Venezuela: ¿rendición o pausa estratégica?

Giros en el Palacio Miraflores tras el ataque de EE.UU. y el rapto del presidente Maduro.

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Emiliano Guido – Tektónikos

Con la mesura de una funambulista, buscando un equilibrio perfecto, la presidenta interina venezolana Delcy Rodríguez engrana en cada una de sus últimas declaraciones oficiales concepciones políticas a priori antagónicas como el recordatorio del reciente ataque militar recibido por parte de los Estados Unidos junto con la intención de suscribir “una asociación estratégica” a largo plazo con Washington en la economía petrolera. De esa manera, el Palacio Miraflores elabora una especie de patchwork narrativo difícil de comprender a simple vista.

Es evidente que el oficialismo vinotinto se halla condicionado por la superpotencia mundial, porque el gobierno de Donald Trump ha demostrado tener la voluntad y la capacidad operativa de descabezar el vértice gubernamental del chavismo y cercar militarmente las rutas marítimas del crudo bolivariano. A su vez, el gobierno venezolano, al igual que su par cubano, hermanados por un vínculo ideológico de hierro, carecen del apoyo o la mediación de una plataforma institucional regional que les brinde auxilio diplomático o comercial.

La incursión militar del Pentágono sobre el valle bajo de Caracas, así como la intensificación del cerco petrolero de Washington hacia La Habana, no motivó un encuentro de urgencia de presidentes latinoamericanos, un acto reflejo que sí sucedía años atrás, por ejemplo cuando la UNASUR celebró reuniones no previstas para unificar una posición común ante acontecimientos lesivos a la soberanía continental o la continuidad institucional, como ocurrió tras el anuncio de la instalación de bases estadounidenses en Colombia durante el gobierno de Álvaro Uribe, la postura de condena al golpe de Estado contra el presidente paraguayo Fernando Lugo o ante la sublevación civil en Santa Cruz de la Sierra contra Evo Morales, con linchamiento de indígenas incluidos.

La supervisión de la política petrolera venezolana tras el rapto del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero tiene ribetes de sujeción de tiempos decimonónicos. Por caso, el viernes 13 de febrero, de pie en los jardines de la Casa Blanca y fiel a su estilo declarativo de hablar a las apuradas, el presidente Trump advirtió que visitaría pronto Caracas a la par que habilitó el ingreso de cinco transnacionales del crudo al circuito de comercialización con el país sudamericano.

(Xinhua/Marcos Salgado)

Sí, lo hizo a la manera de un monarca. Los anuncios de Trump suelen tener un carácter pretendidamente divino por la grandilocuencia de sus vaticinios. Habla sin la asfixia de tener que soportar el peso de un corsé institucional o ideológico, por eso puede pasar de catalogar al presidente colombiano Gustavo Petro de “narco” a bromear con el mismo Petro tras recibirlo en el Salón Oval. A decir del analista internacional argentino Federico Merke, Trump es “un líder transaccional”, un líder que negocia, actúa o decide una invasión militar de acuerdo al pulso de lo que indica la transacción comercial o política del momento.

En un artículo de la revista francesa Le Grand Continent titulado “Neorrealismo: el nuevo orden mundial de Donald Trump”, se identifica al gobierno estadounidense con estructuras de poder muy antiguas, las clánicas. “Los órdenes prewestfalianos —por ejemplo, el de los descendientes de Gengis Kan, como el sistema tributario chino y el sistema dinástico europeo— no se centraban en los Estados, sino en un conjunto más restringido de ambiciones y actores, sujetos a lealtades personales y vínculos familiares. Estos actores formaban clanes, centrados en un soberano absoluto, es decir, un individuo que ejercía una autoridad ilimitada para gobernar una comunidad política. Pero detrás del enfoque aparentemente errático de Trump, se vislumbra cierta racionalidad. En el centro de toma de decisiones estadounidense, un pequeño grupo formado en torno al presidente le presenta diferentes ideas y cada uno de sus miembros obtiene un beneficio diferente de la aplicación de una misma política”, justifica el medio galo.

Siguiendo esa línea argumentativa, el “monarca” Trump y su séquito de empresarios tecnofeudales han logrado imponer una agenda bis a bis en el territorio latinoamericano. Cada administración nacional negocia con la Casa Blanca su propia agenda: Venezuela busca establecer un diálogo bilateral pacífico, Cuba solicita sin éxito que se distienda el embargo petrolero, Colombia da muestras de cumplir con la erradicación de cultivos de hoja de coca para evitar que los marines estadounidenses pisen suelo nacional, mientras que el presidente brasileño Lula Da Silva trata de morigerar los aranceles comerciales, a veces más alto, otras no tanto, impuestos por Washington.

Esa agenda viene resultando efectiva. El ejemplo más acuciante es Cuba, donde el gobierno activó un plan de supervivencia energética que restringe el calendario escolar y administrativo para ahorrar el encendido de la luz, en pos de sobrevivir al más cruento bloqueo petrolero sufrido. El Palacio Miraflores suspendió el envío de crudo a la mayor de las islas del Caribe, y lo mismo hizo el gobierno mexicano.

(Xinhua/Str)

La presidenta Claudia Sheinbaum mantiene, al igual que el gobierno chino, el auxilio alimentario a Cuba. De México o Beijing llegan a los puertos cubanos costales hinchados de arroz, pero ni una gota de crudo. La imagen es elocuente, el Sur Global puede socorrer a un gobierno a punto de sufrir una crisis humanitaria con la facilitación de un cereal nutritivo, pero no con la exportación del commodity energético que hace mover al mundo.

¿Bajar los brazos o resetear?

