Cuba: Por la historia de mañana

(Xinhua/Joaquín Hernández)
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Lil María Pichs Hernández –  Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad

Es fácil pensar en la épica del pasado: está en los libros, en documentales, en fotos en blanco y negro; está en los testimonios sorprendentes del vecino, del abuelo de un amigo; está en anécdotas llenas de nostalgia, de orgullo, de sentido de pertenencia, de buen humor.

Los yanquis le llaman “Bay of pigs” (Bahía de Cochinos), nosotros le llamamos «Playa Girón» y con solo dos palabras algo se activa en nuestros cerebros. No hay que decir más. Automáticamente vienen a la mente: la foto de Fidel saltando del tanque, las imágenes de los puestos de mando, los videos de pésima resolución de la playa, de la línea interminable de mercenarios que se han rendido, y caminan con las manos en la cabeza.

Y nos vienen a la mente también los eslóganes y los titulares de entonces: «Es declarado el carácter socialista de la Revolución en discurso de la despedida de las víctimas de los bombardeos del 16 de abril», «El liderazgo indiscutible del Comandante en Jefe aseguró la victoria», «Se expulsó al enemigo en menos de 72 horas», «Primera derrota del Imperialismo en América», «La victoria del pueblo».

Y nos llega algún recuerdo de la canción de Sarita [Sara González]: «Cuando cambia el rojo color del cielo / por el blanco color de palomas / se oyen las campanas de los hombres / que levantan sus sonrisas de las lomas. (…) Canto y llanto de la tierra, / canto y llanto de la gloria, / y entre canto y llanto de la guerra, / nuestra primera victoria».

La épica del presente es otro tema. Es difícil levantar la vista, aunque sea solo por un instante, y mirar hacia atrás, a los pasos que acabamos de dar, y percatarnos de que ya nuestras huellas son parte de la historia de nuestro barrio, de nuestro país, de nuestro continente, de nuestra humanidad.

(Xinhua/Joaquín Hernández)

¿Qué fotos sobrevivirán para contar este preciso momento, este abril, por ejemplo, a 65 años de aquel de Playa Girón? Dentro de 65 años, ¿qué se contará de este abril de 2026? ¿Las fotos que se encuentren serán generadas por IA? ¿Serán memes? ¿Serán muy pocas? ¿Serán demasiadas? ¿Qué titulares, qué eslóganes? ¿Qué canciones desenterrarán y usarán en sus remixes los nuevos trovadores, los nuevos rockeros, los nuevos reparteros?

El año 1961 fue el «Año de la Educación». Entonces, contra viento, marea y metralla se desarrolló la campaña de alfabetización y Cuba se convirtió en el primer país de América libre de analfabetismo.

El año 2026 es el «Año del Centenario del Natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro». Comenzó con un careo con la mismísima Historia. Ella se levantó el 3 de enero y nos dijo: «El Imperialismo sigue aquí, 32 de los suyos le han encarado y ahora los tengo en mis páginas. ¿Y ustedes qué?».

En 2021 finalmente vio la luz el quinto tomo de la colección «Nueva Historia Universal», entrañable proyecto de la Editorial Imagen Contemporánea, su director, el Dr. Eduardo Torres Cuevas y un extraordinario equipo multidisciplinario. La propia existencia de un quinto tomo parecía una osadía tremenda, y más en el ámbito de los historiadores: el tomo se llamaba «El mundo en los siglos XX y XXI. 1946-2012» y buscaba retratar el mundo hasta fecha tan cercana como el año 2012.

Fue muy extraño, lo confieso, ver fotos de Barack Obama, de edificios contemporáneos, de nuevas tecnologías, etc., en las páginas de una colección que comenzaba con la siempre repetida historia de la Era de Piedra, y la de Bronce, las civilizaciones fluviales… temas tan lejanos en el tiempo para cualquiera de nosotros, habitantes del siglo XXI.

Hoy vuelvo a pensar en ese libro. En cómo será el tomo seis de esa colección. En cómo se contaría la épica de la historia de Cuba, por ejemplo, en la década de 2020-2030. ¿Alguien duda que habrá épica que contar?

