores, movimientos y fuerzas sociales  que pugnaran por una profundización de la democracia en diversos ámbitos.

En realidad, era la gobernabilidad contra la democracia, la estabilidad contra la voz del pueblo, las concepciones elitarias de la democracia restringida, contra una nueva ola de democratización desde abajo. Esa etapa de 1968-1990 fue el momento de mayor innovación en la sofisticación de la sociedad de vigilancia y control. La ingeniería social se legitimó a sí misma en el control y contención del conflicto social.

Quedaba claro desde entonces el carácter de recomposición de las relaciones de poder mundial en lo que desde entonces sería un capitalismo mundial integrado, capitalismo trasnacional luego rebautizado como “proceso de globalización”: fábrica global y social.Estas estrategias de recomposición, recuperación y reestructuración de la estructura de mando y del metabolismo social del Capital cantaron victoria definitiva con el colapso y caída de la URSS y de la mayor parte de los integrantes del Bloque del Socialismo Real (sólo con algunas pocas excepciones). Del estudio de tales derrumbes, surgieron las metodologías de las revoluciones de colores y los Gene Sharp.

La racionalización ideológico-filosófica más sistemática llegó luego en 1992 con el texto “El fin de la Historia y el último hombre” libro de Francis Fukuyama[xvii]  en la que el autor plantea que la Historia, como lucha de ideologías, había terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal y la economía generalizada de mercado que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría. Todavía no aparecían las tesis del “Choque de Civilizaciones” ni la lucha contra el terrorismo y contra el “populismo radical”.

A este clima de recambio también se incorporaron todos los debates alrededor de la crisis de los socialismos reales, los nuevos movimientos sociales, la nueva izquierda autonomista[xviii], el eurocomunismo[xix], los llamados “nuevos filósofos”[xx], junto con las corrientes neoconservadoras del posmodernismo.

Fue en este contexto de recomposición de fuerzas sociales y políticas, que se desplazaron muchos tópicos del “marxismo” desde la nueva izquierda, desde el autonomismo y los movimientos sociales Post-68, llevando a cabo un sinnúmero de análisis que cuestionaban las premisas tanto de los movimientos comunistas de orientación marxista-leninista, convertidos en doctrina de Estado, como de los nacionalismos revolucionarios del Tercer Mundo (Movimientos de Liberación Nacional). Apareció por primera vez el semblante de la nueva izquierda, por cierto, completamente antiautoritaria, libertaria y por demás erótica y contracultural. Nada que ver, con las cuadriculas de los militantes grises del aparato.

El debate entre conservadurismo, liberalismo y socialismo se había complejizado a lo largo y ancho del mundo, y aparecían con fuerza nuevas voces y movimientos de contra el racismo, en favor de la descolonización, del feminismo y de las luchas ambientales. Las izquierdas se transforman entonces al calor de los movimientos. Los aparatos persisten en su carácter refractario, los movimientos insurgen modificando patrones y tradiciones.

La lucha armada es siempre foquista? – Razón y RevoluciónIV.- MAS ALLÁ DE LA LUCHA ARMADA COMO TÁCTICA POLÍTICA

En América Latina la trágica muerte de Guevara en Bolivia en 1967, el debilitamiento de la iniciativa de la Tricontinental de los pueblos a partir de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), organismo internacional fundado el 12 de enero de 1966 por la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana, constituyeron dos hitos importantes para detenerse a analizar el devenir de las izquierdas latinoamericanas y caribeñas.

Mucho antes en 1961 se había celebrado en la ciudad de Bandung una reunión del Comité de Solidaridad Afroasiática. Numerosos delegados plantearon la necesidad de extender este movimiento a los pueblos de América Latina. En la Conferencia del Ejecutivo que tuvo lugar en Gaza (Palestina) en el mes de diciembre de 1961 se acordó celebrar la conferencia que integrara a las organizaciones populares antiimperialistas de los Tres Continentes. El Tercer Mundo parecía unificar sus luchas con nuevos criterios geopolíticos, con base a una táctica política: la lucha armada.

En la Tercera Conferencia de la OSPAA, que se efectuó en la ciudad de Moshi (Tanganica) en 1963, 60 organizaciones políticas afroasiáticas y observadores latinoamericanos, se produjo la invitación del primer ministro Fidel Castro para celebrar la Conferencia de los Tres Continentes en La Habana. En la misma se acordó la constitución del Comité Preparatorio de la Conferencia Tricontinental cuya presidencia estuvo a cargo de Ben Barka, quien visitaría La Habana.

Las delegaciones latinoamericanas constituyeron a su vez su propia organización de solidaridad, denominada OLAS. Un año después, en abril de 1967, el comandante en jefe Ernesto Che Guevara publicó su «Mensaje a los pueblos del mundo» en la revista Tricontinental, donde hizo un llamado a la necesidad de conquistar la libertad e independencia de los pueblos creando «uno, dos, tres cuatro Vietnam”. Era la ratificación de la lucha armada como método privilegiado de lucha para la toma del poder.

La lucha armada se había convertido no sólo en el referente fundamental para determinar los métodos y formas de lucha de los pueblos, sino en un mito político a lo Sorel,idea fuerza contra las estrategias de contrainsurgencia que desde la “Alianza para el Progreso” se había extendido hacia toda América Latina. El Che Guevara denunció en Punta del Este[xxi] algunos de sus planteamientos centrales. El reformismo contrainsurgente de Kennedy se transformó rápidamente en apoyo de “Dictaduras anticomunistas”, y también en apoyo a la contrainsurgencia “democrática”, con sus rangers, escuela de las américas y teatro de operaciones.

Todos estos elementos de contexto desde los años 1960 hasta llegar a 1991, muestran un proceso de flujos y reflujos, de ondas de ascenso y descenso, de recomposiciones de fuerzas en el campo de las izquierdas, que tuvieron su expresión en las propias prácticas de las organizaciones revolucionarias, democráticas y populares venezolanas.

La derrota política de la experiencia guerrillera venezolana constituye otro acontecimiento fundamental para comprender tanto su posterior proceso de “pacificación” (La “Paz Democrática”) como su reubicación en el campo de las luchas electorales y pacíficas.

