EEUU: la dictadura del gran capital al desnudo

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José Valenzuela Feijóo|

“El Estado no es más que una máquina para la opresión de una clase por otra, lo mismo en la república democrática que bajo la monarquía”. Engels

Donald Trump ha sido un empresario muy exitoso. Luego, no cabe esperar que sea un dechado de rectitud.[1] También es de ambiciones grandes. Con experiencia en medios, decidió entrar en la política y llegar a lo más alto.Primero entró al partido Demócrata, sin éxito. Se trasladó al republicano y para sorpresa de muchos, primero ganó la postulación y luego la presidencia. De hecho, su ideario y su estilo es muy ajeno al de los republicanos.

También, al de los actuales demócratas. No es una persona que maneje una cultura e ideología más o menos compacta y sistemática: no es de Boston ni discípulo de Adlai Stevenson. Pero sí posee una intuición profunda. Muy por encima de los políticos tradicionales de EEUU.

Ideario de Trump.

De seguro, el núcleo central de su proyecto es recuperar la supremacía económica de los EEUU, en especial la de su base industrial y tecnológica. En este sentido, debería darse un fuerte traslado desde la atención de los asuntos externos a la de los asuntos internos. Con lo cual, se debería recuperar el papel dinámico de la industria (vía sustitución de importaciones, reducción de impuestos a la industria doméstica y elevación para las ganancias obtenidas en el extranjero y/o por el impulso del gasto militar), elevar el empleo y los salarios. Otro aspecto, casi implícito en los afanes de reindustrialización, era romper con la tendencia a la financiarización y degeneración del capital industrial y el predominio del gran capital financiero.

Pero aquí poco o nada se logró.En términos generales, hasta la llegada de la pandemia y en términos muy gruesos, el programa económico general se venía cumpliendo en términos para nada espectaculares, pero sí con cierta significación. En el plano internacional, Trumpbuscó concentrar sus esfuerzos en la competencia económica, tecnológica y militar con China.

El proyecto-programa tiene una dimensión nacionalista que es clave. La que se debe traducir en un fuerte impulso a la industria local, civil y militar. Asimismo, se trata de generar un fuerte crecimiento de las ocupaciones industriales y elevar los salarios del sector. Lo cual le otorga un ingrediente popular que puede ser clave: el sistema no se salva si no logra apoyo de la clase obrera.Lo que, a su vez, exige romper con la decadencia y regresividad neoliberal. Pero todo esto es para salvar al capitalismo, no para hundirlo.

En este sentido, el proyecto (al igual que otros que emergen en Europa) opera con algunos componentes fascistoides que no son menores. Y no está demás recordar: Hitler, en la Alemania de los años treinta, resolvió el brutal problema del desempleo en poco más de un año y tuvo un apoyo no menor de parte de la clase obrera. Y no olvidemos que se proclamaba “nacionalista” y “socialista”. Todo lo cual, al final de cuentas, era para salvar a los grandes potentados, los Krupp, Thissen y cía. La misma falange española, en sus primeros tiempos, posaba de anti-capitalista, compitiendo en el campo obrero con anarquistas y comunistas.

 Problemas. El enemigo en casa. 

Para Trump un problema mayor es la falta de una organización política propia. Con los republicanos no se siente cómodo y éstos tampoco lo quieren. Si lo apoyan es porque les ha dado votos. Y cuando Trump cae en desgracia, no vacilan en abandonar su barco. Éste, es un primer déficit clave en el quehacer político de Trump.Un segundo y más decisivo es la férrea oposición que ha encontrado en lo más profundo y permanente del aparato estatal (el llamado “deepstate”). En los aparatos de inteligencia, como el FBI y la CIA, ha encontrado enemigos implacables y que “duermen” con la víctima.

De hecho, el FBI ha sido la principal fuente abastecedora de noticias anti-Trump que publicaran el New York Times y el Washington Post. Finalmente, el gran problema de Trump ha sido la irrupción del Cona-virus. Sin éste, es muy probable que habría ganado las elecciones con margen amplio. Pero la pandemia es la pandemia, y salvo China, Corea, N. Zelandia y Vietnam, todos los demás la han sufrido con altos costos.

 El fraude electoral.

Supongamos que en tal o cual Estado, de 100 votos emitidos ya se han contabilizado 80. De ellos, 49 (un 61.25%) favorecen a Trump y 31(38.75%) a Biden. La diferencia es de 18 votos y quedan 20 votos por contabilizar. Para que ganara Biden tendría que obtener 20(un 100%) votos de esos 20 y Trump registrar cero votos en ese faltante. Lo cual, rompe las reglas más elementales de la teoría de probabilidades. En diversos estados, la diferencia porcentual en favor de Trump era semejante o parecida.Haciendo un ejercicio numérico, estos votos se los adjudicamos a Trumppues era matemáticamente (ley de probabilidades estadísticas) imposible que perdiera.

