Es bueno pasearse por el escenario de una derrota

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Néstor Francia

 

Más de una vez hemos hablado de la fortaleza de la Revolución Bolivariana y sobre el hecho de que la verdadera fuerza de nuestra Revolución está en el pueblo cívico-militar, más que en el Gobierno o en el poder constituido en general. Por supuesto, que tengamos el Ejecutivo y controlemos las instituciones es muy favorable para nosotros, pero no imprescindible para que la Revolución se desarrolle.

El movimiento revolucionario venezolano seguirá hacia delante, el chavismo llegó para quedarse sembrado en la Patria, sus raíces son poderosas y no podrán ser extirpadas. Por eso se nos antojan tan importantes algunas palabras que vertió ayer el presidente Maduro; por ejemplo, refiriéndose a la posibilidad de un hipotético triunfo de la derecha en las parlamentarias: “Si se diera ese escenario, negado y transmutado, Venezuela entraría en una de las más turbias y conmovedoras etapas de su vida política y nosotros defenderíamos la revolución, no entregaríamos la revolución y la revolución pasaría a una nueva etapa”.

El presidente indicó que bajo ese escenario gobernaría “con el pueblo, siempre con el pueblo y en unión cívico militar”, y con la Constitución en la mano echaría adelante “la independencia de Venezuela cueste lo que cueste, como sea”.

Varias cosas en torno a estas afirmaciones. En primer lugar es bueno que el Presidente se haya paseado por la posibilidad de una derrota revolucionaria, el triunfalismo es mal consejero. El pueblo debe prepararse para la victoria, pero también condicionar su mente y sus nervios para el caso contrario, pues nada está escrito, como a menudo hemos dicho.

Por otro lado, Maduro está haciendo un importantísimo llamado a la lucha, convocando a las fuerzas revolucionarias a mantener en alto las banderas del chavismo en cualquier circunstancia, como deber ser. Y es verdad, en el escenario de un control derechista de la AN, la Revolución entraría en una nueva etapa, en inéditas batallas.

Tercero, la oposición, si obtiene la mayoría parlamentaria en diciembre, viene por Maduro y por nosotros, bien sea de manera directa y violenta, o a través del sabotaje institucional, o de la convocatoria a referéndum revocatorio o de cualquier otra manera. Pero no les vamos a entregar nada, los enfrentaríamos en todos los terrenos, es eso lo que asoma el Presidente.

Cuarto, en realidad no hace falta perder unas elecciones para gobernar “con el pueblo, siempre con el pueblo”, que es lo que viene haciendo el chavismo en alguna medida, nunca suficiente. Comuna o nada, dijo Chávez, y hacia allá debemos ir, ocurra lo que ocurra, aunque sepamos que eso no es para mañana, pues es un proceso difícil, que tiene de económico, de social y mucho de cultural. Cambiar la conciencia es y será la tarea más ardua y larga que tendremos por delante, no solo los venezolanos, sino la Humanidad toda. El capitalismo nos ha llenado las cabezas de cucarachas y con esas lacras espirituales es harto difícil avanzar hacia el ideal colectivista.

Quinto, para no andar guardándonos cosas para después, la verdad es que no somos fanáticos de esa frase “como sea”, pero no por las estúpidas razones de la derecha, pues es falso que el Presidente con eso esté amenazando a nadie, ni diciendo que va hacer trampas de ningún tipo. Pasa más bien que el concepto se nos antoja negativo. Nada que se haga bien hecho se hace “como sea”. Los logros hay que prepararlos, planificarlos, construirlos. Los venezolanos, en parte por culpa de la cultura rentista, somos reacios a la planificación y, en realidad, hacemos muchas cosas “como sea” y nos salen mal. Pero bien, es una consigna electoral, así lo asumimos y lo defendemos. Solo que entre amigos hay que decirse las verdades (o más bien lo que uno piensa, aunque al final no sea verdad).

El Presidente también dijo que el 6D, inmediatamente después de que se anuncie la victoria popular (¡Dios lo oiga!) llamará a un diálogo nacional. Excelente propuesta, pero estemos claros que ese diálogo habrá que impulsarlo a pesar de que habría sectores que se negarían a participar e inclusive estarían dispuestos a sabotearlo. Y es que hay posiciones que son irreconciliables, sobre todo en el ámbito político. Es importante escuchar, en este momento difícil de su país, la voz de la presidenta argentina, Cristina Fernández: “Nuestra fuerza política ahora tiene que ir al balotaje. ¿Qué significa esto, ir y elegir un nuevo presidente? ¿Es solo ir y elegir uno nuevo? Creo que no… Un presidente no representa solo eso, también representa un modelo de país y políticas de un país. Las políticas que hemos desarrollado estos 12 años, han permitido recuperar derechos para los argentinos”. Tiene toda la razón ¿Se imagina alguien en Venezuela que María Corina Machado o Freddy Guevara, por no decir Leopoldo López o Antonio Ledezma, van a dialogar con el Gobierno revolucionario, reconocer finalmente su legitimidad y aceptar la preferencia popular por el modelo chavista?

Por cierto que Cristina se le plantó claro a la candidata macrista a la vicepresidencia, Gabriela Michetti, y se refirió a sus posiciones cuando era diputada: “¿Qué hiciste cuándo se trató el matrimonio igualitario, con los buitres, YPF, Aerolíneas, cuando le pagamos al FMI o cuando en Mar del Plata le dijimos no al Alca? … Estas cosas no son chistes, argentinos, porque después no se puede decir ‘me arrepiento’, porque se jodieron los 40 millones de argentinos”. Ese tipo de cosas deberíamos recordárselas nosotros a los candidatos de la derecha a la AN.

Finalmente, otra de la compañera Cristina: “Siempre lo que voy a seguir haciendo es respetar la voluntad popular ante cualquier resultado” y calificó de “curioso” que “cuando los resultados son mejor de lo esperado para algunos no hay denuncias de fraude… Entonces no era un problema del sistema electoral, sino que no tenían seguridad de cómo les iba a ir”. Esa película estamos cansados de verla en Venezuela.