¿Por qué despiden a Jamenei también en Irak? Un fenómeno regional en el que EEUU debería reparar

El traslado del féretro del Líder iraní Alí Jamenei mártir a Irak, y la decisión de celebrar ceremonias oficiales en cuatro ciudades iraquíes, constituyen un acontecimiento excepcional que combina devoción religiosa y afirmación política frente a la maquinaria militar de Estados Unidos e Israel. En Nayaf, Kerbala y otras ciudades, cientos de miles de personas acompañan la procesión entre consignas contra Washington, retratos de Jamenei y gestos de duelo que simbolizan la continuidad de la Revolución Islámica más allá de los ataques y de la ruptura de la tregua.

La República de Irak ha subrayado que “tiene el honor” de recibir el cuerpo del líder mártir, organizando un cortejo que recorre puentes y avenidas históricas hasta los santuarios chiíes, con la participación de altos responsables religiosos y gubernamentales de ambos países. Ese dispositivo logístico y de seguridad, desplegado en plena escalada militar, muestra que ni los bombardeos estadounidenses ni las amenazas verbales de Trump han logrado impedir que la región convierta el funeral en un acto de unidad y desafío frente a la agresión externa.

Guerra, funeral y respuesta a Trump

Analistas y autoridades iraníes sostienen que el multitudinario funeral del Líder mártir, tanto en Irán como en Irak, es un movimiento global contra el terrorismo y un mensaje directo a Trump y sus aliados: “la sangre del Líder mártir prevalecerá sobre la maquinaria militar de EEUU e Israel”. Estimaciones apuntan a que las ceremonias podrían reunir hasta 30 millones de dolientes en ambos países, uno de los mayores funerales de la historia contemporánea, precisamente mientras continúan los ataques estadounidenses en el sur de Irán.

En este contexto, las advertencias del canciller Seyed Abás Araqchi sobre responder “con acción, sin miedo y con gran valentía” a los insultos y amenazas de Trump encuentran eco en las calles de Nayaf y Kerbala, donde la multitud transforma el duelo en una demostración de fuerza colectiva. La combinación de bombardeos sobre Bandar Abás y Sirik, el desafío verbal de Irán a la Casa Blanca y la despedida histórica de Jamenei en Irak configura un mismo relato: pese al costo humano de los ataques de EEUU, el eje Teherán–Bagdad se apoya en la memoria del Líder mártir para afirmar que no habrá rendición ni retroceso.