Comisarios políticos

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MARYCLEN STELLING | El triunfo de Chávez en las presidenciales, el llamado a la autocrítica, crítica y eficiencia mas la invitación “a todo el país” al debate del Plan Socialista, marcan indudablemente una nueva etapa política en la adecuación al Socialismo S XXI.

Question

Dentro de este espíritu, una sociedad nuevamente en ebullición, movilizada y activada políticamente ha comenzado a articular sus necesidades a través de diferentes vías, que trascienden la electoral. Es así como nos han llegado, desde el profundo compromiso con “el proceso”, denuncias desesperadas, acertados análisis y todo tipo de soluciones provenientes de este pueblo empático, capaz de participar afectivamente en la realidad que afecta a sus compatriotas.

A partir de estos insumos hemos ido dibujando una figura que se instaura perversamente en la administración pública, percibida y categorizada como el comisario político. Personajes insertados en los cuadros ministeriales no tanto por razones profesionales sino básicamente por su condición de activistas políticos. Sujetos supuestamente encargados de supervisar y controlar la fidelidad a los principios revolucionarios y que además parecerían tener la obligación de ocuparse de todo y enterarse de todo. Guardianes político-ideológicos incrustados a lo largo y ancho de los diferentes niveles administrativos y que fungen de ojos y oídos de instancias superiores, en una suerte de cadena jerárquica vertical de vigilantes “dispuestos a trabajar para que nadie se aparte de la senda correcta.” Funcionarios que deambulan cerca de las instancias de poder haciendo gala –chapeo- de su relación directa con la cima jerárquica. Parecería que parte de su trabajo es mirar, oír y transmitir información hacia arriba, generando incomodidad, sospecha y temor en el empleado común. Se trata de personalidades autoritarias que expresan una preocupación excesiva por el poder fundamentada en los prejuicios de superioridad/inferioridad. En la creencia de que ciertas personas son superiores y deben guiar a los otros, se abocan a mantener una vigilancia constante de la moral y la lealtad.

Se genera un cuerpo extraño dentro de las instituciones con fines de control político-social, suerte de poderosa organización informal que violenta cualquier estructura jerárquica y cuyo objetivo, fundamentalmente de carácter político, está por encima de cualquier fin institucional.

¿Ud los reconoce?

Gritos desesperados

En escritos anteriores evidenciamos los obstáculos burocráticos que enfrenta este proceso y denunciamos el desempeño de funcionarios públicos, diferenciados entre revolucionarios y oficialistas. Abordamos luego los rasgos de la cultura burocrática que encuentra en la mediocridad “oficialista” sus mejores ejecutantes y en los comisarios políticos, los encargados de velar por la lealtad al “régimen”.

Usualmente la crítica se percibe como un acto de traición que demanda estigmatización y exclusión. Felizmente, en este su tercer período, el Presidente ha legitimado la crítica y la autocrítica en tanto principalísimas fuerzas motoras del proceso, que convocan la participación activa de la ciudadanía en la profundización y dirección de esta transición.

Hasta tanto la autocrítica y la eficiencia no se consoliden, seguirán surgiendo “gritos desesperados”, gritos del silencio producto de la “sordera burocrática”, de una gestión y un seguimiento deficiente y de la obstrucción de los canales de participación. No basta la cacareada madurez política alcanzada por la ciudadanía que se expresa en sus intentos de participación, reprimidos, maniatados y aplastados por un techo burocrático.

De allí la práctica desesperada de entregar papelitos directamente al Presidente de la República. Agotada esta vía se instauran otras, suerte de caminos verdes, que se cree conducen directamente a las instancias decisorias, en tanto llamadas de auxilio a comunicadores, articulistas, figuras públicas, etc.

Es así como llegan denuncias de Consejos Comunales sobre corrupción con el angustiante título: “Necesitamos su ayuda, lee todos los oficios y diligencias y remitentes a quienes hemos ido y no recibimos respuesta… Por favor te pedimos… reenviar este correo a los siguiente Camaradas…o cualquier otro… realmente revolucionario y comprometido con las comunas… Le agradecemos que nos ayuden en cumplir el mandato del comandante Chávez con la eficiencia de las Instituciones del Estado.”

O el llamado desesperado a “la reflexión y a la denuncia” que hacen 600 taxistas “que le préstamos servicios a Pdvsa en el Zulia, quienes se interrogan “¿Qué clase de socialismo es este?” que ni la más cruel de las compañías capitalistas se atrevería a arrodillar por hambre a quienes diariamente movilizan su personal…Compañero tu que me lees si tienes como hacer está denuncia ayúdanos. Esperando quizás la llamada milagrosa (justicia) de Chávez”.

Perversiones burocráticas

Imposible obviar la movilización ciudadana que crece, se organiza y, represada en sus justas demandas, procura visibilidad, expresión y participación a través de todos los medios a su alcance. Tal angustia y presión confirma nuestra sospecha de que “el proceso”, a pesar del triunfo electoral del 7/0, se encuentra en un peligroso momento, en el cual “prohibido errar” parecería ser la consigna.

Una ciudadanía víctima de la ineficiencia y paradójicamente comprometida con el proyecto socialista, se activa ante la crítica y la irreverencia para denunciar la burocratización, las mafias enquistadas y la corrupción administrativa. Delatando una burocracia disfuncional e ineficiente, que se solaza en el exceso de formalismo y papeleo y se regodea en la superconformidad con rutinas y procedimientos. Exige la burocracia devoción estricta a las normas y procedimientos, que adquieren carácter absoluto y sagrado para el funcionario, orientado básicamente al interior de la organización y al superior jerárquico que evalúa su desempeño. Denuncias que colocan en evidencia virtuosos burocráticos contrarios a los cambios y organizaciones divorciadas de sus fines y, más aun, de su compromiso político con la transición al Socialismo Siglo XXI.

Lectores muy críticos nos hacen notar la necesidad de “luchar sin descanso contra la burocratización de la revolución y nos recuerdan aquella máxima del Che: “con corrupción no hay revolución.” Otros afirman contundentemente “no son los proyectos, es la burocracia”

Las voces silenciadas, despreciadas, desilusionadas y sin embargo guerreras continúan en pié de lucha y demandan ser oídas, reclaman participación en la solución de los problemas y en la construcción del país imaginado por su líder y presidente Chávez. Son voces que no se limitan a la simple denuncia, a la crítica política o que perversamente apuestan al fracaso, por el contrario plantean soluciones que emanan desde su propia vivencia, necesidades e intereses. Voces que “ponen el corazón en lo que hacen” y citan al presidente cuando denuncian a funcionarios que “por falta de voluntad” no responden ni buscan respuestas para el poder popular.

Hemos conocido denuncias de corrupción y mafias enquistadas desde contextos universitarios hasta alcaldías. Llamados de atención sobre el problema del tránsito y la calidad de vida y la salud. “El clamor de toda una comunidad” y la paciencia infinita durante dos años en espera de una respuesta de las instituciones competentes.

Se me olvidó que te olvidé, como dice la canción.