En otros Estados, aunque Trump fuera ganando, si la diferencia era más pequeña y faltaban mayor número de votos, se las adjudicamos a Biden. A la madrugada del día que siguió a las elecciones la conclusión, muy firme, era la de Trump ganador. Lo reconocían los mismos demócratas. Pero, oh milagros, al mediodía de ese día Trump aparecía como perdedor.El mecanismo concreto del fraude de seguro fue muy sofisticado y de él, muy probablemente, sólo se sabrá en unos 30-40 años o más: en este caso, los ladrones no son tontos. Se piden pruebas, pero si usted dice que 2 + 2 = 4, o que 4 es mayor que 3, ¿alguien pide pruebas empíricas?

La feroz dictadura mediática.

Después del fraude electoral, el ataque de los medios contra Trump ha sido impresionante. Por ejemplo: i) cuando en un discurso a la nación, empieza a señalar el problema del fraude, las grandes cadenas televisivas, simplemente le cortan la emisión. Lo transforman en un Presidente mudo; ii) cuando usa sus cuentas de correo electrónico, las compañías propietarias, simplemente eliminan sus cuentas; iii) esos medios, empiezan a encontrar que Biden es pensador profundo y un adalid de la democracia, que su hijo no ha tenido negocios turbios con el fascismo ucraniano, etc.; iv) esos mismos medios, compiten en publicar los más “horribles pecados” de Trump.

De seguro Trump no ha sido un santo (por algo fue un empresario exitoso) pero el 80% de esos señalamientos no son más que “fakenews”.En fin, como decían Pinochet, Oliveira Salazar y Franco, todo sea por los sagrados valores de la civilización occidental y cristiana.

 Protestas e invasión del Congreso. La brutal respuesta del FBI y del bloque en el poder.

El día en que el Congreso debía aprobar a Biden como presidente, hubo una gran manifestación en favor de Trump. Al terminar, muchos se dirigieron al Congreso. Y unos 500 selas ingeniaron para saltar murallas y entrar al “templo parlamentario”. Nadie iba armado pero los agentes del FBI pronto sacaron sus armas y se vió claramente, como unoledisparaba, a dos metros, a una joven manifestante, la que murió de inmediato. Los muertos llegaron a 5 (todos civiles).

Luego empezó una persecución por todo el territorio contra “los malos”. Y para el día de la toma del poder por Biden, Washington se transformó en una ciudad sitiada: 25 mil soldados, barricadas, agentes encubiertos, calles y rutas de entrada cerradas, etc. ¿Histeria o algo más?Histeria sí, pero sobretodo una advertencia seria: no sobrepasar los límites que impone el bloque de poder. El que lo pretenda hacer será reprimido sin miramientos.[2] Y si esto sucede cuando emerge un nuevo proyecto burgués que pone en jaque al actual de las grandes multinacionales y de Wall Street,  nos podemos imaginar qué sucedería si el proyecto alternativo fuera de los trabajadores y a favor del socialismo.

Sobre el papel del Estado. Lo aparente y lo real.

En una sociedad escindida en clases antagónicas, hay instituciones básicas cuya función objetiva se debe ocultar o desfigurar a cualquier precio. Por ejemplo: a) que el proceso de producción capitalista se asienta en la explotación del trabajo asalariado; b) que el Estado es un aparato de opresión a favor de la clase dominante. Para la legitimidad del sistema capitalista es básico que se enmascaren fenómenos como los indicados. Respecto al Estado, por ejemplo, se oculta su carácter de clase y se lo presenta como “representante de todo el pueblo” y ejecutor del “bien común”. Autores como Marx, Engels y Lenin criticaron esas falsedades y pusieron al desnudo la real naturaleza del Estado en el capitalismo.

Podemos recordar a Lenin: “tomad las leyes constitucionales de los estados contemporáneos, tomad la manera como son regidos, la libertad de reunión o de imprenta, la ‘igualdad de los ciudadanos ante la ley’, y veréis a cada paso la hipocresía de la democracia burguesa que tan bien conoce todo obrero honrado y consciente. No hay Estado, incluso el más democrático, cuya Constitución no ofrezca algún escape o reserva que permita a la burguesía lanzar las tropas contra los obreros, declarar el estado de guerra, etc.‘en caso de alteración del orden’

-en realidad, en caso que la clase explotada altere su situación de esclava e intente hacer algo que no sea propio de esclavos- ”.[3]También indica: “cuanto más desarrollada está la democracia tanto más cerca se encuentra en toda divergencia política profunda y peligrosa para la burguesía, del pogrom o de la guerra civil” (…) “los parlamentos burgueses están tanto más sometidos a la Bolsa y a los bancos cuanto más desarrollada está la democracia”.[4]

Alguien pudiera señalar que las tesis de Marx y Lenin son correctas cuando la clase obrera se organiza y pone en peligro la subsistencia del orden capitalista. Diríamos que ésta es una ley indiscutible (aunque muy olvidada por la seudo-izquierda que hoy revive a Proudhon, a F. Ebert y la virgen María). Pero la historia también nos muestra que, especialmente en países con un capitalismo poco sólido, suele suceder algo análogo.

