Argentina: Democracia, ¡cuántas cosas se dicen en tu nombre!

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Juan Guahán-Question Latinoamérica

Más allá de los resultados, este cargado año electoral argentino tuvo en la norteña provincia de Tucumán el domingo pasado un serio “derrape”. El mayor daño no lo padeció uno u otro candidato, partido o frente, sino el conjunto del sistema institucional, que ya tiene varios cuestionamientos.

 El domingo pasado se votó en Tucumán. Se elegían todas las autoridades provinciales y municipales. Era un paso más en la larga y compleja, demasiado larga y compleja, lista de jornadas electorales que jalona al presente año.

Tucumán es, en importancia electoral, el sexto distrito del país. Allí están en condiciones de votar 1.166.604 ciudadanos, el 3,64% del padrón nacional.

El pasado 9 de agosto, en las recientes PASO. El pueblo de Tucumán se había expresado mayoritariamente a favor de Daniel Scioli (en la foto, arriba, festejando con el gobernador Alperovich y su electo sucesor, Manzur). El Frente para la Victoria (FpV) recogió el 57% de los sufragios emitidos. Las principales fuerzas de la oposiar tucumanazoción estaban muy lejos. El Cambiemos de Macri reunió el 20% y el UNA que encabeza Sergio Massa, el 16%. Sumados los votos de ambas fuerzas quedaban a 21 puntos del FpV. Con esas cifras, el triunfo del candidato a gobernador del oficialismo, Juan Manzur, parecía asegurado. Ahora las fuerzas opositoras de Macri y Massa confluían en un solo candidato, el radical José Cano.

El día de la elección la jornada no empezó bien. Ya hubo problemas en un pequeño pueblo del interior que imposibilitó la constitución de algunas urnas. Durante el día los problemas no fueron menores. Denuncias sobre entrega de “bolsones” acompañados del voto, a metros de sitios de votación. Aprietes a fiscales, falta de boletas, etc, etc. A la hora del cierre del comicio más aprietes, fiscales marginados del control, urnas quemadas, enfrentamientos con la gendarmería, con destrozos en lugares de votación y el inicio de un caos generalizado, particularmente en pueblos del interior y entre los propios caudillitos del oficialismo. Es bueno recordar que en estas elecciones había 25 mil candidatos, de más de 500 partidos para cubrir 345 cargos y que, en muchos lugares, 1 de cada 4 votantes era candidato.e

A medida que avanzaba la noche, crecía el desconcierto y la confusión. Scioli y Macri estaban en Tucumán y esperaban resultados. Las cifras, hacia las 10 de la noche, escrutado el 2%, le daban el triunfo al oficialismo con más del 70% de los votos. Macri le exigió a Scioli que asegure la tranquilidad, seguridad y trasparencia del proceso electoral. Éste le retrucó con el pedido que reconozca el triunfo de Manzur. A las 2 de la mañana del lunes, escrutado el 80%, los resultados eran del 54% para el oficialismo y el 40 para la oposición. A esa hora, con esos 14 puntos de diferencia, se suspendió el recuento provisorio. La oposición rechazaba esos resultados y vacilaba entre pedir la reapertura de urnas o una nueva elección para la categoría de gobernador.

Allí empezó otra historia. Denuncias de todo tipo. La oposición señalando al fraude como la causa de los problemas. El oficialismo rechazando tal imputación y considerando que, el no reconocimiento del triunfo, era un golpe a la democracia.

Esta escalada de conflictos, sumó en la noche del lunes, un nuevo escalón. Varios miles de personas, convocadas a través de redes sociales, acudieron a la Plaza Independencia de Tucumán, frente a la Casa de Gobierno. Ante la presión de los manifestantes sobre las verjas y la puerta de la sede gubernamental se desató la represión. No fueron pocos los que, al igual que la mayor parte de los canales televisivos, “no vieron nada”. El Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, al que nadie puede acusar de “dormido”, sostuvo que estaba en los brazos de morfeo. Lo cierto es que se pudo ver a varios heridos por múltiples balas de goma, a la caballería atacando a los ciudadanos, a varios policías de civil agrediendo a manifestantes.