No se trataba sólo de un proceso de reubicación política sino además de profundo autoexamen de la historia teórica, política y social de las estrategias y tácticas de las izquierdas. De autoexamen crítico de la propia separación de las llamadas vanguardias, incluso destacamentos militares, de la lucha política y social de las multitudes. Se había perdido la referencia fundamental de que la emancipación de los trabajadores era obra de los trabajadores mismos, que nada ni nadie puede sustituir la experiencia de politización y autonomía del pueblo trabajador en nombre de vanguardismos autoproclamados. El jacobinismo y el blanquismo fueron analizados de nuevo.

Cuando en tal contexto, comienza a hacerse referencia de modo tímida a un nuevo terreno “postmarxista” se estaba reconociendo un cambio de terreno de los análisis, herramientas y agenciamientos teóricos dominantes. Algo había quedado agotado del marxismo-leninismo, como teoría, política, estrategia y tácticas predominantes. También las derrotas aparecían como escuelas para repensar muchos supuestos y evidencias. Los manuales y las autoridades sagradas habían rodado cuesta abajo.

Aunque cualquier figura de examen crítico del marxismo-leninismo era condenado de “revisionismo”, de “propaganda antisoviética”, “confusionismo ideológico” o “actitud contrarrevolucionaria”, las experiencias de la derrota política no significaron para muchos sectores y movimientos una postura antimarxista o anticomunista, sino una actitud de reexamen critico a fondo de las tradiciones teóricas y políticas inspiradas en los marxismos oficiales, desde los cuales se pensaba y se actuaba frente a lo que desde entonces fue considerada una crisis no sólo del capitalismo mundial, sino además de una “crisis civilizatoria”.

Y en tal “crisis civilizatoria” se incluía al marxismo-leninismo como expresión de una vertiente ideológica de la propia modernidad occidental. El texto de Rudolf Bahro[xxii]: La Alternativa[xxiii] (1977), permitió llevar a cabo el demoledor ejercicio de una “Crítica del socialismo realmente existente”. Todavía la crítica ideológica no había sido sustituida por los encantamientos de la “deconstrucción” ni el posmodernismo del “No hay futuro”.

En gran medida inspiradas por la capacidad de movilización de los movimientos sociales y su desencuentro con partidos fosilizados de inspiración marxista-leninista, reapareció en el ambiente 68 con gran fuerza una recuperación del debate sobre la cuestión democrática planteado en el seno de la tradición marxista, nuevas lecturas de viejos debates internos de la II internacional (Kaustky, Luxemburgo, Bernstein), incluso recreaciones de Lenin y Trotsky en los albores de la revolución bolchevique. Se habló incluso de la “enfermedad senil del leninismo”.

Un espíritu anarquizante parecía vengarse de los rigores burocráticos de algunas de las miradas marxistas. Engels fue mirado con ojeriza, casi responsable de todo lo malo de Marx. Eran síntomas de un cambio de terreno.Adicionalmente, la democracia liberal (la democracia burguesa) comenzó a ser reexaminada a fondo, así como el conjunto de instituciones asociadas a la figura de la democracia representativa y del Estado Constitucional de Derecho, como ya se había hecho en tiempos de Lukacs, Korsch y Gramsci.

La lucha contra el “terrorismo rojo” en Europa permitió poner sobre relieve el modo como el Estado Constitucional de derecho se transformaba en un abrir y cerrar de ojos en “Estado de Seguridad y de Excepción”. El Estado panóptico comenzó a ensayar sus primeras figuras del control social generalizado, de la mano de una nueva revolución tecnológica aplicada a los asuntos policiales y militares. La Era Tecnotrónica (1970) la llamó Brzezinki, responsable de muchos análisis de la política exterior de EEUU, incluida la Doctrina Carter.

Comenzaban a ´prefigurarse los primeros esbozos del Imperialismo Colectivo Mundializado (Samir Amin dixit).La referencias nacional-revolucionarias que habían inspirado la movilización y lucha de los pueblos del Tercer Mundo, incluso mucho antes de los años 50, como en la revolución mexicana, en el aprismo peruano o en el propio Kuomitang chino, fueron resignificadas luego de la Conferencia de Bandung[xxiv].

Tales experiencias adquirieron un aura que no tuvieron para los viejos comunistas de los años 30, dado el carácter ambivalente de las experiencias reformistas del nacionalismo burgués en el mejor de los casos.

Muchos movimientos de liberación nacional parecían converger con las demandas y exigencias de los movimientos clasistas de los trabajadores. Sin embargo, allí hay amores y odios. El nacional-populismo puede adquirir rasgos autoritarios y atacar frontalmente a los movimientos de izquierda, como lo hizo Vargas en Brasil o Perón en Argentina.

Todo esto da cuenta de cómo cada generación no elabora su pasado del mismo modo interpretativo y desde los mismos referentes. En el lazo del tiempo hay también discontinuidades, hay cortes. Lo vivió precisamente la joven generación del peronismo revolucionario ante el regreso de su líder exiliado en España.Allí se producen los desencuentros entre el nacional-populismo y las izquierdas.

Adicionalmente, sucedían nuevas transformaciones. Los momentos fundantes del llamado postmarxismo (en el estilo de la escuela de Frankfurt o de Marcuse) implicó en todo el siglo XX el esfuerzo por cuestionar un amplio espectro de supuestos en lo que tiene que ver con las clases sociales, el determinismo económico, la política, el Estado y la cultura, buscando alternativas al callejón sin salida en que se había metido buena parte de la izquierda mundial a lo largo del siglo XX.

La llamada “crisis civilizatoria” implicaba repensar a fondo las coordenadas mismas de las derechas y las izquierdas: razón, historia, progreso, desarrollo, sujeto, técnica, verdad, todas estas categorías requerían ser reevaluadas a fondo.La teoría crítica radical comenzó a tener su propia carta de dignidad frente al marxismo-doctrina de los Estados del Socialismo Real. Es en ese terreno donde fue posible imaginar y pensar referentes teóricos contrahegemónicos.

