Katz: La izquierda frente a Venezuela/ Respuesta de Roberto López

Foto: Marcos Salgado
Claudio Katz | 

Durante los últimos dos meses Venezuela afrontó una terrible oleada de violencia. Ya se computan más de 60 muertos entre escuelas saqueadas, edificios públicos incendiados, transportes públicos destruidos y hospitales evacuados. Los grandes medios de comunicación sólo transmiten en cadena denuncias macabras del gobierno. Han instalando la imagen de un dictador en conflicto con los demócratas de la oposición.

Pero los datos de lo ocurrido no corroboran ese relato, especialmente en lo referido a los fallecidos. Cuando totalizaban 39, un primer informe destacó que sólo 4 fueron víctimas de las fuerzas de seguridad. El resto murió en saqueos o confusas balaceras al interior de las movilizaciones opositoras2. Otra evaluación señaló que el 60 por ciento de los ultimados era totalmente ajeno a la confrontación3.

Estas caracterizaciones son coherentes con las estimaciones que atribuyen gran parte de los asesinatos a francotiradores ligados a la oposición. Indagaciones más recientes destacan que el grueso de los victimas perdió la vida por vandalismo o ajustes de cuenta4.

Existen además incontables denuncias sobre incursiones de grupos paramilitares ligados a la derecha. También hay indicios de un alto grado de violencia con protección local, en los municipios gobernados por la oposición5.

Estos balances sintonizan con la brutalidad fascista que introdujo el incendio de personas adscriptas al chavismo6. Quemar vivo a un partidario del gobierno es una práctica más ligada a los paramilitares colombianos o al hampa, que a las organizaciones políticas tradicionales. Algunos analistas incluso estiman que sobre un total de 60 muertos 27 eran simpatizantes del chavismo7.

Otros afirman que al interior de las marchas opositoras actuaron unas 15.000 personas entrenadas como grupos de choque. Utilizaron capuchas, escudos y armas caseras para crear un clima caótico e instalar “territorios liberados”8.

Las evaluaciones que presenta la oposición son diametralmente opuestas, pero han sido refutadas por detallados informes sobre las víctimas9. Como nadie reconoce la existencia de evaluaciones “independientes”, conviene juzgar lo sucedido recordando los antecedentes. En la guarimba de febrero del 2014 murieron 43 personas, en su gran mayoría ajenas al choque político o a la represión policial.

También corresponde evaluar cómo reaccionaría la oposición frente a un desafío equivalente. Sus gobiernos zanjaron el “Caracazo” de 1989 con centenares de muertos y miles de heridos.

La coyuntura venezolana es dramática, pero no explica la centralidad del país en todos los noticieros. Situaciones de mayor gravedad en otros países son totalmente ignoradas por los mismos medios.

Desde el comienzo del año en Colombia fueron asesinados 46 líderes sociales y en los últimos 14 meses perecieron 120. Entre el 2002 y 2016 las fuerzas paramilitares masacraron a 558 dirigentes populares y el número de sindicalistas aniquilados en las últimas dos décadas asciende a 250010. ¿Por qué razón ninguna emisora de peso menciona esta continuada sangría en el principal vecino de Venezuela? 

El panorama de México es más aterrador. Todos los días algún periodista incrementa la incontable lista de estudiantes, maestros y luchadores sociales asesinados. En el clima de guerra social impuesto por las “acciones contra el narcotráfico” desaparecieron 29.917 personas11. ¿Este nivel de masacre no debería suscitar más atención periodística que Venezuela?

Honduras es otro caso espeluznante. Junto a Berta Cáceres fueron ultimados otros quince militantes. Entre 2002-2014 la cifra de defensores del medio ambiente asesinados se elevó a 11112. El listado de victimas del horror ignorado por la prensa hegemónica podría extenderse a los presos políticos de Perú. Muy pocos conocen, además, los padecimientos afrontados por el dirigente independentista portorriqueño Oscar López Rivera durante sus 35 años de prisión.

La mayoría de la población latinoamericana simplemente desconoce las tragedias imperantes en los países gobernados por la derecha. El doble estándar informativo confirma que el protagonismo de Venezuela en las pantallas, no obedece a preocupaciones humanitarias.

MODALIDADES DE UN GOLPE

La cobertura mediática apuntala el golpismo de la oposición. Como no pueden perpetrar una clásica asonada pinochetista, ensayan procesos destituyentes centrados en el disloque de la sociedad. Retoman lo intentado en febrero del 2014, para consumar un golpe institucional semejante al efectivizado en Honduras (2009), Paraguay (2014) o Brasil (2016). Pretenden imponer por la fuerza lo que posteriormente validarían en las urnas.

La derecha carece de la fuerza militar utilizada en el pasado para recuperar gobiernos. Pero intenta recrear esa intervención con escaramuzas frente a los cuarteles, incendios de estaciones policiales o marchas hacia las sedes militares.

Su plan combina el sabotaje de la economía con la virulencia callejera a través de grupos armados, que a diferencia de Colombia actúan en forma anónima. Se mezclan con el hampa y aterrorizan a los comerciantes13.

Estas acciones incluyen los métodos fascistas auspiciados por las corrientes más violentas del antichavismo. Se apropian de la simbología insurgente forjada por los movimientos populares y presentan su acción depredadora como una gesta heroica. Su líder Leopoldo López no es un inocente político. Cualquier tribunal ajustado a derecho, lo hubiera condenado a perpetua por sus responsabilidades criminales.

La derecha propicia un clima de guerra civil para desmoralizar a las bases del chavismo, afectadas por la falta de alimentos y medicinas. Presiona explícitamente por una intervención extranjera y negocia con los bancos acreedores una interrupción de los créditos al país. 

La oposición pretende linchar a Maduro para enterrar al chavismo. Dirime su batalla en las calles, en la conquista de la opinión pública y en el colapso de de la economía. Considera a los comicios como una simple coronación de esa ofensiva.

Pero afronta obstáculos crecientes. El predominio de los violentos en sus marchas aleja al grueso de los descontentos y desgasta a los propios manifestantes. Como ya ocurrió en el 2014 el rechazo a los fascistas socava a toda la oposición. La permanencia de Maduro disuade, además, la concurrencia a las marchas. No han logrado penetrar en los barrios populares, donde siempre afrontan el riesgo de una adversa confrontación armada14.

La gran burguesía venezolana instiga el golpe con el sostén regional de Macri, Temer, Santos y Peña Nieto. Impulsa desde hace meses en la OEA un plan desestabilizador. Pero tampoco ha logrado resultados en ese terreno. Las sanciones contra Venezuela no prosperaron por la oposición de varias cancillerías y quedó bloqueada la unanimidad que en los años 60 tenía la expulsión de Cuba.

Es también notorio el protagonismo golpista de los Estados Unidos, que intenta recuperar el control de la principal reserva continental de crudo. El Departamento de Estado busca repetir los operativos de Irak o Libia, sabiendo que luego de tumbar a Maduro nadie se acordará dónde queda Venezuela. Basta observar como los medios omiten en la actualidad, cualquier mención de los países ya intervenidos por el Pentágono. Una vez liquidado el adversario los informativos se ocupan de otros temas.

Las metas estratégicas del imperialismo no son registradas por quienes resaltan el coqueteo de algún diario yanqui con el presidente venezolano o las ambigüedades verbales de Trump15. Suponen que esos irrelevantes datos ilustran la ausencia de conflicto entre el Estados Unidos y el chavismo. Pero no registran que la inmensa mayoría de la prensa ataca virulentamente a Maduro y que el multimillonario de la Casa Blanca desmiente cada día lo afirmado en la jornada anterior.

Trump no es indiferente, ni neutral. Simplemente delega en la CIA y el Pentágono la implementación de una conspiración diseñada a través de los planes Sharps y Venezuela Freedom 2. Esas operaciones incluyen espionaje, despliegue de tropas y cobertura del terrorismo16. Se desenvuelven en forma sigilosa, mientras la gran prensa descalifica cualquier denuncia sobre esos preparativos. Cuestionan especialmente las “exageraciones de la izquierda”, para que nadie moleste a los conspiradores.

Algunos analistas estiman que la presencia de Chevron en Venezuela -o los continuados negocios de PDVSA en Estados Unidos- ilustran una estrecha asociación entre ambos gobiernos17. Deducen de esa relación la ausencia de un escenario golpista. Pero esas conexiones no alteran en lo más mínimo la decisión imperial de derrocar al gobierno bolivariano.

Las actividades de empresas yanquis en Venezuela (y de sus contrapartes en Estados Unidos) han persistido desde el inicio del proceso chavista. Pero tanto Bush, como Obama y Trump han buscado recuperar el manejo imperial directo del petróleo. No les alcanza con una tensa relación de socios o clientes. Pretenden instaurar el modelo de privatización imperante en México y expulsar a Rusia y China de su patio trasero.

LA ACTITUD DE LA IZQUIERDA

Si el diagnostico de un golpe reaccionario es correcto la postura de la izquierda no debería suscitar divergencias. Nuestros principales enemigos son la derecha y el imperialismo y doblegarlos es siempre una prioridad. Este principio elemental debe ser reafirmado en los momentos críticos, cuando lo obvio puede tornarse difuso.

Cualquiera fueran nuestras críticas a Salvador Allende nuestra batalla central era contra Pinochet. Y correspondía adoptar la misma conducta frente a los gorilas argentinos de 1955 o los saboteadores de Arbenz, Torrijos y los distintos gobiernos antiimperialistas de la región. Esta misma postura supone hoy en Venezuela apuntalar una acción común contra la escala derechista.