Vimos una movilización y represión inédita para reclamos electorales. Luego se sucedieron las denuncias, las movilizaciones y los pertinentes retruques oficiales en el marco ya señalado. Las movilizaciones con destino a la Casa de Gobierno continuaron durante la semana, mientras la Junta Electoral abría urnas de la Capital provincial, donde ganó la oposición y –obviamente- en ese limitado escrutinio final está ganando la oposición. No hace falta ser mal pensado para imaginar que tales urnas se eligieron para “bajar” la tensión.

El oficialismo logró que la responsabilidad por la represión, a la que también condenó, recayera en el Jefe de Policía. La Presidenta acusó a la oposición de no reconocer el triunfo del oficialismo pero prefirió esquivar la reunión con el actual gobernador y tampoco recibió al que habría sido electo.

La oposición, en este caso Macri, Massa y Margarita Stolbizer, se pudo mostrar junta y constituye –para el caso de un eventual ballotage- un nuevo motivo de preocupación para Scioli.

Estos incidentes de Tucar oposicion-tucumanumán pasarán y seguiremos metidos en esta carrera electoral, pero quedan varias preguntas: ¿Porqué ahora y allí?, ¿qué efectos dejará Tucumán?

¿Porqué Tucumán, ahora?

Es sabido que las provincias del Norte (NOA y NEA) son las más pobres del país. No es ninguna novedad que es allí, junto con el Gran Buenos Aires, donde el oficialismo hace la diferencia que le permite mantener su hegemonía política. Tampoco es desconocido que en esas provincias la dependencia de los planes sociales y el empleo público son más importantes que en el resto. Todo ello arma un “combo” que hace muy difícil que la oposición, asentada en sectores medios, pueda arraigarse con fuerza.

En ese marco las tradicionales “mañas” electorales, en manos del oficialismo -ahora ampliadas a su propia interna-, se hacen más significativas. Con ese antecedente y con vistas a la próxima elección presidencial la oposición procura achicar diferencias y evitar que el oficialismo penetre en los sectores medios que suele representar, la denuncia sobre los procesos electorales es una forma de hacerlo.

Este escenario general estalló en Tucumán por otro par de cuestiones específicas. Un deterioro del gobierno provincial, envuelto en escándalos judiciales que vincula a “hijos del poder” con la muerte de una joven, un nepotismo que abarca al Ejecutivo y a la Justicia y ciertas actitudes ostentosas del gobernador y su esposa que agravian a la cultura y dificultades lugareñas. Todo ello unido a una crisis económica que afecta seriamente a productores cañeros y citrícolas. Recordemos que hasta 48 horas antes de la elección, hubo –por ese motivo- cortes de rutas y la ocupación de la misma Plaza donde fueron las movilizaciones.

Todo ello hizo posible los estallidos vividos esta semana. Puede ser que Clarín y TN estén interesados en provocarlos, pero si no existe el caldo de cultivo que lo haga factible no hay conspiración que lo logre.

Los efectos de la crisis tucumana

El nivel de movilización que acompañó a las denuncias sobre fraude en Tucumán no tiene antecedentes cercanos en nuestro país. Ello afectará aún más en la credibilidad de las instituciones y debilitará a la democracia que estamos transitando. Hasta ahora había algunas preguntas que se hacían sobre los límites de esta democracia limitada al voto cada tanto, que es la característica de la democracia representativa. Pero a esa limitación ahora se le agrega el hecho que sus propias reglas de juego son cuestionadas y le quitan legitimidad.

Hoy no se discute sobre los límites de la democracia representativa, sino sobre algo mucho más elemental: Si podemos creer en sus resultados. Todo nuestro sistema descansa sobre este concepto de democracia. Cuando su propia credibilidad es puesta en duda por metodologías engorrosas y sujetas a cambios permanentes para favorecer a tal cual candidato y sus sistemas de control se diluyen pasa algo muy concreto: ¡Estamos en problemas!