El archipiélago de la izquierda | Instituto Igualdad V.- PARA NO OLVIDAR LAS DISIDENCIAS Y OPOSICIONES DE IZQUIERDA

Las visiones y disidencias de los partidos comunistas, algunas alineadas y otras enfrentadas con la experiencia de la URSS o con la experiencia China, produjeron un sinfín de corrientes, tendencias y centros de referencia para renovar y reinventar las tradiciones de la izquierda.

Ciertamente, hubo abandonos y un destacamento de renegados; pero también aperturas y renovaciones (Hungría, Yugoslavia, Polonia, Checoslovaquia).En el caso venezolano, la experiencia más referenciada fue la experimentada por el MAS en su Primera Conferencia Nacional en 1971.

Sin embargo, años antes, la propia dirección política del PCV se había visto confrontado ante las posiciones de la FALN, y lo que a la postre sería el PRV (1966).

Pero no sólo se dividía el PCV fruto de los intensos y agitados años 60, sino que la propia Acción Democrática tuvo que enfrentar una nueva división encarnada por el MEP (1967). Ya no se trataba de los jóvenes del MIR, ni las maniobras de ARS. Se trataba del propio Luis Beltrán Prieto Figueroa hablando de “Socialismo Democrático” frente al socialdemócrata Betancourt.

Una pequeña división denominada GAR agitaba las aguas del partido social-cristiano de origen conservador COPEI. Algo había pasado en Medellín y Puebla. La Teología de Liberación también adquiría mayoría de edad. El marxismo y la religión se encontraban en algo más que una ética o una filosofía de la Liberación. Camilo Torres encarnaba la unidad de la teoría y la práctica.

La palabra “Socialismo” en Venezuela como en todo el mundo no era una mera palabra con significados unívocos. Así mismo ocurría con la palabra “Democracia”, palabra fuertemente reivindicada en su adjetivación radical por una pequeña “división en la división del PCV”: la Causa R dirigida por Alfredo Maneiro.

Maneiro no cogió hacia el MAS, luchó por su propio espacio y autonomía, por discrepancias de criterio, no solo por rivalidades entre liderazgos, como se ha querido ver. La Causa Radical se fundó inspirada en la experiencia y planteamientos de Alfredo Maneiro quien propugnaba la “democracia radical”, una profundización de la democracia desde y por la participación popular, contraria al socialismo autoritario, pero también opuesta a las limitaciones de la “democracia liberal”. ​

Mientras el eurocomunismo derivaba en socialdemocracia, la democracia radical mantenía una fidelidad con el desbordamiento de la democracia liberal. El desbordamiento era precisamente la clave de la participación, la recreación de la democracia de base en diferentes espacios de poder.

Así Alfredo Maneiro avaló un tipo de pensamiento crítico y creativo inspirado en el marxismo, aunque completamente enfrentado al dogmatismo, para lograr un replanteamiento de la teoría y la práctica. Aquellos significantes flotantes: democracia, socialismo, revolución, reforma son reelaborados, son reenmarcados con nuevas cargas afectivas, con nuevos enunciados, con nuevos lenguajesen tiempos de recomposición de fuerzas, cuando las estructuras instituidas ya no pueden fijar significados unívocos, cuando la intensidad de los debates y revueltas concretas abren cadenas de equivalencias antes cristalizadas en sistemas de diferencias institucionalizadas.

Ya no era posible administrar demandas firmemente establecidas desde los estados de dominacióny su institucionalidad en campos semánticos endurecidos.Aparecía un nuevo terreno de dislocaciones y antagonismos. Eso ocurría precisamente con la sedimentación histórica del concepto de democracia, hegemonizada por el sistema de diferencias del liberalismo político en el bipartidismo dominante, cuyo mito fundacional fue la “democracia representativa”, con una “partidocracia” que tramitó a los movimientos sociales y al resto de las asociaciones como simples correas de transmisión de directivas e instrucciones de los partidos.

Nuevas síntesis parciales, nuevas demandas, nuevos horizontes de lucha se abrían en tal cuadro político para la Causa R. La “lucha política de masas” era completamente resignificada en la “encuentro de los iguales” y en la articulación de auténticos liderazgos con arraigo popular.

El vanguardismo fue cuestionado a fondo, y el liderazgo popular reconocido en su propia especificidad y dinámica de articulación social. Múltiples relaciones de dominación fueron puestas sobre el tapete, sin perder de vista la relación de los trabajadores con el patronato público y privado. El Capitalismo de Estado fue nuevamente cuestionado.

Alfredo Maneiro: Hay que reunir la leña para el incendio que viene ...VI.- INDAGAR PARALELISMOS ENTRE LAS CONCEPCIONES DE ALFREDO MANEIRO Y ERNESTO LACLAU

Pocos años después de todos aquellos debates, en 1982, se truncaba, de manera intempestiva, la vida del dirigente y político venezolano Alfredo Maneiro quien venía transitando, dentro de nuestra realidad nacional, por un camino muy semejante al esbozado por corrientes posmarxistas, como las representada por Laclau y Mouffe, en sus perspectivas de revalorizar los contenidos radicales de la democracia.

Es tales casos es posible rastrear cómo ciertas intuiciones, prácticas y formas discursivas constituidas en el interior del marxismo, permitían construir un nuevo concepto de hegemonía democrática contra la “intersubjetividad dominante” que deslastrada de la centralidad de la experiencia rusa y de su versión oficial del marxismo, puede llegar a ser un instrumento útil en la lucha por una nueva democracia radicalizada, por un nuevo sindicalismo de clase, por unnuevo proyecto de pobladores populares urbanos, por un nuevo sector crítico intelectual, por un nuevo bloque popular.

Para Laclau y Maneiro se le agregaba un elemento de ruptura: el carácter plural, socialmente diverso, aunque apalancado por la clase trabajadora del movimiento por la democracia radical. Las similitudes son tantas que quedará para los historiadores de las ideas o los biógrafos establecer si existieron influencias o referencias comunes, para dar cuenta del paralelismo de innovaciones teóricas y prácticas entre estos pensadores aquí referidos.

Maneiro sin embargo era un político reflexivo, nunca hizo de su vida la vieja maña de los intelectuales: la “desviación teoricista” autocriticada tan tardíamente por Althusser. Mientras Althusser pensó autocriticarse colocando “lucha de clases” en cada frase, Maneiro se puso a estimular una nueva política democrática entre gente de carne y hueso, con gente de carne y hueso para la organización de los trabajadores y sus luchas.