En los escenarios de golpe también resulta indispensable distinguir a los responsables de la crisis. No es lo mismo los causantes de un desastre que los impotentes para resolverlo.

Esta diferencia se verifica en el terreno económico. Los errores cometidos por Maduro son tan numerosos como injustificables, pero los culpables del deterioro actual son los capitalistas. El gobierno es tolerante o incapaz. No se ubica en el mismo plano. Quiénes comenten el garrafal error de identificar a ambos sectores18 confunden responsabilidades de distinta índole.

Los desaciertos del gobierno se han verificado en el inoperante cambio de billetes, en el inadmisible endeudamiento externo o en el descontrol de los precios y del contrabando. Pero el desplome de la economía ha sido causado por los acaudalados que manipulan las divisas, disparan la inflación, manejan los bienes importados y desabastecen la provisión de bienes básicos.

El Ejecutivo no responde o actúa mal por muchas razones: ineficiencia, tolerancia a la corrupción, amparo a la boliburguesía, connivencia con millonarios disfrazados de chavistas. Por eso no corta el sostén a los grupos privados que reciben dólares baratos para importar caro. Pero el desmoronamiento de la producción ha sido una acción de la clase dominante para tumbar a Maduro. Desconocer ese conflicto retrata un insólito nivel de miopía.

Esta ceguera impide registrar otro dato clave del momento: la resistencia del chavismo a la embestida derechista. Con métodos y actitudes muy cuestionables Maduro no se rinde. Mantiene el verticalismo del PSUV, favorece la proscripción de las corrientes críticas y preserva una burocracia que asfixia las respuestas desde abajo. Pero a diferencia de Dilma o de Lugo no se entrega. Se ubica en las antípodas de la capitulación que consumó Syriza en Grecia.

Esa postura explica el odio de los poderosos. El gobierno adoptó la excelente decisión de retirarse de la OEA. Abandonó el Ministerio de Colonias y concretó la ruptura que siempre ha exigido la izquierda. Esta decisión debería suscitar el contundente apoyo que muy pocos han explicitado.

Como toda administración acosada por la derecha, el gobierno recurre a la fuerza para defenderse. Los comunicadores del establishment denuncian esa reacción con un infrecuente grado de histeria. Se olvidan de las justificaciones que habitualmente aportan para gobiernos de otro signo frente situaciones semejantes. Pero Maduro también ha recibido cuestionamientos inversos por su relativa contemplación hacia los fascistas. Sólo adoptó medidas acotadas ante al salvajismo opositor.

En esa respuesta el oficialismo seguramente ha cometido injusticias. Es el lamentable costo de cualquier enfrenamiento significativo con la contrarrevolución. Esas adversidades han estado presentes en todas las batallas contra la reacción desde Bolívar hasta Fidel. Hay que evitar en este delicado terreno la auto-indulgencia, pero sin repetir las calumnias que propaga la oposición.

Actualmente Maduro dirige sus cañones contra la brutalidad derechista y no contra el pueblo. Por eso carecen de sentido las comparaciones con Gadaffi o Sadam Hussein. No perpetró ninguna masacre de militantes de izquierda, ni participó en aventuras bélicas instigadas por Estados Unidos. La analogía con Stalin es más ridícula, pero recuerda que el espectro de Hitler sobrevuela a muchos opositores asociados con Uribe o nostálgicos de Pinochet.

POSTURAS SOCIALDEMÓCRATAS

En los últimos meses se han multiplicado también entre los adversarios de la derecha, las miradas que culpan a Maduro por el desgarro de Venezuela. Esas opiniones repiten la vieja actitud socialdemócrata de sumarse a la reacción en los momentos críticos.

Cuestionan la legitimidad del gobierno con los mismos argumentos de la oposición. En lugar de acusar a la CIA, a los escuálidos o a la OEA, concentran sus objeciones sobre el chavismo. Adoptan esa postura en nombre de un ideal democrático tan abstracto, como divorciado de la batalla por definir quién prevalece en el manejo del estado.

Esa postura ha incidido en varios pensadores del pos-progresismo ligados al autonomismo. No sólo acusan a Maduro por la situación actual. Afirman que reforzó un liderazgo autoritario para mantener el modelo rentista petrolero19.

Esta caracterización es muy semejante a la tesis liberal que atribuye todos los problemas de Venezuela a políticas populistas, implementadas por tiranos que malgastan los recursos del estado. Con un lenguaje más diplomático el diagnóstico es semejante.

Otras miradas del mismo signo resaltan en forma más categórica la responsabilidad del líder chavista. Convocan, además, a evitar el “simplismo conspirativo de culpar a la derecha o al imperialismo” por el drama del país20. ¿Pero las conspiraciones de la reacción son imaginarias? ¿Los asesinatos, los paramilitares y los planes del Pentágono son paranoicas invenciones bolivarianas?

Sin responder a este elemental interrogante, esa postura también descarta cualquier comparación con lo ocurrido en Chile en 1973. Pero tampoco explica la invalidez de esa analogía. Presupone las diferencias entre ambas situaciones como un sobreentendido, sin notar las enormes semejanzas que existen en el terreno del desabastecimiento, la irritación conservadora de la clase media o la intervención de la CIA.

Los paralelos objetados con Allende son en cambio aceptados para el caso del primer peronismo, que es visto como un antecedente directo del chavismo. ¿Pero el parecido se ubica en los años de estabilidad o en los momentos previos al golpe del 55? La preocupación por la escalada de violencia sugiere que la semejanza está referida a este último período. Y en una situación de ese tipo: ¿Cuál era la prioridad? ¿Confrontar con el autoritarismo de Perón o resistir a los gorilas?

Los socialdemócratas y pos-progresistas enfatizan la culpabilidad autoritaria de Maduro21. Por eso desdeñan el peligro golpista y desestiman la necesidad de preparar alguna defensa contra las provocaciones de la derecha.

Pero las consecuencias de esa actitud se verifican cuando los oligarcas y sus bandidos recuperan el gobierno. Lo ocurrido hace poco en Honduras, Paraguay o Brasil, ni siquiera suscita alertas entre los diabolizadores del chavismo.

También objetan el extractivismo, el endeudamiento y los contratos petroleros. Pero no explicitan si postulan alternativas anticapitalistas y socialistas frente a estas evidentes falencias de Maduro. Lo mismo ocurre con el desabastecimiento y la especulación. ¿Proponen actuar con mayor firmeza contra los banqueros y los pulpos comerciales? ¿Promueven medidas de confiscación, nacionalización o control popular directo?

Para la adopción de estas iniciativas podrían concebir puentes con el gobierno, pero nunca con la oposición. Los detractores del chavismo soslayan esta diferencia.

CONVOCATORIAS POS-PROGRESISTAS

La óptica socialdemócrata ha signado el urgente llamado a la paz que firmaron numerosos intelectuales. Esa declaración promueve un proceso de pacificación, rechazando tanto la deriva autoritaria del chavismo como la actitud violenta de sectores de la derecha22.

La convocatoria propicia un equilibrio para superar la polarización y recurre a un lenguaje más próximo a las cancillerías que la militancia popular. Este tono es acorde con la implícita adscripción a una teoría de los dos demonios. Frente a ambos extremos propone transitar por la avenida del medio.

Pero esa equidistancia queda inmediatamente desmentida por la responsabilidad primordial que le asigna al gobierno. Subraya esa culpabilidad no sólo ignorando el acoso de la derecha. El imperialismo es apenas mencionado al pasar.

El texto recibió una contundente respuesta auspiciada por la REDH y suscripta por muchos intelectuales. Esa crítica objeta acertadamente la fascinación con el republicanismo convencional y recuerda la preeminente gravitación de fuerzas extra-constitucionales en las situaciones críticas23.

La recaída liberal de los pensadores pos-progresistas recrea lo ocurrido con los gramscianos socialdemócratas de los años 80. La enemistad de ese grupo con el leninismo y la revolución cubana se asemeja a la hostilidad actual hacia el chavismo. Varios firmantes del llamamiento han transitado por los dos periodos.

Pero la vertiente socialdemócrata actual es tardía y carece de la referencia política que aportaba el PSOE español. La deriva social-liberal de ese partido ha demolido por completo el imaginario progresista inicial Esa orfandad quizás explica el actual reencuentro con el viejo liberalismo.

En algunos casos ese desemboque corona la división que afectó a distintas variantes del autonomismo. Las posturas frente al proceso bolivariano desencadenaron esa fractura. Quienes optaron por situarse en la vereda opositora cuestionan a los que se “aferran al chavismo” 24.

Pero este segundo sector maduró las insuficiencias precedentes y ha sabido comprender la necesidad de batallar por el poder del estado, en perspectivas socialistas afines al marxismo latinoamericano.

En cambio el otro segmento, continúa navegando en la ambigüedad de generalidades sobre el anti-patriarcado y el anti-extractivismo, sin ofrecer ningún ejemplo concreto de lo que propone. Al quedar absorbidos por el universo liberal, sus enigmáticas vaguedades ya no enriquecen el pensamiento de la izquierda. Entre olvidos de la lucha de clases y fascinaciones por la institucionalidad burguesa, sus denuncias del extractivismo se convierten en una pintoresca curiosidad.

