¿Libertad de expresión?: Musk se adueñó de Twitter para “salvar la democracia”

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Ricardo Carnevali

En menos de tres semanas, el multimillonario sudafricano Elon Musk logró el control completo de la red social Twitter, ser la plataforma más utilizada por personajes de la política para comunicarse con las audiencias, abriendo el debate sobre qué implica que la persona más rica del mundo pueda hacer lo que quiera con una de las plataformas más potentes de comunicación, en nombre de la libertad de expresión y la democracia.

Además de muti-multimillonario, Musk es un personaje polémico y que demostró en reiteradas ocasiones poner sus negocios por encima de la legalidad, de las vidas humanas y del bienestar de sus propios trabajadores.

Los periodistas suman numerosos ejemplos en los que el empresario intentó acallar o limitar el discurso de alguien que no le gustaba, como cuando llamó “pedófilo” a un submarinista de una cueva tailandesa, cuando persiguió y Elon Musk está un paso más cerca de hacerse con Twitterespió a un ex empleado por hablar con la prensa o cuando bloqueó una cuenta de un joven de Florida que publicaba en Twitter todos los vuelos de Musk.

Jordi Pérez Colomé (en El País) señala que esta compra no es Jeff Bezos adquiriendo el Washington Post o Rupert Murdoch, el Wall Street Journal. Cuando le preguntaron al propio Musk qué le parecía que la persona más rica comprara Twitter, su respuesta fue reírse de Mark Zuckerberg: “Tiene Facebook, Instagram y WhatsApp con una estructura que permitiría a Mark Zuckerberg XIV seguir siendo el propietario. No ocurrirá eso con Twitter”, dijo.

Antes de valorar cómo llevaría a cabo la adquisición, Musk dijo que esta no la hacía por dinero: “Mi intuición es que tener una plataforma que tiene la confianza de todos, inclusiva, es extremadamente importante para el futuro de la civilización. No me importa el dinero”, aseguró.

Obviamente una cosa es que declare que no le importa el dinero y la otra que no perciba maneras de hacer explotar los beneficios de Twitter, además de controlar una herramienta que le ha dado muchos réditos. Sus tuits sobre Tesla, SpaceX e incluso la criptomoneda dogecoin le han hecho más rico.

El discurso del propio Musk sobre Twitter es que lo compra para mejorarlo, no por dinero ni por influencia. Su tesis es que Twitter necesita más claridad en las normas, más transparencia en los algoritmos y más libertad en el discurso, pero los detalles que ofreció, sin embargo, fueron escasos. Su intención última, dijo, es salvar la democracia:

“Twitter se ha convertido en una especie de plaza pública de facto, por lo que es realmente importante que la gente crea y perciba que puede hablar libremente dentro de los límites de la ley”, explicó. Este recurso es indispensable tanto para “el funcionamiento de la democracia en EE UU como en muchos otros países”, añadió.Elon Musk estaría a punto de hacerse con Twitter | Tecnología - ComputerHoy.com

Para que haya menos dudas y más transparencia, el algoritmo de Twitter debe estar colgado en GitHub, la plataforma de código abierto, y otros programadores deben poder hacer comentarios y sugerencias, “como ocurre con Linux y Signal”, recomendó Musk.

Sobre la libertad de expresión admitió ser “absolutista” y dijo que gritar “fuego” en un teatro lleno “debería ser un crimen”. “Una buena señal de libertad de expresión es que alguien que no te gusta pueda decir algo que no te gusta. Si eso es así, tenemos libertad de expresión”,

Como era de esperar, varios periodistas recordaron numerosos ejemplos en los que el empresario intentó acallar o limitar el discurso de alguien que no le gustaba, como cuando llamó “pedófilo” a un submarinista de una cueva tailandesa, cuando persiguió y espió a un ex empleado por hablar con la prensa o cuando bloqueó una cuenta de un joven de Florida que publicaba en Twitter todos los vuelos de Musk.

Pocos entienden la importancia de captar la atención como Musk. Twitter tiene diez veces menos usuarios que Facebook, YouTube o Instagram, pero su peso no es proporcionalmente inferior.

En la charla TED, Musk se refirió a las suspensiones permanentes de perfiles en Twitter: “No sé si tengo todas las respuestas, pero creo que sería mejor ser reacios a eliminar cosas y ser cautelosos con las prohibiciones permanentes. Creo que las suspensiones temporales son mejores que las prohibiciones permanentes”.

 El suspendido más célebre de Twitter es Donald Trump. Su hipotética vuelta a Twitter en 2022 sería para preparar y proyectar al mundo su posible candidatura a presidente en 2024. De hecho, en el Partido Republicano ven la llegada de Musk a Twitter con buenos ojos. Trump podría devolverle con su poder en Washington a favor de Tesla, de SpaceX o aliviándole sus problemas con la Comisión de Mercado y Valores.

Pero Donald Trump, expulsado de Twitter luego de negar -por aquella red social- los resultados que daban a Joe Biden como presidente de Estados Unidos.,señaló que prefiere usar su propia red social, TRUTH Social, como único canal, plataforma lanzada el mes pasado y que ha estado funcionando en su nuevo servicio de nube durante los últimos días, después de ser probada en una versión beta desde febrero. Su director ejecutivo es el exlegislador por California, Devin Nunes.

