Del Búfalo: Sobre el sujeto político civilizado

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Enzo del Bufalo|
Como ha habido cierta confusión acerca de que significan sujeto político civilizado y sujeto neoarcaico, me voy a atrever a navegar más en profundidad y extensión de lo que se estila en las redes sociales, consideradas por muchos, como el mar de la mediocridad. Me nueve a ello, la grata sorpresa de que, salvo los tres o cuatros bobos infaltables en todo quehacer humano, la gente entiende mucho más de lo que los intelectuales, siempre algo pedantes y engreídos, solemos suponer.

Sujeto político civilizado se refiere a movimientos políticos que encarnan en su práctica y en su manera de pensar el deseo de construir más y mejor ciudadanía, que es el aspecto jurídico-político de lo que, en términos de desarrollo subjetivo, significa hacer de cada persona un individuo cada vez más plenamente soberano en una sociedad cada vez más próxima al ideal de la Modernidad de personas libres e iguales. ¿Qué quiere decir esto en términos concretos?

Resultado de imagen para democraciaEn primer lugar, que no solo hay que respectar, sino ampliar y profundizar el orden institucional de la democracia para hacer del Estado (que es, y siempre será, un sistema despótico para producir excedente y apropiárselo en beneficio de aquellos que lo controlan) un instrumento cada vez menos despótico y menos explotador del trabajo social y menos acaparador del excedente económico, como lo es en todas partes. Y esto se ve mejor en casos extremos como en Venezuela, Cuba, Corea del norte.

En segundo lugar, establecer, cada vez con mayor fuerza, en principio y en la práctica, que cada persona es un individuo soberano, libre e igual a cualquier otra persona. Esto quiere decir combatir las relaciones de sumisión (imposición, discriminación, exclusión, etc.) entre las personas y establecer relaciones que respeten siempre el postulado de igualad social, que es mayor aporte histórico del intercambio mercantil. Estas, en resumida cuenta, son las dos piernas para caminar sobre la tendencia hacia la sociedad de personas libres e iguales, que es lo mismo que decir civilizada. Sujeto político civilizado es, pues, todo movimiento que encarna el deseo de caminar manteniéndose con esta tendencia.

Esta tendencia se inició con el liberalismo histórico mucho antes de que se llamara así, en el Renacimiento (aunque tiene su prehistoria en la Grecia clásica y en la Baja Edad Media), pero no es sino a partir de la Edad Moderna, que adquiere el carácter de sujeto político; de ese sujeto político que realizó las grandes Revoluciones liberales (La Revolución Gloria inglesa, la Revolución Americana y la Revolución Francesa), las cuales crearon la Forma del Estado liberal moderno. Pero muy pronto el liberalismo comprometió su caminar por la tendencia al dejarse mediatizar por el viejo despotismo. Se resbaló y se quebró la pierna izquierda, por así decirlo. Solo consiguió eliminar el déspota personal y crear el Estado con división de poderes, pero se olvidó de la pierna izquierda (la democracia social).

Así que de sus entrañas surgió el radicalismo democrático que quiso recuperar la pierna izquierda y efectivamente logró democratizar el Estado liberal inicialmente oligárquico (censitario), y pronto se convirtió en socialista, y como tal logró las conquistas de soberanía personal de las cuales hoy gozamos. Pero al igual que su padre, el socialismo se resbaló muy pronto y se quebró la pierna derecha y aceptó que el despotismo se reapropiara del Estado y lo convirtiera en un Leviatán totalitario que en los casos más extremos (Unión Soviética etc.) se convirtió en el nuevo amo de una sociedad de personas formalmente soberanas, pero en la práctica esclavas. Esto por su puesto se refiere a los casos más graves de ruptura de una y otra pierna.

En la mayoría de los casos de la historia del siglo XIX y sobre todo del XX, los sujetos políticos marcharon cojeando de las dos piernas, pero marcharon: la múltiple variedad partidista del conservadurismo liberal que preservó las instituciones jurídicas política y del socialismo reformista, (tanto la socialdemocracia, de derivación marxista como el populismo de matriz cristiana) consolidó la democracia social dentro de ciertos límites. Pero todos estos sujetos agotaron sus programas a finales de los setenta del siglo pasado: en parte porque lograron realizarlo y en parte porque sus propuestas se demostraron inviables. Fue lo que se llamó la caída de la Grandes Narraciones.

Resultado de imagen para conflictos socialesEl deseo de las personas de ser cada día más soberanas en lo formal como en lo material, quedó así huérfano de expresión ideológica y política idónea y esto agravó la tensión social a medida que la crisis económica daba por terminadas las décadas de crecimiento sostenido que siguieron a la segunda posguerra. Los conflictos sociales se intensificaron, pero ya no podían ser administrados por las elites con programas políticos satisfactorios como antes, y el nuevo poder despótico que empezaba a manifestarse de forma globalizada causaba nuevos malestares.