DESPISTES DEL DOGMATISMO

Un discurso convergente con la socialdemocracia es también propagado con argumentos sectarios. En este caso Maduro es presentado como un gobierno corrupto, entreguista y ajustador que consolida un régimen dictatorial25. En otras ocasiones esa misma ilegitimidad es descripta con categorías más indirectas (presidente de facto) o sofisticadas (jefe bonapartista).

Pero todas las variantes coinciden en subrayar la responsabilidad primordial de un gobierno autoritario que desgarra al país. La sintonía de este enfoque con el relato de medios salta a la vista. Pero el principal problema no se ubica en la retórica, sino en la acción práctica.

Todos los todos los días hay marchas de la derecha y del gobierno. Los abanderados del rigor socialista: ¿A cuál de las dos movilizaciones concurren? ¿Con cuál se identifican? Si estiman que el oficialismo es el enemigo principal deberían hacer causa común con los escuálidos de las guarimbas.

En Buenos Aires, por ejemplo, convocaron en mayo pasado a una movilización exigiendo la salida de Maduro 26. Todos los transeúntes que observaron esa marcha, percibieron con claridad quién ocuparía inmediatamente la presidencia de Venezuela, si se derroca al actual mandatario. Notaron también la total coincidencia de este llamado con los mensajes emitidos cotidianamente por los noticieros.

No es la primera vez que sectores provenientes de la izquierda convergen tan nítidamente con la derecha. Un antecedente en Argentina bajo el kirchnerismo fue la presencia de banderas rojas en las marchas agro-sojeras y en las manifestaciones de los caceroleros. Pero lo que fue patético en Buenos Aires puede tornarse dramático en Caracas.

Otras visiones equiparan a Maduro con la oposición, estimando que bajo la mascarada de una aparente contraposición se esconden coincidencias mayúsculas. Por eso especulan sobre el momento en que esa convergencia se tornará explicita27.

Esta curiosa interpretación contrasta con las batallas campales entre ambos sectores que registra el resto de los mortales. Resulta un poco difícil interpretar a las guarimbas, los asesinatos y las amenazas del Pentágono como una reyerta ficticia entre dos allegados.

La única lógica de esa presentación es quitar dramatismo al conflicto actual, para interpretarlo como una simple lucha inter-burguesa por la apropiación de la renta. Por esa razón el totalitarismo de Maduro es visto como un peligro equivalente (o superior) a la oposición.

El mayor problema de ese enfoque no es su despiste, sino la implícita neutralidad que propicia. Como todos son iguales, el auto-golpe atribuido al gobierno es equiparado al golpe que propicia la derecha.

Pero esa equivalencia es obviamente falsa. En Venezuela no actúan las dos vertientes reaccionarias, que por ejemplo en Medio Oriente corporizan el yihadismo y las dictaduras. Tampoco prevalece el tipo de contrapunto entre trogloditas que oponía en Argentina a Isabel Perón con Videla.

El choque entre Maduro y Capriles-López se asemeja a la confrontación de Allende con Pinochet, de Perón con Lonardi o más recientemente de Dilma con Temer. Como no son iguales el triunfo de la derecha implicaría una terrible regresión política.

La neutralidad frente a esta disyuntiva es sinónimo de pasividad y retrata un grado de impotencia mayúscula frente a los grandes acontecimientos. Implica renunciar a la participación y compromiso con causas reales.

Como esa actitud da por sentado que el chavismo se acabó, limita todo su horizonte a redactar un balance de esa experiencia. Pero el mayor fracaso en la acción política nunca afecta a los procesos inacabados o frustrados. Lo peor es la intrascendencia frente a las grandes gestas.

Cualquiera sean los cuestionamientos a Maduro, el desenlace de Venezuela define el destino inmediato de toda la región. Si triunfan los reaccionarios prevalecerá un escenario de derrota y una sensación de impotencia frente al imperio. El fin del ciclo progresista será un dato y no un tema de evaluación entre pensadores de las ciencias sociales.

La derecha lo sabe y por eso acelera las campañas contra los intelectuales que defienden al chavismo. La reciente andanada de Clarín es un anticipo de la arremetida que preparan en un escenario regional pos-Maduro28. Los sectarios no registran siquiera ese peligro. 

COMICIOS FICTICIOS

En lo inmediato hay dos opciones políticas en juego: la derecha exige adelantar las elecciones generales y gobierno convocó a una Asamblea Constituyente. La oposición sólo está dispuesta a participar en comicios que le aseguren el primer puesto.

De las 19 elecciones realizadas bajo el chavismo, los bolivarianos ganaron 17 y reconocieron de inmediato las derrotas restantes. En cambio la derecha nunca aceptó resultados adversos. Siempre denunció algún fraude o recurrió al boicot. Cuando triunfó en elecciones parciales exigió la inmediata caída del gobierno.

En diciembre del 2015 obtuvieron mayoría en la Asamblea Nacional y proclamaron el derrocamiento de Maduro. Intentaron varios desconocimientos posteriores, recurrieron a la instalación de diputados truchos y falsificaron firmas para el revocatorio.

Capriles, Borges y López promueven ahora elecciones ficticias, en medio de la guerra económica y la provocación callejera. Auspician comicios tipo Colombia, donde entre voto y voto hay centenares de militantes populares asesinados. Pretenden concurrir a las urnas como Honduras bajo la presión del crimen de Berta. Promueven las votaciones que imperan en México entre cadáveres de periodistas, estudiantes y docentes.

Sería un terrible error sumarse a elecciones concebidas para preparar un cementerio de chavistas. A Maduro le exigen realizar comicios en un clima de guerra civil que ningún gobierno suele aceptar.

Venezuela atraviesa por una situación parecida a la prevaleciente en Nicaragua en el ocaso del primer sandinismo. El cerco militar y el desabastecimiento desgastaron a un pueblo exhausto, que votó a la derecha por simple agotamiento. En esas condiciones los comicios tienen un ganador preestablecido. 

En cambio la comparación con el escenario que rodeó a la caída de la Unión Soviética carece de sentido. Venezuela no es una potencia que afronta la implosión interna, al cabo de un largo divorcio del régimen con la población. Es un vulnerable país latinoamericano acosado por Estados Unidos.

Algunos pensadores dan por descontado ese rol opresivo del imperialismo, para sugerir que no es determinante de la crisis actual29. Suponen que las insistentes denuncias de esa dominación constituyen “un dato ya sabido” o un simple ritual de la izquierda. Pero olvidan que nunca está demás subrayar el demoledor impacto que ejercen las agresiones del Norte, sobre los gobiernos enemistados con Washington.

Todo el espectro de ex chavistas que acompaña el reclamo de elecciones generales confunde la democracia con el republicanismo liberal. Han perdido de vista cómo el derecho al autogobierno es sistemáticamente obstruido por la institucionalidad burguesa.

Por ese impedimento la inmensa mayoría de los regímenes constitucionales han perdido legitimidad. Cada vez resulta más evidente que la clase dominante utiliza los sistemas de votación para consolidar su poder. Ejerce ese control manejando la economía, la justicia, los medios de comunicación y el aparato represivo. La democracia real sólo puede emerger en un proceso socialista de transformación de la sociedad.

Es cierto que Maduro canceló el referéndum revocatorio, suspendió elecciones regionales y proscribió a políticos opositores. Estas medidas forman parte de una reacción ciega frente al acoso. Pero el líder chavista confronta con la hipocresía de mayor porte que exhiben los defensores de los regímenes electorales actuales.

Basta observar cómo en Brasil el impeachment fue consumado por un grupo de bandidos, con el amparo de los jueces y parlamentarios que manipulan el sistema de selección presidencial indirecta. A la OEA ni se le ocurrió intervenir frente a esa grosera violación de los principios democráticos.

El establishment tampoco se indigna ante el colegio electoral que ungió a Trump, luego de recibir varios millones de votos menos que Hilary. Les parece natural la monarquía imperante en España o Inglaterra o los burdos enjuagues que rodean a manipulación de cualquier elección en México. La sacro-santa democracia que exigen para Venezuela está complemente ausente en todos países capitalistas.

LAS POSIBILIDADES DE LA CONSTITUYENTE

Es evidente que la mejor oportunidad para una Constituyente transformadora se perdió hace varios años. El llamado actual es puramente defensivo e intenta lidiar con una situación exasperante.

Pero es inútil discutir sólo lo que no se hizo. Siempre habrá tiempo para esos balances. Lo importante es dirimir ahora en qué medida la convocatoria puede reabrir un camino de iniciativa popular.

Antes del llamado a la Constituyente el gobierno se limitaba a desenvolver una confrontación puramente burocrática, entre un poder del estado y otro. Auspiciaba el choque por arriba del Ejecutivo contra el Legislativo o del Tribunal Supremo de Justicia contra la Asamblea Nacional. Ahora apela formalmente al poder comunal y habrá que ver en si ese planteo se traduce en una movilización real.

Hay incontables signos de cansancio y escepticismo en el seno del chavismo. Pero nadie elige las condiciones en que batalla y el principal dilema gira en torno a la continuación o el abandono de la lucha. Quiénes han resuelto no bajar los brazos apuestan al resurgimiento del proyecto popular.

Varias corrientes de izquierda con planteos muy críticos hacia la gestión de Maduro, estiman que la convocatoria actual podría destrabar una dinámica de comunas contra los manejos burocráticos30. Observan a la Constituyente como un imperfecto instrumento para desenvolver la disputa con los sectores del chavismo aburguesado, corrupto y boliburgués.

