Las elecciones más importantes de la historia

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Alejandro Fierro – GISXXI

Tenía razón Henrique Capriles cuando calificó las elecciones municipales de diciembre de 2013 como un plebiscito. Tan sólo erró al limitar su alcance a aquellos comicios para elegir alcaldías y al focalizar la consulta en la figura de Nicolás Maduro. Porque en realidad todas las elecciones que se vienen realizando desde 1998 son un plebiscito sobre el sistema político en el que quiere vivir el pueblo venezolano. De ahí el título de este artículo, que a primera vista pudiera parecer un recurso sensacionalista para atraer la atención del lector. Sin embargo, se trata de una conclusión obvia. Las próximas elecciones legislativas son las más importantes de la historia del chavismo porque cada nueva cita con las urnas -da igual que sea para elegir presidente, gobernadores, alcalde o diputados- lo es

En la mayoría de las democracias de origen liberal, las distintas fuerzas políticas compiten por gestionar las instituciones públicas de un sistema con cuyos principios fundamentales están de acuerdo. Las diferencias, apenas de matiz, se exageran en la teatralización del debate público, fingiendo que son enemigos irreconciliables. El electorado cree que está eligiendo opciones diferentes, cuando en realidad lo que hace con su voto, independientemente de a quién se lo otorgue, es apuntalar el sistema. Así sucede en Estados Unidos con demócratas y republicanos; con los laboristas y conservadores de Gran Bretaña; en la España del Partido Popular y del Partido Socialista, etc.

Por el contario, en Venezuela la pugna no es entre dos formaciones políticas sino entre dos sistemas. Uno es el capitalismo, que en este país toma la forma de rentismo petrolero con una creciente financiación, siguiendo la tendencia ultraneoliberal de las últimas décadas. El otro sistema -en sus distintas denominaciones de “chavismo”, “socialismo”, “socialismo del siglo XXI”, “Revolución Bolivariana”- está aún en construcción, definiéndose a medida que se desarrolla pero siempre con una vocación netamente popular. Simplificando al extremo el objetivo de cada uno de ellos, se puede afirmar que el capitalismo busca asegurar la tasa de ganancia de los tenedores de capital, mientras que el chavismo trata de garantizar la reproducción de una vida digna de las mayorías sociales. También en una síntesis extrema, se puede decir que el capitalismo se ha adaptado de forma mayoritaria en este principio de centuria a una democracia puramente representativa –o, más bien delegativa. El chavismo, por su parte, apuesta por la democracia protagónica con un horizonte de ejercicio pleno del poder popular.

Se concluye que ambos sistemas son antagónicos en cuanto a medios y objetivos. De este antagonismo se deriva la condición de excluyentes. No pueden coexistir. La pervivencia de uno implica necesariamente la desaparición del otro. Y aunque quince años y veinte elecciones puedan parecer un mundo vistos desde la escala de una vida humana, lo cierto es que este proceso histórico no ha hecho más que empezar.

En esta pugna, una derrota es mucho más grave para el chavismo que para el capitalismo. Cuando el capitalismo pierde unas elecciones, sólo pierde el acceso a las instituciones. Sigue conservando un enorme poder político, económico, mediático, militar, académico, religioso. Por supuesto, al referirse al caso venezolano no hay que pensar en la oposición interna como única representante de esa opción capitalista. Ni siquiera como la más importante. En realidad, sus dirigentes no son más que actores secundarios de un sistema de alcance global conformado por transnacionales, gran banca, tenedores de capital, gobiernos y alianzas militares. De ahí que una pérdida electoral no implique una pérdida de poder.

En las opciones populares como el chavismo sucede todo lo contrario. Una derrota implicaría la pérdida de fortaleza y recursos en todos los ámbitos reseñados. Y esos recursos, hoy por hoy son indispensables para continuar una batalla que apenas está comenzando. En síntesis, el capitalismo se puede permitir perder elecciones. Han cosechado 19 derrotas en 20 procesos electorales y aún mantienen su inmenso poder. El chavismo, por el contrario, está obligado a ganar.

Ciertas voces de la izquierda abogan por la abstención el próximo 6 de diciembre, como toque de atención a la dirigencia ante una situación económica complicada. Según esta tesis, la derrota sería una especie de medicamento amargo pero eficaz que conduciría a la reflexión y a la adopción de medidas radicales y contundentes que, siempre de acuerdo a este relato, ahora mismo no se estarían tomando.

Sin poner en duda la buena intención de quienes apoyan esta postura, lo cierto es que constituye una enorme ingenuidad política. El único beneficiado sería el capitalismo, que se aprestaría al combate final para terminar de una vez por todas y para siempre con ese sistema antagónico que le adversa, según la lógica excluyente explicada. Tampoco es previsible que una derrota lleve a un proceso de reflexión. Las experiencias demuestran que la pérdida del poder institucional por parte de las fuerzas progresistas conduce a un estado de enorme debilidad del que surge el desencanto, la melancolía, los ajustes de cuentas, el reproche político y, en último término, la desafección de las masas populares, sin las cuales es imposible construir cualquier proyecto de emancipación.

La propia historia venezolana está llena de ejemplos. La traición al sueño de Bolívar es quizás el más ilustrativo. Ha habido que esperar casi doscientos años para retomar, siquiera de forma incipiente, ese sueño. Si se deja escapar, quién sabe cuántas generaciones se perderán hasta que el pueblo vuelva a levantarse. Ya lo advirtió ese otro gran soñador que era Chávez en su última campaña electoral, probablemente consciente de que se terminaba su tiempo entre nosotros: “Nos estamos jugando la vida”. Y como todos los soñadores, tenía razón.

Alejandro Fierro es especialista en Comunicación Política y Electoral. Fundación GISXXI. 

Fuente: http://www.gisxxi.org/articulos/las-elecciones-mas-importantes-de-la-historia-gisxxi/#.VhPVjvwexeZ