Díaz Rangel: Necesidad de participar/ Stelling: ¿Una panacea?/ Curcio: A votar

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Necesidad de participar

Eleazar Díaz Rangel-ÚN|

En una semana estaremos votando en todo el país en las presidenciales, y en los estados, además, por los candidatos a los consejos legislativos. Estas elecciones son únicas en cuanto existen factores que las diferencian notablemente de todas las anteriores, de esos factores los más importantes son los llamados a la abstención que han hecho algunos partidos opositores, que, no obstante, no le presentaron a los electores alguna alternativa, pero lo más grave es el llamamiento que han hecho Estados Unidos, con mucho énfasis, y los países de la Unión Europea y del Grupo de Lima, a desconocer sus resultados.

¿Por qué esa inusual decisión ante unas elecciones donde no hay ninguna posibilidad de que se produzca un fraude, y con equipos, personal, metodología, iguales a las votaciones de 2015 cuando la oposición ganó la mayoría de la Asamblea Nacional, y después varias gobernaciones; elecciones cuyos resultados fueron inmediatamente reconocidos por el Gobierno y los partidos que lo apoyan? ¿Por qué esta vez no se reconocerán los resultados?

Por una razón, como es que es segura la victoria del presidente Nicolás Maduro, candidato a reelegirse. Las últimas encuestas le dan una ventaja imposible de superar por el segundo de los candidatos. Preguntados por Hinterlaces sobre su intención del voto, el 48% se pronunció por Maduro y 31% por Falcón. Y en la encuesta de Consultores 30.11, el 48,36% por Maduro y 36,3% por Falcón. Esa ventaja es imposible de descontar. Y también les preguntaron cuál de los candidatos creía que podía ganar, y 68% dijo que Maduro y 20% que Falcón.

A estas alturas, la suerte está echada. Con la oposición dividida, con unos partidarios de participar en las elecciones, como en efecto lo están haciendo, y otros negándose a asistir al proceso, pero sin ofrecer alternativas, que no sea la incertidumbre, la nada, o los atajos de la violencia, se hacía imposible pensar que podían ganar estas presidenciales.

En tales condiciones, reitero, se hizo inalcanzable una victoria para derrotar a Maduro por la vía democrática y electoral. Entonces, como están conscientes de ese triunfo, lo que hacen es seguir sumisamente la política de Washington, que desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, es interrumpir el proceso democrático y de avanzada en Venezuela y el desplazamiento de Maduro. La posición de Trump fue siempre la de boicotear las elecciones, impedir que se realizaran, persuadir a la oposición para que no intervinieran, y hasta hoy han insistido en llamar a suspender las elecciones, y a desconocer sus resultados. Así de sencillo.

¿Qué hacer frente a esa situación? No hay sino una posición, salir a votar el domingo que viene. Y hacerlo masivamente. Ya el pueblo lo ha hecho para elegir la ANC, donde votaron 8 millones, y hace poco, en el simulacro del CNE, que desbordó escenarios y horarios (tal fue la cantidad de electores que asistieron) y en las concentraciones que ha reunido Maduro. En todos esos procesos, el abstencionismo ha recibido sensibles golpes.

Una pregunta que se ha venido formulando es cómo puede incidir la situación económica y los altos precios incontrolados, en la conducta electoral del venezolano. Es posible que genere confusión, dudas, incertidumbre en muchos de ellos, pero si están conscientes de la importancia de estas elecciones, de su trascendencia, de la necesidad de responder a la campaña interna e internacional contra Venezuela; si están igualmente conscientes de que esa situación económica es, en lo fundamental, producto de la implacable guerra económica, y, por supuesto, de fallas y omisiones en la acción gubernamental, llegarán a la conclusión de que su compromiso con este proceso, con los avances habidos y con el legado de Chávez, es el de salir a votar.
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Las elecciones ¿una panacea?

Maryclen Stelling|  Ante la inminencia de las elecciones, crece la tensión tanto por los resultados como por el rumbo que tomará el país.

La incertidumbre y la impotencia, en tanto estado subjetivo producto de la crisis multidimensional, rigen la cotidianidad sometida a un futuro incierto. La jornada diaria se inicia con falta de seguridad, confianza y certeza ante lo que sucederá, como planificar el día a día y, más aún, el futuro. Y, si creemos saber cómo actuar, no hay seguridad en cuanto a la efectividad del accionar dada la volatilidad y la imprevisión imperante. ¿Qué hacer ante la impotencia, falta de fuerza, poder o competencia?