Muchos lo acusaron de “Espontaneista”, de “Obrerista” y “Luxemburgista”. Estos epítetos fueron producto de la fábrica de denostaciones del “marxismo-leninismo”. También fue acusado de “sectario” por el MAS, pues en el planteamiento de Maneiro jugaba un papel fundamental el gobierno de los trabajadores, a diferencia del desvanecimiento de clase de las propuestas que fueron desplazándose de cierto eurocomunismo a la socialdemocracia en el seno del MAS.

Por supuesto, que Maneiro y Laclau no son los únicos que revalorizaron la democracia en términos radicales. Incluso otros se lanzaron esta vez contra Hegel en clave de Spinoza: la “democracia absoluta”, como lo fueron las lecturas que realizó todo el movimiento “obrerista” italiano de Mario Tronti a Antoni Negri en aquellos previos tiempos a los “años de plomo”, o para señalar solo un ejemplo más:  las reflexiones tardías de Poulantzas en Francia contra el Estatismo Autoritario, o lo que Gramsci denominaba mucho tiempo antes como Estadolatría.  Habría que citar muchos otros: Fanón, Cesaire, por ejemplo, para descentrar muchas evidencias del momento.

Como ha dicho Cesar Altamirano hay nuevas relecturas de Marx para el nuevo siglo. “Mil y un marxismos” aparecían ahora despojados de la unificación monolítica y dogmática[xxv]. Algunos se han atrevido a cartografiar algunos referentes del nuevo terreno de pensamientos críticos, como Razmig Keucheyan[xxvi] o en la cartografíade“La teoría marxista hoy”[xxvii].

Sin embargo, cualquier mapa quedaría corto con la proliferación y dispersión de innovaciones conceptuales en el campo de las izquierdas, incluyendo ecologismos, feminismos y descolonizadores. En todo caso lo más importante de los dos personajes que traemos a colación (Maneiro y Laclau) tiene que ver con el balance que muchos de estos realizaron de una larga experiencia de militancia en el seno de las izquierdas.La izquierda quedo atada a la resolución de la cuestión democrática. Se le dijo adiós definitivo a la izquierda autoritaria, y mucho más al socialismo burocrático de vocación totalitaria.

En el caso de Laclau dentro de Partido Socialista Argentino y luego en la Izquierda Nacional, en el marco de una corriente peronista de izquierda (luego derivada en trabajo teórico), y en el de Alfredo Maneiro en el interior del Partido Comunista de Venezuela, y luego en la Causa R en su diferenciación con el proyecto del MAS de Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff

Ambos llegaron a una conclusión que hoy puede parecernos evidente pero que, en aquellos años, en los que se entraba en la fase terminal del modelo soviético, no lo era para mucha gente: tanto los medios como los fines del marxismo ortodoxo o del “marxismo soviético” eran un pesado lastre para las luchas concretas por la emancipación, sobre todo en tiempos de hegemonía del péndulo keynesianismo / monetarismo-neoliberal.

Esto, por supuesto, tiene que ver con aspectos generacionales, como el mayo del 68, la revolución cultural china y el aplastamiento, por parte de la URSS, de la llamada “Primavera de Praga”. Sin embargo, resultaba esencial darle coherencia teórica a toda esa reflexión y esto lo hicieron, hasta donde sabemos por separado y obviamente con distintos énfasis, Maneiro y Laclau.

En el caso concreto de Venezuela el hecho de que la estrategia de lucha armada fuese derrotada muy tempranamente (en términos de su verdadera efectividad y más allá de lo testimonial o simbólico de la “propaganda armada”) convirtió a nuestro país en un verdadero laboratorio político de las ideas de izquierda que no se alineaban ya con el bloque soviético ni con la línea política continental cubana intentando, con variada eficacia, dar cuenta de nuestra realidad concreta.

No nos referimos a la elaboración hecha por Teodoro Petkoff en el proceso que llevó a la creación del MAS (Proceso a la Izquierda, Venezuela y el socialismo como problema), marcado por las experiencias de discrepancias en la dirección del PCV, por su posición ante la intrusión militar de la URSS en la experiencia política renovadora de Checoslovaquia (Checoslovaquia como Problema), experiencia condenada de manera frontal por el PC de Cuba bajo la dirección de Fidel Castro. El debate previo del PCV[xxviii] (“Paz Democrática”) con la Dirección Cubana y con Fidel[xxix] había encendido los ánimos y las incomprensiones mutuas.

Radamés Larrazábal, intentó desde el PCV una crítica desde la ortodoxia en su texto: “La vía del socialismo en Venezuela: o proceso a Petkoff.” Para muchos, esos son ya papeles olvidados, borrados. Algunos hasta lo ignoran. Son jóvenes desmemoriados. Es preciso volver a los archivos y documentos para hacer balance de inventario.

Tales vicisitudes del MAS fueron elaboradas con acento positivo por Steve Ellner (De la derrota guerrillera a la política innovadora). Con acento negativo puede consultarse el trabajo de Jorge Giordani: El programa del MAS.  Para nosotros queda tan clara la diferencia y estatura intelectual de un Fredy Muñoz a un Carlos Tablante, que el MAS paso a ser de un partido programático a una colcha de tendencias con “motes” de animales: tucanes, halcones, perros y etc.

Sin embargo, queremos destacar otro hilo conductor para revalorizar una apuesta política ante la crisis actual: la radicalidad de Alfredo Maneiro.

La crítica al socialismo soviético hecha por el PRV-FALN, hacia 1966, luego de su ruptura con Cuba y, por otro lado, el balance realizado precisamente por Maneiro, sobre la experiencia de la lucha armada hasta llegar a elaborar las orientaciones fundamentales del proyecto originario de la Causa R.

Fue ese balance el que lo llevó a trazar su política, en muchos sentidos vigente, de optar por la construcción de una referencia distinta al bipartidismo adeco-copeyano desde lo territorial y sectorial (las “Patas de la Mesa”: que representaban a sectores esenciales de la sociedad venezolana: la estudiantil, la comunitaria, la sindical combativa y la cultural) planteando como eje transversal la “radicalización de la democracia”. Esto último ya implica dotar de sentido y profundizar la democracia desde la movilización de los sectores populares y sus luchas concretas.

