Milei, Trump y el redescubrimiento de las Islas Malvinas
Aram Aharonian
Javier Milei encontró en la causa Malvinas el eje discursivo que necesitaba para recuperar el manejo del debate público, descolocar a la oposición y relegar de la agenda mediática tópicos relacionados a la economía. Pero este giro dejó expuestas contradicciones que le restan credibilidad, un activo muy difícil de recuperar. La injerencia que podría tener Estados Unidos y más puntualmente Donald Trump a partir de este descubrimiento libertario de la causa Malvinas -una causa nacional, arraigada en el pueblo argentino- también despierta suspicacias.

El gobierno ultraderechista de Milei, en franca caída de apoyo popular, tomó la bandera del reclamo por la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas como una causa para relanzar la gestión un año antes de las próximas elecciones y, en medio de la escalada de tensión con el Reino Unido. Debe ser por este motivo que en medio de la escalada de tensión con el Reino Unido suspendió el viaje a Londres previsto para fines de octubre, y anunció la creación de un denominado Consejo de Seguridad Nacional, que tendría como objetivo determinar amenazas a la nación y coordinar acciones tendientes a neutralizarlas, conformado por la Cancillería, los ministerios de Defensa y Economía y la Inteligencia y que “definirá una política de seguridad nacional, de aplicación obligatoria y transversal a todo el Estado”.
Con la cadena nacional de radio y televisión del 3 de septiembre, Milei no sólo buscó cambiar su posición respecto a la que probablemente sea la única causa que genera consenso en Argentina, también consiguió correr el foco de la discusión pública, que estaba centrada en temas de la economía diaria, aspecto en el que la gestión libertaria no consiguió resultados que estén a la altura de las expectativas que había generado. La narrativa oficial resulta menos efectiva cuando se habla de temas como empleo, salario, endeudamiento o consumo masivo y se acomoda mejor cuando Milei puede aplicar su natural histrionismo al discurso duro de confrontación contra enemigos desprestigiados en lo nacional.
El libertario presidente anunció la creación formal de un Sistema de Articulación de la Política Exterior dentro de la órbita de Cancillería, una herramienta diseñada para alinear de forma quirúrgica a todos los organismos estatales que intervienen en la defensa de los derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
El diario Perfil recordó un antecedente más que opaco de un organismo interministerial de consulta de cercana denominación al que se impulsa hoy: el Consejo Nacional de Seguridad, creado en 1966 durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía, en el marco de la Guerra Fría. Fue una herramienta para articular las operaciones de represión interna y control social del régimen de un nacionalista católico que se decía portador de una misión divina. Un mesiánico de otra época.
Milei, admirador confeso de Margaret Thatcher y otrora defensor de la autodeterminación de los kelpers (los pobladores de Malvinas) anunció en cadena nacional un drástico cambio en la postura de su gobierno con relación al tema Malvinas, una de las causas más sagradas de la argentinidad. En medio de la crisis fomentada por su gobierno, Milei ahora considera a los kelpers una población implantada por una potencia extranjera que ocupa ilegalmente un territorio nacional. Más aún, anunció una serie de leyes -que en realidad ya existen- que le permitirían aplicar sanciones a las empresas que intenten extraer recursos en el área de Malvinas sin el aval del Gobierno nacional.
Algunas de esas leyes tienen más de veinte años, y permiten aplicar sanciones de todo tipo contra empresas que operen en el área Malvinas. De hecho, las administraciones de Cristina Kirchner y de Mauricio Macri se ampararon en esas leyes para actuar contra empresas petroleras como Rockhopper, Premier Oil, Borders & Southern, FOGL, Argos y Navitas que extraìan petróleo de la cuenca malvinera.
El gobierno de Milei, en cambio, asistió inmóvil al avance de los planes de inversión de Navitas y Rockhopper en la zona y favoreció con el beneficio del RIGI (régimen que impuso para atraer inversiones de gran envergadura mediante incentivos fiscales, aduaneros y cambiarios) a proyectos que incluyen algún grado de participación de empresas como Harbour Energy, heredera de Premier Oil.
A Trump también le interesan las Malvinas
La posición de Estados Unidos en torno al conflicto es otro de los argumentos que esgrime Milei para alimentar las expectativas.. Si bien su postura histórica es de neutralidad, lo que en la práctica siempre favoreció al Reino Unido, en las últimas semanas circuló un rumor que indicaba que podría revisar su posicionamiento como forma de presión para que los británicos incrementen su gasto militar y brinden apoyo a las aventuras militares de Trump en Medio Oriente.