En ese marco vamos a elecciones, con la expectativa de incidir en nuestro futuro, y la esperanza de que la pasividad y la indiferencia cedan ante la importancia histórica del evento electoral. Situación de mayor gravedad para la oposición dada la crisis y fraccionamiento interno, además de las contradicciones en cuanto a la participación electoral y las acusaciones sobre la legitimidad del propio proceso. Con el añadido del factor internacional -gobiernos extranjeros, organizaciones internacionales, foros regionales- denunciando la ilegitimidad del presidente Maduro y de las elecciones.

En un contexto de mercado político y desideologización de la campaña, se genera un clima de darwinismo electoral ante las propuestas de los candidatos y la percepción de los votantes, mas el añadido de las campañas político-comunicacionales que pretenden incidir en el voto ciudadano. La decisión va más allá de la percepción de la ciudadanía sobre la gestión de Gobierno y la narrativa en torno a la causalidad de la crisis.

Trasciende igualmente la capacidad de los candidatos opositores de generar confianza y credibilidad en las ofertas para gestionar la crisis en ausencia de proyecto de país. Imposible obviar como afecta el voto la posibilidad de un diálogo efectivo entre las fuerzas políticas, a pesar de la profundización de la crisis. Otro elemento a ser tomado en cuenta es el debate de las propuestas en contextos democráticos apropiados. Igualmente, la incidencia de los medios de información en el moldeamiento de la imagen de las alternativas políticas.

¿Cómo se vive la crisis, cómo se la percibe, a quien se culpa? ¿Cómo se la explica y se la justifica?

El carácter crítico de las elecciones presidenciales del 20-M se debate en una suerte de tensión o contradicción entre factores ideológicos, y factores de evaluación racional.


A votar

Pasqualina Curcio.- Sin disimulo alguno, nuevamente el gobierno de turno de los EEUU nos amenaza. Esta vez porque decidimos de manera soberana y en el marco de la Constitución, elegir democrática, participativa y protagónicamente al Presidente de la República.

Su objetivo: impedir la relegitimación de la institucionalidad democrática en Venezuela. De lo contrario, su discurso sobre el “régimen dictatorial” sería, a la luz del mundo, poco creíble, así como su excusa para la intervención militar.

Cada vez con mayor desesperación, y ante la incompetencia de los factores políticos de oposición de hacer el mandado de derrocar al gobierno, el imperialismo norteamericano ha asumido directa y visiblemente la tarea de aislar a Venezuela, derribar la actual democracia e instaurar un régimen dictatorial.

El mismísimo vicepresidente de los EEUU, Mike Pence se paseó, hace poco días, por la OEA donde se atrevió a decir, refiriéndose a nuestro país, que “los estados fallidos no tienen fronteras”, luego aseveró que Trump “hará lo que sea necesario”. Se refería a la intervención militar.

Se trata de un plan para impedir que los venezolanos acudamos, como siempre lo hemos hecho, a ejercer uno de los principales actos de soberanía y democracia: el voto. Este Plan, titulado “Golpe maestro para acabar con la ´dictadura´ de Venezuela” firmado por Kurt Tidd, jefe del Comando Sur, es de lectura obligatoria para todo venezolano (www.voltairenet.org/article201091.html)

Allí se lee, entre las acciones: “intensificar el derrocamiento definitivo del chavismo y la expulsión de su representante, socavar el apoyo popular…alentar la insatisfacción popular aumentando el proceso de desestabilización y el desabastecimiento.”

También se lee: “Incrementar la inestabilidad interna a niveles críticos, intensificando la descapitalización del país, la fuga de capital extranjero y el deterioro de la moneda nacional, mediante la aplicación de nuevas medidas inflacionarias que incrementen ese deterioro…obstruir todas las importaciones y al mismo tiempo desmotivar a los posibles inversores foráneos.”

Mientras tanto, en las calles palpita un pueblo paciente. El mismo pueblo que siendo víctima de las acciones planificadas del imperialismo y también consciente de los errores y omisiones del gobierno, acudirá masivamente a votar.

Sabe lo que está en riesgo en estos momentos. Irá a votar no solo para elegir al presidente, o para impedir entregar nuestra moneda y nuestras riquezas a quienes sin compasión nos han estado agrediendo. No solo irá por la esperanza de un modelo de justicia social.

Votará además para garantizar la paz en nuestro territorio, y sobre todo para enviar el claro y contundente mensaje al mundo de que Venezuela es una nación democrática y soberana.