Argentina vive momentos de decisión

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Jorge Elbaum

Las situaciones de crisis son los momentos en que las contradicciones se hacen evidentes. Todo lo que aparecía como confuso semanas atrás, empezó a estar más claro. Las intenciones de la alianza neocolonial –coordinada entre Washington y los neoliberales cambiemitas (de Cambiemos)– quedó expresada con una nitidez despiadada.

Estados Unidos presiona para que el gobiernode Alberto Fernández  lleve a cabo un ajuste fiscal en connivencia con la horda corporativa doméstica, conformada, entre otros, por la mesa de enlace de los agronegocios, las trasnacionales oligopólicas (que imponen sus inflacionadas lista de precios después de haber destrozado a sus competencias), las usinas de la propaganda comunicacional y las asociaciones de banqueros y financistas.

El Fondo Monetario Internacional entregó al gobierno del neoloiberal Mauricio Macri el mayor crédito de la historia para que Mauricio Macri gane las elecciones. Fracasó en su cometido. Lo que fue dádiva para los cambiemitas se reconvirtió en chantaje para le gobierno que asumió en 2019.

Lo que era simpatía y dadiva en 2018 se transformó en exigencia e imposición en 2020.
Dos talantes. Uno para beneficiar a sus representantes locales y contribuir a sus negocios funcionales con las guaridas fiscales. Otro para castigar a sus rivales estratégicos en la región.

En 2018 los funcionarios del FMI no les interesó saber cómo podría Argentina devolver el crédito. No les preocupó. Hoy buscan someter al actual gobierno a un acuerdo leonino para que el oficialismo sea castigado en 2023. Existe una coherencia absoluta entre otorgar el préstamo en 2018 y exigir el ajuste en la actualidad.

El interés de presionar tiene componentes económicos –para darle continuidad al modelo neoliberal– y geopolíticos, para socavar la integración progresista regional.

El Departamento de Estado observa con gran preocupación los últimos resultados electorales en América Latina y el Caribe. Primero fue Bolivia. Después Perú y Honduras. Por último, Chile. La agenda venidera anuncia malas noticias para el Comando Sur: en Colombia y en Brasil la derecha avizora sendas derrotas.

En ese marco, irrumpe la extorsión fondomonetarista. Buscan condicionar a la Argentina con un programa económico ortodoxo. Suponen que su aplicación atará de pies y manos al proyecto nacional y popular y podrá, de esa manera, deglutirlo con mayor facilidad.

Su aceptación les permitiría imponer condicionamientos acordes a sus intereses, incluyendo: la paralización del crecimiento económico evidenciado durante el 2021; la promoción del desgaste del Frente de Todos y/o su potencial implosión producto de las diferencias en torno del acuerdo; la disminución de la inversión estatal en infraestructura y la asistencia social a los grupos más desfavorecidos; la hostilidad del electorado respecto del gobierno de lxs Fernández en torno a las elecciones de 2023; la garantía de la recuperación de sus divisas –capital e intereses leoninos–, tanto para los acreedores privados como para las arcas del FMI; Frente a tamaño estrago estructural se avizoran tres escenarios:

-Aceptar las cláusulas del FMI y avenirse a un probable estallido social similar al del 2001.

-Rechazar de plano las exigencias, y aventurarse a una experiencia de default inédito con final imprevisible. El rol de las centrales sindicales, de los movimiento sociales y de los referentes políticos se consolidarían como centrales para afrontar la ofensiva global que implicaría rechazar de plano todo acuerdo. Esa atmósfera sería análoga a una gesta independista, atizada por una oposición interna –aliada a los centros del poder global– en permanente búsqueda de que todo estalle en mil pedazos.

-Negarse a aceptar los condicionamientos, e ir sufragando lo adeudado en directa relación con la capacidad real de ahorro de divisas. Este escenario también supone una tensión permanente –dada la negativa explícita a aceptar el programa fondomonetarista– pero su trayecto aparece como menos dañino que la primera situación. El rol cambiemita será igual que en la posibilidad anterior.

Los patriotas argentinos se enfrentaron a un imperio en el Siglo XIX. No es verdad que esa condición patriótica se encuentre extinguida. Todavía corre entusiasmo latinoamericano en el territorio donde batallaron Mariano Moreno, José de San Martin, Manuel Belgrano, María Remedios del Valle, Manuel Dorrego y Juan Azurduy, entre muchos otrxs.

Creer que las gestas son solo para héroes lejanos e inalcanzables es la forma más natural para resignarse a ser súbditos. Manuel Rodríguez fue uno de los oficiales chilenos que combatió bajo las órdenes de San Martín, cumpliendo tareas similares a las ejecutadas por Juan Martín de Güemes en lo que es el actual norte argentino. Una de sus frases más recordadas es: “Aún tenemos Patria, ciudadanos”.

*Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).