75 plantas solares chinas en Cuba aceleran la transición energética
Pablo Rodríguez
En los últimos doce meses, China ha construido alrededor de 75 parques solares en Cuba, de un total de entre 90 y 92 previstos en los acuerdos bilaterales vigentes hasta 2028. Estas instalaciones han añadido más de 1.000 megavatios de capacidad fotovoltaica al sistema eléctrico cubano, llevando la participación de la energía solar de cerca del 5,8% al entorno del 20% de la generación.
El despliegue de las 75 plantas solares chinas en Cuba se inserta en un plan general que contempla la construcción de 92 parques fotovoltaicos para 2028, con una potencia total cercana a 2.000 megavatios. Esa cifra equivale, de forma aproximada, a la capacidad de generación fósil actual de la isla, lo que daría a La Habana un margen inédito para reducir su dependencia del fuel oil y el crudo importado.

Este giro responde a una crisis energética agravada por el desplome de las importaciones de petróleo —algunas fuentes hablan de caídas cercanas al 90%— y por apagones de hasta 20 horas en ciertas regiones. El gobierno cubano ve en la asociación con China una vía para esquivar parcialmente los efectos del bloqueo estadounidense sobre el suministro de combustibles y ganar así capacidad de maniobra geopolítica.
Alcance económico y técnico de las nuevas plantas
Estimaciones periodísticas sitúan el costo promedio de cada parque solar en unos 16 millones de dólares, lo que implica que la construcción de los 75 ya operativos supone una inversión superior a 1.200 millones de dólares. Se trata de financiamiento dominantemente chino, que combina créditos, provisión de equipos y, en algunos casos, donaciones de componentes para reforzar la red eléctrica.
Con los 2.000 megavatios solares previstos, Cuba podría dejar de importar millones de toneladas de combustible al año que hoy se destinan a generación eléctrica, aliviando la presión sobre sus reservas de divisas. Algunas fuentes calculan que cada megavatio de capacidad solar instalada evita la compra de unas 18.000 toneladas de combustible, lo que dimensiona el impacto potencial del proyecto cuando alcance su fase final.

Sin embargo, expertos advierten que, aunque la generación fotovoltaica alivia la carga durante las horas de sol, la persistencia de fallas en plantas térmicas, limitaciones de almacenamiento y debilidades de la red impiden que el problema de los apagones desaparezca por completo. El proyecto chino marca un salto cualitativo hacia una matriz más limpia y diversificada, pero su efecto pleno dependerá de inversiones adicionales en infraestructura, respaldo fósil más eficiente y gestión de la demanda.
Dimensión geopolítica del acuerdo energético
En clave geopolítica, las 75 plantas solares chinas en Cuba consolidan a la isla como un nodo visible de la proyección energética de Pekín en el Caribe, a pocos kilómetros del territorio estadounidense. Para China, el proyecto refuerza su imagen como socio estratégico de países sometidos a sanciones y amplía su huella tecnológica en un sector —el fotovoltaico— donde ya actúa como líder global.
Para La Habana, el acuerdo no solo representa un alivio energético, sino también una carta de negociación en el tablero internacional, al demostrar que puede atraer grandes inversiones incluso bajo embargo. La velocidad con que se han levantado las 75 plantas se utiliza en el discurso oficial y en medios afines como prueba de que la alianza con China ofrece una salida estructural a la crisis de apagones y a la vulnerabilidad frente al petróleo importado.