Guerra en Ucrania: presión sobre Trump y Rusia con la energía en el centro

La guerra energética en Ucrania entra en una nueva fase, marcada por la resistencia con problemas de la red eléctrica ucraniana, los ataques contra instalaciones petroleras rusas y las críticas en Washington a los incentivos energéticos que la Administración de Donald Trump ofrece al Kremlin. Según el análisis de Semafor, la combinación de esas presiones y los planes europeos para dejar de importar gas ruso reduce el margen de Moscú para utilizar sus hidrocarburos como instrumento de negociación con Occidente.

Los demócratas del Senado estadounidense advirtieron el lunes que investigarán a cualquier entidad de su país que importe diésel ruso si recuperan la mayoría en las elecciones de la próxima semana, de acuerdo con el texto. Desde las filas republicanas, el senador Mitch McConnell también cuestionó la política de Trump hacia Vladímir Putin, que calificó en una columna de The Wall Street Journal como «fácticamente errónea, estratégicamente ingenua y moralmente fallida».

Resistencia y daños civiles

En paralelo, una comisión de Naciones Unidas concluyó el lunes que los ataques rusos contra la infraestructura energética ucraniana constituyen crímenes de guerra y de lesa humanidad, según la información reseñada por Semafor. El análisis también recoge la evaluación de investigadores de la Universidad de Columbia y del Carnegie Endowment, quienes sostienen en Foreign Affairs que la capacidad de Kiev para evitar el colapso eléctrico y atacar instalaciones petroleras rusas ha producido un estancamiento energético, aunque no un alto el fuego.

Ese equilibrio no elimina las vulnerabilidades de Ucrania ante el invierno, pues un informe de Ukraine Facility Platform advierte que el Gobierno ha postergado reformas regulatorias que podrían atraer inversión privada hacia una generación eléctrica más descentralizada y conectada a la red. Mariia Tsaturian, analista de esa organización y exfuncionaria del operador eléctrico estatal, afirmó a Semafor que equipos donados por países occidentales con una capacidad cercana a un gigavatio todavía no han sido instalados.

La continuidad de los ataques amenaza con elevar los costos de reparación y el sufrimiento de la población civil, sin que la destrucción de infraestructura haya conducido hasta ahora a las partes a una negociación, plantea el análisis. Semafor considera que Estados Unidos conserva capacidad para alterar ese balance y que las decisiones posteriores a las elecciones legislativas permitirán identificar si Washington endurecerá la presión sobre Moscú o mantendrá los incentivos energéticos cuestionados en el Congreso.