El evangalio de Musk

El discurso del propio Musk sobre Twitter es que lo compra para mejorarlo, no por dinero ni por influencia. El análisis más concreto de su compra lo hizo el 14 de abril, el mismo día en que se hizo pública su oferta. Su tesis es que Twitter necesita más claridad en las normas, más transparencia en los algoritmos y más libertad en el discurso. Los detalles que ofreció, sin embargo, fueron escasos.

Su declarada intención es salvar la democracia: “Es muy importante que haya un escenario inclusivo para la libertad de expresión”, dijo. “Twitter se ha convertido en una especie de plaza pública de facto, por lo que es realmente importante que la gente crea y perciba que puede hablar libremente dentro de los límites de la ley”, explicó. Este recurso es indispensable tanto para “el funcionamiento de la democracia en EE UU como en muchos otros países”, añadió.

Para que haya menos dudas y más transparencia, el algoritmo de Twitter debe estar colgado en GitHub, la plataforma de código abierto, y otros programadores deben poder hacer comentarios y sugerencias, “como ocurre con Linux y Signal”, recomendó Musk.

También los usuarios deben ser perfectamente conscientes de por qué se toman decisiones: cualquier acción de por qué se promueve o no un tuit “debe ser evidente, de modo que no haya manipulación tras bambalinas, ya sea algorítmica o manual”, explicó el nuevo propietario de Twitter.

Sobre la libertad de expresión admitió ser “absolutista” y dijo que gritar “fuego” en un teatro lleno “debería ser un crimen”. El multimillonario sudafricano intentó aportar su visión sobre el debate en torno a los límites de la libertad de expresión con esta frase: “Una buena señal de libertad de expresión es que alguien que no te gusta pueda decir algo que no te gusta. Si eso es así, tenemos libertad de expresión”, dijo.

En un tuit expresó que la libertad de expresión es la base de una democracia para funcionar, y Twitter es la plaza pública digital donde se debaten asuntos vitales para el futuro de la humanidad, por lo que trabajará a fin de que “sea mejor que nunca mejorando el producto con nuevas funciones, haciendo que los algoritmos sean de código abierto para aumentar la confianza, derrotando a los bots de spam y autenticando a todos los humanos”.

Más que constituir un buen augurio para la libertad de expresión, como le gusta pregonar, que esta red social quede en manos del hombre más rico del mundo es una amenaza de que una herramienta imprescindible para el debate público sea manejada sin ningún escrúpulo, así como un signo de la creciente concentración del poder en manos privadas, señala un editorial del diario mexicano La Jornada.

En julio de 2020, en el transcurso de una discusión en el propio Twitter, respondió a los cuestionamientos de un usuario en torno al golpe de Estado perpetrado en Bolivia meses antes:“Derrocarremos a quien nos dé la gana para obtener el litio usado en los automóviles eléctricos que fabrica Tesla”, dijo y poco después amenazó con llevarse a otro lado la planta de esa compañía ubicada en California si las autoridades no le permitían retomar actividades en un punto crítico de la pandemia de covid-19.

Por qué el conflicto entre Trump y Twitter esconde una de las batallas de nuestro tiempo | Tecnología | EL PAÍSMusk, el propietario de Tesla y SpaceX se había convertido ya a principios de abril en el principal accionista de la empresa con sede en San Francisco, y el 14 lanzó una oferta no solicitada para adquirir la compañía por 41 mil millones de dólares. El lunes 25 se informó que la junta directiva acordó aceptar su ofrecimiento por 44 mil millones de dólares.Se espera que el acuerdo pueda concretarse a finales de este año, cuando la firma pedirá a sus accionistas que lo aprueben.

El acuerdo de adquisición contempla que la empresa deje de cotizar en la bolsa de valores, por lo que el magnate no tendría que consultar con nadie sus decisiones sobre el futuro de la plataforma.

Es sabido que Twitter tiene problemas específicos, como su incapacidad para generar ganancias a pesar de a la importancia que ha cobrado en la vida política de buena parte del mundo; o la elevada presencia de los bots a los que hizo alusión Musk, cuentas falsas empleadas por individuos y entidades para incrementar el impacto de sus publicaciones o atacar a adversarios.Elon Musk sigue acumulando fortuna: ya es el cuarto hombre más rico del mundo

Pero sobre todo comparte con otras redes sociales un serio déficit en torno de la libertad de expresión, al imponer una censura unilateral, y en muchos casos arbitraria, sobre determinados contenidos y opiniones. En este sentido, es imposible olvidar el silenciamiento del indefendible expresidente estadounidense Donald Trump, pero con  el mismo derecho a expresarse que cualquier ciudadano.

El neoliberal expresidente argentino Mauricio Macri tuiteó sobre la adquisición del magnate. “Felicitaciones a Elon Musk por asumir el enorme desafío de trabajar para que Twitter sea una garantía de la libertad de expresión en el mundo entero. Sin libertad de expresión no hay democracia”, señaló, repitiendo el argumento del dueño de Twitter.

*Doctorando en Comunicación Estratégica, Investigador del Observatorio en Comunicación y Democracia, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)