Nelly Richard: “En Chile hay una brutal campaña de desinformación y tergiversación”

La autora de Zonas de tumulto se refiere al plebiscito para promulgar la Nueva Constitución chilena. Richard sostiene que un triunfo del Rechazo adquiriría “ribetes dramáticos” para quienes vivieron el trauma de la dictadura y la esperanza de un renacer político después del estallido social. Pero confía en que "los jóvenes y las mujeres vayan masivamente a votar para sepultar definitivamente la actual Constitución". La ensayista recibirá este jueves el Doctorado Honoris Causa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. 

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Silvina Friera – Página 12 | 

“El feminismo debe seguir manteniéndose alerta frente a la agresividad violenta con la que reaccionan el autoritarismo y el conservadurismo en todas partes del mundo”, dice Nelly Richard, crítica y ensayista francesa que vive en Chile desde 1970, figura clave en la configuración teórica de la Escena de Avanzada, reconocida como la principal referente experimental del arte de la resistencia a la dictadura pinochetista. Richard, que recibirá este jueves el Doctorado Honoris Causa en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, reconoce que un triunfo del Rechazo en el plebiscito para promulgar la Nueva Constitución adquiriría “ribetes dramáticos” para quienes vivieron el trauma de la dictadura y la esperanza de un renacer político después del estallido social.

Richard, autora de Fracturas de la memoria. Arte y pensamiento crítico y el más reciente Zonas de tumulto: memoria, arte, feminismo, fundadora y directora de la Revista de Crítica Cultural (1990-2008), advierte sobre la “brutal” campaña de desinformación y tergiversación que han montado los partidarios del Rechazo a la Nueva Constitución en la entrevista con Página/12.

Contra la hegemonía conservadora

-El plebiscito para convocar a una Nueva Constitución en octubre de 2020 ganó con una mayoría del 78%. Ante el próximo plebiscito del 4 de septiembre para promulgar la Nueva Constitución, según las encuestas, lo que prevalece es el Rechazo. ¿Cómo se pasó del “Chile despertó” de la revuelta del 2019 a este Chile que parece no querer la Nueva Constitución?

-La revuelta (“Chile despertó”) expresó el categórico rechazo de la población al sistema de abusos y humillaciones en el que se sustenta cotidianamente el neoliberalismo. También criticó el formalismo político-institucional de una transición hecha de pactos y negociaciones entre miembros de elites partidarias que descartaron a las mayorías sociales. Si bien la revuelta hizo visibles reclamos particularizados en materia de trabajo, pensiones, salud, educación y otros, las multitudes autoconvocadas salieron a manifestar su “estar en contra” del sistema sin compartir un programa futuro de organización política. La Nueva Constitución pasó a ser el “significante flotante” que condensó las aspiraciones -vagas y difusas- de habitar un Chile otro que, sobre todo, pretendía cortar los amarres con la Constitución de 1980 de Pinochet, que funcionó como matriz de una democracia vigilada y de una sociedad de mercado plegada al dogma neoliberal. En un comienzo, el deseo de una Nueva Constitución funcionó casi utópicamente como la ilusión de una “hoja en blanco” que trazaba un horizonte soñado. A medida que el texto constitucional se fue llenando de contenidos bastante rupturistas, dejó de gozar de unanimidad dentro y fuera de la Convención. Las fuerzas conservadoras de la derecha y la ultraderecha, del progresismo neoliberal, supieron sacarle un enorme provecho a la vehemencia de las controversias desatadas en el interior de la Convención en torno a planteamientos muy innovadores pero, considerados por varios, como extremos e intransigentes. Si bien la derecha quedó subrepresentada dentro de la Convención Constituyente (17 representantes de un total de 154), bastaba con atender lo que estaba ocurriendo afuera para darse cuenta de que esta subrepresentación interna no se condecía con las señales que confirmaban la recomposición del sector en el país. En todo caso, solo el 4 de septiembre sabremos si Chile “quiere” o no a esta Constitución. Para quienes vivimos el trauma de la dictadura y la esperanza de un renacer político después del estallido social, el triunfo del Rechazo adquiriría ribetes dramáticos. También le plantearía a la izquierda la urgencia de una reflexión drástica sobre el porqué de este resultado ya que, lamentablemente, no bastará con echarle la culpa (justificada) a la perversa maquinaria propagandística de la derecha.

(Xinhua)

-¿Habrá un voto responsable e informado o crecerá la campaña para confundir y desinformar a la ciudadanía?

