Carta desde Cuba

(Xinhua/Joaquín Hernández)
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Jorge Elbaum

A quien corresponda. Ese podría ser un buen encabezado para divulgar una misiva aposte restante. Un mensaje dirigido a quienes desconocen, son indiferentes o simplemente se niegan a denunciar los crímenes persistentes, casi obsesivos, ejecutadospor el país que insiste en presentarse ante el concierto de las naciones como un baluarte de la democracia y el paradigma de la libertad. La carta, inicialmente, debiera contar con un prólogo histórico. Se iniciaría con un memorándum secreto, redactado el 6 de abril de 1960 por el entonces subsecretario para Asuntos Interamericanos, Lester Mallory. En ese documento se hacía referencia a la enorme popularidad de la Revolución y a que el único medio para derrotarla consiste “en sembrar el desencanto y el desaliento, a través de la imposición de dificultades económicas (…) provocando el hambre y la desesperación”.

Pocos meses después, en octubre de 1960, la administración de Dwight Eisenhowerinició la aplicación de la doctrina Mallory, que, recrudecida, dura hasta el presente: limitó el comercio con Cuba en castigo por la aplicación de la Reforma Agraria decidida en mayo de ese mismo año por el gobierno revolucionario cubano. El acceso de los campesinos a la tierra y la seguridad alimentaria nunca fue visto con buenos ojos por los devotos de la propiedad privada. Seis meses después, el 17 de abril de 1961, la denominada Brigada 2506 –integrada por dos mil uniformados, cubanos y estadounidenses pertenecientes a la Guardia Nacional de Alabama– desembarcaba en Playa Girón y en Bahía de los Cochinos, con el aval explícito de John Fitzgerald Kennedy. Tres días después, los milicianos revolucionarios derrotaban la invasión, instituyendo la única derrota militar de Estados Unidos en América Latina y el Caribe. La escena de Fidel Castro saltando desde un tanque soviético T-34 en Playa Girón, liderando la defensa de su Patria, permanece grabada en la conciencia histórica de su pueblo.

Ese desastre bélico, planificado por el Pentágono y la CIA, avergonzó a los Estados Unidos. Los funcionarios de ambas dependencias gubernamentales le habían garantizado a Kennedy que tendrían un éxito concluyente. Desde aquel episodio,Washington busca sobreponerse a esa frustración a través de múltiples medidas represivas, coercitivas, violentas e ilegales, impulsando las recomendaciones de Mallory. En 1961, Kennedy recuperó una norma de 1917, la Ley de Comercio con el Enemigo, para restringir los vínculos comerciales, turísticos y financieros con La Habana. En 1977 se promulgó la Ley de Poderes Económicos de EmergenciaInternacional (IEEPA), que autoriza a un presidente a designar a un país como “amenaza inusual y extraordinaria”, aplicando dicha caracterización a Cuba. En 1982 se la incluye en la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo (SSOT, por sus siglas en inglés), durante el mismo periodo en que Washington comercia con el narcoterrorismo –a espaldas del Capitolio– para venderle armas a la República Islámica de Irán, entonces en guerra contra Irak, y derivar recursos obtenidos hacia “la contra” nicaragüense. Dicho acontecimiento fue conocido como Irangate y su consecuencia doméstica fue la epidemia de crack en Estados Unidos, durante las décadas del 80 y el 90, que se cobró la vida de 50 mil personas por sobredosis. Para Washington, los terroristas siempre son los otros.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.(Xinhua/Joaquín Hernández)

En 1992 se amplió el bloqueo mediante la aplicación de la denominada Ley de Democracia Cubana, conocida como Ley Torricelli, destinada a profundizar el ahogo. Dichas restricciones impedían que los cruceros amarraran en puertos cubanos, limitando el acceso a las divisas turísticas imprescindibles para su economía. Los barcos quellevaban pasajeros a puertos cubanos eran penados con la prohibición del ingreso en Estados Unidos o en terceros países manipulados por Washington. En 1996 volvió a aplicarse un nuevo torniquete, a través de la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana, publicitada como Ley Helms-Burton. Con esta medida se restringía aún más elintercambio financiero, obligando al gobierno cubano a pagar las importacionesúnicamente con divisas en efectivo.

El 29 de enero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva que declara una “emergencia nacional” ante la supuesta “amenaza inusual y extraordinaria” que expresa Cuba para la seguridad de su país y para la región. El texto acusa al Gobierno cubano de alinearse con “numerosos países hostiles”, de acoger a “grupos terroristas transnacionales” y permitir el despliegue en la isla de “sofisticadas capacidades militares y de inteligencia” de Rusia y China. Amparada en esa resolución presidencial, la Casa Blanca se arroga la potestad –contra el derecho internacional– de controlar el comercio energético, violar el derecho marítimo de los buques hidrocarburíferos, militarizar las líneas de suministro e imponer aranceles a los países que vendan petróleo a la nación antillana. La perversa combinación de estas medidas generó una grave crisis humanitaria que se profundiza con los apagones de la red eléctrica, la escasez de alimentos, la insuficiencia de medicinas —que los laboratorios se niegan a vender ante los chantajes explícitos del Departamento de Comercio— y el consecuente deterioro de los servicios públicos básicos. En 2018, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL) cuantificó el costo total de las diferentes medidas que estrangulan la economía cubana: el bloqueo ha generado un costo de 130 mil millonesde dólares, hasta esa fecha.

Mientras continúa con su acoso a la isla antillana, Trump busca, en forma desesperada,recuperar la iniciativa geopolítica para contar con alguna victoria resonante antes de las elecciones de medio término en noviembre próximo. En sus quince meses de gobierno, Trump pretendió imponer chantajes comerciales a decenas de países, mediante políticas arancelarias erráticas. Buscó generar un cambio de régimen en Venezuela, sin lograrlo, y violó todas las normas del Derecho Internacional al secuestrar a un presidente en ejercicio, Nicolás Maduro, y a la asambleísta Cilia Flores. En esa ocasión, 32 militares cubanos entregaron su vida para defender el compromiso latinoamericano, asumidodesde 1959.

El actual empantanamiento geopolítico en el Golfo Pérsico, el fracaso de la tentativa por disciplinar a la República Popular China y la creciente desaprobación de la imagen pública de Trump, habilitan al avieso jefe del Departamento de Estado, Marco Rubio, a intentar la recuperación de algún nivel de trascendencia. Su lugar aparece como opacado por el vicepresidente James Vance y los enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner, encargados de las negociaciones internacionales relevantes. El próximo 13 de agosto se cumplirán 100 años del nacimiento del comandante Fidel Castro. En la conciencia del pueblo cubano –incluso a oscuras por el asedio energético–, vuelve a recuperarse la imagen de Fidel saltando desde el T-34. Sucede que sus discípulos nunca aprendieron a conjugar la palabra “rendición”. Por eso no figura en esta carta.