Porque soy de izquierda, voto a Scioli

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Ulises Bosia – Notas

¿Scioli es de derecha? Sí. ¿Seremos opositores a un eventual gobierno suyo? Sin duda. Sin embargo, el 22 de noviembre las personas de izquierda tenemos que votarlo. Cuatro razones para hacerlo.

Por primera vez en la historia argentina llegamos a un ballotage presidencial y con resultado abierto. En los cuartos oscuros de todo el país habrá solamente dos boletas: una celeste encabezada por Daniel Scioli, la otra amarilla por Mauricio Macri, y en la elección entre ambas estará puesto buena parte del rumbo de nuestro país en los próximos años. Eso exige la necesidad de definirse con claridad.

Podría parecer natural que personas de izquierda voten contra Macri, sin embargo los principales referentes políticos de las izquierdas -Nicolás Del Caño, Néstor Pitrola, Luis Zamora, Victoria Donda, entre otros- plantean que como ambos candidatos son de derecha y como seríamos opositores de ambos, entonces deberíamos votar en blanco.

Lógicamente, tienen razón en ambas cosas: Scioli y Macri son personas de derecha y con seguridad vamos a ser opositores de ambos ante un futuro gobierno. Pero eso no significa que las condiciones políticas para defender en las calles las conquistas de estos años, para pelear por más derechos populares y para construir una perspectiva socialista sean las mismas en un gobierno del FpV que en uno del PRO. Cuanto peor, peor.

Ser de izquierda

Nuestra actitud ante el ballotage no puede derivarse de una ubicación ideológica en abstracto sino de una comprensión política de lo que significaría un gobierno del PRO para los intereses del pueblo trabajador, para la defensa de la soberanía nacional y para las perspectivas de la integración continental. De un análisis concreto de la situación concreta. Eso es ser de izquierda, entender a la ideología y en especial al marxismo como una guía para la acción, no como un conjunto de ideas separadas de la práctica política, de la vida concreta de la clase trabajadora y del pueblo argentino y latinoamericano.

Es necesario hacer un balance de la política de estos sectores políticos de las izquierdas a lo largo de la experiencia kirchnerista, en la que terminaron conformando el ala “izquierda” del antikirchnerismo, junto a las fuerzas más reaccionarias que actúan en nuestro país.

No fue lo mismo que el gobierno perdiera el “conflicto del campo”, aunque no propusiera nacionalizar el comercio exterior de granos; no fue lo mismo que se sancionara la Ley de Medios, aunque nunca se haya avanzado a fondo contra Clarín; tampoco que el Estado recuperara el control de YPF, por más que siga siendo una sociedad anónima; ni mucho menos que se estatizaran las AFJP, por más que no se haya reformado la Ley de Entidades Financieras. Ahora tampoco es lo mismo un gobierno del Frente para la Victoria que uno del PRO, por más que ambos representen un giro a la derecha y que seremos opositores de los dos.

Por otro lado, las responsabilidades de la dirigencia del FpV en este desenlace son claras: algunas coyunturales, por la imposición de un candidato “conservador” que no contagió ni a propios ni a ajenos, y que en la primera oportunidad buscará desplazar a la fracción kirchnerista de la conducción del peronismo; otras estructurales -a debatir en los próximos meses y años- referentes a las limitaciones de cualquier “capitalismo en serio” para garantizar la independencia económica, la soberanía política y la justicia social, así como las de una construcción política apoyada en estructuras del PJ orgánicamente asociadas a la oligarquía.

Cuatro razones para votar contra el PRO

1. La política exterior

En el contexto latinoamericano, un gobierno del PRO se subordinaría a la política norteamericana de abierta hostilidad a los gobiernos populares de Venezuela, Bolivia, Cuba y Ecuador. Es decir, enfrentaría abiertamente al bloque del ALBA y trabajaría por el retroceso de los niveles de integración sudamericana logrados en diez años, como la UNASUR o la CELAC.

2. La política económica

El programa económico que explican los economistas del PRO es de manera directa el que pretenden los grandes empresarios: devaluación, fin de las retenciones, rebaja de impuestos para los grandes capitales, ajuste fiscal, endeudamiento externo, apertura económica. Es un programa que sacrifica a una parte considerable de nuestro pueblo a las necesidades de “competitividad” de unos pocos integrantes del poder económico. La peor versión del capitalismo, que para muchos argentinos y argentinas es la diferencia entre caer o no en la pobreza y la indigencia.

3. Las conquistas populares de estos 12 años

En la campaña electoral Macri dio una voltereta de 180 grados, pero si no queremos pecar de ingenuidad hay que recordar cuál fue la posición concreta del PRO en todos los debates determinantes de los últimos años. Estuvieron en contra de la política de memoria, verdad y justicia, de la Ley de Medios, de la estatización de YPF y de las AFJP, de la Asignación Universal por Hijo, de la Ley de Matrimonio Igualitario, hasta plantearon pagarles a los buitres en los términos en que la justicia norteamericana lo avaló.

4. Regreso de los valores neoliberales al gobierno

El PRO es una fuerza abiertamente neoliberal y empresarial. Esto no quiere decir que un gobierno suyo implicaría que se repita como un calco lo que pasó en los años 90. Pero sin duda sí que se impongan valores como la “eficiencia” y la “modernización” del Estado para justificar políticas de ajuste, la política como “gestión sin ideología” para desalentar la militancia y estimular la despolitización social, el mercado como regulador de las relaciones sociales y dador de oportunidades para todos como cobertura del capitalismo salvaje, el individualismo y los valores empresariales como referencias sociales, etc.

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Por estas razones es un error grave pensar que se trata de dos opciones similares. Y por lo tanto no solamente hay que decirlo y argumentarlo de la mejor manera posible, sino proponerse convencer a todas las personas que cada uno conoce que el 22 de noviembre es necesario votar a Scioli. En el trabajo, en la familia, en el barrio, en el club, en las redes sociales, en el mercado, en el tren, en la escuela, en los colectivos, en la cancha, en las facultades, en los medios de comunicación, en el taxi, en donde sea.

En los momentos determinantes de la historia nacional ser de izquierda no puede significar ser indiferente. Este es uno de ellos.

@ulibosia