La FIFA, Brasil y el Mundial

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MERCEDES CHACÍN | «La FIFA se ha convertido es un gigantesco monstruo supranacional que está por encima de la jurisprudencia de todos los países del orbe: posee sus propios tribunales privados que no pueden ser impugnados por ningún tribunal civil», esta afirmación fue extraída del trabajo firmado por Rodolfo Castillo, publicado ayer en la revista Épale CCS que circula encartada en Ciudad CCS. La tomamos para iniciar esta reflexión porque encierra el drama que vive el fútbol mundialista y todos los caminos para explicarlo conducen a la FIFA.

Misión Verdad

Decir que el fútbol se ha convertido en un negocio parece digno de Don Perogrullo, pero los brasileños protestan por las reglas impuestas por el organismo supranacional, que ellos llaman Ley FIFA (Ley General de la Copa) y que se resumen en un acuerdo bastante desigual: ponga su casa, cobre a los invitados, véndales comida, tragos, ropa y zapatos pero la mayor tajada de la ganancia no será para los brasileños.

Los brasileños de a pie no podrán disfrutar de los partidos porque las entradas son muy caras. Tampoco podrán rebuscarse porque la Ley FIFA impone que los brasileños no pueden vender en un radio de dos kilómetros alrededor de los estadios. Crearon zonas de exclusión en esas áreas para los nativos: la FIFA controla la circulación de personas, la venta de productos, fiscaliza el uso de sus marcas, o las que considera suyas, el nombre del evento, la mascota y la seguridad. Protege su negocio y le importa un pepino qué pase con los brasileños. Unos invasores pues.

Para poder darle legalidad a todos estos desmanes han tenido que legislar. Se han modificado leyes, creado delitos que existirán solo durante el evento y todo eso está contenido en la Ley General de la Copa, que legaliza el uso y «abuso» de los símbolos de la FIFA por ejemplo en bares, restaurantes, espacio públicos y en cuanto lugar crean que se viola la Ley de marras.

Ustedes se preguntarán si «pretendemos» aguar la fiesta del fútbol más importante del planeta. La verdad es que no. Entre otras cosas porque es una pelea perdida. Solo que no hay que olvidar que detrás de los gritos del gol el capital sigue imponiendo su ley, por encima de los sueños de millones de seres humanos.

En dos días más en todo el planeta se hablará solo del Mundial. Criticaremos a los árbitros que siempre favorecen a los poderosos, donde ellos vean un fuera de juego (de un débil) nosotros veremos a jugadores legalmente habilitados (de un débil), seguiremos detestando el juego sucio de los italianos, bostezaremos con el juego «correcto y marcial» de los alemanes, seremos indiferentes con españoles y portugueses, iremos siempre contra los ingleses (¡ah! no podemos olvidar que las Malvinas son argentinas), nos pondremos de lado de los suramericanos porque son nuestroamericanos, los africanos tendrán un lugar en nuestro corazón y en nuestros genes, a los rusos y japoneses los miraremos de reojo, si vemos para el norte les haremos guiños a los manitos, a los hondureños y a los ticos, obviaremos a los gringos y suspiraremos por la Vinotinto. Sigamos.

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