En este estancamiento conflictivo, emergieron entonces movimientos reactivos de desahogo de los deseos frustrados que, siendo incapaces de caminar, aunque fuese cojeando de una o de las dos piernas, por la senda de la tendencia moderna, en virtud de su insuficiente desarrollo emocional e intelectivo, necesario para realizar su deseo -carencia de subjetividad-, echaron manos a retazos de las viejas narraciones ideológicas, e incluso de las antiguas religiones, para crear una pseudo subjetividad social, que le permitiera expresarse y actuar.

Surgieron así los primeros movimiento neoarcaicos: neo porque expresión de un malestarResultado de imagen para neoliberalismo nuevo, causado por la Globalización, que englobó también los viejos malestares sociales, y arcaico porque se manifiesta con expresiones ideológicas y prácticas de otros tiempos manifiestamente inadecuadas para seguir andando en dirección de la tendencia a la civilización. El neoliberalismo y el fundamentalismo islámico fueron, históricamente, los primeros movimientos neoarcaicos, pero no hablaré de ellos. Para terminar, solo ilustraré con algunos ejemplos la diferencia entre los viejos programas, que cojeando, sin embargo, caminaron por un tiempo por la tendencia: liberalismo, socialismo, populismo etc. y los neoarcaismos actuales que los reemplazaron.

Los neoarcaismos europeos, mal llamados populismos soberanistas, ya sean de derecha o de izquierda, se enfrentan a la globalización en la forma de Unión Europea, a la cual acusan de ser culpable de la actual crisis. Y tienen razón porque la UE se ha vuelto un centro de poder despótico, con malas prácticas económicas y políticas en beneficio de los sectores financieros y de tres países.

Resultado de imagen para fundamentalismo islamicoEste es un malestar genuino que motiva este neoarcaísmo. Pero, en virtud de la carencia de una subjetividad adecuada a las circunstancias, cree que el regreso a la plena soberanía de su respectivo Estado nacional, o aun peor, de su provincia, es la solución, lo cual es falso, porque solo sería sustituir un despotismo más complejo y potador malgre soi de ciertos pasos en pro de la tendencia, por viejos despotismos nacionales que segmentan, discriminan, excluyen a muchas personas, y, por lo tanto, van en contra de la tendencia.

El neoarcaísmo de Trump. America first: es una reacción frente a la Globalización, que si bien aquí también le da legítimos motivos de malestar para grandes sectores de los estadounidenses, sin embargo, lo hace resaltando propuestas y prácticas de exclusión, discriminación, etc. que van en contra de la ampliación de la soberanía individual de todas las personas. Por ejemplo, la idea de Trump de regresar al ius sanguinis para excluir a los inmigrantes es una típica propuesta neoarcaica.

El ius sanguinis deriva de reglas propias de las sociedades antiguas de parentesco y en Europa rige todavía como una herencia feudal que ni el liberalismo ni el socialismo pudieron superar. El ius terris, en cambio fue parte del programa liberal para convertir a los súbditos de los reyes absolutistas en ciudadanos del nuevo Estado nación liberal. Lo que se exige hoy para caminar de acuerdo con la tendencia a la civilización es lo que plantean los inmigrantes, que son un fenómeno positivo, muy positivo (a pesar del sufrimiento personal que implica) para la creación de la sociedad universal de personas libres e iguales, es decir, la instauración del ius culturae: toda persona que se haya criado en un determinado país habiendo absorbido la cultura de ese país es originario de ese país. Resultado de imagen para trump neoarcaico

Por eso Trump, si no fuese ese abominable demagogo neoarcaico que es, debería darle la ciudadanía única y sin condicionamiento a los dreamers, que son culturalmente tan estadounidenses como los demás. En el caso de Salvini y Di Maio en Italia, y también en otras partes de Europa, la cosa es aún peor, pues se oponen a darle la ciudadanía incluso a los nacidos en el territorio del Estado, a menos que demuestren, llegados a la mayoría de edad, que la «merecen». ¿Por qué razón un hijo de nigerianos tiene que demostrar que «merece» y un hijo de napolitanos no tiene que demostrar nada, si ambos participan de la misma «italianidad» cultural?

La respuesta a esta pregunta es horriblemente arcaica y es mejor callar. Espero que esto sea suficiente para ilustrar que es el neoarcaísmo. Al lector dejo el ejercicio fácil de individuar las aberraciones del más abominable y más «contra tendencia» de los neoarcaismos actuales.

* Economista. Doctor en Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela. Magister en Filosofía de la Universidad Simón Bolívar. Magister Scientiarum en Planificación del Desarrollo, 1975.