No se trata de un programa político prefabricado en un laboratorio vanguardista, en un equipo publicitario (ARS Publicidad) o de una organización que se auto designa como encarnación del destino histórico de la clase obrera o de los oprimidos. Muy lejos de todo eso, una de las grandes lecciones de Maneiro fue la de acompañar las demandas de los vecinos de Catia por sus necesidades específicas, o el reclamo de libertad y democracia sindical en Guayana sin imposiciones previas, sin etiquetas o supuestas fórmulas mágicas.

En otros lugares del mundo, experiencias políticas organizativas innovadoras deben señalarse: el PT brasileño[xxx]como “partido de tendencias y corrientes” en sus orígenes rompió muchos de los moldes. Igualmente, Die Linke[xxxi] en Alemania, donde se vivía nada más y nada menos que el encuentro de la izquierda de Alemania oriental y de Alemania occidental. También cabe mencionar al Partido del Trabajo o la experiencia de MORENA en México[xxxii].

VII.- MÁS ALLÁ DE LA SOCIEDAD DE “LOS PRIVILEGIADOS EN EL PODER”

La construcción de una política democrático radical en Venezuela, dentro de una amplia alianza que le de arraigo (ir más allá de la izquierda para salir de una situación de emergencia nacional, confrontando cualquier agenda autoritaria y neoliberal), resulta esencial para la superación del actual impasse, derivado de la salida de la escena política del liderazgo presencial y unipersonal de Hugo Chávez.

Todavía hay mucha tela que cortar para dar cuenta de cómo el PSUV nunca constituyó un partido programático sino un tipo de partido carismático, guiado fundamentalmente por el decisionismo de Chávez, sin conquistar precisamente mayores niveles de autonomía ideológico-programática y de organización democrático internas.

Es esa estructura la que hereda y usa instrumentalmente Maduro (y sus aliados más cercanos) para construir su propia herramienta política, reconociendo que debía compartir tácticamente espacios y cuotas de poder con determinadas corrientes que habían controlado el poder operacional del “partido-maquinaria”. No es casual la bicefalia Maduro-Cabello en el imaginario mediático y popular, pues responde a condiciones objetivas, luego de haber purgado o distanciado a otros rivales potenciales: Rodríguez Torres, Rafael Ramírez, Elías Jaua.

Maduro fue sustituyendo por cuadros leales toda la estructura del partido y del Aparato de Estado. El Chavismo articulado a la familia Chávez también fue reubicándose en la nueva estructura de poder, consentido y anillado en las relaciones que el propio Chávez construyó con sus aliados regionales.

La delegación del poder sobre la figura de Maduro se hizo para mantener la continuidad del gobierno y de los espacios de Poder del Estado, no fue el esfuerzo de un movimiento mayoritario de base interno para construir una referencia en medio de una crisis de liderazgo.

Sobre este Talón de Aquiles se movilizaron todas las prácticas para habituar a las bases y simpatizantes a aceptar que la delegación transicional del 8 de diciembre, se convertiría en una investidura con rasgos de permanencia.

Fue así como los congresos internos fueron cada vez más congresos desde arriba y por arriba, marcados siempre por la idea de vulnerabilidad, excepcionalidad y emergencia. La cooptación de hizo ley regular y no excepcional. La democracia interna fue echada al baúl de las referencias propagandísticas. Así fue como se fue despachando la cuestión democrática como un asunto accesorio o postergable.

Y esa misma práctica se extendió desde el interior del partido-maquinaria hacia el resto de la sociedad. Esa fue la ambición de mando de Maduro que se condensa en la consigna: “Lo que diga Nicolas”. Esa fue la ambición desmesurada de la convocatoria de una “Constituyente Presidencial”, lo más parecido a un “Directorio Político Unipartidista”.

Se logro la tranquilidad publica a costa de renunciar al pluralismo político. Se armó definitivamente la trama de la proscripción e intervención de partidos, sean fuerzas aliadas o adversarias, de manera gradual y selectiva. Bajo el enfrentamiento calculado con el Gobierno de Trump, se hizo normal y natural gobernar en estado de emergencia y excepción. Venezuela debía vivir su propio “Período Especial” a la cubana.

Transitando los escenarios críticos en el terreno económico y político en los años 2014-2017, el proyecto de Maduro intento capitalizar el legado de Chávez para construir su propio esquema de poder y gobernabilidad (Es eso lo que se llama Madurismo). Maduro enfurecido respondía que el primer chavista de los chavistas se llamaba Nicolas Maduro Moros. Lo que no sabía es que reactivaba la tesis del primus inter pares, el primero entre los primeros, en consecuencia, el Líder supremo.

Sin embargo, a la luz del conflicto de poderes y del empantanamiento destructivo del conflicto político interno, agravado por la intrusión de las sanciones del gobierno de Trump en apoyo a las facciones opositoras de derecha, se hace cada vez más necesario recomponer el tablero político. El país ha sido devastado en un conflicto de poderes instrumentado por bandos políticos que representan a una sociedad de privilegiados del poder, formales y fácticos. El costo del enfrentamiento lo ha pagado el pueblo llano y los asalariados con su degradación laboral.

Es necesario colocar al pueblo en el tablero político frente a frente a la sociedad de los privilegiados del poder. Se requiere establecer acuerdos desde abajo que permitan una reinstitucionalización del país, una efectiva participación democrática en el espacio público, una recuperación de mínimos de división y autonomía de los poderes públicos sin menoscabar una posible alternabilidad en el poder.

Hay que salir definitivamente del atolladero país donde nos han metido dos versiones aparentemente irreconciliables de la “Sociedad de los Privilegiados del Poder”. El pueblo llano, los trabajadores, los pueblos y comunidades indígenas, el movimiento campesino, los estudiantes, los profesionales, los medios de comunicación, el movimiento de mujeres, de comuneros, de LGTB, las Iglesias, los pequeños y medianos productores del campo y la ciudad tienen la palabra para seguir o no en este juego de tronos entre dos cogollos, entre dos cúpulas.