Los arqueólogos, simbolistas, historiadores, geógrafos, economistas y politólogos del futuro sufrirán de migrañas crónicas intentando entender la épica de este país, de este archipiélago caribeño que crece sin oxígeno, que camina sin petróleo, que hace la guerra a fuerza de voluntad, a fuerza, a veces, de más nostalgia que de visión de futuro, pero que solo sabe moverse hacia adelante.

(Xinhua/Joaquín Hernández)

Late en el país de Playa Girón un deseo creciente de volver a la épica del 61, pero la épica del siglo XXI es la que nos toca hacer ahora, en un mundo que no es, ni de lejos, un lugar más equilibrado o reposado: el año del centenario de Fidel es también el año de inicio de la III Guerra Mundial.

Intrigas palaciegas, escándalos de la más descarada y obscena corrupción, y presiones de los poderes ocultos y «todo pudientes» vuelven a empujar al inquilino de la Casa Blanca a una guerra sin sentido, proporcionalmente destructiva con la magnitud del escandaloso caos que tiene en casa. El imperialismo estadounidense vuelve a ver el mundo como su patio de recreo, su campo de tiro, su pista de aterrizaje. Personajes grises y hambrones pululan y halan los hilos de las más folclóricas marionetas republicanas: lanzan a masacrar a miles de jóvenes que no se conocen por la avaricia y el narcisismo de los magnates que sí se conocen y nunca se masacran.

Cuba es de jóvenes. Su historia entera, de los primeros pobladores a acá, no es más que un pestañazo en la historia del universo. Su Revolución es novísima, muchos de sus hacedores aún caminan entre nosotros, protagonistas siempre de un episodio glorioso que solo tiene poco más de medio siglo. Qué historia tan corta, comparada con la de más de 500 años que le tomó al capitalismo mutar hasta ser lo que es hoy: una máquina imperialista que depende del negocio de la guerra, de la muerte, del miedo y del odio.

Cuba es de jóvenes. Su épica en estos días extraordinarios es la de relevo, resistencia, creatividad, esperanza, solidaridad, crítica constructiva, sacrificio, compromiso, enfrentamiento a lo mal hecho, escarmiento a los malhechores y, sobre todo: sentido del momento histórico, del país y del mundo.

Por Venezuela, por Palestina, por Irán, por todos los pueblos a los que la historia llama a tener su Girón, nosotros no podemos más que levantar la cabeza un momento y reflexionar sobre qué estamos haciendo y qué más necesitamos hacer: para que las páginas que escribimos en este instante sean dignas de nuestro extraordinario y épico pasado, para que sean dignas de ser recordadas en las clases de Historia de mañana, y más: para que haya libros, clases e Historia mañana.

En la guerra que hoy engulle el mundo se juega la propia existencia de la humanidad: contra las tecnologías que desdibujan la mismísima idea de lo que significa ser humano, de lo que es la verdad, de lo que es la capacidad de pensar por nosotros mismos; contra el paradigma del «todo vale», incluso el uso de armas atómicas de destrucción masiva; contra el egoísmo, en resumidas cuentas, en que vive el ser humano que es esclavo del mercado y sus fetiches.

¿Qué será más épico que el heroísmo cotidiano de los que luchan por amar y construir en un mundo así? ¿Qué será más épico que la generosidad de los que se quitan lo que tienen por aliviar al pueblo hermano? ¿Qué será más épico que el arrojo de los valientes que sí están en la batalla de fusiles contra drones, y que podrán siempre más que los drones, porque las ideas que defienden no se matan?Abril 2026, mes de primavera, renacimiento y memoria. Un día como hoy, los revolucionarios del mundo se reconocieron, obraron y durmieron, poco, pero felices de estar vivos en esta coyuntura de la Historia de la humanidad donde hay tanto por hacer, y tantas nubes altas que alcanzar.

(Artículo exclusivo para La Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales En Defensa de la Humanidad de Lil María Pichs Hernández / subdirectora de coordinación de la Oficina del Programa Martiano – OPM)