El eterno “déjà vu” de otra transición justa, hacia economías más ecológicas

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Eduardo Camin

Un nuevo estudio de las Naciones Unidas destaca la necesidad de una acción audaz frente al cambio climático, poniendo de relieve la importancia de una transición justa hacia economías verdes con bajas emisiones de carbono, con soluciones que, lamentablemente,  apuntan nuevamente a un capitalismo light con rostro humano, sin abandonar los límites de la depredación del capitalismo.

El estudio refuerza el llamamiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a favor de estrategias económicas que apoyen las energías limpias, fomenten el crecimiento económico con uso eficiente de los recursos, creen ingresos y empleos decentes, y reduzcan la pobreza y la desigualdad… Todo un programa, en los escenarios de las grandes retóricas.Transición Justa ante el cambio climático, ¿qué significa este concepto?

El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), elaborado por 278 científicos de 65 países, afirma que las emisiones nocivas de carbono entre 2010 y 2019 nunca han sido mayores en la historia de la humanidad. Sin una reducción inmediata y profunda de las emisiones en todos los sectores, limitar el calentamiento global a 1,5ºC es inalcanzable, sentencia el informe.

Reducir el calentamiento global es posible si se producen transiciones importantes en el sector energético, lo que implicará una reducción sustancial del uso de combustibles fósiles, la electrificación generalizada, la mejora de la eficiencia energética y el uso de combustibles alternativos como el hidrógeno. El jefe del programa de Empleos Verdes de la OIT, Moustapha Kamal Gueye, dijo que este último informe del IPCC puso de relieve la necesidad urgente de una acción climática ambiciosa.

Señaló que «la equidad y las transiciones justas pueden permitir ambiciones más profundas de mitigación acelerada. Aplicar los principios de la transición justa y ponerlos en práctica mediante procesos de decisión colectivos y participativos es una forma eficaz de integrar los principios de equidad en las políticas a todas las escalas. Nuestros empleos y empresas dependen de un planeta sano. Tenemos la oportunidad de actuar ahora para reducir las emisiones de carbono y crear al mismo tiempo millones de empleos decentes en la economía verde”, añadió

La OIT desempeñó un papel clave en la redacción de la declaración, que refleja las Directrices de la OIT para una Transición Justa  de 2015, que esbozan los pasos necesarios hacia economías y sociedades bien gestionadas y ambientalmente sostenibles, el trabajo decente para todos, la inclusión social y la erradicación de la pobreza.

Las viejas resoluciones del desarrollo sostenible, trabajo decente y empleos verdes

Con el objetivo de maximizar los beneficios de la transición ecológica para la economía y minimizar los impactos negativos sobre la actividad, de los trabajadores y sus comunidades, la OIT ya había sentado las bases, sobre el concepto de “Transición Justa”, acordada en 2013 en la 102ª Conferencia Internacional del Trabajo entre gobiernos, empresarios y sindicatos del mundo.

En esta conferencia se adoptó una resolución y una serie de conclusiones sobre desarrollo sostenible, trabajo decente y empleos verdes, reconociendo sus desafíos y oportunidades, y se propusieron políticas concretas para guiar el cambio mediante la llamada “Transición Justa” pero es obvio que aquello no fue más que una de las tantas promesas.

Las continuas alertas y llamadas a la acción de la comunidad científica sobre la fragilidad del equilibrio ecológico del planeta obligan a adoptar medidas que faciliten un cambio ágil en el modelo económico para evitar consecuencias más graves aun sobre las sociedades, los ecosistemas y las economías.

El Acuerdo de París de 2015 y la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas marcaron el inicio – al menos en su elaboración teórica – de una agenda global de sostenibilidad que conlleva la transformación del modelo económico y establece las bases de un nuevo contrato social de prosperidad inclusiva dentro de los límites del planeta, por lo tanto, combatir el cambio climático es fundamental.

La experiencia empírica de los fenómenos naturales es cada vez más frecuente, los impactos del aumento de las temperaturas, las precipitaciones o las sequías producen cada vez más, efectos gravísimos sobre sectores como la agricultura, la ganadería, la silvicultura o el turismo, así como en la salud de la población.

Los más optimistas destacan que nos encontramos ante una oportunidad para mejorar los sistemas productivos y de transporte, así como la caracterización de los servicios, para que sean mucho más eficientes en el uso de recursos y ofrezcan las soluciones que necesita un mundo descarbonizado.

Además, la transición hacia un modelo económico más ecológico generará oportunidades de empleo significativas.Transición justa - Wikipedia, la enciclopedia libreSin dudas que estas oportunidades son especialmente importantes para que la transición hacia un modelo económico más ecológico sea socialmente beneficiosa.

