Entonces, ¿en qué quedamos?

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MARIADELA LINARES | Vamos a tener que llegar a un mínimo de acuerdo para el entendimiento, porque suceden casos que desquician, de tan contradictorios que son. En el cine, los gringos resuelven las cosas con la etiqueta de los buenos y los malos y eso les ha servido, hasta el sol de hoy, para aplicar sus «medicinas» de acuerdo con su óptica particular.
Eso también lo hemos copiado, con una variante un tanto peculiar: aquí los «buenos» torturan, dan golpes de Estado, asaltan embajadas, atropellan periodistas, planifican crímenes, y los «malos» son los que gobiernan. Es el juego de policías y ladrones, pero al revés.

El tema de las cárceles es demasiado profundo como para trivializarlo intentando convertirlo en asunto electoral.

El del hacinamiento, la incompetencia del Poder Judicial, la insuficiencia de jueces y fiscales honestos, fueron patentados como síndrome insoluble desde hace muchas décadas. Hay bibliografía al respecto.

En La Planta, como antes en El Rodeo, se vive una situación trágica. No sólo está albergada ahí una población muchas veces superior a su capacidad, algunos hasta sin juicio, sino que existen privados de libertad que gozan de privilegios y lideran organizaciones tenebrosas.

Ponerle cascabel a semejante felino, no es asunto de un funcionario en particular. Requiere de un esfuerzo colectivo que involucra a todas las instituciones del Estado, sean éstas lideradas por chavistas u opositores.

Todos aspiramos a que se resuelva el problema con la menor cantidad de bajas posible, y que a los presos se les brinde un trato digno.

Pero lo que no se puede tolerar es que desde adentro operen francotiradores dispuestos a acribillar civiles en su propia casa, y estén medios apostados afuera cazando el primer muerto para echarle la culpa al Gobierno.

Esto es insólito.

Si alguien está armado hasta los dientes y utiliza a sus familiares y a sus compañeros para chantajear, ¿qué se supone que se debe hacer? ¿Mandarle flores? ¿Traer a CNN para que filme la «masacre» contra los presos?

Termina uno pensando que los «pranes» no son los únicos criminales. Hay unos cuantos afuera que los dejan a ellos como unos angelitos, de tan macabros que son.