Mientras tanto, condicionado por los hechos mencionados, comienza a delinearse en Venezuela un nuevo paisaje político. Entrevistada a mediados de febrero por la plataforma de comunicación iberoamericana Canal Red, la comunicadora social venezolana Lorena Freytes Mendoza explicó el “reseteo político oficialista” en estos términos: “la población confía en la calma provisoria porque viene de vivir un conflicto político álgido la última década y, además, está exhausta políticamente. Es sugestivo lo de Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea Nacional y hermana de la nueva lidereza) cuando dijo pido perdón y perdonó, porque son las mismas palabras elegidas por Hugo Chávez tras recuperar el gobierno luego del malogrado golpe político del 2002. Con el reseteo chavista, la oposición luce desconcertada, vemos más participación de la sociedad civil y un chavismo que se deja interpelar».

¿Rendición o reseteo?

A Marcos Salgado, corresponsal de Hispantv en Caracas y colaborador de Tiempo Argentino y por cierto también de Tektónikos, lo despertaron “los bombazos” de Estados Unidos el último 3 de enero. Sintió en carne propia la agresión imperial porque su hijo vive cerca de una de las tres bases militares agredidas, un aeródromo militar enclavado en la zona baja del valle caraqueño.

En diálogo con este portal, explica los alcances de la nueva normativa petrolera venezolana promulgada tras el ataque militar estadounidense: «La nueva Ley de Hidrocarburos modifica de forma importante las reglas de juego, sobre todo en el capítulo de la participación mayoritaria estatal. Además, hay una redefinición del rol de PDVSA en áreas claves de la industria. Pero, producto del bloqueo, Venezuela no podía satisfacer ni siquiera su demanda interna, la refinación incluso cayó a niveles históricos. Entonces, hay más pragmatismo que legado vinculado a la necesidad de recuperar una industria que produce la mayor cantidad de divisas. El oficialismo aduce que con las reformas se va a fortalecer la cobertura social, la duda está en ver si EE.UU. no objetará a futuro el destino de la renta petrolera a nivel doméstico».

Por su parte, el también periodista argentino Bruno Sgarzini, quien recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar por su trabajo en suelo venezolano para medios de comunicación local y del extranjero, comparte buena parte de lo dicho por su colega Salgado sobre el nuevo rumbo petrolero bolivariano: “el gobierno venezolano entiende que de esta manera puede salir del colapso que atraviesa la industria del crudo local, fundamentalmente busca capital para modernizar la infraestructura e invertir en refinerías. Además, al vender el petróleo en negro tenía que hacerlo con precios por debajo del mercado para ganar la confianza de inversores. De ahora en más, las empresas privadas pueden tomar el timón de la economía petrolera. Se trata de una liberalización significativa del mercado. El Palacio Miraflores dice que va a destinar parte de esa renta a dos fondos soberanos para mejorar la infraestructura y el salario del capítulo petrolero local. El bloqueo estadounidense a Cuba está produciendo un cerrojo total, Venezuela no escapa a esa lógica. Sin embargo, no hay ruptura de relaciones políticas entre ambos gobiernos. Cuba, entiendo, al ver la posición venezolana, está buscando un mayor compromiso comercial de parte de otros actores estatales como México o China».

(Xinhua/Marcos Salgado)

Por último, Salgado y Sgarzini avizoran que la estabilidad política conseguida por el nuevo chavismo post secuestro de Maduro se mantendrá firme en el corto y mediano plazo, aunque lo hacen con criterios distintos.

“El cronograma electoral va a depender de la presión que ejerza los EE.UU.: si Trump se encuentra satisfecho con las reformas petroleras, no habrá una demanda en ese sentido. Hasta ahora las declaraciones de María Corina Machado se muestran tan caprichosas como estériles. A mí me parece que la Presidenta Rodríguez aparece fortalecida en lo político, lo que le da crédito electoral a mediano plazo. En síntesis, veo cierta estabilidad para que ella continúe el mandato recién iniciado de Maduro porque a más de un mes del ataque no se ve debilitado ni condicionado al gobierno», entiende Salgado.

A su vez, Sgarzini recuerda que «Venezuela es un país en guerra permanente, tanto fronteras afuera como a nivel interno con la oposición. Bueno, las últimas medidas, como la amnistía a los opositores, buscan atenuar el estado de guerra fijado. El gobierno de Delcy Rodríguez está buscando además reconciliarse con ciertos sectores de la sociedad; sin embargo, encuentro endeble la posibilidad de un gran pacto nacional o una paz duradera, por ejemplo no se está hablando de una Justicia transicional que juzgue los actos violentos realizados tanto por el oficialismo y la oposición, tampoco reformas políticas para que las minorías tengan menos representación o que se vete definitivamente el pedido de intervención interna a los EE.UU.».

Mark Esper, secretario de Defensa en el primer gobierno de Trump, revela en sus memorias “A sacred oath” que el plan del Pentágono presentado en aquel momento al jefe de la Casa Blanca para asegurar la zona del Caribe contemplaba el aniquilamiento de Nicolás Maduro y la asfixia económica de Cuba; finalmente, según Esper, la hoja de ruta intervencionista fue descartada por temeraria. Es evidente que la marcha imperial sobre la primera zona de influencia territorial estaba decidida hace años; quizás hoy, Washington observa una relación de fuerzas continental más favorable. Sin embargo, el tiempo también es macerado en los tableros de arena de los gobiernos progresistas sudamericanos. Tanto en el PSUV venezolano, como en el MoReNa mexicano o el PT brasileño, confían que la fuerza bravucona del Norte puede menguar considerablemente si las elecciones de medio término de noviembre próximo le dicen al Tío Donald que ya no tiene un cheque en blanco.