-El gobierno de (Gabriel) Boric está siendo acosado por los sectores políticos de oposición y vigilado en extremo por todo el aparato de Contraloría que le exige prescindencia hasta un límite irrazonable. En medio de este contexto hostil, ha realizado un trabajo sistemático de distribución gratuita del texto de la Nueva Constitución en todo Chile. Este gesto pedagógico responde a la necesidad de contrarrestar la brutal campaña de desinformación y tergiversación que han montado los partidarios del Rechazo. A medida que se acerca el Plebiscito, esto va a ser cada vez peor. No hay que olvidar que lo que está en juego es mucho. El núcleo duro de quienes se oponen al nuevo texto constitucional está formado por aquellos que se han beneficiado desde la dictadura hasta hoy de un modelo económico y político que los han convertido en sujetos ricos y poderosos, mediáticamente influyentes, y que no están dispuestos a perder ninguno de los privilegios adquiridos. Estos sectores perciben la garantía y ampliación de derechos sociales y otros que propone esta Nueva Constitución orientada hacia una democracia más igualitaria como una amenaza directa a la concentración monopólica de sus intereses económicos y políticos. Tanto las encuestas como la prensa y la televisión que están al servicio de esta hegemonía conservadora han pretendido modelar a la opinión pública en función del Rechazo, generando temores e incertidumbre frente a lo Nuevo que activan fantasmas de caos y destrucción. Los resultados son inciertos pero yo confío en que los jóvenes y las mujeres, que son aquellos sectores que le dieron el triunfo a Boric en la segunda vuelta, vayan masivamente a votar para sepultar definitivamente la actual Constitución que tiene su origen ilegítimo en la dictadura e iniciar así un anhelado ciclo de transformaciones sociales y políticas que han sido largamente bloqueadas.

El conflicto mapuche

-¿Por qué varios de los debates en torno a la Nueva Constitución se centran en las potestades que le atribuye a los pueblos originarios respecto a cuándo tienen que ser consultados antes de la toma de decisiones, la autonomía de sus territorios y el alcance de su sistema de justicia? ¿Cómo se vinculan estos debates con los ataques incendiarios en el sur de Chile, zona de conflicto mapuche?

-El tema mapuche ha sido silenciado durante años por un Estado cuya composición obedece a un modelo colonial y por la formación oligárquica de una sociedad que, tradicionalmente, ha despreciado a lo indígena. El pueblo mapuche ha sido condenado por el dominio estatal a la desposesión de sus tierras, a la persecución, a la desaparición de su lengua. Durante la revuelta de octubre 2019, el único símbolo reconocible que se levantaba en la Plaza de la Dignidad era la bandera mapuche como expresión de solidaridad hacia un pueblo postergado y discriminado con el cual el Estado mantiene una deuda histórica. Han sido arduas las discusiones dentro y fuera de la Constitución en torno al concepto de “plurinacionalidad” que es una de las definiciones del texto constitucional que más incomoda y asusta. La Nueva Constitución formula la “plurinacionalidad” como el reconocimiento de que, al interior de un solo Estado (que, por lo demás, la redacción del texto declara indivisible), coexisten distintos pueblos y naciones indígenas que, además de sus derechos culturales, deben ver garantizada su efectiva participación en el ejercicio y distribución del poder. Hay toda una discusión pendiente, efectivamente, en torno a los criterios de autonomía de los territorios y los límites de los sistemas de justicia indígena cuyos detalles y alcances, en opinión de los juristas, deberán ser aclarados en la etapa de implementación de las leyes en el parlamento. Esta discusión en torno a lo “plurinacional” que ha sido polémica a nivel de la opinión pública ocurre en paralelo con lo que mencionas: el aumento de la violencia política en la zona del conflicto mapuche y la radicalización de las posturas de algunas organizaciones que defienden la vía político-militar para alcanzar la liberación nacional de su territorio. Los líderes de estas organizaciones autonomistas mapuches han explicitado su opinión en contra del proceso de la Nueva Constitución desestimando, también, el concepto de “plurinacionalidad” por considerar que son instrumentos serviles a un Estado del que no quieren formar parte y al que declaran enemigo. Elisa Loncon, representante mapuche y ex Presidenta de la Convención Constitucional, ha defendido la “plurinacionalidad” como “un punto intermedio” para que lo indígena dialogue con lo no indígena, antes de cualquier otro avance hacia la autodeterminación que le permitirá a determinados grupos de sujetos deliberar y consensuar su estatuto político. Yo, como feminista, no podría sino estar de acuerdo con el interdialogismo político y cultural de Loncon en tanto alternativa frente al discurso guerrero -con rasgos patriarcales y autoritarios- de algunos dirigentes mapuches que convierten la otredad en reducto y trinchera de un enfrentamiento absoluto.

Primera Constitución Feminista en el mundo

-¿Qué papel tuvieron las feministas en la revuelta de octubre de 2019 y en la redacción del borrador de la nueva Constitución?