El presidente estadounidense Donald Trump percibe un «desastre potencial» en la disputa por las Islas Malvinas, ofrece mediar y duda de la capacidad británica para defenderlas militarmente: “Ahora mismo, hay dos países que no están contentos con la situación en las Falklands”, añadió, tras afirmar que Estados Unidos podría intervenir si alguno de los dos gobiernos solicitara su participación y sostuvo que estaría en condiciones de resolver la disputa.
La definición de los intereses estratégicos de EEUU bajo la administración de Trump se concentra en el eje Norte-Sur y que le otorga especial relevancia al control de los tres pasos interocéanicos: el Mar del Norte, de allí el interés por Groenlandia, el canal de Panamá y el Estrecho de Magallanes, al norte de Tierra del Fuego. Sería ingenuo pensar que, de concretarse un cambio en la posición diplomática de Washington respecto al conflicto de Malvinas, el favor le saliera gratis a Argentina.
“Las Falkland Island son muy interesantes. Cuando era un niño pequeño, Argentina era un país diferente, un poco como el Reino Unido, llegaron y se apoderaron de él”, dijo Trump. Y, después de mencionar esas “diferencias” sostuvo que Argentina “tiene un pequeño problema con la inmigración, con la energía y otros problemas que se deben resolver”.
El lunes 31 de agosto, Trump afirmó ante periodistas en el Salón Oval que su gobierno está evaluando su postura sobre el archipiélago del Atlántico Sur, administrado por el Reino Unido pero reclamado por Argentina. “Siempre reviso cada posición. Es solo una de muchas”, respondió el mandatario estadounidense cuando fue consultado al respecto. Washington sostuvo históricamente una posición de neutralidad en el conflicto de soberanía desde la guerra de 1982, sin tomar partido por ninguno de los dos países.
Más Seguridad
En el comunicado oficial número 157, conocido tras el mensaje en cadena del Presidente, se incluye, al parecer, al Ministerio de Seguridad Nacional, según la denominación que le impuso este gobierno, que es el encargado de la seguridad interior. Milei ahora prometió además avanzar con una base destinada a reforzar la proyección argentina hacia la Antártida, en una zona próxima a los pasos que conectan los océanos Atlántico y Pacífico y que también concentra un creciente interés de Estados Unidos y China.
Pero el futuro complejo militar es, por ahora, un piso de cemento de 2.500 metros cuadrados en un predio de 38 hectáreas sin acceso público. Se encuentra cerca del aeropuerto y a unos cinco qjilómetros del centro de Ushuaia, capital de la ventosa provincia de Tierra del Fuego en el extremo sur de Argentina. Su piedra fundamental fue colocada en 2022 por el gobierno de Alberto Fernández. Desde entonces solo se realizaron las fundaciones y una platea de hormigón que representan el 9,13% del total de la obra, según información oficial.
La posible vinculación de Estados Unidos con la base ya había generado controversia en 2024, cuando Milei viajó a Ushuaia para reunirse con la entonces jefa del Comando Sur, Laura Richardson, y dijo que la base convertiría a «nuestros países» en puerta de entrada a la Antártida. Semanas después, aclaró que no se trataba de una base combinada. Y recientemente el portavoz presidencial Adrián Ravier insistió: el proyecto es «cien por ciento argentino», dijo.
Las visitas estadounidenses al extremo austral continuaron. En abril de 2025, el entonces jefe del Comando Sur Alvin Holsey recorrió instalaciones navales de Ushuaia y recibió informes sobre protección de rutas marítimas y operaciones antárticas. Y en enero de 2026, una delegación de 23 estadounidenses, entre ellos siete congresistas, visitó también la provincia de Tierra del Fuego.
Amit Kornhauser, directivo de la petrolera israelí llegó a decir que “Milei apoya el derecho de autodeterminación de los habitantes de las Falklands y no ve esto como una cuestión política a tratar”. Navitas pudo costear su apuesta en Malvinas gracias a esa posición oficial. Arrinconado, Milei simula cambiar para que nada más cambie. La única novedad es el giro retórico de 180 grados que le imprimió a su discurso respecto al reclamo sobre las Islas Malvinas sin ningún avance concreto respecto al ejercicio de soberanía sobre el Atlántico Sur. Un intento poco sofisticado de abandonar una posición impopular, mientras muestra señales de agotamiento.
*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE