Qué hacer con nuestra clase media

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IRAIDA VARGAS-MARIO SANOJA|Llegados finalmente al año 2014,  venciendo terribles contingencias sobrevenidas tales como la desaparición terrenal de nuestro Héroe Cultural, el Comandante Chávez  y regocijándonos con otra,  el triunfo indiscutible del pueblo chavista en las elecciones del D8, pensamos que también es un deber analizar históricamente esa forma sociocultural que adopta nuestro contrario, los sectores antichavistas de clase media y los sectores populares alienados a la ideología de esta última.

ven clase media

Tenemos que llamarlos pequeña burguesía, porque la ideología que ellos defienden con tanta rabia fue creada e impuesta a todo el pueblo venezolano  por la oligarquía económica y política que se apoderó del gobierno de este país, Venezuela, después de la constitución de la IV República en 1830.

A partir de aquella fecha y particularmente a partir de 1870-1880, la composición de aquel bloque oligárquico estaba integrada por el núcleo duro de latifundistas, comerciantes y usureros (futuros banqueros) que controlaban y manejaban la economía, las finanzas y la vida del pueblo venezolano, para beneficio de sus fortunas personales. Ese horrible núcleo de poder estaba y sigue protegido por una máscara apacible, tejida a través de la obra de  intelectuales y supuestos intelectuales de toda laya y pelaje, que hicieron y siguen haciendo la apología ideológica del sistema económico que sostiene y legitima el papel dominante de ese  núcleo de poder autoritario.

El sistema económico del núcleo de poder se nutrió ideológicamente en los momentos finales del siglo XIX de los fastos de una histórica épica pletórica de doctores que se hacían llamar también, llegado el caso, generales. La orientación de aquella historiografía que llamaremos pequeño burguesa, adquirió un acento definidamente clasista a partir del gobierno de Guzmán Blanco, cuando los historiadores del sistema convirtieron la figura de Simón Bolívar en  cómplice de la injusticia, la desigualdad social y el entreguismo patriotero a los imperios. Europeos de entonces y al naciente usamericano que domina el mundo de ahora.

A partir de la década 1925-1935, la curva de producción petrolera alcanzó el 90% de las exportaciones venezolanas, en tanto que la del café y otros productos agrícolas en los cuales se había basado el poder del bloque oligárquico en aquel entonces, descendía hasta -10% del total. El control absoluto que ejercía dicho bloque sobre la sociedad venezolana, comenzó a expresarse empíricamente vía una nueva clase social, intermedia entre aquel poder y la mayoría, casi el 80%, de venezolanos y venezolanas que llevaban una existencia acosada por las mordeduras del hambre, la enfermedad, y la ignorancia.

En suma: segregados por la pobreza, por ser negros o morenos, por su aspecto físico, por ser borrachos y desdentados,  mal vestidos y sobre todo por ser mujeres que, además de pobres eran se decía promiscuas, con lo cual contribuían a aumentar el ejército de peligrosos desarrapados, pariendo niños y niñas que sobrevivían  la altísima mortalidad de parturientas y recién nacidos y nacidas.ven capriles jovenes

A partir de 1935, el boom petrolero modernizó las clases sociales: la vieja oligarquía comenzó a tener su imagen-espejo en Estados Unidos, creando un sistema de ideas dominantes todas ellas pro-imperialistas que fueron replicadas en la clase media en formación. Políticos prominentes de entonces como Alberto Adriani, loaban la virtud de combinar el desarrollo endógeno de la sociedad venezolana con una alianza estratégica con Estados Unidos. Esas tesis históricas no cayeron en el vacío: de allí parece haberse nutrido la ideología del partido Acción Democrática de crear un consenso social que debilitase la lucha de clases (exacerbada a partir de 1936) y un Estado gobernado mediante la conformación de una clase política compuesta por empresarios y dirigentes partidistas (posteriormente Fedecámaras  y CTV) que pasarían a constituir una franquicia colonial de la oligarquía que gobierna Estados Unidos.

La clase media que surgió como acompañante sociocultural del modelo de país adeco, conformaba un grupo social desnacionalizado cuya ambición suprema era parecerse a Estados Unidos y, en el menor de los casos, a Europa. Ello tuvo su expresión en el consumismo desaforado de bienes manufacturados en EEUU  que se inició hacia mediados del siglo XX: automóviles, cocinas, neveras, radios, tocadiscos, teléfonos y posteriormente televisores, “zapatos y ropa americana” traídos de contrabando desde Nueva York o Curazao, whisky que comenzó a desplazar al ron, al anís y al cocuy criollos. Gastronomía importada, particularmente los espaguetis, los embutidos y las carnes en lata que comenzaron a dejar de lado las  nobles caraotas negras y los quinchonchos que conformaban el sustento –por cierto muy saludable– de la alimentación cotidiana criolla.