-En mayo del 2018 en Chile se levantó una insurgencia feminista que, desde las universidades hacia las calles, hizo que los cuerpos y las identidades desobedientes de miles de mujeres reclamaran contra la violencia de género y la discriminación sexual, además de evidenciar la alianza estructural entre patriarcado y capitalismo que explota nuestras condiciones de existencia. La audacia libertaria del mayo feminista del 2018 constituye un antecedente decisivo de la revuelta de octubre del 2019. Las organizaciones de mujeres organizaron marchas y asambleas populares pero, también, libraron debates teóricos y críticos reflexionando agudamente sobre lo político y lo social. Además de las presiones ejercidas desde las calles, trazaron un camino de enlaces que logró que se aprobara en el parlamento la fórmula de lo paritario. No sólo la mitad exacta de los constituyentes eran mujeres sino que varias de ellas provenían de colectivos feministas y de la disidencia sexual. Esto hizo que la perspectiva de género atravesara todo el nuevo texto constitucional, siendo esta la primera Constitución paritaria y feminista en el mundo.

-¿Cuáles son los principales peligros o amenazas que enfrenta el feminismo en Chile?

-Creo que son los mismos que enfrenta el feminismo en todos los demás países. Si bien ya hemos aprendido que todas las conquistas son reversibles, que no hay nada ganado de una vez para siempre, no deja de ser impactante el fallo reciente de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos que deroga la ley de protección del aborto que databa de 1973. ¡Y para qué hablar de las campañas desatadas en contra de la “ideología de género” en España o América Latina de parte de las derechas y ultraderechas! El feminismo debe seguir manteniéndose alerta frente a la agresividad violenta con la que reaccionan el autoritarismo y el conservadurismo en todas partes del mundo. En Chile nos enfrentamos a un nuevo desafío por tener un gobierno que se declara “feminista”: el desafío de estar atentas a que una cierta institucionalización del género oficializada por un gobierno progresista nos haga creer que no es necesario seguir tramando micropolíticas de intervención que se jueguen en diversas escalas. El feminismo no debe renunciar a la política de la multiplicidad que lo lleva a transitar por distintos escenarios (la calle, las universidades, las leyes, el cotidiano popular, la comunicación pública, el arte, la crítica social y cultural) para diversificar así sus capacidades de propagación e interferencia.

-Tanto en Chile como acá hay movimientos llamados “libertarios” que suelen estar aglutinados por un rabioso anticomunismo y un discurso de odio hacia las disidencias y diversidades. ¿A qué atribuye el crecimiento de este tipo de movimientos o partidos de extrema derecha?

-El trayecto del feminismo en estas dos últimas décadas ha sido muy expansivo y, en el mundo entero, sus movilizaciones adquirieron una visibilidad estratégica. El feminismo ha demostrado su fuerza, internacionalmente, como movimiento social gracias a la determinación, valentía y creatividad de las organizaciones de mujeres. El feminismo ha logrado penetrar en la esfera pública modificando su composición de discursos; ha desnaturalizado conductas sexistas que se han vuelto hoy censurables y ha generado leyes que modifican el Derecho. Estos enormes cambios político-sociales y simbólico-culturales no podrían sino generar rechazo y odio en quienes se aferran al todopoderoso relato patriarcal y a su ideología sexual de lo masculino-dominante y de lo femenino-subordinado. Junto con ser un movimiento social, el feminismo es también una teoría crítica que ha cuestionado la arquitectura del conocimiento, los saberes y las disciplinas, de un modo que ha repercutido en el diseño universitario. De ahí la guerra contra “el marxismo cultural” y los departamentos o programas de género. No podía resultar inofensivo para los poderes establecidos el hecho de que el feminismo haya desestabilizado las estructuras de autoridad que, en nombre de lo masculino dominante, se creían a salvo de cualquier cuestionamiento.

Intercambio intelectual

Nelly Richard (Caen, Francia, 1948) estudió Literatura Moderna en la Universidad París IV (La Sorbonne). Vive en Chile desde 1970, el mismo año en que la Unidad Popular, bajo el liderazgo del presidente socialista Salvador Allende, llegó a la presidencia del país. “Durante el 2011 se generó un poderoso movimiento estudiantil en Chile que luchó por la desprivatización de la educación superior y la gratuidad universitaria -recuerda la crítica y ensayista-.En el contexto de estas luchas estudiantiles, la Universidad de Buenos Aires era el ejemplo más cercano y deseable de lo que, a nivel latinoamericano, entendíamos por universidad pública. No puedo sino sentirme orgullosa de recibir el Doctorado Honoris Causa de parte de una universidad tan significativa y prestigiosa; además he mantenido con varios de sus académicos vínculos de profunda amistad y de intenso intercambio intelectual”.

 

 

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