Todo lo anterior implica que hay que reinventar y recomponer la gran política con P mayúscula, desmontar la retórica de combate existencial entre sus principales actores, apostando a que “reformas radicales” logren destrancar el juego, y reconducir la trayectoria del Estado hacia su proceso de democratización, dereconquista de la justicia social y de efectiva autodeterminación nacional-popular mediante la práctica permanente de “radicalizar la democracia”: Democracia de multitudes, con plurales movimientos democratizadores y corrientes de avanzada social.

Si no se empuja hacia la democratización, se estará actuando por acción u omisión en favor de la autocratización del ejercicio del poder.

Un aspecto clave de todo lo anterior pasa por el cuestionamiento de dos discursos y prácticas, que corresponde a dos segmentos diferenciados, aunque con transacciones ocultas de “La sociedad de los Privilegios”, la sociedad de las elites. En primer lugar, aquel discurso que invoca toda una gama de imaginarios apocalípticos y reaccionarios propios de una vieja derecha llena de odio y revanchismo.

Su alineamiento con la hegemonía financiera, los organismos multilaterales como el BM y el FMI, con la banca, el sector importador y los monopolios económicos es muy clara.

Es el discurso y las prácticas de la sociedad de los viejos privilegios: la “oligarquía del poder” tradicional. Se trata de fantasías que, por cierto, han estado presentes en la imaginación de otros grupos sociales que fueron desplazados, de manera traumática, del poder, como es el caso de los “rusos blancos” en el Paris de los años 20 y 30 del siglo pasado o el del exilio cubano en Miami luego de 1959 hasta la fecha.

Este discurso cumple importantes funciones de cohesión e incluso facilita, sin duda, la solidaridad automática de la derecha cubano-americana con sus afines en Venezuela. Allí Trump es un ariete inevitable. Sin embargo, a todas luces, genera una serie de distorsiones tan profundas al momento de evaluar, con cabeza fría y rigor, la situación venezolana que ha sido una de las causas más importantes de sus tremendos y reiterados fracasos. Allí impera la lógica de la Invasión (imaginaria) de los Marines, enmascaradas de Operaciones Humanitarias Multilaterales para conseguir la Paz, también llamadas técnicamente como operaciones de paz y estabilización (OPE) entre cuyos componentes se encuentra la guerra contrainsurgente.

Por otro lado, el gesto épico de la vieja izquierda con apelaciones insurreccionales o guerrilleras que ha sido, a todas luces, instrumentalizado desde un gobierno que ha arriado las banderas fundamentales de la revolución bolivariana en su tránsito antineoliberal y de construcción de un nuevo socialismo democrático-participativo, la “sociedad de nuevos privilegios” como fuente de legitimidad y de cohesión de nuevos factores de poder, posibilitando, además, acallar toda crítica efectiva a la corrupción e ineficiencia de los que detentan el ejercicio del poder bajo la excusa de un supuesto heroísmo gubernamental en la lucha contra “El imperialismo y la oligarquía”.

Aquí las frases del nacionalismo revolucionario y del marxismo son convertidas en clichés que fungen de complementos solemnes de justificación de un desgobierno o mal-gobierno. Son pura propaganda para defender los intereses de un “gobierno de camarillas”.

En todo caso, ambos discursos se refuerzan mutuamente, forman las dos caras de una moneda cuyo “metal de cambio” es la Crisis Venezolana y es esa, hasta ahora, la moneda que lanzan al aire, cuando hacen sus apuestas, las distintas potencias que tienen intereses en nuestro país. Una lucha entre viejos y nuevos privilegios por el control de la moneda y de la renta minera.

Una lucha entre viejos cogollos y nuevos cogollos partidistas, reducida a la disputa entre cupulas: 5 figuras de un lado y una sigla G4 conducida por un personaje sin experiencia y trayectoria para llevar el país a un puerto de reconciliación y reconstrucción democrática.

Una lucha por arriba de cupulas de poder y privilegio, avivada por el enfrentamiento geopolítico internacional. El “poder constituyente” formalizado y controlado desde el poder constituido.Una nueva falacia que ha comenzado a develarse como ficción constituyente convertido en fiasco o fraude desde la cuna.

Para los que hemos apoyado, acompañado, militado o militamos en el chavismo y en el campo de las izquierdas previas al proceso bolivariano reciente, todo lo anterior implica un balance, riguroso y sin contemplaciones, de la retórica del “socialismo del siglo XXI” que ha sido llevada a extremos grotescos como propaganda y retórica durante el gobierno de Nicolás Maduro.

La democracia participativa y protagónica se ha pulverizado. La contraloría social vaciada. El poder popular protagónico una entelequia del partido-maquinaria. Debemos reconocer que estamos en medio de una inmensa derrota histórica para todos aquellos que nos identificamos, de manera honesta, con ese proyecto histórico. El proceso bolivariano ha sido demolido paso a paso como lo hemos caracterizado en “La verdadera situación de Venezuela”[xxxiii].

Esa derrota tiene su origen en el giro dado por el propio Hugo Chávez, luego de lo ocurrido en el ciclo 2002-2004, hacia una visión de la transformación social que ya había sido mostrado sus falencias en 1989 (Unión soviética, socialismo real, etc.) y, en el caso particular de Cuba, la liquidación de su autonomía renovadora dando paso al calco y copia soviético; incluso antes, de la muerte del Che en Bolivia hacia 1967 y el giro definitivo de Fidel Castro hacia el socialismo de corte soviético.

El inmenso peso que marca a las izquierdas bajo muchas miradas retrospectivas sobre el contexto del asesinato del «Che» en Bolivia, sobre la clausura simbólica de una época en la que se aspiraba la consecución de una revolución socialista propia, autónoma, sin calcos al “modelo soviético”.

Las sanciones petroleras impuestas a Cuba por la Unión Soviética en 1968 como castigo por la promoción de la lucha continental que el gobierno cubano llevaba a cabo en América Latina, así como la posición de extrema dependencia y fragilidad en que quedó el país tras el fracaso de la recolección de los diez millones de toneladas de azúcar, pareció determinar desde entonces la sovietización de las políticas económicas, así como las culturales. Y esa sovietización significó su satelización, una relación de dependencia y subordinación que puede reproducirse en las relaciones entre países que en teoría son Estados Independientes y Soberanos.