La Constituyente podría contribuir, además, a romper el empate de los últimos meses entre guarimbas y movilizaciones del gobierno. Si es encarada en forma adecuada podría quebrar el frente de la oposición, separando a los descontentos de los fascistas.

Pero es evidente que sin medidas drásticas en el plano económico-social, la Constituyente será un cascarón vacío. Si no ataca el desastre productivo con la nacionalización de los bancos, el comercio exterior y la expropiación de los saboteadores, no habrá recuperación del acompañamiento popular.

Son insuficientes los paliativos ensayados para aumentar la participación de los organismos de base en la distribución de los alimentos. Hay medidas radicales que no pueden posponerse.

En cualquier alternativa no será fácil reencauzar la economía al cabo de tantos desaciertos en el terreno de la deuda, la creación de zonas especiales de inversión o la tolerancia a la fuga de capital.

Chávez realizó una gran redistribución de la renta con inéditos métodos de politización popular, pero no logró cimentar un proceso de industrialización. Chocó con los capitalistas opositores y con la boliburguesía interna y no supo desactivar la cultura rentista, que socava todos los intentos de forjar una economía productiva. Las vacilaciones en romper con la estructura capitalista explican estos adversos resultados.

El contexto actual es más difícil por los acotados precios del petróleo y por el bloqueo que afrontan los proyectos de integración regional bajo restauración conservadora. Pero conviene igualmente recordar que todos los procesos revolucionarios despegaron en la adversidad y la Constituyente aporta un marco para retomar la iniciativa.

Algunos críticos de ese llamado objetan la modalidad sectorial y comunal de elección. Afirman que con ese formato la “asamblea será trucha, corporativa o ilegítima”31. También aquí repiten el endiosamiento que hace la derecha (cuando le conviene) del constitucionalismo convencional. Esa reivindicación no sorprende entre comunicadores del establishment, pero inquieta entre los entusiastas de la revolución rusa.

Al cabo de tres décadas de regímenes pos-dictatoriales muchos han olvidado las duplicidades de la democracia burguesa. Convendría recordar cómo Lenin y Trotsky defendieron en 1917 la legitimidad de los soviets, desconociendo una Asamblea Constituyente que rivalizaba con el poder revolucionario.

La coyuntura venezolana actual es muy distinta. Pero la revolución bolchevique no sólo enseñó a registrar el trasfondo social, los conflictos de clase y los intereses en juego. Indicó también un camino para superar la hipocresía del liberalismo burgués y confirmó que los actos de fuerza contra la reacción, forman parte de la confrontación con la barbarie derechista.

La izquierda deberá definir si converge con la oposición en el boicot o participa en la Constituyente. También cabe una tercera opción para un minúsculo auditorio, con mensajes de “si, no y todo lo contrario”.

En el resto de la región urge la solidaridad. Tal como ocurrió con Cuba durante el periodo especial hay que poner el hombro en las situaciones difíciles. Cabe esperar que muchos compañeros asuman esa actitud antes que sea tarde.

REAGRUPAMIENTO INTELECTUAL

Venezuela suscita no sólo intensos debates. También ha determinado significativos reagrupamientos de intelectuales que suscribieron llamamientos contrapuestos. Ese posicionamiento ha sido más relevante que los controvertidos detalles de las distintas declaraciones. Se ha consumado una gran división de campos.

La convocatoria socialdemócrata impugnada por el texto de la REDH fue complementado por otras respuestas contundentes 32. La delimitación política ha sido vertiginosa.

Frente a la tensión creada por los manifiestos varios firmantes convocaron a preservar el dialogo fraternal. Ese respeto es indispensable, pero las reacciones indignadas se explican por lo que está en juego. Si la derecha se impone sobrará el tiempo para los lamentos y los seminarios de investigación de lo ocurrido.

Como la primera declaración contiene un llamado a la paz, muchos pensadores adhirieron en forma espontánea para favorecer un freno de la violencia. Al evaluar más detenidamente el contenido del texto, algunos retiraron su adhesión y otros la mantuvieron con argumentos defensivos. Resaltan su continuada solidaridad con el proceso bolivariano o remarcan sus discrepancias con otros firmantes.

Pero lo más significativo ha sido la rápida y generalizada reacción que suscitó el documento antichavista y el gran rechazo que generó el planteo socialdemócrata. Ese impulso indujo a una súbita convergencia de intelectuales de la izquierda y el nacionalismo radical. Si este entrelazamiento se consolida, Venezuela habrá despertado un reencuentro del pensamiento crítico con las tradiciones revolucionarias de América Latina.

RESUMEN

Los medios silencian la violencia de la oposición venezolana y la represión imperante en los gobiernos derechistas de la región. La estrategia de golpe institucional afronta serios límites, pero la izquierda debe confrontar con esa amenaza, apoyando decisiones antiimperialistas y distinguiendo el boicot capitalista de la inoperancia oficial.

Siguiendo pautas socialdemócratas, el pos-progresismo objeta al chavismo, desecha el peligro golpista e identifica erróneamente al autoritarismo. Los dogmáticos ignoran al enemigo principal y convergen con los conservadores o se deslizan hacia una pasiva neutralidad.

La derecha sólo pretende comicios que le aseguren primacía. En condiciones muy adversas la Constituyente reabre oportunidades y suscita un reencuentro de la intelectualidad radical.

LECTURAS ADICIONALES

Mazzeo, Miguel Venezuela: sobre defecciones y oportunismos, 11-5-2017,

http://www.marcha.org.ar/35517-2/

Houtart, François La Venezuela de hoy y de mañana, 24-5-2017, http://www.jornada.unam.mx/2017/05/24/opinion/023a2pol

Almeyra, Guillermo. Venezuela: la prioridad absoluta

21-5-2017, http://www.jornada.unam.mx/2017/05/21/politica/019a2pol

Olmedo, Beluche La Asamblea Nacional Constituyente y la lucha por una salida obrera, popular y socialista a la crisis venezolana, 15-5-2017, https://www.aporrea.org/actualidad/a246009.html

Boron, Atilio. Venezuela: no callar, pero para decir la verdad 17-5- 2017 http://latinta.com.ar/2017/05/venezuela-no-callar-pero-para-decir-la-verdad/17

Guerrero, Modesto Emilio. La prueba histórica de Maduro Por Guerrero

8-5-2017, https://www.pagina12.com.ar/36336-encrucijada-venezolana

Curcio, Pasqualina ¿Entonces, dónde estaban los billetes de 100 bolívares?

20-12-2017, https://www.aporrea.org/economia/a238881.html

Cieza, Guillermo. Tres hipótesis para el actual momento que vive Venezuela Bolivariana. 23-11-2016 http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/11/23/tres-hipotesis-para-el-actual-momento-que-vive-venezuela-bolivariana/

Bacher, Norberto. EL IMPERIALISMO QUIERE ACABAR CON VENEZUELA, 23-4-2015, http://redcritica.net/?p=262

Toledo, Enrique. Comentarios a la Entrevista de Eduardo Lander, 22-4-2017

https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/4/comentarios-a-la-entrevista-de-eduardo-lander/

Notas:

2 Teruggi, Marco. Radiografía de la violencia en Venezuela, 14-5- 2017. http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/radiografia-de-la-violencia-en-venezuela

3 Siris Seade, Pablo. Las nuevas víctimas de las guarimbas en Venezuela, 20-05-2017, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=226887

4 Cieza, Guillermo. La derrota política de la derecha venezolana, 7-6- 2017, www.resumenlatinoamericano.org/2017/06/07/la-derrota-politica-de-la-derecha-venezolana/

5  Boron, Atilio. Venezuela sumida en la guerra civil, 26-5-2017, www.jornada.unam.mx/2017/05/26/opinion/018a1polBoron, Atilio. La “oposición democrática” en Venezuela: peor que el fascismo 25-4-2017, http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/04/25/la-oposicion-democratica-en-venezuela-peor-que-el-fascismo/#.WTx8T2g1_IU

6  Aznárez, Carlos. La cuestión es impedir que el fascismo se adueñe de Venezuela, 22-5-2017, http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/05/22/la-cuestion-es-impedir-que-el-fascismo-se-adueno-de-venezuela-por-carlos-aznarez/7 Pineda, Manu, La mentira como herramienta de guerra en Venezuela, 29/05/2017. http://www.eldiario.es/contrapoder/mentira-herramienta-guerra-Venezuela_6_648195186.html

8 Teruggi, Marco. Análisis del esquema de la ofensiva paramilitar, 24-5-2017, http://hastaelnocau.wordpress.com/2017/05/24/analisis-del-esquema-de-la-ofensiva-paramilitar/

9  Bracci Roa, Luigino.  Lista de fallecidos por las protestas violentas de la oposición venezolana, abril a junio de 2017, 9-6-2017, http://albaciudad.org/2017/06/lista-fallecidos-protestas-venezuela-abril-2017/10 Restrepo Domínguez, Manuel Humberto. 46 líderes asesinados evidencian una política del horror, 22/05/2017. http://www.alainet.org/es/articulo/185633

11 TRIAL International, Informe de seguimiento presentado al Comité contra la Desaparición Forzada, 2-2- 2017 http://trialinternational.org/wp-content/uploads/2017/02/FINAL-InformedeseguimientoCED-MEX2017.pdf

12 TelesurTV. Asesinan a Berta Cáceres, líder indígena de Honduras. 3-3-2016. http://www.telesurtv.net/news/Asesinan-a-Bertha-Caceres-lider-indigena-de-Honduras–20160303-0016.html

