Netanyahu gana las elecciones en Israel, pero su coalición no logra la mayoría

Una vez escrutado más del 70% de los votos, el partido del jefe de Gobierno israelí obtiene en torno a 27 diputados sobre un total de 120. El partido Yashar (centroderecha), de su adversario, Gadi Eisenkot, sumaría 22, menos de lo que vaticinaban las encuestas previas a estos comicios, que lo situaban como primera fuerza.
Netanyahu gana las legislativas, pero también pierde. Su formación es la más votada, pero no llega a los 32 escaños logrados hace cuatro años. Además, sus socios ultranacionalistas y religiosos tampoco han ampliado su base electoral. Esto hace imposible que el bloque llegue a 61 diputados, es decir, la mayoría suficiente para formar un Gobierno. El actual Ejecutivo de coalición sumaría unos 54 escaños, frente a los 63 que tiene hoy en el Parlamento.
Estos comicios, los primeros desde el ataque de Hamás en Israel en 2023 y una sucesión de guerras en Oriente Próximo, registraron un 77% de participación, una cifra muy alta e inédita desde hace más de 25 años. “Debemos formar un Gobierno nacional de derechas y fuerte”, ha celebrado Netanyahu durante la madrugada ante las decenas de seguidores que le aguardaban en Jerusalén. “Ha quedado claro algo incontestable: el Likud es la primera fuerza de Israel”, ha asegurado el primer ministro, que ha vuelto a demostrar que nunca hay que subestimarlo ya que es capaz de dar la vuelta a meses de encuestas desfavorables.
Pero parece claro que, tras 19 años en el poder en tres etapas distintas desde los años noventa del siglo pasado, Netanyahu comienza a pagar en las urnas la factura de una legislatura marcada por el radicalismo de sus socios en el Gobierno, el cruento ataque de Hamás y el incremento de los problemas domésticos, comenzando por el aumento del coste de la vida y la negativa a obligar a los ultraortodoxos a realizar el servicio militar obligatorio, en un momento en que faltan soldados y sobran terrenos de conflicto para Israel, como Gaza y Líbano.
También ha pesado en la decisión de los votantes israelíes la negativa del primer ministro a crear una comisión independiente de investigación sobre los graves fallos de seguridad que se cometieron el 7 de octubre de 2023. Además, los electores tampoco olvidan su claro interés en evadir la justicia, que quiere sentarlo en el banquillo por corrupción, es otro de los temas que más indigna a sus críticos.
No obstante, el mensaje que han enviado las urnas es que rechazan más a los socios de Netanyahu que al primer ministro. Por ejemplo, dentro de su coalición, el partido ultraortodoxo sefardí Shas pasa de 11 escaños a siete. A esto se suma el aparente castigo a sus dos socios de extrema derecha religiosa. Poder Judío, liderado por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, tiene pobres perspectivas, con siete diputados, pese a que en campaña, el líder ultra se jactaba de poder llegar a 15 escaños. Y Sionismo Religioso, del titular de Finanzas, Bezalel Smotrich, se conformaría con otros siete parlamentarios.