Con la caída de la URSS, la fragilidad estaba relativamente enmascarada por la extrema dependencia de Cuba de la economía soviética. Y eso tuvo sus consecuencias políticas. Son esos temas-tabú censurados los que definen precisamente los terrenos de los debates que deben ser abiertos para las izquierdas. No bastan cumbres y foros desde arriba, porque como lo decía Chávez, mientras unos andan de cumbre en cumbre, los pueblos van de abismo en abismo.

Nos encontramos ante la problemática de las propias ambigüedades de Chávez ante la encrucijada nuevo socialismo/viejo socialismo, por tanto, para decirlo paradojalmente, ante la derrota de una derrota, ante la derrota de algo que ya había sido previamente vencido en 1991. Por alguna razón se perdió el referendo constitucional de 2007. No es el socialismo burocrático con vocación totalitaria el que entusiasme al pueblo.

Y elcierre es consumado por Maduro, pues su pragmática del poder poco o nada tiene nada que ver con cuestiones de debates sobre nuevos socialismos.

Ya Maduro lo había dicho ante un primer intento de debatir cuestiones teóricas con consecuencias políticas (Centro Internacional Miranda-2009): ¡Habladores de paja![xxxiv]

La posibilidad de un socialismo con democracia participativa y poder popular protagónico distinto se cercenó con esa decisión y resulta muy difícil, pero no en lo absoluto imposible que en el futuro mediato se pueda retomar ese horizonte perdido.Pero no olvidemos que hay problemas urgentes e importantes. Y lamentablemente la crisis lleva a priorizar la agenda de lo urgente para el pueblo trabajador y los sectores subalternos.

Como en cualquier proceso de reflujo de fuerzas y retroceso histórico, hay que comenzar por sostener con consistencia la plataforma democratizadora y antineoliberal que fue planteada originariamente desde 1996 para consolidar el horizonte constituyente.

No bastan los desplantes antiimperialistas contra EEUU con severos silencios ante nuevas dependencias y subordinaciones a nuevos centros de poder. No basta trasplantar modelos: que si el modelo chino o el modelo cubano.

No basta tampoco hacer gestos de deslinde revolucionario cuando se es coparticipe de años de decisiones incorrectas y desacertadas.No se trata de criterios electorales para pescar un voto descontento a ser recuperado por los responsables directos de la crisis cuando se llegue al parlamento. Esa estrategia de recuperación responde a la lógica de la burocratización del poder. Es completamente funcional aque todo siga igual y peor.

No es una cuestión de oportunismos electorales. Es algo mucho más profundo, que llega hasta el posicionamiento de las izquierdas bolivarianas ante el modo de conducción político que comenzó con el liderazgo carismático de Chávez.

Lo cierto es que el horizonte anticapitalista fue cercenado, el antiimperialismo se ha utilizado como coartada defensiva y el neoliberalismo mutante como política económica disimulada, agravada esta situación, por la política de puertas abiertas al extractivismo,a la ilusión de las “zonas económicas especiales” calcadas de la modernización china post-maoista, a la destrucción de la principal industria del país. PDVSA, y a la creación enclaves mafiosos de acumulación forzada de capitales a costa de la fuerza-capacidades de trabajo.

Para nosotros el debate anticapitalista del futuro mediato requiere saldar cuentas con una auténtica agenda democratizadora del poder en lo inmediato, con una autentica agenda urgente de defensa de las condiciones de vida de los trabajadores de la ciudad y el campo, de su poder de negociación y lucha por salarios reales que repongan su capacidad de un nivel de vida satisfactorio contra el neoliberalismo, con una defensa de los pueblos originarios, de los movimientos sociales y de la naturaleza contra nuevas figuras del extractivismo.

En pocas palabras, hay que retomar la agenda de democratización del poder extraviada, atenazada por la sociedad de los privilegiados del poder, más aún cuando la pandemia ha colocado sobre la vista el estado real de nuestra capacidad autónoma de respuesta, de nuestro sistema nacional, público y privado, de salud.

Lo que queda sí, es no perder mucho más que el proyecto naciente, es decir los soportes fundamentales para hacer posible su realización por medios pacíficos y electorales de una democracia que garantice la independencia y la justicia social, una alternativa patriótica que no le abra las puertas al intervencionismo, cuyo eje sea la auténtica participación del pueblo trabajador y de los movimientos sociales.

Por esta razón consideramos que una alternativa patriótica y democrática es muy superior a cualquier bloque electoral sin capacidad de acción hegemónica expansiva. Un nuevo bloque histórico, nacional, democrático y popular lo más semejante posible a la capacidadreal de asegurar la independencia nacional, pues sin esta condición será muy difícil avanzar en otros objetivos estratégicos mucho más ambiciosos. Sin expresión de la soberanía popular podemos convertirnos en un Estado fallido.

Para radicalizar la democracia, debemos contar primero con la democracia. Si no, radicalizaríamos el autoritarismo. Y quienes hasta ahora no han defendido la democracia ni el Estado democrático no tendrán tiempo de rectificar errores sostenidos en el tiempo, con complicidades sostenidas en el tiempo.

Noqueremos radicalizar un régimen autoritario. No creemos en la autocratización con “fraseología revolucionaria y antimperialista”.No creemos en tales potes de humo.

Tampoco creemos en los cantos de cisne de los atajos opositores de una dictadura regeneradora, como confiaron en El Cono Sur los privilegiados de la vieja derecha.

De modo que hay que deslindar terrenos, y considerar cuales son efectivamente las tareas políticas inmediatas en un “análisis concreto de la situación concreta”.

Para nosotros el nudo de la recuperación económica y social indispensable, bajo una defensa inclaudicable de la soberanía nacional pasa por posicionarse sin complejos ni ambigüedades ante la cuestión democrática. Debemos recuperar la democracia constitucional y normalizar el juego político. Debemos ratificarlas con nuestras acciones las reglas de juego político que queremos jugar.

Es desde allí que nuestra opción supone una radicalización de la democracia. Sin somníferos ni somnolencias de socialismos realmente inexistentes.