13 Teruggi, Marco. Llegó la hora Venezuela, 28-5-2017, http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/05/29/llego-la-hora-venezuela/

14 Cieza, Guillermo. La derrota política de la derecha venezolana, 7-6- 2017, www.resumenlatinoamericano.org/2017/06/07/la-derrota-politica-de-la-derecha-venezolana/

15 Rodríguez Porras, Simón. Nueve errores de Claudio Katz sobre Venezuela, 11-5-2017.  http://laclase.info/content/nueve-errores-de-claudio-katz-sobre-venezuela/

16 Cabrera, Ángel Guerra. Venezuela, situación de peligro, 25-5-2017, https://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/05/25/venezuela-situacion-de-peligro-por-angel-guerra-cabreraLuzzani, Telma. El plan destituyente del Pentágono y el secretario de la OEA, 30-3-2017, https://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/65767/el-plan-destituyente-del-penta-gono-y-el-secretario-de-la-oea-por-telma-luzzani

17 Rodríguez Porras, Simón. Nueve errores de Claudio Katz sobre Venezuela, 11-5-2017. http://laclase.info/content/nueve-errores-de-claudio-katz-sobre-venezuela/

18 Rodríguez Porras, Simón. Nueve errores de Claudio Katz sobre Venezuela, 11-5-2017. http://laclase.info/content/nueve-errores-de-claudio-katz-sobre-venezuela/

19 Lander, Edgardo. “Sociólogo venezolano cuestiona la “solidaridad incondicional” de la izquierda latinoamericana con el chavismo, 23-3-2017. http://ladiaria.com.uy/articulo/2017/3/sociologo-venezolano-cuestiona-la-solidaridad-incondicional-de-la-izquierda-latinoamericana-con-el-chavismo/

20 Svampa, Maristella. Carta abierta al campo militante prochavista de la Argentina, 5-6-2017, http://www.lateclaene.com/maristella-svampa

21 Svampa, Maristella; Gargarella, Roberto. El desafío de la izquierda, no callar, 8-5- 2017,

http://www.pagina12.com.ar/36336-encrucijada-venezolana

22 VVAA, Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela. 30-5- 2017, http://www.cetri.be/Llamado-internacional-urgente-a?lang=fr

23 VVAA. ¿Quién acusará a los acusadores?, 5-6-2017, http://www.humanidadenred.org.ve/?p=813424 Svampa, Maristella. Carta abierta al campo militante prochavista de la Argentina, 5-6-2017, http://www.lateclaene.com/maristella-svampa

25 Rodríguez Porras, Simón. Nueve errores de Claudio Katz sobre Venezuela, 11-5-2017. http://laclase.info/content/nueve-errores-de-claudio-katz-sobre-venezuela/

26 Nuevo MAS, Bajo la consigna “Fuera Maduro” escandaloso acto en Buenos Aires de un sector del FIT en apoyo a la derecha golpista venezolana, https://www.mas.org.ar/?p=12538

27 Altamira, Jorge. Constituyente “a la Maduro”, 18-5-2017 http://www.po.org.ar/prensaObrera/1458/internacionales/constituyente-a-la-maduro-1

28 Bazzan, Gustavo. El reclamo de Atilio Borón a Nicolás Maduro para “aplastar” a la oposición en Venezuela, 30-5-2017, http://www.clarin.com/mundo/reclamo-atilio-boron-nicolas-maduro-aplastar-oposicion-venezuela_0_rylWQfs-W.html

29 Carcione, Carlos. Las “lecciones” de algunos intelectuales de la izquierda: ¿Quiénes son los sepultureros del proceso bolivariano?, 16-5-2017, https://questiondigital.com/las-lecciones-de-algunos-intelectuales-de-la-izquierda-quienes-son-los-sepultureros-del-proceso-bolivariano/

30 STALIN PÉREZ BORGES .Movimiento EN LUCHAS: la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente es un reto que debemos asumir, 9-5-2017, http://www.aporrea.org/actualidad/n308188.html

31 Giménez, Gustavo. Venezuela: una Constituyente trucha, 11-5-2017, http://mst.org.ar/2017/05/11/venezuela-constituyente-trucha/

32  VVAA. Declaración sobre Venezuela: Intelectuales en solidaridad con el pueblo bolivariano, 5-6-2017, http://www.barricadatv.org/?p=6842VVAA. LUCHAS y otras organizaciones se pronuncian por una salida democrática, revolucionaria y socialista a la crisis venezolana http://www.aporrea.org/actualidad/n309714.htm 


Katz, otro intelectual que se cuadra con el baño de sangre

Roberto López Sánchez|

Se repiten en el extranjero las opiniones de “intelectuales de izquierda” que llaman al respaldo incondicional al gobierno de Nicolás Maduro, y que descalifican con argumentos absurdos a los sectores revolucionarios que desde las bases populares nos hemos deslindado del madurismo y reivindicamos el legado del Presidente Chávez y su proyecto de socialismo comunal.

Conocí hace como 8 años a Claudio Katz en el Centro Internacional Miranda. Creo que tiene una cercanía con el trotskismo argentino, aunque del mundo trotskista no conozco prácticamente nada. Desde los años 90 conozco sus obras referidas a la evolución del imperialismo y sobre la teoría de la dependencia. Creo que en este campo son relevantes sus aportes, sobre todo cuando expone el relativo desfase en que ha quedado la caracterización que Hilferding y Lenin elaboraron sobre el imperialismo hace cien años, y la necesidad de tomar en cuenta los desarrollos del imperialismo posteriores a la segunda guerra hasta llegar al contexto actual.

Pero en la caracterización del gobierno de Maduro, Claudio Katz naufraga completamente, partiendo de supuestos más o menos arbitrarios que a la distancia suenan como lógicos y coherentes para el pensamiento marxista-izquierdista latinoamericano.

El gobierno de Nicolás Maduro está en el poder desde diciembre de 2012, cuatro años y medio que son bastante tiempo para concluir que su desempeño tiene una importante responsabilidad en la crisis actual que atraviesa el país. Venezuela vive simultáneamente una profunda crisis económica y una no menos profunda crisis política que en cierta forma ha surgido como resultado de la primera.

La pérdida de respaldo popular hacia el gobierno de Maduro, ejemplificado claramente en la derrota electoral legislativa de diciembre de 2015, ha surgido de los profundos errores económicos de su desempeño como gobernante. Si bien es cierto que algunos de los componentes de la crisis económica se originaron en el mismo gobierno de Hugo Chávez, desde abril de 2013 una serie de individualidades y organizaciones de izquierda como Marea Socialista le formulamos a Maduro observaciones y propuestas de rectificación en el campo económico y otras áreas como lo político, social, ambiental, educativo, salud.

Desde el Seminario de Patria Socialista celebrado en abril de 2013, en el cual 80 ponentes de todo el país expusimos diagnósticos y propuestas para el gobierno de Maduro (https://www.aporrea.org/civico-militar/n227425.html), se han realizado múltiples documentos de análisis y medidas de rectificación enmarcadas en el famoso “Golpe de Timón” que exigió Chávez en su último consejo de ministros, el 20 de octubre de 2012. Todas estas propuestas han sido olímpicamente ignoradas, despreciadas y hasta descalificadas por Nicolás Maduro y el resto de su equipo gobernante.

El análisis de esa errónea política de Maduro se puede encontrar en muchos documentos publicados en la misma página de Aporrea, y no nos extendemos aquí en ese análisis. Resaltamos solamente el resultado desastroso de esa política, medido en el derrumbe del poder adquisitivo del salario real de los trabajadores venezolanos casi diez veces con relación al 2011, situación que ha generado un empobrecimiento general de las clases populares y en el polo opuesto ha generado que el capital reciba ganancias exponenciales en el proceso de explotación de trabajo asalariado. A pesar de las medidas compensatorias que Maduro denomina “misiones socialistas”, el nivel de vida de los trabajadores y sus familias ha retrocedido a niveles previos a la llegada a Chávez al poder en febrero de 1999, y algunos datos insinúan que el retroceso del valor del salario alcanza a los tiempos de la segunda guerra mundial e incluso al período de la dictadura de Juan Vicente Gómez.

Esta caída del salario real es lo que explica el derrumbe del apoyo popular hacia Maduro y originó la derrota electoral de 2015. Hoy en junio de 2017 Venezuela tiene un salario mínimo que ocupa los últimos lugares en Latinoamérica y que es superado varias veces por el de países como Argentina, Ecuador, Colombia. Es por ello que los profesionales venezolanos emigran a otros países de América Latina pues el salario mínimo de los trabajadores en cualquier país es superior al salario de los profesionales universitarios en Venezuela.

En el marco de su política económica, Maduro ha insistido en mantener una política cambiaria absurda que ha permitido darle continuidad a un desfalco impresionante de las divisas nacionales, que suman entre los últimos años de Chávez y los de Maduro la bicoca de 500 mil millones de dólares. Suma mil millonaria que ha sido desfalcada por la propia burocracia madurista en connivencia con nuevos y viejos burgueses, criollos y extranjeros.

Desde el mismo 2013, Maduro inició un proceso de negociación sostenido con el gobierno de Obama (recordemos la famosa reunión Jaua-Kerry de diciembre de 2013), que luego se mantuvo hasta con un enviado especial, Thomas Shannon, que se reunió numerosas veces con Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez y el propio Nicolás Maduro, abordando un temario y llegando a acuerdos que hasta hoy se mantienen en el más absoluto secreto.

