Pascual Serrano: «si todos los cubanos son Fidel, la Revolución se va a mantener»

(Xinhua/Joaquín Hernández)

Marcos Salgado

A cien años de su nacimiento, Fidel Castro sigue brillando como una figura de dimensión histórica indiscutible. Para Mapa de Conflicto en La Iguana TV entrevistamos al periodista y escritor español Pascual Serrano, quien trabajó directamente con Fidel.

Serrano sostiene que resulta imposible comprender la geopolítica del siglo XX —y buena parte del XXI— sin medir el impacto de su liderazgo. Arranca con una pregunta potente: cómo habría sido el mundo sin Fidel. Y la respuesta se encuentra no solo en los grandes acontecimientos de Cuba y América Latina, sino también en su influencia sobre las luchas de liberación, la soberanía de los pueblos y la búsqueda de un orden internacional más justo.

Pascual aporta además una mirada cercana, construida a partir de las semanas en que trabajó junto al Comandante. De esos encuentros destaca dos rasgos esenciales: una humildad poco habitual en los grandes líderes y una curiosidad permanente por aprender. Fidel no se limitaba a hablar, ordenar o exponer; preguntaba, escuchaba y se interesaba por las personas, desde quienes lo rodeaban en una reunión hasta especialistas y visitantes llegados de otros países.

Esa inquietud intelectual se combinaba con una atención especial por la verdad y por el rigor. Serrano recuerda cómo, después de publicar una información delicada a partir de documentos recibidos en Cuba, Fidel no se preocupó primero por agradecerle ni por el efecto político de la noticia. Lo primero que quiso transmitirle fue que la información era cierta. Para el periodista español, aquel gesto reveló una prioridad ética: incluso en medio de conflictos y operaciones políticas complejas, la veracidad debía estar por encima de cualquier conveniencia, una enseñanza central para el ejercicio honesto del periodismo.

La entrevista también sitúa a Fidel en una de las páginas más trascendentes del internacionalismo cubano: la lucha en Angola. Serrano explica que no se trató simplemente de una intervención en un país africano, sino de una confrontación de alcance continental entre el régimen del apartheid y los movimientos de liberación africanos. La participación cubana, con cientos de miles de internacionalistas a lo largo de los años, contribuyó decisivamente a inclinar la balanza contra el dominio racista sudafricano y a abrir paso a la independencia de Namibia y al debilitamiento del apartheid. El posterior reconocimiento de Nelson Mandela a Cuba y a Fidel adquiere así una profunda dimensión histórica y moral.

Finalmente, Pascual Serrano vincula el legado de Fidel con el presente de Cuba, sometida a un asedio cada vez más agresivo y contrario al derecho internacional por parte de Estados Unidos. Frente a ello, reivindica la dignidad y la capacidad de resistencia del pueblo cubano, pero también llama a los ciudadanos del mundo a exigir a sus propios gobiernos una postura activa contra la injusticia. En ese sentido, el “Yo soy Fidel” no sería una consigna nostálgica, sino una definición de principios: solidaridad con los pueblos, defensa de los más vulnerables, rechazo a la subordinación ante los poderosos, humildad, trabajo y lucha por la dignidad. Ser Fidel, concluye, es hacer propios esos valores en la vida cotidiana y en la acción colectiva.

 

– Pascual, escribiste un artículo, y está en tu blog, que se llama “Mis horas con Fidel”, en donde planteás, de entrada, que sobre muy pocas personas podemos hacernos la pregunta de cómo hubiera sido el mundo si no hubiera existido, ¿no? Y una de ellas es Fidel. ¿Es exagerado, es romántico esto, o es un planteo concreto en función de la trascendencia que Fidel tuvo en el siglo XX y parte del siglo XXI?

– Bueno, yo creo que la trascendencia en su siglo y la importancia para la geopolítica y para el mundo es algo que no va a discutir nadie de cualquier ideología, ¿no? Creo que si da igual la opción política que cada uno quiera tener, o la opinión personal o política que pueda tener Fidel Castro, que no van a negar su trascendencia. Entonces, yo creo que eso no es objeto de discusión, ¿no? Yo con ese texto quería un poco contar la parte humana, ¿no? Lo que yo vi trabajando, como estuve trabajando con él durante dos meses, en las diferentes reuniones que tuvimos, o en los actos públicos que compartí con él, y en el que sí que se puede ver qué cosa en lo personal o en lo humano le hacía tan trascendente o tan diferente.

– Vamos a repasar un poco esos momentos ¿cómo era ese trato con él? ¿Cómo se relacionaba Fidel con quienes estaban trabajando a su lado?

– Bueno, yo te comentaba que eran dos cosas fundamentales las que te llamaban la atención en el primer contacto con él, que eran la humildad y el deseo de saber. La humildad era tremenda, yo creo que también eso lo pudimos ver en Hugo Chávez, ¿no? Cómo entraba a una sala, a una reunión con varios mandatarios importantes y él comenzaba saludando a los camareros y a las recepcionistas. No es que los saludara, es que hasta les preguntaba por sus hijos y les preguntaba por su familia, lo cual demuestra una talla humana. Eso lo hacían público, pero también lo hacía en privado.

Y luego del deseo de aprender también es curioso, porque vimos unos momentos en que los políticos lo que quieren es decir cosas a todo el mundo, transmitir informaciones a los periodistas, al resto de los políticos, a los ciudadanos. Bueno, pues él más que transmitir pensamientos, órdenes o deseos, es lo que quería es aprender. Hay una anécdota que yo cuento en el artículo en el que estábamos en un acto en la Feria del Libro y hay un amigo mío que venía de Túnez y en este momento se estaban produciendo las primaveras árabes.