El microcosmos parroquial de la sociedad urbana venezolana exhibía hasta la década 1940-1950 una abigarrada diversidad social y cultural donde la gente pobre, profesionales, funcionarios, artistas, pequeños comerciantes (bodegueros, zapateros, etc.) podían convivír en un mismo territorio con familias acomodadas. El Golpe de Estado perezjimenista y el boom de la industria de la construcción que ello trajo aparejado, hizo estallar aquella beatífica burbuja cultural aparentemente igualitaria, , profundizando la creación y la diferenciación entre ghettos o urbanizaciones clasemedieras y barriadas clasistas.populares.

En el caso caraqueño, la industria cultural anterior a la televisión había centrado sus inversiones en la construcción de cines parroquiales que servían como vitrina para promover la imagen imperial. Posteriormente a 1950, los valores culturales de la modernidad inducidos en aquella clase media parroquial, comenzarían a promover un éxodo hacia el este y hacia “más allá del este”.

El este y el sureste de Caracas eran, hasta entonces, una lejana región conformada por pueblos, algunos de los cuales servían, desde el siglo XIX, como espacios vacacionales de la burguesía que residía en el ahora centro de la ciudad. Los vastos espacios no urbanizados, propiedad también de esa misma burguesía, eran sobre todo haciendas de caña de azúcar, de frutos y legumbres y, en escala menor, de café. La expansión poblacional hacia el este determinó que el negocio de la construcción se orientase hacia la conversión de los tablados de caña de azúcar en urbanizaciones que sirvieran de alojamiento a la clase media de profesionales y comerciantes que ya, hacia mediados del siglo XX, tenia poder adquisitivo para solicitar créditos bancarios con tasas usureras. Los pobres fueron  relegados a vivir en los territorios no deseados: las orillas de las quebradas, las barrancas y las pendientes de los cerros. Algunas zonas de cerros, en el lenguaje de los empresarios de la construcción devendrían “colinas” desarrolladas urbanísticamente para la clase media: Colinas de Bello Monte, de Alto Prado, del Ávila, de Macaracuay,  de La Trinidad, etc.

La primera manifestación de solidaridad cultural y política burguesa y  clasemediera, fue el surgimiento de clubes sociales exclusivos: el Club Florida, el Club Los Palos Grandes, el Country Club, el Club Altamira, el Club Valle Arriba, etc y posteriormente otros clubes que reunían a los europeos que habían emigrado a Venezuela y a  sus descendientes: el Centro Catalán, el Centro Gallego, y en sureste el Ítalo-Venezolano, el Caracas Sport Club, el antiguo Centro Líbano-Sirio. entre otros, .cuyo papel era el de reforzar los elementos culturales originarios de las diversas nacionalidades, asignándoles un estatus “civilizado” frente a los valores considerados como “atrasados” que forman parte de nuestra cultura criolla.

La proliferación de clubes sociales  fue complementada con el auge de colegios privados de orientación católica o protestante donde se educaban los hijos e hijas de las familias de clase media en una práctica ideológica muy persuasiva que inculcaba en la mente de los niños/as y jóvenes los valores fascistas de un catolicismo franquista dominado por el OPUS DEI y el fascismo de origen italiano, animados por una ideología pro-estadounidense, todas de sesgo ideológico abiertamente anticomunista.

La filosofía del Estado Educador que había dominado la sociedad venezolana hasta 1945 a través de las  escuelas y liceos oficiales, cedió ante una educación privada que se expresaba y todavía se expresa como un negocio, no como un servicio social, paradójicamente subsidiado jugosamente por el mismo Estado venezolano.

Como apuntaba Juan Pedro Posani (1), los valores transmitidos por la educación privada  clasemediera se podrían sintetizar en: 1) Desprecio hacia los demás. 2) Odio racial. 3) Sentimientos injustificados de superioridad. 4) Rechazo a la objetividad. 5) Negación de los hechos a partir de prejuicios. 6) Rechazo a un reparto (chavista) de la renta petrolera cuya prioridad son los pobres y no la clase media.