Derivado de esas muy buenas relaciones con el gobierno de Obama, Maduro aprovechó poderes habilitantes otorgados por la Asamblea Nacional para aprobar de manera exprés nada más y nada menos que ochenta leyes habilitantes, probablemente redactadas por las mismas multinacionales, que han sentado las bases para el desarrollo de zonas económicas especiales que faciliten la instalación de industrias maquiladoras, que representan los más altos niveles de explotación del trabajo en todo el mundo y que constituyen el epicentro del programa neoliberal aplicado desde hace 40 años en Latinoamérica y el resto de países de la periferia capitalista.

En consonancia con lo anterior, Maduro realizó los contratos secretos con la Gold Reserve y otras compañías mineras para la explotación del denominado Arco Minero del Orinoco, un territorio que equivale al 12 % del territorio nacional y que es rico en oro, diamantes, coltán, torio y otros minerales altamente cotizados por la industria capitalista. Hay que recordar que Hugo Chávez expulsó a la Gold Reserve de Venezuela, compañía que luego nos demandó ante el CIADI. Maduro no solamente ha traído de vuelta a esta empresa, sino que ha comenzado a pagar la demanda de centenares de millones de dólares.

También ha traído Maduro a la compañía Barrick Gold, empresa repudiada en Argentina por la contaminación con cianuro, descalificada igualmente en Dominicana y acusada de genocidio en Tanzania, empresa que es dirigida por quien fue un alto funcionario del Departamento de Estado en tiempos de Bush, Manuel Rocha, ex-embajador gringo en Bolivia, miembro del equipo ultraderechista que encabezan Roger Noriega y Otto Reich y que constituyen un centro de conspiración permanente desde el imperio contra la revolución bolivariana y contra todos los procesos de cambio en Nuestra América. Ese Manuel Rocha estuvo en Miraflores en agosto pasado estrechándole la mano a Maduro en la firma de los contratos del Arco Minero.

No conforme con entregarles el país a las más aborrecidas multinacionales mineras del imperialismo occidental, Maduro ha iniciado un abierto financiamiento hacia la rancia burguesía tradicional venezolana. Luego de cuatro años acusando a esa misma burguesía de ser la responsable de la guerra económica que habría hundido al aparato productivo nacional, ahora Maduro ha entregado personalmente gruesos cheques en dólares a empresas como Vollmer, al cual incluso le dio la palabra en vivo y directo a todo el país. Ha contratado con el grupo Cisneros para la explotación de la Faja Petrolífera del Orinoco. Luego de acusar mil veces a Lorenzo Mendoza como supuesto jefe de la guerra económica, ahora tiene meses anunciando un acercamiento hacia el mismo Mendoza para “retomar la recuperación productiva” del país.

Maduro ha desarrollado una política económica en cuatro años que ha desdibujado completamente el rumbo socialista que delineó y comenzó a adelantar Hugo Chávez mientras fue presidente. Negocia de manera abierta y pública con el imperialismo estadounidense y con las multinacionales mineras y petroleras, y negocia también con la burguesía tradicional que hasta hace pocos meses estaba caracterizada por el mismo Maduro como el “enemigo de clase” causante de todo el sabotaje económico de escasez, especulación y contrabando.

El control obrero de la producción, los consejos de trabajadores, la autonomía de los sindicatos, aspectos que en los últimos años Chávez llegó a reivindicar y defender como programa de gobierno, han desaparecido completamente del accionar madurista. El proyecto de ley de consejos obreros no pasó de la primera reunión en agosto de 2013 antes de morir engavetado por el que posteriormente fue ministro del trabajo, diputado Oswaldo Vera. La gestión económica de Maduro no trasciende a lo que en otro momento histórico desarrollaron los adecos y copeyanos al frente de un capitalismo de estado que tiene más de sesenta años de consolidación en Venezuela. Incluso en el caso particular de los contratos del Arco Minero, el gobierno de Maduro realiza una entrega del país a las multinacionales equivalente a la que realizara el dictador Juan Vicente Gómez hace un siglo (al respecto se pueden consultar múltiples documentos publicados en aporrea, entre ellos los de Edgardo Lander: https://www.aporrea.org/contraloria/n295625.html, https://www.aporrea.org/contraloria/a232524.html).

Esta política económica de abierta integración con las multinacionales occidentales (aunque al mismo tiempo desarrolle iniciativas con multinacionales rusas, chinas, iraníes, etc) y con la burguesía criolla, son una abierta contradicción con el Plan de la Patria formulado por Hugo Chávez. Este capitalismo es enemigo a muerte de la revolución bolivariana, y su fortalecimiento dentro de Venezuela es evidente que actuará como factor político desestabilizador y conspirador para terminar de hundir toda expresión de revolución popular y poder de los trabajadores.

Partimos de reconocer en todos sus puntos la caracterización que toda la izquierda marxista e incluso sectores progresistas y nacionalistas de Nuestra América comparten con respecto al imperialismo estadounidense, su papel histórico como explotadores y depredadores de nuestras riquezas expoliando el trabajo de los latinoamericanos, su intervencionismo permanente en lo político, económico, cultural y militar, y sobre la valoración como el enemigo principal de los pueblos del mundo en el contexto de sus planes guerreristas desatados desde el 2001 y que han generado invasiones y guerras civiles en Asia, África y el Medio Oriente, amén del derrocamiento de gobiernos progresistas en Latinoamérica como los de Honduras, Paraguay y Brasil.

Precisamente esa caracterización del gobierno de los Estados Unidos, la cual en el discurso es repetida todos los días por el mismo Maduro, no tiene ningún tipo de acompañamiento con la gestión económica concreta que el madurismo ha ejecutado en casi un lustro en el poder. Se nos pasaba decir el pago puntual de la deuda externa que ha realizado Maduro en los últimos años; sesenta mil millones de dólares según sus propias palabras, pagados en los últimos dos años, dólares que se necesitan para pagar las importaciones de alimentos y medicinas que tanta falta le hacen al pueblo venezolano.

Maduro se ha negado reiteradamente a rectificar su política económica. Ha mantenido el núcleo de la especulación financiera que ha derrumbado el valor del bolívar y generado la altísima inflación, expresada en los tipos de cambio que atentan contra la más elemental racionalidad, que los justifica en la supuesta defensa de los niveles de vida del pueblo cuando sus resultados han sido precisamente lo contrario y en niveles siderales. Un tipo de cambio a 10 bolívares por dólar, y otro a 2600 parece un chiste en cualquier país, sin dejar de mencionar que el tipo de cambio paralelo superó hoy los ocho mil bolívares. Los funcionarios maduristas y sus empresas afines hacen el negocio del siglo al conseguir dólares a 10, venderlos a 2600 en el Dicom o a 8000 en el mercado paralelo. Ese es el gran núcleo de la corrupción madurista, que envilece a todo el alto funcionariado del equipo económico de gobierno, y que sigue destruyendo a niveles del subsuelo el salario real de los trabajadores.

Hoy en Venezuela los trabajadores deben destinar todo su salario para mal alimentar a sus respectivas familias. La posibilidad de adquirir medicinas, vestidos, calzados, electrodomésticos, reparación y mantenimiento de vehículos, reparaciones menores en las viviendas, y ni hablar de recreación y deportes, están totalmente negadas para la gran mayoría de los trabajadores y sus familias. Para completar la alimentación familiar y para la consecución de cualquiera de los otros rubros de primera necesidad la población venezolana ha quedado dependiendo de las dádivas que reparte el gobierno  a través de las mal llamadas “misiones socialistas”. Para recibir algunas de esas dádivas se requiere el acercamiento político hacia algunos de los espacios de control social que mantiene el gobierno como los CLAPs, las tarjetas de la patria, etc. Otras dádivas como vehículos y electrodomésticos están reservadas sólo para los militares y funcionarios de mediano y alto rango en la administración pública.

Sin exagerar, en poco tiempo los trabajadores y nuestras familias estaremos vistiéndonos con harapos y andaremos descalzos, pues sólo quién vive cómodamente en el extranjero no se da cuenta del pronunciado descenso de las condiciones de vida que hemos tenido en Venezuela desde que Chávez se murió.

No conforme con esto, Maduro ha involucionado políticamente a una total y absoluta restricción de todos los mecanismos de democracia obrera y democracia formal contemplados constitucionalmente. Todas las elecciones sindicales en las cuales las fuerzas maduristas pueden ser derrotadas han sido suspendidas con medidas abiertamente violatorias del ordenamiento jurídico vigente. Para mencionar sólo dos ejemplos principales: la suspensión de las elecciones en enero de 2015 en el importante sindicato siderúrgico de SUTISS, emblemático de las luchas obreras de los últimos cincuenta años, y que ante la posibilidad de salir derrotados ante una plancha de izquierda influida por Marea Socialista, fueron suspendidas indefinidamente las elecciones y hasta el presente no se han podido realizar, siendo sus trabajadores fuertemente golpeados por bandas armadas gubernamentales cuando han tratado de reclamar esa situación. También la federación petrolera FUTPV suspendió indefinidamente sus elecciones previstas para el año 2016, luego de varias suspensiones parciales con argumentos fútiles; ante el peligro real de salir derrotados ante fuerzas que formalmente se siguen considerando de izquierda (CCURA) aunque han estado en oposición desde hace una década, la burocracia madurista optó por no realizarlas “por ahora”.

