Argentina, el modelo que viene

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JUAN GUAHÁN|Los nueve años de vigencia del actual “modelo” ya dieron sus mejores frutos. La crisis mundial y cierto agotamiento interno están motivando diversos cambios. Ahora el gobierno debate acerca de los mecanismos más eficaces para mantener consumo y producción, sin afectar la balanza de pagos. Question Latinoamérica

En medio de la tormenta mediática desatada contra el vicepresidente Amado Boudou, es posible entrever que en la misma semana se culminó el diseño de una política de Estado para las Malvinas y se produjo el fallecimiento del secretario de Derechos Humanos, Eduardo Duhalde. El futuro dirá si una cosa es más importante que las otras, mientras se esboza el nuevo modelo de país que quiere presentar la presidenta  Cristina Fernández de Kirchner.

YPF, un modelo para armar

Mientras los recordatorios a los 30 años de nuestra recuperación de Malvinas -sobre lo que reflexionaremos cuando pase la euforia de estos días- ocupaban el centro del escenario político otros problemas más actuales conmueven al gobierno. Uno de ellos es YPF. En el futuro de YPF vamos a encontrar varias de las claves sobre las nuevas características del “Modelo” al que ajustará su proceder el gobierno.

Allí se tendrá que verificar el nuevo rumbo para volver al autoabastecimiento de hidrocarburos, cuya ausencia está drenando las arcas del Estado. Habrá que ver si se continúa con el principio del “Estado no empresario” y se tendrán que resolver la cuestión de las inversiones para asegurar energía y parar ese “barril sin fondo” de las divisas que se van. El gobierno tiene por delante la necesidad de arreglar esas cuestiones sin olvidarse que está en un mundo cada vez más interrelacionado donde una medida en un lado tiene repercusiones en otros diversos y distintos.

La experiencia de YPF dejó en claro que la política de “argentinización”, seguida en éste y otros casos, tiene serios límites. La idea de construir una fuerte “burguesía nacional” beneficiando a un grupo de empresarios que tienen documentos de identidad argentinos no está concluyendo de la mejor manera.  Las causas son múltiples y en otro momento habrá que analizarlas. Ahora hay que ver cuál es el camino que elige el gobierno para resolver este desaguisado de la liquidación de YPF, iniciado por Carlos Menem y reformulado por Néstor Kirchner en 2007.

Por ahora, hay una cuestión clara: YPF no puede seguir así. Por una serie de razones, entre ellas las personales ocupan un lugar privilegiado, se acabó el idilio con la familia Eskenazzi. Los costos del mismo han sido altísimos, por ser el principal productor es también el mayor responsable de la baja de exploración y producción petrolífera, lo que obligó a masivas compras en el exterior.

Ahora el gobierno tiene por delante tres alterativas. Dejar las cosas como están cambiando de operador; hacerse cargo de YPF estatizándola o tomar un camino intermedio, compartir YPF –mediante una estatización parcial- con algunos socios, nacionales o extranjeros.

Las actuales medidas, quita de concesiones de explotación a YPF por parte de varias provincias, sirven a las tres alternativas porque al reducir drásticamente el valor de las acciones de YPF (desde enero perdieron casi la mitad de su cotización) baja el costo del futuro traspaso a otras manos. Para cualquier rumbo futuro el problema actual ya no es la familia Eskenazzi, sino el gobierno y reino de España, directamente vinculados con quienes detentan la mayoría accionaria de REPSOL-YPF.

Estatizar YPF implicaría un cambio sustancial en la política en el sentido, manifestado reiteradamente por la Presidenta, que el Estado no asuma responsabilidades empresarias. De darse este supuesto habría un amplio apoyo popular, aunque –según voceros oficiales- no sería fácil resolver el costo de la indemnización por la estatización y las inversiones necesarias. Además crecería la tensión con España, el resto de Europa y los Estados Unidos.

