Argentina preelectoral: una carrera con las mismas incógnitas
Eduardo Aliverti
Como era de prever, terminado el Mundial se lanzó la campaña electoral en modo tentativo y no podría decirse que hay sorpresas mayores. Más bien, al contrario. En todo caso, sí cabe afirmar que persisten los mismos interrogantes y que falta mucho hasta despejarlos por completo.
En orden general, lo prevaleciente quedó reflejado en el estudio que el Observatorio Pulsar, de la UBA y con amplio prestigio, tituló “El ascenso del ningunismo”. Lo refleja, entre otros, el colega Jorge Liotti, en su columna de este domingo en La Nación. Es una encuesta extensa, en todo el país, cuantificando nada menos que en un 42 por ciento la cantidad de argentinos no identificada con absolutamente ningún partido o espacio del espectro actual.
En el costado del oficialismo, ya no cabe duda alguna sobre el Presidente yendo por la reelección. Pero eso atañe con estrictez al sector libertarista, entendiéndose por tal a un núcleo duro que nunca fue superior a alrededor de un 30 por ciento del electorado. O, con mejor precisión, de los votantes efectivos. El resto se lo proporcionó el conglomerado gorila histórico.
Justamente ahí es donde surge una sección de las grandes dudas. El gorilaje no desaparecerá ni disminuirá así como así de la noche a la mañana, por cierto.
Sin embargo, a valores de hoy, ese mismo espíritu anti-peronista empieza a mostrarse cansado y hasta harto de la representación que les ejerce Javier Milei. Y los votantes jóvenes más los de edad mediana hacia abajo, que definirán la elección u opción y para quienes las categorías de peronismo y antiperonismo ya dicen más nada que mucho, acaban decepcionados porque se termina lo disruptivo y “esperanzador” del panelista .
No sólo agotan sus formas, que supieron adjudicarse al pintoresquismo de un “loquito necesario a ver qué pasa”. Ahora, esos modos dan vergüenza ajena. Pero tampoco sirven para disimular una caída que parece ser muy significativa en franjas de clase media, (muy) ampliadas, descubriendo su condición de pato de la boda extremista.
El nivel inédito del endeudamiento individual y familiar, ya con características de acogote para comprar alimentos del día a día, tiene como única respuesta oficial que el Gobierno no se inmiscuirá en una cuestión “entre privados” a los que “nadie les puso una pistola en la cabeza”. Se leyó, vio y escuchó a economistas del establishment más acendrado, con la advertencia de que esta “bomba de tiempo” puede alcanzar dimensiones imprevisibles.
Impresionante. Execrable. Pero jamás asombroso.
Esos sectores medios son los que, sin solución de continuidad tomado el tiempo que se quiera, fijan el humor de los órganos de prensa masivos hoy ensanchados en las redes. Los libertaristas, que ganaban ese campeonato de presencia digital con comodidad, pasaron a morder el polvo de la derrota. Desaparecieron las cuentas operadas desde la propia Casa Rosada, quizá o seguramente porque Caputo Santiago está perdiendo la interna contra La Hermana. ¿Qué será de la vida del Gordo Dan, por ejemplo, y de sus barrabravas de los streaming?
En cualquier caso, lo efectivo de la comunicación debe tener anclaje en mostrar logros. Inventarlos, o dibujarlos, es de impacto positivo circunstancial. Nunca permanente. El Gobierno semeja haberse quedado sin más balas que la reforma de la carta orgánica del Banco Central, la Inocencia Fiscal II, despachar nuevos videos de Jesica Cirio que comprometen a Martín Insaurralde y adjudicarle todas las culpas al Coloso Sturzzeneger.
O, peor: pretender subirse a la ola “nacionalista” de símbolos soberanos que en simultáneo repudian desde su militancia patriofóbica, con manotazos y apelaciones ridículas contra inmigrantes amenazadores.
En particular, los insultos recargados una y otra vez hacia el presidente de Brasil provocaron el asombro de connotados referentes de derechas y del mundo diplomático. El hecho potenció las versiones y apuntes que se menean ya no tan en reserva desde todo el ámbito periodístico, acerca del estado mental de un Presidente de quien no hubo apariciones ni noticias durante varios días consecutivos.
Encima, con el bonus track de apellidarse Lamelas, la intromisión pública del embajador estadounidense en cómo debiera gastárselas Vaca Muerta, priorizando que el enemigo indubitable es China, agotó la tolerancia de colaboracionistas avioletados.
Ese conjunto de datos y percepciones querría decir que les sería mejor (comenzar a) producir el intento de mileísmo sin Milei.
