La vigencia del fascismo, y lo que viene

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PABLO RODRÍGUEZ | Que en Caracas se haya realizado la mayor movilización fuera de Chile para recordar la gesta heroica de Salvador Allende 40 años después dice mucho y el foco está donde debe estar: el fascismo devenido pinochetismo hoy está presente en Venezuela, apenas velado. La voracidad es la misma, el zarpazo se prepara y la economía es la clave.

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Todos los elementos están a la vista. La denuncia es clara. Todas las cartas están sobre la mesa. La oposición se prepara para convertir las elecciones locales del 8 de diciembre en un nuevo embate contra las instituciones venezolanas.

Si los votos a candidatos a alcaldes opositores en todo el país suman más que los obtenidos por los oficialistas, dirán que es la demostración perfecta de lo que vienen sosteniendo y no pudieron demostrar (porque es una colosal mentira): que el presidente Maduro se impuso en abril en elecciones amañadas.

En cambio, si la Revolución gana algunos puntos claves (la alcaldía mayor de Caracas, la alcaldía del municipio Maracaibo en el Zulia) el plan quedará desactivado igual que en diciembre pasado, cuando la barrida colosal a los candidatos opositores a las gobernaciones.

El juego, en ese plano, también está claro. Son disgresiones de laboratorio que adivinamos no demasiado diferentes a las que se permiten en privado en los cuarteles del oficialismo. En privado, porque en público aseguran que se trata apenas de una elección local, cuyo resultado no detiene el avance del proyecto bolivariano.

En rigor, esto podría ser así. Y que así sea dependerá de lo que suceda ANTES de las elecciones. Es que Venezuela está ante un trimestre clave de aquí al 8D. Poco menos de 90 días en los que las políticas de Estado que se decidan en Miraflores y su efectiva materialización o no ponen en juego el futuro de la revolución bolivariana.

Ese es el desafío, ni más ni menos, y ahí coincidiríamos con quienes dicen que el 8D es sólo una elección local más. Lo será sólo si de aquí hasta allá se aciertan en algunas políticas claves. Si no, se corre el riesgo de que la elección sea un referéndum que desasosiegue otro diciembre. Y por segundo año consecutivo.

Es la economía

El canciller Elías Jaua recordó en las últimas horas, en vivo en televisión, cómo en uno de los últimos encuentro que miembros del máximo gobierno mantuvieron con el Comandante Chávez éste los alertó sobre un golpe económico en ciernes contra Venezuela.

Las pruebas están a la vista: la ausencia de productos básicos en los anaqueles se ha vuelto endémica, especialmente en el interior del país. Cifras oficiales indican que en los productos lácteos, la escasez trepa al 32,4%; mientras la inflación acumulada en los últimos siete meses en el mismo rubro es del 43,1%.

En productos especialmente sensibles para el (mal)humor social, como la leche en polvo, la escasez trepa al 76,3%. El costo de los alimentos creció un 65% en un año y el dólar especulativo ya perforó el techo de los 40 bolívares.

En muchos países estos indicadores críticos determinarían números inversamente proporcionales para la aceptación de un gobierno. En Venezuela, sin embargo, esto no es así. Los últimos estudios sobre la valoración del gobierno de Nicolás Maduro le otorgan al presidente una aceptación del 50%.

Una amplia red de asistencia social, que incluye la venta de productos básicos de la canasta alimenticia a precios subsidiados, sin duda influye en esa valoración positiva: el creciente costo de la vida no impacta de lleno en los sectores de menores ingresos.

En el mismo platillo de la balanza hay que sumar algunas señales esperanzadoras en la lucha contra la corrupción y tímidos resultados en el plan Patria Segura de patrullaje en zonas con los más altos índices de delitos.

Pero si no se pone fin a la regresiva situación económica los avances en la lucha contra la corrupción y la inseguridad serán devorados por las urgencias económicas. Mucho más en una sociedad que (con «real» o no) asocia su prosperidad a mantener y ampliar sus niveles de consumo. Esto no es distinto a lo que puede encontrarse en la inmensa mayoría de los países de la región, pero en la Venezuela que no abandona la cultura rentística es particularmente fuerte, especialmente en navidades.

Y las urgencias son más urgentes cuando las señales desde Miraflores no son las mejores. La creación de un Órgano Superior para la Defensa Popular de la Economía capitaneado por los mismos ministros que desde sus áreas específicas no han logrado frenar la especulación, el acaparamiento y las maniobras del sector privado en la producción de alimentos no parece una medida a la altura de las circunstancias y las necesidades.

Hay dos cuestiones que merecen al menos replantear las respuestas. Una, revisar si los problemas de la economía venezolana son solamente las maniobras especulativas o también parte del problema es el manejo del flujo de divisas del Estado. Es que no se entiende por qué una multitud de organismos públicos tienen vía libre para administrar más de 130.000 millones de dólares colocados en el exterior, por ejemplo.

Dos, está claro que perseguir a los especuladores de cabotaje es necesario, pero si tenemos en cuenta que, tal como reveló la ahora ex presidenta del Banco Central de Venezuela, Edmée Betancourt, alrededor de 20.000 millones de dólares entregados el año pasado a precio oficial por el Estado terminaron en empresas de maletín, se hace necesario atacar a los peso pesados.

Porque la economía, a no confundirse, también se rige por decisiones políticas.