“Estamos restaurando el dominio estadounidense”, aseguró Trump al Congreso
Beverly Fanon-Clay
Arrinconado por los índices de popularidad por los suelos, en una intervención maratónica, el presidente estadounidense Donald Trump se aferró la noche del martes ante el Congreso a la idea de un Estados Unidos boyante, gracias a sus políticas económicas. El discurso de una hora y cuarenta y un minutos – el más largo de la historia del país- estuvo preñado de ataques contra los inmigrantes, los demócratas y el Tribunal Supremo por su sentencia sobre los aranceles.
Llenó de exageraciones, medias verdades, mentiras y ataques a sus rivales demócratas el primer discurso sobre el estado de la Unión de su segundo mandato, donde intentó demostrar su triunfalismo: “Nuestra nación ha vuelto, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca”.
En el espectáculo político nacional más visto del año, Trump intentó imponer su versión de una realidad que no existe para una mayoría de los estadunidenses, afirmando que nunca ha estado mejor el país que ahora bajo su dirección, ha logrado casi lo imposible tanto dentro como fuera de Estados Unidos, y que “ésta es la edad de oro” de este país. Contra toda evidencia, declaró que la economía está en auge, se tiene “la frontera más fuerte y segura de nuestra historia”, donde no ha logrado cruzar ni un solo inmigrante indocumentado en los últimos nueve meses y donde el flujo de fentanilo por la frontera se ha reducido un 56 por ciento.
“Nuestra nación ha vuelto, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca. […] Y no habéis visto nada igual, todavía tenemos que hacerlo mejor y mejor y mejor. Esta es la época dorada de América”, ha arrancado Trump, que ha dedicado la primera hora a defender su gestión para hacer el país asequible para los ciudadanos. A pesar de que los datos muestran lo contrario: aunque la inflación se ha enfriado hasta el 2,7%, la comida, el gas y los alquileres siguen al alza. El precio para los consumidores continúa todavía un 25% más alto que hace cinco años y subraya la negligencia de Trump.

Pero Trump dejó que la realidad le estropee un buen mítin: “Estamos ganando tanto que en realidad no sabemos qué hacer con esto. La gente no para de decirme: ‘Por favor, presidente, estamos ganando demasiado. No podemos ganar más'”. Las personas a las que se refiere el magnate seguramente no son el 60% de ciudadanos que suspenden su gestión, según la última encuesta publicada esta semana por el ABC y el Washington Post.
Un 69 por ciento opina que el país está procediendo en una dirección equivocada (solo 29 por ciento cree lo opuesto, según una encuesta de Ap), y una mayoría reprueba su gestión: su tasa de aprobación está cerca de su punto más bajo de su presidencia oscilando un 40 por ciento. El objetivo principal de este informe presidencial anual trasmitido en vivo es la elección intermedia en noviembre, con la tarea urgente de mantener el control del Congreso.
“Estamos restaurando la seguridad y dominio estadunidense en el hemisferio occidental al actuar para defender nuestro interés. Por años, grandes partes de territorio en nuestra región, incluyendo grandes partes de México, realmente grandes partes de México, han estado controladas por los cárteles. Por ello designé a los cárteles como armas de destrucción masiva”. Y sin pudor alguno se adjudicó el crédito “por tumbar a uno de los capos de cártel más siniestro, vieron eso ayer”, en referencia al capo mexicano de la droga, El Mencho, sin identificarlo por su nombre.´