Por ejemplo, cuando el régimen pasa de un patrón de acumulación a otro, lo que implica reordenamientos en el bloque de poder, según los cuales tal o cual fracción del capital desplaza a otra y asume la condición de fuerza dirigente. Por ejemplo, que el gran capital financiero y exportador sea desplazado por el capital industrial. O viceversa. Cuando el orden político no es sólidoestos quiebres suelen ser frecuentes. Inclusive, en las llamadas “repúblicas bananeras”, si el presidente de turno buscaba un leve aumento de impuestos a las compañías gringas (como la UnitedFruit Co.) bananeras, era rápidamente defenestrado.La trama de United Fruit: golpes de Estado y “repúblicas bananeras” – Diario El Ciudadano y la Región

Se suele suponer que el régimen político de EEUU es muy sólido: Por ejemplo, pudo pasar del capitalismo keynesiano de la posguerra al neoliberalismo impulsado por Ronald Reagan y demás, sin que mediaran fisuras mayores. Pero con Trump, el mismo Bush hijo ha reclamado que “parecemos república bananera.” En suma, no sólo la economía se resquebraja. También lo hace el sistema político: éste ya no parece capaz de absorber-permitir cambios en la forma o modo de operar del capitalismo. Y su histérica reacción frente a los reclamos y desbordes post-electorales nos advierten con claridad: ese tipo de cambios no serán permitidos: la “democracia burguesa” ha pintado su raya, la que es bastante estrecha. En consecuencia, mucho menos cabe esperar que lleguen a aceptar un cambio en favor del socialismo. Lo cual, claro está, no señala que esta ruta esté prohibida. Sólo indica que la clase trabajadora debe organizarse con eficacia en todos los frentes de lucha(ideológico, político, militar), que operan en un cambio de orden mayor.

El conflicto principal: lo que es bueno para la General Motors ya no es bueno para Estados Unidos.

 ¿Qué fracciones del gran capital integran hoy el bloque de poder en EEUU?La hipótesis a manejar, dicha en términos muy sintéticos y sin mayores explicaciones, nos señala: i) el gran capital trasnacional, de corte industrial; el que, en muy alto grado, opera en el extranjero, fragmentado en múltiples centros de producción parciales; b) el gran capital financiero (Wall-Street), el que empieza a funcionar como centralizador y unificador de esos vastos y dispersos bloques industriales.

En este marco, nos podemos preguntar: ¿cuál es el conflicto entre el bloque de poder actual y el proyecto de Trump?Por este lado, las confusiones son de orden mayor, se siguen aplicando cartabones ya agotados y casi nadie parece captar las novedades que han empezado a darse tanto en el plano de la economía como de la política.En el cuadro que sigue se muestran algunos datos que nos pueden orientar para bien responder.

Cuadro I: EEUU, empresas corporativas. Apropiación de beneficios, 1969 y 2018.

La planta de General Motors en Argentina ya fabricó 1,5 millones de vehículos - Mega Autos

Rubro  /  Año

 

                1969

( % s )

                 2018

( % s )

1.-Total ganancias               100.0                 100.0
2.- Nacional                 92.7                   76.1
3.- Finanzas                 15.0                   20.1
4.- Comercio                 12.4                   12.0
5.- Manufactura                 45.8                   14.1
6.- Resto del Mundo                   7.3                   24.9
7.- [3+4+6] /  [ 1 ]       (*)                 34.7                   57.1

Fuente: estimado a partir de “Economic Report of ThePresident”, 2020. (*) Se puede considerar como indicador del parasitismo del sistema.

En el cuadro, junto al sector financiero colocamos al sector comercio (mayorista y minorista). Con ello obtenemos una primera, muy gruesa y subvaluada estimación del sector improductivo: faltan algunos rubros de servicios y los gastos improductivos (publicidad, seguridad, etc.) que operan al interior de las empresas industriales. Con todo, podemos ver que estos segmentos pasan de apropiarse un 27.4% de las ganancias totales en 1969, a un 32.1% en el 2018. El rubro que aquí sube es el de Finanzas: desde un 15.0% en 1969 a un 20.1% en 2018. Un aumento fuerte, de un 33%.

