No, no es lo mismo esta elección que la de 2018

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Lariza Pizano | 

Hay quienes dicen que la campaña de hace cuatro años y la de ahora se parecen porque la derecha y la izquierda son las que más opción tienen de llegar a la Presidencia. Pero, así sea que las cosas sigan iguales —lo cual no es claro— y la elección termine siendo entre Gutiérrez y Petro, la situación es muy diferente a la de 2018.

Para comenzar, la agenda es otra: tras una pandemia, las demandas sociales están en el centro del debate. Hay hambre y la gente tiene sed de resolver su existencia inmediata.

Esa agenda le ha quitado piso a la derecha, cuyas posibilidades —a diferencia de hace cuatro años— son menores cada día. El pánico de este sector a hablar de políticas sociales, por considerar que esas son causas de izquierda, sumado a la mala imagen de Iván Duque le abrieron camino a Petro. Además, hace cuatro años era difícil predecir lo que pasaría, pero hoy las encuestas evidencian que mientras Gutiérrez no logra romper el techo, al candidato del Pacto Histórico le sobra piso.

En 2018, la paz se convirtió en el centro del debate. En contraste, hoy prácticamente no está en la discusión electoral. En el cuatrienio quedó claro que el paso de las Farc por el Congreso no implicó que se acabara el poco Estado que hay y, por cuenta de la ineficiencia estatal, hoy los excombatientes también han pasado a ser víctimas. Según el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, por primera vez, la mayoría de colombianos apoyan el Acuerdo de Paz (51 %), en contraste con el 41 % que lo hacía en 2016.

Venezuela también dejó de ser una amenaza. Maduro sigue en las mismas y el panorama ha cambiado a favor suyo. Estados Unidos necesita petróleo y, frente a las actitudes de Biden, el oso de Duque con la idea del cerco se hizo aún mayor. El riesgo de la “venezolanización” de Colombia es hoy un chiste.

También, a diferencia de 2018, la esencia del candidato de derecha es otra. Gutiérrez no es Duque y pide en silencio no ser el que diga Uribe. Él y sus asesores han construido una imagen alejada del expresidente, conscientes del daño que le hace a un candidato aparecer como un títere. A Fico no se le ocurriría mandarle saludos al rey.

El centro político también es otro. Con su actitud antialianzas, hace cuatro años Fajardo se blindó de figuras destructivas como la de Íngrid Betancourt. Contra todo pronóstico y paradójicamente, en ese entonces él remontó sin coaliciones. Esta vez es desplazado por Rodolfo Hernández, cuyo discurso antipolítico, pero vacío, tomó fuerza tras cuatro años de formas burdas y repartijas.

Finalmente, mientras las elecciones de 2018 fueron las más pacíficas en la historia reciente, las actuales, por cuenta de la radicalización y la incapacidad estatal, han sido las más violentas de la década.

En cuatro años, una pandemia, una crisis social y un pésimo gobierno cambiaron el panorama político por completo.

*Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.