La despolitización de la política

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TOBY VALDERRAMA | Si definimos la política como “la lucha alrededor del poder, por la dirección de una sociedad”, podemos decir que estamos sumergidos en un proceso de despolitización del sector revolucionario. Los oligarcas, en contraste, tienen cada vez más sentido estratégico, tienen claro su objetivo, se politizan más. Veamos.

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La acción revolucionaria cada vez se fragmenta más y cada vez más se realiza en la pequeñez de esos fragmentos. La vista al suelo, viéndonos la punta del pie, copa nuestra acción. Un buen ejemplo nos lo dan las elecciones municipales.

La oligarquía, que sí está haciendo política, clara en que su objetivo es el poder, retomar la conducción de la sociedad, plantea las elecciones municipales como un plebiscito, supo con habilidad conectar la política, lo nacional, con lo que en apariencia es un asunto local. Ahora sus candidatos son locales con un proyecto, un objetivo nacional.

Nosotros, que hemos despolitizado a lo pequeño (comunas y consejos comunales) frente a la realidad que nos exige visión nacional, no encontramos más salida que apelar a la farándula, la televisión es lo que nos queda para pintar un poco de nacional a esas elecciones que publicitamos como locales, de esta manera le damos visión nacional a las elecciones pero no política sino mediática, farandulera.

Pero no nos quedemos en el ejemplo, analicemos qué representa, qué está en sus profundidades, eso es lo importante. Creemos que la Revolución está despolitizándose. Veamos.

El proyecto se está desdibujando, la meta, el norte, que era el Socialismo, se ha diluido en la incoherencia. Somos socialistas y simultáneamente capitalistas, estimulamos al capitalismo, hablamos y, lo que es peor, hacemos planes comunes con los altos burgueses, acuerdos. Y ellos, que sí tienen claro su proyecto, lo reflejan sobre la sociedad, lo afirman en nuestra ambigüedad y en la tradición de siglos.

Así, la lucha política se establece entre una corriente agotada, avergonzada de ser “capitalista dulce”, y una corriente emergente capitalista, coherente, trabajando en las grietas que deja la incoherencia entre las acciones y la prédica del gobierno, que luce así con un discurso desteñido. La prédica de despolarización de la sociedad es puntal de esta despolitización.

¿Qué hacer?

Lo primero es fortalecer al gobierno en su ideología, que es el núcleo de toda fortaleza política. Para eso es necesario regresar, en lo declarativo y en la práctica, al camino socialista, recobrar la coherencia del proyecto. Desechar la política de pantalla, darle al gobierno una vocería clara, no puede ser que el presidente declare en contra de cuanta discrepancia aparezca, y que los ministros declaren de su campo menos que de cuestiones que no competen a su cartera.

Es necesario conectarse con la realidad, ser críticos, muy críticos, dejar el efectismo que sólo da resultados en las encuestas de hinterlaces, pero que no detienen el descalabro que va por los subterráneos sociales.

Pero sobre todo es necesario volver al Socialismo, dibujarlo con nitidez, tener la valentía de hacer las autocríticas necesarias, las evaluaciones, los ajustes, decirle a la masa las dificultades, dejar de tratarla como a un adolescente malcriado que no soporta un “no” de sus padres proveedores.

Es hora de pararse un ratico a reflexionar, que eso es también parte del trabajo.