Estados Unidos: Repensando la manufactura - Revista FortunaOtro dato que llama la atención es el brutal descenso de la participación de las ganancias de la industria manufacturera, la que pasa de casi un 46% en 1969 a un bajísimo 14.1% en el 2018. En 1969, las ganancias en el sector manufacturero eran 3 veces mayor a las que conseguía el sector de Finanzas; en el 2018, Finanzas tenía 1.4 veces más ganancias que la industria manufacturera.

El rasgo que tal vez sea el más llamativo, es el espectacular crecimiento de las ganancias de las grandes multinacionales de EEUU en el resto del mundo. En 1969 estas ganancias llegaban a un 7.3% de las ganancias totales. Luego, en el 2018, ya ascendían a casi un 25% de los totales: su participación se multiplica por 3.4 veces. Consecutivamente, tenemos que las ganancias obtenidas en territorio nacional, como parte de las totales, pasan desde un 92.7% en 1969 a un 76.1% en el 2018. Si comparamos estas ganancias “foráneas” con las que obtiene la industria manufacturera en el territorio propio, en el 2018 eran casi 1.8 veces más altas.

Sabemos que toda multinacional maneja muy fuertes intereses en el extranjero, pero en el caso que nos preocupa, estos parecen que han llegado a ser dominantes. Con lo cual, se genera un problema que no es menor: se afecta, hacia abajo, el crecimiento interno del país.La creciente internacionalización, la alta fragmentación productiva y geográfica de los procesos producción, el impacto de las denominadas “cadenas de valor” vienen generando ganancias descomunales para el gran capital trasnacional.

También, serios procesos de des-industrialización, de desocupación industrial y de fuertes déficits en el balance de pagos, para EEUU. Tomemos el caso de los iPhone (celulares), los que son inventados y diseñados en EEUU pero que son producidos casi totalmente fuera del territorio gringo, especialmente en China. Para luego, ya como producto terminado, ser vendidos a EEUU. Para las transnacionales del mismo EEUU las ganancias son elevadísimas, pero para EEUU el negocio no parece ser tan rentable. Según Detert y Xing, este rubro explicaría 1.4 billones de dólares en el déficit del balance de pagos de EEUU con China.[5]

Dicho de otro modo: lo que es bueno para las grandes trasnacionales, en la actualidad ya no parece ser bueno para el país.En este marco se pueden entender bien lo que hoy significan, de verdad,eslogan como el del “impulso al libre comercio”, el de las “ventajas del multilateralismo” y demás. El slogan del “libre comercio”, por ejemplo, en un mundo totalmente dominado por las grandes trasnacionales monopolistas, no es más que un tapa-rabos (que muy poco oculta), en favor del libre movimiento de los grandes monopolios. O sea, se trata que éstos eviten toda posible regulación o interferencia de los Estados nacionales. Que tengan “vía libre” a lo largo de todo el globo terráqueo.

En este mismo marco, también se puede comprender mejor el mensaje y propósitos claves esgrimidos por Donald Trump. Este parte reconociendo: la decadencia económica de EEUU, en especial de su industria manufacturera. El lema “hagamos a América de nuevo grande” apunta en tal sentido. Asimismo, sus afanes por impulsar la inversión en el mercado interno (el territorio nacional), gravar a las utilidades en el extranjero, impulsar la sustitución de importaciones, controlar las tasas de interés, etc.

En este sentido, las nociones (o intuiciones) básicas de Trump, resultan muy ajenas a las manejadas por las cúpulas de republicanos y demócratas, hoy del todo subordinadas a Wall-Street y a las grandes multinacionales.Valga también apuntar: muchos siguen pensando en el partido demócrata relativamente progresista del New Deal y de la posguerra, pero ese barco ya se hundió. Como lo mostrara el mismo Obama, más allá de su refinada oratoria, hoy es un partido muy reaccionario, en la onda de Hillary Clinton y de la muy histérica Nancy Pelosi.

Notas          

[1] ¿Conoce usted algún empresario exitoso que sea un dechado de honradez y virtud? Si lo conoce pase a cobrar el premio mayor de la lotería nacional.

[2]Sobre la escandalosa respuesta de los medios a estos hechos ver Resistir.info, bloque editorial, “A pandemia da estupificacao”.

[3] V.I. Lenin, “La revolución proletaria y el renegado Kautski”, págs. 20-21. Lenguas extranjeras, Pekín, 1972.

[4] Ibídem, págs. 22 y 23.

[5]Yuqing Xing y Neal Detert, “How the iPhone Widens the United States Trade Deficit with the People’s Republic of China”, Asian Development Bank Institute,Working Paper Series, n°257, dec. 2010.

 

*Economista chileno, radicado en México desde 1974, profesor de la Universidad Autónoma México (UAM).