Nuevas estrategias, algunas ilusiones, pocos resultados

No obstante, en amplios sectores prima la lógica de que para solucionar la crisis ecológica el eje central está en los cambios de los patrones de consumo individual, centrando su atención en el “consumo irresponsable”. Obviamente la producción capitalista, generadora de patrones y ciclos de consumo a escala planetaria, moldea a los “consumidores” y en esta medida el comportamiento humano individual colabora con la crisis ecológica, por lo cual es deseable promover que estos patrones se modifiquen generando consciencia ambiental.

La influencia que pueden ejercer los cambios del comportamiento individual sobre el carácter funesto de la producción capitalista sobre el medio ambiente es en muchos casos irrelevante y, especialmente desigual.

La lógica de centrar la iniciativa del movimiento ambiental en los cambios de comportamiento individual no es más que un simple pretexto que conlleva fundamentalmente a dos problemas estratégicos. Por un lado, la clase política promueve una estrategia ilusoria que favorece una concepción individualista, difuminando, desvirtuando o directamente ocultando cuál es el “centro de gravedad” sobre el que hay que denunciar el capitalismo globalizador, y sus grandes corporaciones capitalistas.

Por otro lado, termina fortaleciendo el discurso reaccionario de que “la gente es responsable de la crisis” que va unido a medidas para hacer pagar la crisis ambiental a la clase trabajadora y los sectores más pobres de la sociedad; un discurso que al mismo tiempo que preserva el sistema y beneficia a los capitalistas, impide incorporar a la lucha a los sectores sociales capaces de enfrentarla.

Por eso cuesta entender, cuando se presentan algunos de los dispositivos propuestos para lidiar con el desbarajuste ecológico, hablando de los patrones actuales de la economía, sin perturbar al capitalismo. Sin duda existe un Crisis climática: el tiempo se agota para frenar el calentamiento del planetaimportante número de activistas y pensadores ambientalistas fieles a esta causa, bien intencionada, preocupados por la salud del planeta, y la mayoría también están preocupados por los problemas de justicia social.

También existen personas al interior de los organismos, que entienden perfectamente los problemas ecológicos y sociales que el capitalismo ocasiona, pero en ambos casos se cree firmemente que éste sistema debería ser reformado, generándose un problema conceptual que no pueden sortear. Incluso el número creciente de individuos que critica al sistema económico capitalista y sus “fallas de mercado” frecuentemente termina  con soluciones que apuntan a un capitalismo “light” con “rostro humano, en lugar abandonar los límites del capitalismo.

Un sistema que tiene una única meta, la maximización de ganancias y la rentabilidad como prioridad nunca podrá tener un alma, nunca podrá ser verde –por más que pinten sus envases – ya que, por su propia naturaleza, debe manipular y fabricar ilusiones.

La dirigencia política actual es incapaz de pensar, ni promover, un sistema económico con diferentes objetivos y procesos de toma de decisiones, uno que ponga el énfasis en las necesidades humanas y ambientales, en oposición a las ganancias.Crisis ecológica, crisis capitalista, crisis civilizatoria: la alternativa ecosocialista – Razón y Revolución

En realidad, su perspectiva se reduce a una denuncia y exigencia a los representantes políticos capitalistas para que tomen medidas urgentes o a abrazar las propuestas de los llamados “partidos verdes”, pero sin apuntar decididamente en nombre de la economía de mercado, contra los intereses y la propiedad de los máximos responsable de esta situación: las grandes agencias y multinacionales capitalistas.

Frente a la crisis ambiental, el problema central no es la “división” entre quienes contaminan y quienes no lo hacen, sino entre la mayoría social que ya está pagando los costos de la crisis y los capitalistas que la generaron. Y por más gesticulaciones que brinden en los foros mundiales, la resolución de la crisis ecológica no puede darse dentro de las lógicas del sistema actual. No hay esperanzas de éxito en las diversas sugerencias, o en la acumulación de informes sin futuro.

El sistema capitalista mundial es insustentable por su búsqueda insaciable de una acumulación sin fin de capital tendiente a una producción que debe expandirse continuamente para obtener ganancias; por su sistema agrícola y alimentario que contamina el ambiente y no garantiza el acceso cuantitativo y cualitativo universal de comida; por su desenfrenada destrucción del ambiente; y su continua reproducción y aumento de la estratificación de riqueza dentro y entre los países.

Tal vez los informes deberían insistir, en ser verdaderamente epicurianos en generar un estilo de vida más sencillo: a pesar de ser “más pobre” materialmente, se puede ser más rico cultural y socialmente al reconectar a las personas entre sí y con la naturaleza, al tener que trabajar menos horas para proveer las cosas esenciales para la vida.

 

*Periodista uruguayo acreditado en la ONU- Ginebra . Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)