Paraguay: A 25 años del golpe que terminó con la dictadura mas larga de Sudamérica

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Sin actos recordatorios, con el listado de deudas de la democracia bien a la vista y estructuras partidarias casi intactas, Paraguay atravesará el lunes el aniversario número 25 de la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner, un régimen que se extendió por casi 35 años y se alimentó con sucesivos simulacros electorales.

Télam

En la madrugada del 3 de febrero de 1989, el general Andrés Rodríguez, consuegro y mano derecha de Stroessner, encabezó un levantamiento que luego pasó a la historia como «El Golpe de La Candelaria», porque empezó en el día de la Virgen de la Candelaria.

El golpe dio paso a cierta apertura política, la recuperación de algunas libertades públicas, la progresiva reintegración del Paraguay a la comunidad internacional y un lento paso hacia la democracia, sino plena, al menos institucional.

Terminaba de esa forma una de las más extensas dictaduras de América Latina, casi «desubicada» en la región, donde Argentina, Brasil y Uruguay ya habían recuperado la democracia.

Ese retorno a las instituciones en los países vecinos había alentado algunas protestas en Paraguay, motorizadas por el llamado Acuerdo Nacional (que encabezaban el Partido Liberal Radical y el Febrerista) y algunos sindicatos, y fuertemente reprimidas.

Ya enfermo, Stroessner parecía perder apoyo de a poco, pese a que el año anterior, en 1988, había ganado con el 88 por ciento de los votos unas elecciones que repetían una mecánica de años: con la oposición perseguida, sus dirigentes encarcelados y una Constitución -de 1967- hecha a la medida del régimen.

El sector más tradicionalista del partido, parte de los militares y en especial la Iglesia católica también empezaron a demostrar su malestar hacia la dictadura, amparados en el abandono del rol de protector que Estados Unidos parecía iniciar.

Y por eso en las primeras horas de ese día, solo, aislado, se entregó al coronel Lino Oviedo, que lo acompañó en el último viaje del dictador en el auto presidnecial, esta vez detenido hacia la sede de la Caballeía.

Esa detención duró menos de 48 horas y el 5 fue enviado al exilio en Brasilia, junto a su hija Graciela, su hijo Gustavo y la esposa de éste, María Eugenia Heikel. Al subir la escalerilla del avión se lo vio encorvado y más viejo. Ya no volvería al país.

En esa misma Brasilia, Stroessner murió el 16 de agosto del 2006. Fue sepultado al día siguiente en el cementerio Campamento de la Paz, en una ceremonia privada, con apenas familiares y amigos cercanos.

Pese al tiempo transcurrido, nunca se supo con certeza el número de muertos, en su mayoría soldados de baja graduación, que dejó el golpe del 89 en las ocho horas que llevó todo el operativo.

Por la radio Primero de Marzo se difundió la proclama leída por el ahora también golpista Andrés Rodríguez:
«Hemos salido de nuestros cuarteles, en defensa de la dignidad y del honor de las Fuerzas Armadas; por la unificación plena y total del coloradismo en el gobierno; por la iniciación de la democratización del Paraguay; por el respeto a los derechos humanos; por la defensa de nuestra religión cristiana, católica, apostólica, romana. Eso es lo que les estoy ofreciendo», gritó Rodríguez.

Los cambios no fueron muchos, al punto que se volvió casi leyenda la anécdota que cuenta que el mismo Stroessner, mirando una foto de la nueva administración, dijo que solo faltaba él.

Pero Rodríguez entendió que tenía que venir un nuevo tiempo y que los gestos también servían: mandó al propio secretario general de la Presidencia y eterno jefe de Protocolo de Stroessner, Conrado Pappalardo, a la frontera a recibir con honores al secretario del Partido Comunista paraguayo, Ananías Maidana, hasta entonces prohibido en el país.

«Los autores del golpe se declararon héroes. Pero esta no fue la revolución de los claveles, sino una noche de escribanos. Fue una lucha entre grupos, de desquites, de pases de facturas. Ninguno merece ser héroe», afirmó Martín Almada, seguramente la figura más emblemática de la lucha contra la dictadura y por los derechos humanos.

Perseguido y encarcelado por Stroessner, descubridor de los llamados Archivos del Terror -que blanquearon la participación de Paraguay en el Plan Córdor, que coordinó la represión en la región- Almada es tajante en cuanto a que «se fue Stroessner, pero siguió el stroessnerismo, porque se quedaron todos» después del golpe.

En declaraciones telefónicas a Télam desde Asunción, Almada reseñó que «la parte positiva del golpe fue que después se pudo empezar a hablar, fue la apertura democrática», en parte porque «disminuyó el poder militar, ya que los militares estaban totalmente desprestigiados».

Rodríguez llamó a elecciones enseguida y las ganó, el 1 de mayo de 1989, con el 74 por ciento de los votos, como candidato, claro, del poderoso Partido Colorado, la misma estructura que había usado Stroessner los 35 años que estuvo en el poder.

A partir de entonces, los «civiles» del coloradismo ganaron terreno sobre el brazo «militar» del partido, y las Fuerzas Armadas sumaron, a la pérdida de prestigio, la baja del presupuesto y la pérdida de poder real.

Así y todo, por esa misma estructura parasitaria anclada en el Estado que permitió que la Asociación Nacional Republicana (ANR, el nombre oficial del coloradismo) gobernara hasta el 2008 y otra vez desde el año pasado, los crímenes y las violaciones a los derechos humanos ocurridos en la dictadura siguen impunes, quizas como en ningún otro país del Cono Sur.

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