El punto débil del golfo Pérsico está en el agua y la CIA lo teme por 40 años

La amenaza que más preocupa

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 Damien Gayle-Eldiario.es

Los recientes ataques a desalinizadoras de varios países han provocado el temor a una escalada que deje a Oriente Medio sin agua potable: Irán está en una situación crítica por sequía y en Arabia Saudí, Omán o Kuwait más del 70% del consumo procede de estas plantas

Guerra en el Golfo Pérsico pone en jaque el suministro agua
Planta desalinizadora

12 de marzo de 2026. En 1983, la CIA concluyó que el bien más preciado del Golfo era el agua potable desalinizada. Aunque la pérdida de una sola planta desalinizadora se podría encajar, señalaba un informe del espionaje estadounidense, “[si se diesen] ataques efectivos contra varias plantas se podría generar una crisis nacional en los países más dependientes, que provocarían disturbios y huidas masivas del país”.

Por eso, cuatro décadas después, el mundo contuvo la respiración al escuchar las declaraciones del sábado del ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi. Acusó a Estados Unidos de cometer “un crimen flagrante y desesperado” al atacar la planta desalinizadora de la isla iraní de Qeshm (en el estrecho de Ormuz). “Ha sido Estados Unidos quien ha sentado este precedente, no Irán”, añadió.

A partir de ese momento, justo cuando las ciudades e industrias de la región parecían a punto de desmoronarse en una espiral de ataques mutuos contra infraestructuras hidráulicas clave, cesaron los ataques contra las plantas desalinizadoras. ¿Qué pasó?

Más petróleo, menos agua

El agua potable siempre ha sido un bien escaso en el Golfo. Las precipitaciones en Oriente Medio son escasas y muy variables, y en casi ninguno de los países hay ríos grandes y permanentes capaces de satisfacer las necesidades hídricas.

La región se las había arreglado históricamente con sus limitados recursos hídricos subterráneos. Pero a partir de la década de los 50, y a medida que crecía la industria petrolera, la demanda pronto superó a la oferta. Con los acuíferos deteriorados, para satisfacer las necesidades hídricas de los países en rápido desarrollo de la región hubo que recurrir a la desalinización, es decir, transformar el agua de mar en potable.

La guerra del agua en el golfo Pérsico
Planta desaladora de Ras Al Khaimah, en Emiratos Árabes Unidos

El 70% del agua potable de Arabia Saudí procede de plantas desalinizadoras, según los últimos datos. Este porcentaje asciende al 86% en el caso de Omán; al 42% en Emiratos Árabes Unidos; y al 90% en Kuwait. Incluso Israel, que tiene acceso al río Jordán, depende de cinco grandes plantas desalinizadoras en la costa para la mitad de su agua potable.

Oriente Medio representa en conjunto el 40% de la producción mundial de agua desalinizada, aproximadamente. La capacidad total de desalinización en la zona es de 28,96 millones de metros cúbicos de agua diarios.

“Las ciudades modernas de varios países del golfo Pérsico simplemente no funcionarían sin la desalinización”, dice Nima Shokri, director del Instituto de Geohidroinformática de la Universidad Tecnológica de Hamburgo. Igual que en 1983, los analistas de 2026 señalan que Irán podría usar este crucial talón de Aquiles de la infraestructura contra sus vecinos árabes.

“Atacar las plantas desalinizadoras podría provocar rápidamente escasez de agua en varios estados del golfo Pérsico”, advierte Shokri. “Muchas ciudades dependen de un número reducido de grandes plantas costeras, por lo que un ataque eficaz podría interrumpir el suministro de agua potable en cuestión de días”, detalla.

Desalinizadoras: suministro de agua en el Golfo
Desalinizador en Omán: suministro de agua en el Golf

“Estas plantas no pueden sustituirse ni repararse fácilmente, a diferencia de las instalaciones petroleras; en casos extremos, los gobiernos podrían verse obligados a racionar el agua para ciudades enteras”, añade.

Los daños a las plantas desalinizadoras también tendrían consecuencias medioambientales. Los ataques podrían liberar sustancias químicas como hipoclorito de sodio, cloruro férrico y ácido sulfúrico, según el Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente.

Pero desde la agresión con drones a Baréin el domingo no ha habido más ataques contra desalinizadoras. Según Shokri, podría deberse a una “estrategia de moderación”. “Las plantas desalinizadoras son infraestructuras civiles clave y atacarlas tiene graves consecuencias humanitarias”, explica. “Una escalada de ataques contra los sistemas de abastecimiento de agua podría ampliar el conflicto y suscitar la condena internacional”, añade.

Los problemas hídricos de Irán

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El agua de Irán, en crisis por la sequía y mala gestión

Aunque no depende tanto de la desalinización, Irán también tiene sus problemas con el agua. Lleva años luchando contra una sequía que, según coinciden los expertos, se ha visto considerablemente agravada por la catástrofe climática que está provocando el ser humano.

“Irán ya se enfrenta a una grave escasez de agua debido a la sequía, a la sobreexplotación del agua subterránea y a la disminución en el caudal de los ríos”, dice Shokri. Los ataques de represalia contra su propia infraestructura hídrica podrían agravar esas dificultades. “Los daños a embalses, a estaciones de bombeo o a plantas de tratamiento de aguas podrían agravar la escasez existente”.

La amenaza que más preocupa: el punto débil del golfo Pérsico está en el agua y la CIA lo teme desde hace 40 años

El informe de 1983 de la CIA recogía una promesa de Teherán a sus vecinos árabes: no iría contra sus plantas desalinizadoras. No está claro si la promesa sigue en pie cuatro décadas después.

Después de que el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, amenazara el martes con proceder al “día de ataques más intensos” de la guerra, Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, afirmó que la política de Irán en esta guerra es la de “ojo por ojo”. “Si inician una guerra contra nuestras infraestructuras, sin duda atacaremos las suyas”, avisó.