Eisenkot, que fue jefe del Estado Mayor con Netanyahu en el poder, entre 2015 y 2019, aseguró el martes de madrugada que dedicará “todas sus fuerzas” a construir un “Gobierno sionista, estable y bueno para todos los ciudadanos de Israel”. Además, ante las informaciones sobre un posible ataque a Irán durante las negociaciones para formar Gobierno, provocado por la coalición de Netanyahu, Eisenkot ha lanzado un mensaje al primer ministro: “No te atrevas a usar la seguridad de Israel para tu propio beneficio político”.
Dentro del bloque contra Netanyahu, Los Demócratas, una lista de izquierda que conjuga el laborismo histórico con el pacifista Meretz, logra siete escaños, según estos resultados parciales. “Se nos ha brindado una oportunidad histórica para formar un auténtico Gobierno de cambio en Israel, y no tenemos intención alguna de dejarla pasar”, ha celebrado Yair Golán, su líder. “El mandato que hemos recibido hoy de la ciudadanía es una orden operativa para reconstruir el país ante la que no cabe vacilación, luchas de egos, ni espacio para maniobras políticas”, ha agregado.
Además, en la coalición contra Netanyahu también está Israel Beitenu, la formación de derecha laica del exministro Avigdor Lieberman, que podría subir de seis a ocho, y la coalición de centroderecha Beyahad, que conseguiría 11 escaños, según los resultados parciales, y se convertiría en la tercera fuerza política en la Kneset. La encabezan Naftali Bennett y Yair Lapid que se alternaron en la jefatura de Gobierno en 2021-2022, la única legislatura sin Netanyahu desde 2009.
Los partidos árabes, imprescindibles
Si la tendencia de estos resultados parciales se confirma, Israel tiene por delante semanas de negociaciones políticas en las que los partidos árabes tendrán un papel fundamental. Una vez se contabilicen todos los votos, el presidente, Isaac Herzog, encargará a un diputado (normalmente el líder del partido más votado) que intente formar Gobierno. El aspirante tendrá 28 días para negociar y 14 de prórroga. Si logra la mayoría necesaria y presenta una propuesta que el Parlamento aprueba por mayoría simple, se constituye el Gobierno. Si fracasa, el presidente puede elegir a otro candidato y en última instancia, a un tercero. Si todos estos intentos quedan en nada, habrá nuevas elecciones.
Las dos listas árabes son las grandes triunfadoras de los comicios. La Lista Conjunta, una coalición de tres partidos, habría obtenido 12 diputados, y la islamista moderada Ra’am, cuatro. Todo ello gracias a una movilización sin precedentes de sus votantes, que se sienten discriminados y tratados como ciudadanos de segunda categoría en Israel, sobre todo desde los ataques de Hamás de 2023.
Estas formaciones representan sobre todo a los palestinos con nacionalidad israelí, es decir, a un quinto de la población, pero también reciben votos de votantes judíos, que los consideran la verdadera oposición en este momento en Israel.
Está descartado que el bloque de Netanyahu pacte con los partidos árabes. El miércoles de madrugada, el primer ministro ha considerado una “vergüenza” que los partidos judíos de oposición sean capaces de “poner en peligro a Israel y establecer un gobierno que dependa de partidos árabes antisionistas” que llaman “criminales de guerra” a los soldados israelíes.
Si quiere el puesto de primer ministro, Eisenkot tendrá que aceptar un pacto con una de las listas árabes o tal vez con los dos, pese a que durante la campaña ha asegurado que no estaba dispuesto a negociar con ellos, salvo si aceptan a Israel como Estado judío y democrático y califican a Hamás de grupo terrorista. En una sociedad traumatizada por los ataques de Hamás del 7 de octubre del 2023, lo contrario le habría restado apoyos. Solo Los Demócratas se dijeron dispuestos a aceptar en un futuro Gobierno a Ra’am, formación liderada por Mansur Abbas.

Este líder ya tendió la mano el martes a la oposición a Netanyahu para construir una mayoría. “Espero que salgan las cuentas y podamos garantizar que haya 61 escaños en la Kneset”, ha dicho Abbas. Ra’am se convirtió en 2021 en el primer partido árabe en formar parte de un Gobierno israelí, en este caso presidido por Naftalí Bennett y Yair Lapid. El Ejecutivo solo se mantuvo algunos meses debido a las profundas diferencias ideológicas internas. La Lista Conjunta, liderada por Yousef Jabareen, siempre se ha mostrado más recelosa a apoyar un gobierno sionista, debido a sus políticas contra los palestinos.
Durante la jornada electoral, el primer ministro publicó varios mensajes en sus redes sociales sugiriendo que los partidos árabes estaban “robando las elecciones”, sin explicar en qué se basaba. El martes por la noche, uno de los ministros más ultra del Gobierno, Bezalel Smotrich, dijo que no iba a dejar que las formaciones árabes celebren su avance histórico en las urnas. “Creen que podrán dar marcha atrás a la revolución de los asentamientos en Judea y Samaria (nombre bíblico de Cisjordania), y yo les digo que no lo conseguirán”, ha zanjado.