Se registran sondeos y apariciones mediáticas de nuevos y presuntos outsiders, a la vista de cualquiera que tenga mínimos reflejos perceptivos respecto del mundillo político e institucional. Ninguno de ellos reviste esas características, pero es el término descriptivo más a mano para designar la búsqueda del cisne negro.
¿Cuál sería la fórmula para reemplazar en el escenario a un personaje peligroso, extravagante pero ya no simpático, con signos de desequilibrio que otrora se prefirió no ver y que pone en riesgo la seguridad del “sistema” en cuanto a que su rumbo es acertado en lo modélico?
Es un gran tema que, por el momento, no encuentra resolución.
Macri se juntó con La Hermana, a sabiendas de que el rechazo popular que él genera no le deja espacio para una nueva aventura. Lanzaron trascendidos colorados de acompañante de fórmula o candidatura bonaerense. De los tránsfugas provinciales no hay ninguno que ofrezca garantías ni popularidad, abarcando el siempre y finalmente destartalado cordobesismo.
¿Entonces quién, si no El Hermano, que con su más de 60 por ciento de rechazo prácticamente le gusta a ya no más que un puñado de adherentes y un resto dividido entre quienes volverían a aceptarlo solamente por default y ese otro resto, más pequeño, que todavía le guarda alguna pleitesía recortada?
Esas tribulaciones, como se sabe de sobra, son análogas a las que padece el peronismo.
Esta semana entregó un dato nada menor. Fue el símbolo de que por fin se juntaron las figuras principales, al menos para conversar. Kicillof, Massa y Máximo. Activaron José Mayans y Germán Martínez (el primero tras haber marcado la cancha en declaraciones periodísticas, en las que aunó esa picardía magnífica reconocida por todo adversario y el estilete de que “se dejen de romper las pelotas” con la interna).
De lo que se sabe, se pusieron de acuerdo en que pondrán barrera, a como sea, contra la eliminación o suspensión de las PASO. Si eso ocurriese, el peronismo debería afrontar arreglárselas por las suyas para determinar sus candidatos. De esta manera, en cambio, dejan la puerta abierta para resolver las cuitas en Primarias obligatorias, para que cada quien porotee con números concretos.
Más claro: que Axel y La Cámpora se sometan al escudriño de las urnas. Massa no cuenta ahí. O no contaría, porque en la política argentina todo amerita ser puesto en potencial. Su negocio pasa por roscas de otro tipo, ligadas a posiciones de poder económico que se colarán entre aquello que se resuelva. Es uno de los políticos “profesionales” más inteligentes. Se acomodará. No tiene votos. Tiene una inmensa capacidad para saber jugar donde le toque.
¿Cuánto avanzó el peronismo con esa reunión?
La respuesta depende del valor que se le otorgue a haber mostrado los dientes. Si se prioriza esa mirada, la valía es alta. Si se antecede en qué medida eso supone la marcha hacia una unidad inquebrantable, las incógnitas no se despejan.
En definitiva, o algo así, la gran pregunta sigue pasando por lo que ocurrirá a pocos meses de las elecciones. Al toque, incluso. Todos continúan jugando a que debe estructurarse un “proyecto” lo antes posible. Un para qué.
¿Seguro? ¿No será que la despolitización y el “ningunismo” masivos alcanzan, y largo, para que los sucesos se definan sólo ante la inminencia de votar en las presidenciales?
¿No será que hay gente demasiado apurada para sacar conclusiones, cuando todavía falta saber cómo le irá a Trump en noviembre; y a Lula en octubre; y a Milei mientras persista en derruir a la clase media sin contrapartida de alguna reactivación del consumo; y a la convicción que vaya a tener el entramado peronista para sostener a su candidato; y llegada la instancia a cómo jugará lo que se denomina “izquierda” en un balotaje donde se tratara de sacarse de encima a Milei o dejarlo; o que enfrente dejen a algún sucedáneo modosito, que podría restar de acá o de allá?
Y entre ello, claro está, múltiples o significativas variantes.
Si es por preferencias personales, es mejor cuanto antes se dejen las cosas más claras. No todas, desde ya: como recuerda Jorge Alemán en sus líneas de hoy, en Página/12, nunca debe decirse todo lo que habrá de hacerse porque eso le da al enemigo las armas para anticiparse.
Si es por cómo se juega en política en los tiempos del presente y la excitación perpetuos, todavía es temprano.
Lo constatable a hoy es tanta parte del pueblo -palabra a rescatar, alguna vez- que no tiene tiempo, ni ganas, ni bolsillo, de sacar esos cálculos.