Igual ocurre en todas las universidades autónomas, el TSJ suspendió desde hace años las elecciones mientras extiende al infinito el lapso de gestión de rectores y decanos derechistas. La democracia universitaria ha desaparecido por esa componenda PSUV-MUD, y los actuales rectores ya sobrepasaron algunos su tercer período consecutivo, sin atisbos de que el gobierno y la derecha se dispongan a resolver este gravísimo problema que tiene a las universidades venezolanas en un limbo jurídico. A lo que hay que agregar que nuevas universidades como la UBV, creada por Chávez como la consentida de la revolución, en más de 14 años de existencia aún no realiza ninguna elección interna de autoridades.

El discurso entre la alta burocracia, desde mediados del 2016, es que no se realizarían en Venezuela más elecciones mientras existiera “guerra económica”. Tamaño argumento significa en pocas palabras la confiscación absoluta de la democracia y la imposición por la fuerza del estado del grupo madurista. Guerra económica siempre va a existir por parte de la burguesía criolla y extranjera. Así que entonces nunca se podrán realizar ningún tipo de eventos electorales en el marco del proceso bolivariano.

En consonancia con esto, ni siquiera fueron convocadas las elecciones de gobernadores y legisladores regionales previstas constitucionalmente para diciembre de 2016. Para salir del paso, la presidenta del CNE convocó a fines del año pasado dichas elecciones para el primer semestre del 2017, falsa convocatoria que ahora han extendido para diciembre del presente año.

Finalmente, la celebración del referéndum revocatorio solicitado por la oposición de derecha en 2016 fue suspendida de forma descaradamente violatoria del orden jurídico, cuando el CNE acató unas sentencias absurdas de tribunales penales municipales sin competencia alguna para el tema electoral y cuyas decisiones no tienen ningún tipo de jerarquía sobre el Consejo Nacional Electoral.

El socialismo lo concebimos como la más alta expresión de la democracia, como una sociedad en la cual el pueblo se organiza libremente y participa democráticamente en la gestión del estado. Así lo pensó Chávez cuando introdujo el concepto de democracia participativa y protagónica consagrado en el preámbulo de nuestra Constitución Bolivariana. Pero el gobierno de Maduro se ha caracterizado como un confiscador permanente de todos los espacios de participación popular.

Todos los congresos realizados desde el 2014, comenzando por el del PSUV, los congresos sectoriales (de trabajadores, de jóvenes, de mujeres, etc) y los llamados congresos de la patria en 2016, fueron ejecutados como simples eventos para sentarse y aplaudir. Sus conclusiones no han tenido aplicabilidad en ninguna parte y las observaciones críticas de la militancia a la gestión gubernamental no han trascendido esos mismos espacios de falso debate.

En los hechos el núcleo dirigente del PSUV ha ido estrechándose en número desde que Chávez falleció. Todos los que no integraban alguna de las mafias de burócratas que dominan las distintas instancias del estado fueron los primeros expulsados entre 2013 y 2014 (muchos exministros que ahora integran junto a Marea Socialista la Plataforma en Defensa de la Constitución). Luego comenzaron a botar a los líderes de grupos de burócratas con los cuales Maduro tenía diferencias, como ocurrió con Rafael Ramírez y Rodríguez Torres. Últimamente han expulsado a algunos gobernadores no muy afines, como Luis Acuña, obligado a renunciar a la gobernación de Sucre. Algo similar intentó Maduro de ejecutar contra otros gobernadores no afines, como Arias, pero la guarimba de 2014 le echó los planes a perder y ha tenido que calárselo hasta el presente. Según ellos mismos indican, la instalación de la Constituyente le servirá a Maduro para terminar de aniquilar a todas las fracciones del PSUV que sobrevivían en tiempos de Chávez, incluyendo a una serie de gobernadores regionales que provienen de la fuerza armada y que han desarrollado su propia mafia gobernante y sus propios vínculos con la burguesía criolla y extranjera. Esa razzia o purga interna la van a realizar a nombre de la “lucha contra la corrupción”, que no pasa de ser una simple excusa porque corrupción la tiene Maduro por igual entre sus colaboradores más cercanos, como el mismo Tarek El Aissami, a cuyo mentor Samark López le bloquearon cuentas en USA por tres mil millones de dólares.

Finalmente, el análisis del gobierno de Maduro tiene que aterrizar en el llamado a Constituyente. El Madurismo se dio cuenta desde diciembre de 2015 que estaba derrotado políticamente y que no podía ganar ninguna otra elección en Venezuela. No obstante, en vez de rectificar su política económica, que implicaba combatir de verdad a las decenas de corruptos que forman parte de su equipo del alto gobierno, Maduro y el resto de la cúpula pesuvista optaron por mantenerse en el poder “como sea”, así tuvieran que violentar de manera descarada la propia Constitución Bolivariana. Para ello intentaron en el mes de marzo las sentencias del TSJ que buscaban concentrar todo el poder legislativo en el propio tribunal supremo y en la presidencia de la República, anulando la Asamblea Nacional y asumiendo sus funciones. Al no poder avanzar por ese camino, Maduro convoca en mayo a la constituyente, como instrumento que le puede permitir reordenar todo el aparato del estado venezolano y asumir un control total de todas las instituciones existentes o por crear.

Vale la pena exponer aquí nuestra caracterización de la oposición de derecha, organizada hoy en la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Todos los partidos de esta organización constituyen referencias políticas de derecha, vinculadas a diversos organismos de la burguesía estadounidense y sus países aliados (socialdemócratas, socialcristianos, ultraconservadores, etc). En términos políticos representan a las mismas fuerzas adecas y copeyanas que fueron desplazadas por Chávez al ganar las elecciones en 1998. A diferencia del 2014, cuando esta derecha se mostró dividida y sólo una parte de ella fue la promovente de las protestas denominadas Guarimba (protestas que analizamos en un artículo publicado en la revista científica de la UBV, https://www.aporrea.org/ddhh/a243976.html), hoy la MUD se muestra unida en las protestas que viene promoviendo en todo el país desde el pasado mes de abril.

En el contexto de la profunda crisis económica que afecta al pueblo venezolano, con niveles altísimos de inflación y desabastecimiento, las protestas que impulsa la MUD han encontrado un escenario totalmente favorable para desarrollarse. Es por ello la considerable movilización que han logrado sobre todo en Caracas y en algunas otras ciudades importantes. Con el paso de las semanas, estas protestas se han ido extendiendo a todo el país, y no solamente a las grandes ciudades, sino que se manifiestan también en pequeños poblados y zonas vinculadas al agro.

Estos partidos de la MUD aparte de estar financiados desde el exterior, y responder a programas políticos pronorteamericanos, mantienen un discurso clasista y racista que les ha impedido mayores respaldos en sectores populares, conservando grandes apoyos en la clase media y profesional, aunque en los últimos meses han tenido mejor aceptación entre sectores de trabajadores y barrios populares. En los hechos, las protestas en Caracas, que al comienzo se concentraban en el este dominado por las clases medias, se manifiestan ahora también en los barrios populares del oeste.

La hegemonía política alcanzada por la derecha en Venezuela es consecuencia directa de la equivocada política de Nicolás Maduro. En cierta forma, también es consecuencia de la inexistencia de fuerzas organizadas a la izquierda del madurismo, aunque es bueno resaltar que el mismo Maduro ha hecho todo lo posible para perseguir cualquier atisbo de oposición de izquierda; un ejemplo lo vemos en la negativa a permitir la legalización como partido de Marea Socialista, unido a una feroz persecución política, laboral y policial contra sus militantes y simpatizantes, los cuales han sido botados de todas las instituciones de la administración pública que controla el madurismo.

La MUD, al igual que el imperialismo gringo, busca la salida del poder de Maduro por cualquier vía, legal o ilegal, pacífica o violenta. De eso no tenemos la menor duda. La actual campaña de protestas de calle, que es la más prolongada y violenta que se haya desarrollado en todo el período de la revolución bolivariana, se tropieza con las confusas y cambiantes definiciones y objetivos de sus dirigentes. Después de prometer la salida de Maduro en seis meses en enero del año pasado, tardaron varios meses en unificar la propuesta de solicitud de revocatorio. Al ser descartado el revocatorio por el CNE, en vez de solicitar la realización de elecciones de gobernadores optaron por decidir lo del “abandono del cargo”, propuesta bastante descabellada, y luego por pedir elecciones generales adelantadas (no contempladas constitucionalmente).

Tal es la pérdida de rumbo político de la MUD, que han terminado asumiendo las propuestas de la Fiscal General contra las decisiones del TSJ y contra la convocatoria a constituyente, asumiendo también lo que venimos haciendo desde el año pasado como Plataforma de Defensa de la Constitución. Sin proponernos eso, los de la MUD han terminado coincidiendo parcialmente con nuestras consignas. Aunque las mismas tengan un claro perfil democrático, popular y revolucionario. La democracia ejecutada al servicio del pueblo es lo más revolucionario que puede existir, y en esa dirección es que venimos actuando al cuestionar por la izquierda al gobierno de Nicolás Maduro.

Que una derecha sin programa y sin estrategia termine repitiendo algunas de las cosas que nosotros decimos no nos preocupa. Lo de sin programa es relativo. Sucede que el programa neoliberal de la derecha lo viene ejecutando Maduro por la calle del medio desde hace años. Ellos no pueden decir públicamente que comparten lo que viene haciendo Maduro: liberación de precios, ausencia de controles inflacionarios, apertura al capitalismo minero depredador, etc.

