Roy Cohn, Javier Milei y la política de agresión permanente

Tali Feld Gleiser

Atacar, atacar, atacar. Nunca admitir nada. Nunca disculparse.” Esta frase no es solo una caricatura del trumpismo. Resume una cultura política que se extendió durante décadas y que ahora resurge con fuerza en la ultraderecha internacional. El episodio protagonizado por Javier Milei, quien insultó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva durante el lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro, es menos un arrebato emocional que la aplicación consciente de un método.

Este método tiene un nombre, una historia y una genealogía.

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El senador Joseph McCarthy, en 1954; el presidente Donald Trump, hoy.

Mucho antes de que Donald Trump convirtiera la provocación en un espectáculo político, Roy Cohn ya había transformado la agresión en un instrumento de poder. Abogado del senador Joseph McCarthy durante la caza de brujas anticomunista de la década de 1950, Cohn participó en uno de los periodos más oscuros de la democracia estadounidense, cuando las acusaciones infundadas, las campañas de desprestigio y la persecución política destruyeron miles de vidas. Décadas después, se convirtió en el mentor legal y político de un joven empresario inmobiliario neoyorquino llamado Donald Trump.

Más que enseñar técnicas legales, Roy Cohn transmitió una filosofía de combate político. Sus reglas eran sencillas: atacar siempre; nunca admitir un error; y, ante la confrontación, responder con un ataque aún mayor. La verdad dejó de ser el eje central de la disputa. El objetivo pasó a ser ocupar el espacio público, desorientar a los adversarios y transformar cualquier crítica en combustible para fortalecer la propia base política.

Trump convirtió esas lecciones en un método de gobierno. Javier Milei parece haber hecho lo mismo.

Su presencia en suelo brasileño para participar en un acto electoral ya representaba una ruptura significativa con la tradición diplomática entre dos países cuya historia reciente se ha caracterizado por la construcción gradual de mecanismos de cooperación. Brasil y Argentina no son solo vecinos. Comparten cadenas de producción, infraestructura, intercambio científico, integración energética, millones de empleos y un destino regional profundamente entrelazado.

Sin embargo, Milei optó por utilizar el escenario político para insultar al presidente brasileño. No se trataba de una crítica a las políticas del gobierno de Lula, ni de un debate sobre modelos económicos. Fue un ataque personal dirigido al jefe de Estado del principal socio comercial de Argentina, perpetrado en suelo brasileño durante un acto de campaña electoral.

En cualquier tradición diplomática mínimamente consolidada, un gesto de esta naturaleza suele generar esfuerzos posteriores para mitigar el daño. Es precisamente aquí donde entra en juego el método de Roy Cohn.

Milei insultó en Brasil al presidente Lula da Silva

En lugar de reducir la tensión, Milei optó por intensificarla. Horas después, afirmó, sin presentar pruebas, que parte de la campaña considerada «antiargentina» en redes sociales durante el Mundial había sido financiada por el propio Brasil. La acusación no estuvo acompañada de documentos, investigaciones independientes ni pruebas verificables. Aun así, cumplió a la perfección su función política: desviar el debate, avivar la polarización y ofrecer a sus seguidores una narrativa de persecución externa.

Da igual si la afirmación se ajusta a los hechos. El objetivo nunca fue, ni será, probarla, sino utilizarla como arma política.

Esta lógica constituye uno de los rasgos más característicos de la ultraderecha contemporánea. La política deja de buscar un consenso mínimo y se vuelve dependiente de la producción permanente de enemigos. Cada crisis debe ir seguida de otra. Cada conflicto exige una mayor escalada. La retirada se interpreta como una derrota. Una disculpa se convierte en un signo de debilidad. La moderación se considera una traición.

Roy Cohn, el oscuro abogado que ayudó a Donald Trump en su ascenso al ...
Roy Cohn, el oscuro abogado que ayudó a Donald Trump en su ascenso al poder

Es precisamente esta ingeniería del conflicto permanente la que Roy Cohn le enseñó a Donald Trump y la que hoy reaparece, con impresionante fidelidad, en diferentes líderes de la extrema derecha global.

No se trata solo de afinidades ideológicas. Existe una circulación internacional de métodos políticos. Trump, Milei, Bolsonaro y otros líderes comparten una misma estrategia: desacreditar instituciones, convertir a los adversarios en enemigos existenciales, sustituir los argumentos por insultos y transformar la indignación permanente en una herramienta de movilización política.

Quizás la consecuencia más grave de esta estrategia no sea el insulto en sí, sino el deterioro de las relaciones entre pueblos que seguirán coexistiendo mucho después de que estos gobernantes abandonen el poder.

América Latina y el Caribe están aprendiendo el precio de la fragmentación. Durante siglos, los intereses externos han prosperado explotando las rivalidades entre países que compartían desafíos similares. Los presidentes van y vienen. Los pueblos permanecen.

La actitud de Milei representa algo más que un simple incidente protocolario. Expresa una concepción de la política en la que el conflicto deja de ser consecuencia de desacuerdos para convertirse en un objetivo permanente. El diálogo es sustituido por un espectáculo (grotesco). La cooperación cede ante la provocación. La política exterior se transforma en una extensión de la guerra cultural.

Quizás este sea el principal legado de Roy Cohn para la ultraderecha del siglo XXI: no solo enseñar a ganar debates, sino convencer a los líderes de que gobernar implica mantenerse en una campaña permanente contra adversarios internos y externos. Al transformar el conflicto en un método de gobierno, esta estrategia también facilita la injerencia de potencias extranjeras y proyectos geopolíticos imperialistas y sionistas, como está ocurriendo en nuestro continente.

Latinoamérica necesita menos Roy Cohns y más Bolívares, San Martín, José Martí, Paulo Freire, Darcy Ribeiro, Lélia González, Silvia Rivera Cusicanqui, Julieta Paredes, Nina Pacari y Berta Cáceres, entre muchos otros. Mujeres y hombres que comprendieron que nuestra La Representación Visual de los Héroes Latinoamericanosindependencia permanece incompleta mientras persistan el racismo, el colonialismo, el patriarcado, el clasismo y la explotación económica. Todos ellos, por distintos caminos, enseñaron que la libertad nace de la solidaridad entre los pueblos, de la justicia social y de la construcción paciente de una forma de gobierno que reconozca el derecho a gobernar, considerando los intereses del pueblo y su autodeterminación.

Insultar a los presidentes puede generar titulares, aplausos y likes. Pero no construirá escuelas, impulsará la ciencia, reducirá las desigualdades, fortalecerá la soberanía regional ni acercará a argentinos y brasileños a una segunda independencia latinoamericana. Sin embargo, la historia siempre exige una elección. Cada generación decide de qué lado quiere estar. Y esa decisión define el presente y el futuro de toda América Latina y el Caribe.

*Directora general del portal brasileño www.desacato.info, la primera cooperativa de comunicación de Brasil, con sede en el estado de Santa Catarina.