“La relación entre Irán y los Estados árabes podría volverse más pragmática”

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Néstor Restivo – Tektónicos

Peiman Salehi es un escritor y analista político iraní enfocado, sobre todo, en la política exterior de su país. Sus trabajos han sido publicados, entre otros medios, en South China Morning Post, Responsible Statecraft, New Internationalist, Middle East Monitor y Informed Comment. En este diálogo con Tektónikos, dificultado por las interrupciones frecuentes de las telecomunicaciones en un país violentamente agredido por Estados Unidos e Israel, se refiere a la guerra, el marco regional y global y las capacidades y el futuro posible iraníes.

­—Irán está bajo asedio frente a una fuerza militar que lo supera, como la de Estados Unidos e Israel. ¿Cómo resistirá?

—Irán no puede competir con Estados Unidos e Israel mediante una simetría militar convencional. Su estrategia siempre se ha basado en la asimetría. Y lo sabe. Esto incluye capacidades de misiles, geografía regional, resistencia y la capacidad de imponer costos económicos y políticos a largo plazo. La geografía es un factor importante. Veamos el caso del Estrecho de Ormuz, que ha sido efectivamente interrumpido, pero en el cual incluso un corte limitado pudo afectar a los mercados globales. Los precios del petróleo y de la energía reaccionaron inmediatamente. Esto demuestra que las rutas energéticas en sí mismas forman parte de la capacidad estratégica de presión de Irán.

—¿Y en lo militar?

—El gobierno también ha invertido fuertemente en tecnología de misiles durante las últimas décadas. Estos sistemas son centrales en su doctrina de disuasión. La estrategia de Irán no es derrotar a ejércitos más grandes en un sentido convencional, sino hacer que el costo de la guerra sea extremadamente alto con el paso del tiempo. Otro elemento para la resistencia es el control de la información alrededor del campo de batalla. Hemos visto estrictas restricciones a las transmisiones en vivo desde lugares como Tel Aviv y Haifa. Si, como afirman algunos informes, los misiles iraníes no están alcanzando estas ciudades, surge la pregunta de por qué se restringe el material en tiempo real. Estas brechas generan incertidumbre sobre la realidad completa del conflicto.

(Xinhua)

—El horror de los ataques fue más evidente en la masacre en una escuela de niñas en el sur de Irán, que la narrativa occidental naturaliza, como en otros sucesos en Gaza, y sigue hablando de supuestas democracias contra “regímenes”, o de libertad contra terrorismo. ¿Cómo impacta un hecho así en una sociedad?

—Ese ataque contra la escuela de niñas en Minab tuvo un impacto emocional muy profundo en mi sociedad. La guerra fue inicialmente presentada por Estados Unidos e Israel como una operación relacionada con la libertad del pueblo iraní, es parte de la narrativa que mencionas en la pregunta. Sin embargo, cuando uno de los primeros incidentes importantes implicó que una escuela fuera alcanzada y tantos niños murieran, muchos iraníes comenzaron a cuestionar ese relato. Y varios medios internacionales, incluidos The New York Times, The Guardian, o declaraciones vinculadas al Pentágono, reconocieron que el ataque fue llevado a cabo por Estados Unidos. Esto creó una poderosa contradicción en la percepción pública de la guerra. Además, los medios occidentales habían pasado meses sugiriendo que el líder de Irán se escondía en un búnker. Tampoco fue así. Cuando fue asesinado junto con varios miembros de su familia (incluida la esposa y una nieta de 14 meses de edad del ayatola Jamenei), muchas personas en Irán quedaron conmocionadas. Desde esa noche, personas se han reunido en las calles de varias ciudades para llorar su muerte. Estas concentraciones públicas han generado cierto grado de cohesión social incluso entre personas que normalmente discrepan con el gobierno en muchos temas.

—¿Cuáles son las fortalezas y debilidades del gobierno y la sociedad iraní en este momento?

­—Una de las fortalezas más importantes de Irán en momentos como este es la propia sociedad. La identidad iraní está moldeada tanto por la memoria histórica como por la tradición religiosa. Por ejemplo, en la cultura shiíta, la historia del Imán Hussein juega un papel central. El Imán Hussein, el tercer imán shiíta, se enfrentó con setenta y dos compañeros al califa gobernante y fue asesinado junto con miembros de su familia. Durante más de catorce siglos la gente en Irán ha conmemorado este acontecimiento. La narrativa de enfrentarse a la injusticia incluso a costa de la propia vida, del martirio, sigue profundamente arraigada en la memoria cultural. Y este marco histórico y religioso a menudo genera solidaridad cuando el país se percibe bajo ataque extranjero. Muchos iraníes creen que los desacuerdos internos deben resolverse dentro del país, pero que la nación debe permanecer unida cuando enfrenta agresión externa.

­—¿Y qué debilidades señalarías?

—Claro, las hay y son debilidades reales. La economía iraní, por ejemplo. Ha estado bajo una presión muy importante. En enero de 2026, algunas decisiones económicas que tomó el gobierno —incluida la eliminación de subsidios y el aumento del tipo de cambio, que generó una fuerte devaluación del rial— desencadenaron disturbios internos. Muchas personas ya estaban frustradas por las dificultades económicas antes de que comenzara la guerra.

—Esas masivas protestas, reprimidas con una enorme cantidad de muertos, y la relación entre la sociedad y el gobierno, ¿cómo fue evolucionando ahora en el marco de la guerra?

