Argentina entra a la Ruta de la Seda y consigue financiamiento chino

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Rubén Armendáriz | 

El presidente de Argentina, Alberto Fernández, firmó acuerdos en Beijing para la incorporación de su país a la iniciativa china del Cinturón y Ruta de la Seda, la cual involucra financiamientos de la nación asiática por 23 mil 700 millones de dólares y es vista con cierto recelo por países más ricos, como Estados Unidos.

La iniciativa Nueva ruta de la seda, es un ambicioso proyecto de comercio, transporte, comunicaciones e infraestructura que China ha venido desarrollando en colaboración con otros países desde 2013, y que se ha expandido desde Asia central y el Pacífico sur a otros continentes, hasta sumar 140 naciones.

Argentina se adhiere así al grupo de países latinoamericanos que o sin convenios formales, como Brasil, Chile, Perú, Bolivia y Venezuela, hoy tienen a China como primer socio comercial. El canciller Santiago Cafiero afirmó que la incorporación del país a la Ruta de la Seda se trata de “una decisión estratégica” y “un nuevo hito en la relación bilateral” con China.

Los acuerdos a los que se llegó están relacionados al desarrollo verde, economía digital, desarrollo espacial, tecnología e innovación, educación y cooperación universitaria, agricultura, ciencias de la tierra, medios públicos de comunicación y energía nuclear.

En el marco de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, Fernández también consiguió que el presidente chino Xi Jinping señale que China está dispuesta a estudiar proyectos de canalización de Derechos Especiales de Giro del FMI. Destacó que “la decisión de China de incentivar un mayor uso de las monedas nacionales en el comercio y las inversiones y de apoyar el reclamo argentino de la revisión de la política de sobrecargos del FMI son avances cruciales”.

De acuerdo con un comunicado de la presidencia, Argentina recibirá financiamiento en dos tramos, uno inicial de 14 mil millones de dólares divididos en diez proyectos de infraestructura – infraestructura entre los que estará una cuarta Central Nuclear, líneas de transmisión, gasoductos, represas y ferrocarriles,- y otros nueve mil 700 adicionales.

Los mandatarios destacaron la renovación del Acuerdo de SWAP en 2020 y China expresó su respaldo a Argentina en sus esfuerzos para preservar la estabilidad económica y financiera y se comprometió a incentivar un mayor uso de las monedas nacionales en el comercio y las inversiones y facilitar a las empresas de ambos países la rebaja de los costos y la reducción del riesgo de cambio, según el comunicado oficial argentino.

El documento señala que se promoverá la inversión extranjera de China en la Argentina en sectores estratégicos como energía y electromovilidad y las exportaciones del país sudamericano. Se trabajará para ampliar la participación de los proveedores argentinos en las obras de infraestructura y se acelerarán las negociaciones sanitarias, fitosanitarias y las habilitaciones para estimular las exportaciones argentinas a China, añade.

Además ambos países firmaron acuerdos para potenciar áreas de tecnología e innovación como el desarrollo verde, la economía digital, el ámbito espacial y educación y agricultura; así como energía nuclear, una línea de inversión que ha levantado polémica en el país.

China es el primer socio comercial extra-Mercosur del país, el segundo destino para las exportaciones agroindustriales y su primer inversor en energías renovables. A su vez, financia diversos proyectos de infraestructura, energía y transporte, a lo que se suma la colaboración entre ambos países en materia de agricultura, educación, cultura y deportes.

De esa forma, el gigante asiático consolida su ya vasta presencia en América Latina, región de la que es el segundo socio comercial después de Estados Unidos y uno de los principales acreedores.

El acelerado incremento de la cooperación entre China y Latinoamérica representa un desafío para Washington, en la medida en que durante casi dos siglos el poderío estadounidense ha ejercido en esta región una influencia política, económica y estratégica indisputada, y que sus estrategas la han considerado desde siempre como su patio trasero.

Cabe recordar que el neocolonialismo de Washington no sólo se tradujo en permanentes intervenciones y conformación de gobiernos sumisos sino también en una inmensa depredación económica y humana en los ámbitos extractivo, agrícola e industrial. El surgimiento en la región de gobiernos que reivindicaron la soberanía señaló el declive de la hegemonía estadounidense en América Latina.

Junto a ellos, en la segunda mitad del siglo pasado la competencia europea y, en tiempos más recientes, el desinterés de la administración del gobierno de Donald Trump en los países de la región coadyuvaron al declive. Mientras Washington intentaba revivir su aislacionismo histórico en los tiempos anteriores a la Segunda Guerra Mundial, Xi Jinping realizaba constantes giras por Sudamérica y cosechaba acuerdos de libre comercio con las naciones del área.

Con estos acuerdos logrados con Argentina, la presencia china en Latinoamérica es un hecho consumado. Pero, a diferencia de estadounidenses y europeos, Beijing ha dejado al margen las cuestiones políticas y las ideologías y se ha centrado en el desarrollo de vínculos económicos. Cabe esperar que ello no ahonde las tensiones entre Estados Unidos y China y que quienes paguen las mismas sean nuestras naciones.

* Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)