¿Cómo Estados Unidos ha alcanzado el millón de muertos por COVID-19?

218

Xinhua | 

El 17 de mayo, según los últimos datos de la Universidad Johns Hopkins, Estados Unidos superó el millón de muertes relacionadas con la COVID-19.

Siendo uno de los países con mejores condiciones médicas del mundo, Estados Unidos es el primero en registrar más de un millón de decesos por coronavirus.

El rango etario muestra que el número de fallecidos se incrementa conforme aumenta la edad, así que murieron más de 740.000 personas mayores de 65 años, de acuerdo con las cifras de los Centros para la Prevención y Control de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Un reporte publicado como preimpresión en el repositorio MedRxiv demuestra que la esperanza de vida promedio en Estados Unidos ha disminuido al pasar de 78,86 años en 2019 a 76,6 años en 2021.

Desde una perspectiva racial, la proporción de minorías étnicas que han muerto a causa de la pandemia es significativamente mayor que la de población blanca.

Los hispanos, afrodescendientes y asiáticos representan solo el 38,4 por ciento de la población estadounidense, pero ocupan el 52,8 por ciento de todas las muertes, sugieren los datos ofrecidos por los CDC del país, ajustado por edad.

 

Detrás del número de muertos está la destrucción de muchas familias. Hasta el 12 de mayo, 214.400 niños perdieron sus protectores por el coronavirus y han pasado a ser “huérfanos de la pandemia”, según estimaciones del Imperial College London, en Reino Unido.

Este problema es aún más grave para las minorías étnicas, según un estudio liderado por Charles Nelson, profesor de la Universidad de Harvard.

El reporte también citado por los CDC señala que los niños de indios americanos y nativos de Alaska perdieron a sus protectores a una tasa aproximadamente 4,5 veces mayor que la de los niños blancos, mientras que los niños afrodescendientes tienen 2,4 veces de probabilidades de perderlos, y los niños hispanos, 1,8 veces.

Los más de un millón de decesos demuestran su estrategia débil contra la pandemia.

A principios de 2020, el Gobierno de EE. UU. calificó a la COVID-19 como una “gran gripe” y adoptó un enfoque inactivo para responder.

Once de los 50 estados del país nunca han requerido que las personas usen máscaras, y estados como Iowa, Texas y Arkansas han tenido leyes o medidas ejecutivas que prohíben el uso obligatorio de mascarillas.

Los datos de la Fundación de la Familia Kaiser muestran que desde junio de 2021 hasta marzo de 2022, al menos 234.000 pacientes han muerto debido a la vacunación incompleta.

En la actualidad, la situación epidemiológica en Estados Unidos muestra una tendencia de rebote.

Según datos del periódico The New York Times, el promedio diario de casos confirmados aumentó un 61 por ciento en comparación con hace dos semanas, y el promedio diario de casos hospitalizados y de unidades de cuidados intensivos aumentó un 24 por ciento y un 15 por ciento, respectivamente.

Debido al debilitamiento de efecto de las vacunas con el tiempo, la temprana flexibilización de las medidas antiepidémicas y la nueva variante del virus, The Washington Post pronosticó recientemente una nueva ronda de brotes para el otoño.

Si EE. UU. continúa descuidando la prevención y desestimando la vida, surgirán más familias rotas y huérfanos a causa de la pandemia.