­—Ese vínculo siempre ha sido complejo, la relación entre la sociedad civil y el gobierno en Irán. Las protestas que mencionas estuvieron en gran medida relacionadas con las presiones económicas que te contaba, la inflación, la fuerte depreciación de nuestra moneda. Sin embargo, la guerra cambió la atmósfera política. Cuando un país percibe que está bajo ataque extranjero, muchas personas separan sus críticas al gobierno de su percepción de la soberanía nacional. Muchos iraníes pueden seguir en desacuerdo con las políticas del Estado, pero rechazan la idea de que potencias externas intervengan militarmente en los asuntos internos del país. En definitiva, volviendo a tu pregunta anterior, diría que la fortaleza de Irán es la resiliencia social y la identidad histórica, mientras que su debilidad sigue siendo la fragilidad económica y la insatisfacción política entre sectores de la población.

­—Peiman, hay poderes occidentales que sueñan con un retorno al escenario previo a 1979, con el deseo de la familia del Sha de volver al mando…

—En mi opinión, esto es extremadamente improbable. La sociedad iraní actual es muy diferente de la que existía antes de 1979, cuando ocurrió la Revolución Islámica. La estructura política, la composición social y las expectativas públicas cambiaron drásticamente. Otro factor importante es la intervención extranjera. Cuando figuras de la oposición parecen estrechamente alineadas con potencias foráneas, que ahora además están atacando militarmente al país, esto suele dañar su legitimidad dentro de Irán. Fíjate que cuando, recientemente, el presidente estadounidense Donald Trump sugirió que Irán debería consultarle respecto a la selección de un futuro líder, desde Teherán le respondieron de inmediato rechazando esta idea y preguntando qué autoridad tendría Estados Unidos para hacer tal exigencia. Por otro lado, Reza Pahlavi (hijo del Sha depuesto en 1979, residente en EE.UU.) fue muy repudiado dentro de Irán por sus reacciones durante la guerra. Por ejemplo, expresó simpatía por la muerte de tres soldados norteamericanos, pero no respondió públicamente al asesinato de esas más de 160 estudiantes niñas en el ataque a la escuela de Minab. Para muchos iraníes, esto fue visto como algo profundamente inquietante.

(Xinhua/Shadati)

—¿Hay algún sector importante en Irán que vería bien el regreso de la familia real o que la respalda?

—No, contrariamente a cierta narrativa o a la impresión que a veces se crea en las redes sociales, la familia Pahlavi no tiene una base política fuerte dentro de Irán. Muchas personas ven a Reza Pahlavi como alguien que carece de coherencia política y consistencia ideológica. Te doy otro ejemplo: habla de democracia y secularismo, pero recientemente dio una entrevista a un medio wahabí llamado Kaleme que ha sido asociado con narrativas extremistas. Tales contradicciones debilitan su credibilidad ante muchos iraníes.

—¿Cómo imaginas el futuro de tu país?

—Mucho dependerá del resultado de esta guerra, ¿no? Por primera vez, Irán ha atacado directamente bases militares asociadas con Estados Unidos en varios países de la región, incluidos Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Al mismo tiempo, Estados Unidos parece haber concentrado gran parte de su esfuerzo defensivo en proteger a Israel. Esta dinámica podría generar nuevas dudas entre los estados árabes del Golfo sobre la fiabilidad de las garantías de seguridad estadounidenses. Y otro factor importante es el Estrecho de Ormuz, como te dije. Irán ha advertido durante mucho tiempo que podría interrumpir este punto estratégico, y la situación actual ha demostrado el impacto global que tal interrupción puede tener.

Si Irán sobrevive a esta guerra sin un colapso político, probablemente se presentará como un Estado que demostró resiliencia social, resistió a dos grandes coaliciones militares en los conflictos de junio de 2025 y marzo de 2026, y utilizó su posición geopolítica para influir en los mercados energéticos globales. En ese caso, el equilibrio de poder regional posterior a la guerra podría cambiar. La influencia estadounidense en la región podría enfrentar mayor escepticismo, mientras que podría abrirse espacio para otros actores como China, Rusia e incluso el propio Irán.

—Pero recién mencionabas la relación con países del Golfo, con los que siempre ha habido rivalidad, y ello también podría alterar el cuadro regional según cómo se defina esta guerra. ¿Cómo quedaría la relación de Irán con esos otros países musulmanes?

—Lo que ha sostenido el gobierno de Irán es que, en su defensa, atacó bases militares estadounidenses en la región porque esas bases se utilizan para ataques contra el territorio iraní. Funcionarios iraníes han afirmado repetidamente que su conflicto es con la infraestructura militar extranjera, no con los Estados vecinos. Los gobiernos regionales siguen siendo cautelosos. Algunos informes no oficiales sugieren que países como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos han emitido advertencias a Irán. Al mismo tiempo, Irán ha señalado que no busca una confrontación directa con estos Estados. Yo creo que, en el mundo actual, las relaciones geopolíticas suelen estar impulsadas menos por la solidaridad religiosa y más por intereses estratégicos. Después de la guerra, la relación entre Irán y los Estados árabes podría volverse más pragmática. Y algunos analistas creen que los Estados de la región podrían evitar cada vez más una confrontación directa con Irán mientras, al mismo tiempo, buscan una estrategia de equilibrio entre las grandes potencias.

—Irán forma parte de grupos como BRICS+ y la Organización de Cooperación de Shanghái. ¿Qué esperas de estos grupos?

—Creo que el gobierno no espera que estas organizaciones intervengan militarmente en su favor. Lo que Teherán espera, sí, es respaldo diplomático, legitimidad política en las instituciones internacionales y canales económicos alternativos que reduzcan el impacto de las sanciones occidentales. En particular, Irán espera que los miembros de BRICS apoyen mecanismos que permitan el comercio, las transacciones financieras y la cooperación energética fuera de los sistemas tradicionales dominados por Occidente. Estas plataformas podrían proporcionar a Irán cierto margen económico mientras el país sigue bajo presión de las sanciones impuestas por Occidente.