Como planteó Maneiro en situaciones de emergencia para revitalizar la táctica política: ¡Es necesario ir más allá de la izquierda!

Articulando un Parlamento democrático y diverso, para promover un Gobierno de Unidad Nacional, de amplias mayorías democráticas, con profunda pluralidad política y social.

Confrontando el autoritarismo, el intervencionismo y las agendas neoliberales abiertas o encubiertas de la sociedad de los privilegiados del poder

Planteando un programa mínimo común de reconstrucción social y económica para salir del atolladero-país, basado en las luchas específicas de los actores y fuerzas directamente involucrados en los movimientos sociales.

Defendiendo la Constitución Programática de 1999 aprobada por el pueblo y su carta de derechos.

Reconociendo que el pueblo está en emergencia social, humanitaria y ambiental.

Motivando apolitizar las fuerzas de la participación protagónica del pueblo trabajador y de los movimientos sociales.

DEMOCRACIA RADICAL. ¿QUÉ ES LO ESENCIAL DE LA DEMOCRACIA?Un Parlamento y unGobierno con participación real del pueblo trabajador no puede quedarse en un cascarón vacío.

¡Solo el pueblo salva al pueblo!¡Qué sea el pueblo quien decida!

El camino es reencontrarnos con la ¡Democracia Radical

Notas:

[i]https://enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/Aime_zapatistas/Hegemonia_estrategia-Ernesto_Laclau.pdf
[ii]https://es.scribd.com/document/327812852/Mouffe-Chantal-Democracia-y-Nueva-Derecha; http://biblioteca.clacso.edu.ar/Venezuela/faces-ucv/20120815120406/lander.pdf
[iii] Para una comparación. Adolfo Gilly: https://www.nexos.com.mx/?p=5737
[iv] F. ENGELS Prefacio a la guerra campesina en Alemania prefacio a la segunda edición de 1870 http://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe2/mrxoe213.htm
[v] “La crisis científica y filosófica del marxismo contemporáneo”, en:
Resultados de la Web Masaryk y la “crisis del marxismo” – Políticas de la Memoria – CeDInCIojs.politicasdelamemoria.cedinci.org › article › download
[vi] https://ojs.politicasdelamemoria.cedinci.org/index.php/PM/article/view/185
[vii]https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=documentos/10221.1/55816/2/M%C3%A1s_all%C3%A1_del_marxismo.pdf
[viii] https://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/gramsci_notas%20introductoria.pdf ; http://www.scielo.org.mx/pdf/cultural/v5n2/2448-539X-cultural-5-02-00239.pdf
[ix]https://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/defensa_del_marxismo/paginas/i.htm
[x]http://izquierdaweb.com/antonio-labriola-y-el-marxismo-del-siglo-xxi/
[xi]http://www.radicalismochileno.cl/wp-content/uploads/2016/04/Bernstein-Eduard-Las-premisas-del-socialismo-y-las-tareas-de-la-socialdemocracia.pdf
[xii]https://lamayoria.online/2019/08/30/la-cia-y-la-postmodernidad-el-desmantelamiento-de-la-izquierda-cultural/
[xiii] «El ladrillo» : bases de la política económica del gobierno militar chileno: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-9502.html
[xiv] What Washington Means by Policy Reform by John Williamson, Peterson Institute for International Economics: https://web.archive.org/web/20090625085003/http://www.iie.com/publications/papers/paper.cfm?ResearchID=486; https://es.wikipedia.org/wiki/Consenso_de_Washington.
[xv] América Latina. La izquierda contraataca. James Petras: https://nuso.org/media/articles/downloads/2622_1.pdf
[xvi] Gobernabilidad. A cuarenta años del informe de la Comisión Trilateral. Reflexiones desde Latinoamérica Juan Rial: https://www.resdal.org/assets/newsletter-RESDAL-septiembre-2015.pdf; https://es.qwe.wiki/wiki/The_Crisis_of_Democracy; Treinta años de la Comisión Trilateral: https://www.insumisos.com/diplo/NODE/2730.HTM; Democracia gobernable: instrumentalismo conservador Beatriz Stolowicz: http://www.revistas.unam.mx/index.php/rel/article/view/52263
[xvii] FRANCIS FUKUYAMA EL FIN DE LA HISTORIA Y EL … – Dialnetdialnet.unirioja.es › descarga › articulo; https://es.wikipedia.org/wiki/El_fin_de_la_Historia_y_el_%C3%BAltimo_hombre#:~:text=El%20fin%20de%20la%20Historia%20y%20el%20%C3%BAltimo%20hombre%20(The,fin%20de%20la%20Guerra%20Fr%C3%ADa.
[xviii]https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_aut%C3%B3nomo
[xix]https://es.wikipedia.org/wiki/Eurocomunismo
[xx]https://www.filco.es/rechazo-marxismo-tras-el-68/
[xxi]http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/08/09/el-historico-discurso-del-che-en-punta-del-este-video/
[xxii]https://es.wikipedia.org/wiki/Rudolf_Bahro
[xxiii]https://contraeldiluvio.es/el-comunismo-de-bahro-es-oposicion/
[xxiv]https://es.wikipedia.org/wiki/Conferencia_de_Bandung
[xxv]https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/10131/04-resc-18-roggerone.pdf
[xxvi] Keucheyan, Razmig: Hemisferio izquierda. Un mapa … – Dialnetdialnet.unirioja.es › descarga › articulo
[xxvii]http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/formacion-virtual/20100720062844/boron.pdfínea
[xxviii] Pompeyo Márquez: Una polémica necesaria.
[xxix]http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f130367e.html
[xxx]https://nuso.org/articulo/pt-socialdemocracia-o-comunismo/
[xxxi]https://es.wikipedia.org/wiki/Die_Linke
[xxxii]https://es.wikipedia.org/wiki/Partido_del_Trabajo_(M%C3%A9xico)
[xxxiii] La verdadera situación de Venezuela. https://www.aporrea.org/actualidad/a287986.html

[xxxiv] Maduro y la cerca con alambre de púa que tira a intelectuales «habladores de paja»
Por: Amaranta Rojas https://www.aporrea.org/actualidad/a270506.html

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Radicalizar la democracia