Latinoamérica bien vale una misa

33

FERNANDO CIBEIRA| El papa Francisco cerró ayer su primer viaje internacional con una misa ante más de tres millones de personas según los organizadores, cifra inédita para un evento en Río de Janeiro. El Papa insistió ayer en su pedido a los jóvenes que participaron de la Jornada Mundial de la Juventud para que “sean revolucionarios” y “vayan contracorriente”, entendiendo como la “corriente” a “la cultura de lo provisional”.vaticano papa con cris, dilma, evo, astori1Página 12

La presidenta Cristina Kirchner estuvo junto a sus pares Dilma Rousseff y Evo Morales y el vicepresidente uruguayo Danilo Astori en el palco presenciando la ceremonia y después saludó al Papa, quien le obsequió un juego de zapatitos y medias para su nieto Néstor Iván. La Presidenta dijo sentirse emocionada por el gesto. “No me esperaba nunca que me diera un regalo”, reconoció.

En la calle era una sucesión interminable de jóvenes, envueltos en las banderas de sus países y con las remeras de colores que formaban parte del kit de los participantes de la Jornada. La panorámica desde el aire permitió dar otra dimensión a esa multitud jamás vista aquí, cuadras y cuadras atiborradas a lo largo de la avenida costanera de Copacabana, al fin de nuevo con sol. Como no podía ser de otra manera, antes de la misa hubo un nuevo recorrido en papamóvil, en el que Francisco hizo un alto para tomarse un mate que le ofrecieron al paso. Habrá que imaginar qué piensa el Papa de la exuberancia del catolicismo brasileño, tan lejos de la circunspección del argentino. De nuevo sobre el escenario hubo sacerdotes cantantes, coreografías de obispos y varios “¡Viva el Papa!” y “¡Viva Francisco!” como arenga al público previa a su salida. Cuando apareció, al Papa se lo veía más serio que en todo el viaje.

En su homilía, Francisco convocó a los jóvenes a difundir la religión “sin miedo”. Fue más enfático más tarde, cuando se despidió de los miles de chicos que con remeras amarillas habían actuado como voluntarios durante la Jornada. “Muchos predican que lo importante es disfrutar el momento. Que no vale comprometerse para toda la vida, hacer opciones definitivas, porque no se sabe lo que pasará mañana”, sostuvo ante los jóvenes, a quienes les preguntó si el matrimonio estaba pasado de moda. “No”, respondieron, obviamente, ellos. “Atrévanse a ir contracorriente, atrévanse a ser felices”, les dijo.

Despedida

Después de estos actos a la mañana, Francisco tuvo varios más. Parecía que su actividad había concluido, pero siempre le quedaba otro discurso por dar. Mantuvo un encuentro sustancioso con los obispos latinoamericanos del Celam, en donde hubo algunas advertencias (ver página 5), luego el encuentro ya mencionado con los jóvenes voluntarios y, como cierre, la ceremonia de despedida en el aeropuerto. En todas sus actividades, los brasileños le demostraron devoción y parecía que siempre se interponía alguien más que se escapaba de la seguridad para saludarlo y recibir su bendición. Ni siquiera los funcionarios escaparon a la tentación: repartió saludos hasta la escalerilla del avión.

“Ya comienzo a sentir saudade”, dijo en la despedida, para alegría de los brasileños, que deliraron cada vez que utilizó términos locales, como cafezinho y cachaça. Debía despedirlo Dilma, pero en su lugar fue el vicepresidente, seguramente por culpa de la gripe. “El Papa se va, les dice ‘hasta pronto’, un ‘pronto’ ya muy nostálgico”, dijo Francisco antes de pedir que recen por él, el cierre habitual de sus mensajes. Brasil ya había quedado atrás, el test de popularidad aprobado.