En el supuesto de optar por la alternativa de mantener YPF en el ámbito privado habría una desilusión en gran parte de la ciudadanía que ve en esta crisis la posibilidad de avanzar en la soberanía energética. Para este supuesto no son pocas las empresas que se anotan entre ellas se destacan los Bulgheroni, socios de la inglesa British Petroleum en la Pan American Energy (PAE) que tuvieron ganancias –el año pasado- de más de  3,2 mil millones de dólares (según Balance presentado en la Bolsa de Valores). Esa empresa tiene concesiones para explotar Cerro Dragón (23% de todas nuestras reservas) hasta el año 2047 en las provincias de Santa Cruz y Chubut.

En este caso también existiría el límite de la Ley 26.659 (aun no reglamentada) que no permite hacer negocios con empresas que tienen intereses en la explotación petrolífera de la Plataforma Continental Argentina (que incluye Malvinas) o asociadas a las mismas. Esta disposición no se cumple a pesar de todas las declaraciones y juramentos escuchados en estos días. Tampoco hay que descartar la participación de capitales chinos (CNOOC) o de Eduardo Eurnekrian y convendría apostar algunas fichas a Cristóbal López, empresario del juego, recientemente incorporado al equipo de los petroleros.

Por último la medida más probable sería el punto intermedio de una estatización parcial, en ese caso habrá que ver los porcentajes con los que contará el Estado y quién se hará cargo de la gestión empresarial. Este plan se complementaría con la participación de empresas petroleras de las provincias.

En todos estos menesteres, que apuntan a distintas formas de estatización,  está trabajando –a las órdenes de Julio De Vido- Roberto Dromi, conocido administrativista. Es el mismo que condujo al equipo que diseñó el plan de privatización que efectivizara Carlos Menem. Otro proyecto está preparando el “economista estrella” de estas horas, el joven Axel Kicillof.

Mantener el nivel de producción y consumo

Ya se sabe que se terminaron los tiempos de las “vacas gordas”, el “viento de cola”, la “Caja” rebosante de fondos y un consumo que crecía, al igual que el PBI, a “tasas chinas”. El gobierno no quiere ni oír la palabra “ajuste”, sabe que aceptarlo sería el fin del “modelo”. Para evitarlo tiene que sostener producción y consumo (bases indispensable para mantener las “simpatías populares”), pero… sin afectar la balanza de pagos. Se sabe que en estas épocas no se puede hablar de “sudor y lágrimas”. El espíritu consumista lo puede todo, cualquier tipo de explicación que se le oponga mejor no intentarla.

Es por eso que el gobierno no puede menos que preocuparse del Informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), una entidad muy cercana al gobierno, que registró una caída del 2% en las ventas realizadas por el comercio minorista durante el mes de marzo. Hace pocos días el INDEC había verificado una tendencia parecida en el tema electrodomésticos.

El gobierno necesita mantener el actual nivel de consumo y producción. Para ello debe aumentar las inversiones que incrementen la oferta de bienes y eviten que la temida e indomable inflación se coma al “modelo”. Para que todo esto funcione se debe profundizar y acelerar la sustitución de importaciones. Los dos grandes artilleros para llevar adelante estas medidas son Kicillof y Guillermo Moreno. El primero, entre otras cosas, presiona a los empresarios para que sus ganancias por encima del 6% sean reinvertidas, en actividades que defina el Estado. El segundo poniendo restricciones a las importaciones. Las decisiones de estos dos funcionarios, comienzan a dar sus frutos en el orden interno. Simultáneamente causan escozor en los empresarios locales y quejas de otros países. La denuncia de 40 países -ante la Organización Mundial del Comercio (OMC)- contra la Argentina, por las restricciones a las importaciones es una prueba de esa tendencia.

De todas maneras la incesante suba del precio de la soja y la posibilidad de aplicar la ley que le permite al gobierno disponer de los fondos del Banco Central tranquiliza al gobierno.