En la contención de esta derecha pitiyanqui Maduro siempre ha tenido mano de seda. Lorenzo Mendoza ha sido acusado mil veces de ser el principal saboteador de nuestro aparato productivo y responsable directo del hambre del pueblo venezolano. No obstante, ninguna empresa de Mendoza ha sido expropiada, el mismo Mendoza no ha sido sometido a procedimiento jurídico alguno ni siquiera porque se coma un semáforo, en 2014 se le permitió hablar incluso en cadena nacional desde Miraflores, y últimamente Maduro le ha vuelto a extender invitaciones para “dialogar” y aprobar proyectos productivos conjuntos.

Contrastando con esa falta de represión y medidas de fuerza contra los representantes fundamentales del poder burgués, Maduro ha optado siempre por la represión masiva contra el pueblo que protesta. La criminalización de todas las luchas populares se realiza bajo el formato de descalificarlas por su real o presunta vinculación con los dirigentes de la MUD. En esta represión masiva Maduro ha resucitado el criminal expediente de los juicios militares contra civiles, procedimiento preferido de la democracia adeca para combatir a los revolucionarios en las décadas de 1960, 70 y 80. Hoy día son centenares los civiles sometidos a juicios militares, así como son centenares los detenidos y heridos en la represión contra las miles de manifestaciones que se vienen presentando desde hace tres meses. No son sólo activistas de la derecha los sometidos a juicios militares; activistas revolucionarios del Zulia, colaboradores del movimiento revolucionario colombiano, también han sido sometidos a juicio militar en el presente año 2017.

El nivel de descontento social, de desprestigio y rechazo que existe en el seno del pueblo contra el gobierno de Nicolás Maduro es tan alto que consideramos difícil que las protestas vayan a amainar en el futuro inmediato. Los ochenta y pico de muertos que tenemos para hoy 15 de junio de 2017, podrían aumentar a varios centenares de concretarse el llamado a constituyente.

La convocatoria a constituyente no significa otra cosa que el intento de una minoría política de mantenerse en el poder a toda costa, imponiendo un golpe de estado con apariencia constitucional, pero que en los hechos les puede permitir apoderarse con un férreo control de todas las instituciones del estado, suprimiendo de hecho todas las expresiones democráticas y todos los espacios de participación que no estén controlados por la cúpula madurista. Que esa minoría política se presente como la heredera del profundo proceso de transformaciones sociopolíticas que encabezó Hugo Chávez en Venezuela y en el resto del continente latinoamericano es una paradoja de la historia, pero no le confiere un cheque en blanco a esa elite corrupta y entreguista para perpetuarse al infinito en un poder que en nada le sirve a las luchas de los pueblos del mundo contra el capitalismo imperialista.

Claudio Katz, en su apoyo a Maduro, recuerda que los revolucionarios bolcheviques en la Rusia de 1917 confirmaron “que los actos de fuerza contra la reacción forman parte de la confrontación con la barbarie derechista”. Entendemos aquí que está justificando la violación abierta y descarada que Maduro hace del propio texto constitucional, pues lo concibe como un “acto de fuerza” justo y necesario para poder derrotar a la “barbarie” de la derecha. Pero el problema es que ni Maduro es revolucionario ni el PSUV se acerca en un mínimo porcentaje a lo que era el partido bolchevique hace un siglo. La práctica política del gobierno de Maduro no tiene ningún componente que se pueda asociar a un programa comunista o medianamente socialista. A menos que se considera como socialismo repartir dádivas de manera clientelar a los sectores populares más depauperados.

Ciertamente la derecha de la MUD “sólo pretende comicios que le aseguren primacía”. Pero eso nunca se puede interpretar como la necesaria supresión de todos los procedimientos democráticos. Si el gobierno de Maduro desarrollara un programa realmente socialista y revolucionario, el apoyo popular sería masivo y la derecha nunca tendría posibilidades de triunfos electorales. Perdió el apoyo popular por su programa económico neoliberal y su política estalinista (una mezcla rara, pero es la realidad).

Nuestra política no ignora al “enemigo principal” ni es de “pasiva neutralidad”. Nos hemos cansado de alertar que precisamente es la política de Maduro la que le está abriendo la puerta al imperialismo yanqui para que intervenga en Venezuela y termine de aplastar a la revolución bolivariana. Por una parte, ya dijimos que el crecimiento electoral de la derecha es responsabilidad total de Maduro y su política neoliberal. Pero no sólo eso, al violentar los procedimientos electorales previstos constitucionalmente, Maduro le pone en bandeja de plata la excusa perfecta al imperio para todo tipo de sanciones y de ataques desde instancias internacionales. Al intentar ejecutar una asamblea constituyente y crear un nuevo marco jurídico sin el apoyo de la mayoría de la población y sin el respaldo de otras fuerzas políticas distintas al PSUV, y estando objetivamente en minoría pírrica, sustentándose exclusivamente en el apoyo militar y en el control total sobre el TSJ y el CNE, Maduro está creando las condiciones para que se produzca un catastrófico baño de sangre entre venezolanos.

El llamado a Constituyente violenta lo consagrado en la propia constitución al establecer que la soberanía reside en el pueblo y es este pueblo el único que puede convocar a una asamblea constituyente. Maduro, el poder constituido, ha usurpado la soberanía del pueblo, y se ha arrogado la condición de supuesto poder constituyente, asumiendo facultades que nadie le ha dado para convocar la ANC. No contento con eso, ha impuesto las bases comiciales, que se expresan en dos sistemas electorales abiertamente fraudulentos, que colocan por una parte una elección territorial municipalizada que permite la sobrerepresentación de los municipios pequeños (dominados en su mayoría por el madurismo) y la subrepresentación de los grandes municipios (que concentran la mayoría absoluta de la población y en los cuales dominan tendencias opositoras). Un sistema electoral que puede permitir que una tendencia política con 20% de los votos obtenga el 60% de la representación, y viceversa. El otro sistema, votación por sectores, es tan confuso hasta hoy que implica en sí mismo un fraude mayor aún que el anterior, con el agregado que no toda la población está representada sectorialmente lo que implica que le están negando el derecho a voto a ese porcentaje no determinado de ciudadanos no distribuidos en los sectores que han previsto (lo que confirmado con una de mis hijas que no aparece asignada a ningún sector en la página del CNE). Y para remate, una asamblea constituyente plenipotenciaria y que no tiene fecha límite de duración, por lo cual podría durar varios años y convertirse en sí misma en la instancia de gobierno que le permita al Madurismo mantenerse en el poder por la próxima década (el prometido referéndum aprobatorio se realizaría en un futuro incierto).

Hemos propuesto desde el 2013 las medidas para el Golpe de Timón que hubieran permitido cerrarle el paso a la derecha y retomar el rumbo revolucionario. Maduro ha optado todo el tiempo por la profundización del modelo neoliberal y por la ejecución de una política estalinista que ha destruido la unidad interna del chavismo y aísla cada día más a la cúpula gobernante. Es esta la realidad venezolana en la cual una serie de intelectuales extranjeros totalmente desinformados vienen insistiendo en el respaldo incondicional a la equivocada política madurista.

Nosotros decimos que el camino que sigue Maduro conduce necesariamente a una profundización de la represión contra el pueblo que justificadamente protesta por la destrucción total de sus condiciones de vida. Que la hegemonía que la derecha de la MUD mantiene sobre buena parte de esas protestas populares no son razón para que se respalde a Maduro en sus medidas represivas y menos en su violación abierta del texto constitucional al convocar la ANC. Que dado el tiempo que ha pasado sin que se produzca ningún tipo de rectificación en el grupo madurista, lo que queda es promover su desplazamiento del poder por vías pacíficas, democráticas y constitucionales, buscando al mismo tiempo la manera de impedir que la derecha tradicional recupere espacios de poder en el país. De todos modos, el mismo grupo Madurista se constituye como una nueva burguesía que asume las funciones de explotación de la renta petrolera y de control social que antes cumplieron los adecos y copeyanos, y que antes que ellos cumplieron las dictaduras de Juan Vicente Gómez y de Marcos Pérez Jiménez. La eventual caída de Maduro no es la caída de un proceso revolucionario que bajo su conducción perdió todo perfil político y traicionó abiertamente el legado de Chávez. Maduro avanza hacia la destrucción final de uno de los logros fundamentales de ese legado, la Constitución de 1999. La instalación de la constituyente tal como la concibe Maduro ejemplificará históricamente esa traición de Maduro hacia quien lo propuso como sucesor, de la misma manera en que Páez traicionara a Bolívar, Guzmán Blanco a Zamora, Gómez a Cipriano Castro, Pérez Jiménez a Gallegos. Nuestra historia está llena de traidores pero también de revoluciones.

Ese baño de sangre que se avizora en cuestión de semanas, sólo podrá ser impedido mediante la acción revolucionaria del pueblo chavista. La vocación de lucha y las esperanzas de transformación que mantiene el pueblo trabajador deben manifestarse con urgencia para impedir que una nueva traición histórica sea consumada. Del baño de sangre que se anuncia sólo saldrá o el regreso al poder de unas élites caducas que nada tienen que ofrecer, o la consolidación de una elite neoadeca que tampoco tendrá por delante ningún futuro para Venezuela.

*Historiador, Doctor en Ciencias Políticas, Tiene una larga militancia en el movimiento obrero de Venezuela. Integró los movimientos armados de la década de los 80. Es en la actualidad militante y coordinador en el Estado Zulia del Equipo Promotor de Marea Socialista.