“Hoy, nuestra frontera es segura, nuestro espíritu se ha restaurado. La inflación está cayendo en picada, los ingresos aumentan rápidamente. La economía en auge ruge como nunca antes, y nuestros enemigos tienen miedo. Nuestras fuerzas armadas y la policía están reforzadas, y América vuelve a ser respetada”, dijo Trump, que tiene asediado militarmente Irán mientras sopesa si lanza un ataque controlado a pesar de que el Pentágono le recomienda no hacerlo.
“Optaré por la paz siempre que pueda, pero nunca dudaré en enfrentarme a las amenazas para América”, ha dicho el presidente citando la Operación Martillo de Medianoche con la que bombardeó las instalaciones nucleares iranianas. Trump no ofreció pistas sobre sus planes. Pero por primera vez empezó a ofrecer un argumento para justificar un hipotético ataque a Irán, asegurando que ese país ya puede alcanzar Europa con sus misiles de largo alcance y trata de desarrollar proyectiles intercontinentales que puedan atacar Estados Unidos.
Trump se concedió en el hemiciclo una matrícula de honor en política exterior, con el “cum laude” de la operación militar del pasado 3 de enero contra Venezuela. Presumió del músculo militar estadounidense, mientras se jactaba de su rol como supuesto pacificador, y no ha dudado en citar a Venezuela como un “socio y amigo” en la explotación de petróleo, tras atacar Caracas y secuestrar al presidente Nicolás Maduro para quedarse con las enormes reservas de hidrocarburos venezolanas, intentado instaurar un protectorado en la sombra bajo amenaza de nuevos ataques.
Para alivio de los aliados europeos, Trump no hizo mención alguna a Groenlandia —la isla danesa que se quiere anexionar—, como sí había hecho el año pasado en su discurso ante ambas cámaras del Congreso estadounidense.
“Quieren hacer trampas. Ya las han hecho, y su política es tan mala que la única manera que tienen de ganar las elecciones es haciendo trampas, y lo pararemos. Lo tenemos que parar, John”, ha dicho el magnate en referencia a la Save Act, el proyecto de ley que quiere aprobar en el Congreso para exigir pruebas de ciudadanía a los votantes.
Buena parte de los congresistas demócratas le hicieron el vacío a Trump y no asistieron al acto. El representante de Texas, Al Green, volvió a protestar contra el presidente al inicio de la sesión. El año pasado ya fue amonestado por interrumpir el discurso de Trump, y este miércoles ha sido expulsado de la cámara. Greene llevaba un cartel hecho a mano que decía: “¡Los negros no son monos!”. La frase es una referencia al vídeo racista que Trump publicó en Truth Social con las caras de Barack Obama y Michelle Obama pegadas a las de unos monos.

En un flagrante recordatorio de la relación de Trump con el pederasta Jeffrey Epstein, los demócratas habían invitado a algunas de las víctimas del multimillonario. Aunque el efecto ha sido mínimo. La administración republicana supo desactivar el caso Epstein con la publicación de más de tres millones de documentos. Una bomba controlada que no dañó más la imagen del magnate de lo que ya estaba, mientras que en Europa provocó una oleada de dimisiones y escándalos.
Trump se mete con el Tribunal Supremo
Igual que el año pasado, la delegación del Tribunal Supremo de Justicia que asistió al discurso estaba compuesta por el presidenteJohn Roberts, y los magistrados Elena Kagan, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett. Los tres se mantuvieron impasibles mientras Trump calificaba de “desafortunada” la sentencia y aseguró que con el precedente judicial, la acción del Congreso no será necesaria. Precisamente, el alto tribunal anuló los aranceles porque consideraba que el mandatario abusaba de los poderes de emergencia y necesitaba primero la aprobación del legislativo.
Roberts y Barrett son dos de los conservadores que votaron a favor de anular los aranceles, mientras que Kavanaugh es uno de los tres grandes que Trump ha elogiado por oponerse a la decisión. Para añadir sal a la herida, Barrett resulta ser uno de los tres magistrados que el republicano nombró en su primer mandato. En uno de los muchos ataques de los últimos días, el presidente calificó la acción de Barrett de vergüenza para su familia.
Cuando llegó el turno de hablar de Minnesota, Trump ni siquiera hizo referencia a los asesinatos de Renee Good y Alex Pretti a manos de agentes del ICE. El presidente no los recordó, pero sí a los que considera sus muertos: el influencer de extrema derecha Charlie Kirk, asesinado el pasado mes de octubre. Ajeno a la ola de indignación en el país que provocó la violencia parapolicial ejercida en Mineápolis, volvió a blandir el odio contra la comunidad somalí de la ciudad bajo acusaciones de supuesto fraude.
En cuanto a la corrupción que está saqueando América, no hay ejemplo más impactante que Minnesota, donde miembros de la comunidad somalí han saqueado aproximadamente 19.000 millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses, dijo el republicano, refiriéndose a los somalíes como piratas.
* Socióloga estadounidense, profesora universitaria, colaboradora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE). Traducción de Maxime Doucrot.