El proceso de urbanización acelerada del este y el sureste caraqueño, ignoró totalmente los servicios públicos educativos y de salud, entregados ahora al  negocio especulativo privado. Al mismo tiempo, contribuyó a desarrollar una cultura  centrada en los centros comerciales, donde se promueve el individualismo, la usura, el comercio, en fin, las supuestas bondades de la propiedad privada y el lucro y el consumismo desenfrenado, en detrimento de los valores de la solidaridad social, la tolerancia y la fraternidad, todo ello dominado por un sistema ideológico fundamentado en el anticomunismo ramplón, el individualismo y la adoración perpetua del miami way of life construido por la gusanera cubana , el cual representa, para esa clase media  “auto-exiliada” o que vive en los ghettos del este y del sureste caraqueño o en espacios equivalentes en Maracaibo, Mérida o Barquisimeto, entre otras ciudades, la sublimación de su odio social hacia el chavismo: adora las arepas, las caraotas, las hallacas, a veces el joropo y la música contestataria cantada por intérpretes escuálidos y toda la simbología retro de esa cultura venezolana de la época anterior a1998, pero adora tanto o más la sazón modernista decadente de Beyoncé, Ricky Martin, Shakira, Juanes, Vives y de  todo el panteón de la industria cultural “latina” promovida por el imperio.

Es casi imposible hallar en las urbanizaciones del este y del sureste caraqueño escuelas de música, de teatro, de organizaciones que promuevan la lectura de obras literarias, que fomenten  la ayuda mutua, la discusión libre de las ideas. Las librerías de cadenas comerciales –como Tecni-ciencia o Las Novedades por ejemplo– que existen en los centros comerciales exhiben la mediocridad  de los libros de autoayuda y sobre todo de las “sesudas” publicaciones de escuálidos antichavistas que pretenden analizar y desvirtuar las posiciones éticas y políticas, los logros sociales y materiales alcanzados por la Revolución Bolivariana y, sobre todo, el papel histórico que jugó en este proceso, que ya no es solamente venezolano, la figura señera del Comandante Hugo Chávez Frías.

¿Qué hacer con la clase media venezolana? Para quienes vivimos y convivimos  diariamente en un territorio donde domina la extrema derecha clasemediera sería necesario –sobretodo- modificar los contenidos del aparato de reproducción ideológica que fosiliza la mente y el imaginario de la clase media: la educación privada, la televisión privada, la prensa y la radio privadas, la iglesia católica privada, los centros comerciales privados, las clínicas privadas,  No se trata de estatizarlo todo sino de convencer a esa clase media de la importancia de la cultura venezolana, de ser venezolanos/as y de vivir en Venezuela. Como decía el maestro Picón Salas en 1948: hacerlos que crean en “…esta nueva conciencia de crecer y de ser, de empezar a hacer las cosas con nuestra cabeza y nuestras manos que ya empieza a advertirse en la vida de mi país…”

El Chavismo supone para la clase media miedo a ser despojados de sus beneficios obtenidos con el trabajo de ellos o de otros ; consideran que el chavismo es enemigo de los valores supremos de “libertad y democracia”, a la gringa. Creen que apoyar a los chavistas puede degradarlos del “progreso” que han obtenido y verse contaminados –dicen- con los peores vicios  que caracterizan a los sectores populares y chavistas.

La “fuite en avant”,  huida hacia delante, de los principales dirigentes de la MUD en estas fiestas navideñas, indica no solamente la irresponsabilidad y el arribismo clásico de la clase política burguesa y pequeño burguesa venezolana frente a las esperanzas de quienes los eligieron, sino su ideología misma. Sus triunfos y sus derrotas políticas hay que ir a compartirlas con la gente que ellos reconocen como sus iguales quienes viven en Estados Unidos, en Europa o en los enclaves imperiales privilegiados de América Latina, fuera de la  “empobrecida Venezuela Chavista” (¡Guácala!. Esta Venezuela chavista, sin embargo, les da los dólares para poder gozar de los privilegios que concede el neoliberalismo a los ciudadanos/as del  1% de la población del  llamado primer mundo.

La respuesta de la Revolución Bolivariana debe ser una ofensiva contracultural, tal como la presente contraofensiva contra la guerra económica que nos declaró la burguesía parasitaria. Para ese fin la Revolución debe movilizar la riqueza de talentosos y talentosas intelectuales que militan en sus filas, las y los mejores de Venezuela, y ganar definitivamente la batalla por nuestra liberación nacional.

Nota:

1) Posani, Juan P. 2002/ Esta Extraña Clase Media. Question, Año 1, No 3: 10-11. Caracas.