Mi amigo de Túnez, en ese contexto en el que todo el mundo le preguntaba cosas a Fidel, le pregunta algo a Fidel. Fidel lo conocía y sabía que él vivía en Túnez. Bueno, pues al final eso acaba de tal manera en el que mi amigo dice, caramba, yo levanté la mano para preguntar una cosa a Fidel y al final Fidel me estuvo entrevistando a mí sobre las primaveras árabes y lo que estaba pasando en Túnez.

Ese es el ejemplo más claro de lo que era Fidel. Es decir, si mañana un periodista colombiano fuese a entrevistar a Fidel, Fidel estaría preguntando sobre el nuevo presidente y sobre el terremoto de Pereira. Era tal su deseo de saber.

Lo notabas cuando… Otra cosa que a los cubanos les parecería muy normal, pero a nosotros no. A todos les sonará que cuando venía un ciclón, cuando venía un huracán, pues él estaba en la televisión todo el tiempo interrogando y preguntándole al meteorólogo en directo ante todos los ciudadanos. Entonces, le estaba preguntando al meteorólogo lo que estaría preguntando cualquier ciudadano.

Es decir, él no iba a dar instrucciones sobre el ciclón. Él estaba preguntándole al meteorólogo todo el tiempo sobre el ciclón porque él quería ser un experto en ciclones también. Eso.

Pascual Serrano, en entrevista con Mapa de Conflicto.

– Vos ahí contás también, Pascual, en ese artículo, en otro de tus encuentros con el comandante Fidel Castro, que te habían pasado una cantidad de información en torno a una denuncia internacional, digamos, de una suerte de conspiración contra Cuba y que después el mismo Fidel te ratifica que esa información era verídica, que estaba sustentada. ¿Cómo fue eso?

– Bueno, yo no sé si lo pueden valorar igual los que no sean periodistas, pero yo creo que los periodistas honestos y decentes podrán valorar con la misma emoción que yo lo viví. Se trataba de que yo estaba trabajando en esas semanas en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba y alguien del entorno presidencial o de la inteligencia cubana, o de lo que fuera, pues me pasan unos documentos, me pasan unos informes que eran claramente unos informes de inteligencia que afectaban a cuestiones muy delicadas y me dicen que si de eso se podría hacer una noticia.

El informe era árido, sin contexto, sin antecedentes, entonces había que tener una cierta laboriosidad, convertirlo en una noticia que fuera reconocible, identificable y comprensible para los lectores. Entonces yo digo que sí, me piden que si yo pueda hacer la noticia. Así que estoy como una hora o dos horas intentando poner suficientes datos y contexto para hacer esa noticia. Esa noticia se publica y, curiosamente, en un acto en el Palacio de Convenciones Fidel cita la noticia.

Es evidente que ese informe de inteligencia lo que se pretendía era convertirlo en una noticia para que Fidel Castro lo presentara no como un informe de inteligencia sino como una noticia periodística. Cuando acaba el acto del Palacio de Convenciones Fidel me quiere ver. ¿Qué podría decirte Fidel después de este hecho? Bueno, te podría decir gracias por tu trabajo, qué bien que hiciste la noticia, pero no.

Él no hizo ningún agradecimiento protocolario ni ningún agradecimiento en nombre de su persona o en nombre de la Revolución. Él me dijo: “Pascual, lo primero que te tengo que contar es lo que yo sé que más a ti te preocupa, que es que lo que escribiste era verdad». Es decir, lo que yo había hecho con ese informe era una fe ciega en una fuente y a partir de la fe ciega de esa fuente pues escribí una noticia. Es decir, lo que hacen todos los periodistas con el poder.

Entonces cuando él me dice a mí directamente yo lo que te quiero decir es que lo que has dicho es verdad. Él estaba pensando que lo que a mí tenía que producir más angustia o más zozobra es que yo había aceptado ciegamente una versión sin más datos ni más contrastes.

Y entonces él se veía en la obligación de dejar claro que eso era verdad, que era lo prioritario. Es decir, por encima de que yo defendiese la Revolución, por encima de que yo quisiera hacerle un favor a Fidel, por encima de que yo quisiera colaborar en un proyecto político, había algo que según Fidel y según la decencia periodística estaba por encima de todo eso, que lo que yo contara fuera verdad. Sí, yo quería traer esa historia en particular.

– Y además, digo, después se confirmó, ¿no? En términos históricos se confirma la noticia, ¿verdad? 

– Sí, se confirma. Era una persona, un terrorista cubano que se había fugado de una prisión panameña y se encontraba en México y todos sabemos quién era y cómo fue aquella historia.

– Claro, nada más y nada menos que esa información. Ahora, yo decía al principio que, bueno, en este programa en donde intentamos hablar de geopolítica, referirse a Fidel es referirse a un tipo que cambió el mapa, o colaboró fuertemente incluso en cambiar el mapa de lo que podría haber sido, y lo uno con lo que vos decías, ¿no? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera estado? Uno se lo puede preguntar en África y lo que fue, quizás, la campaña internacionalista más importante como fue Angola. Y la presencia de tropas cubanas durante mucho tiempo en Angola que, insisto, cambió el mapa de Sudafricano. ¿Cómo lo valorás vos?

– Bueno, para empezar, yo creo que se minimiza el asunto y, de hecho, tú ya en tu presentación lo has minimizado, es decir, porque has dicho para participar en un cambio político en Angola. No. Lo que se estaba jugando no era Angola, era toda la planificación de África. Estaban jugándose dos modelos, un modelo racista de apartheid y un modelo de liberación de los pueblos, ¿no? Entonces, ahí había una guerra continental en la que había grupos armados apoyados. Bueno, si hubiera sido en Europa, le hubieran dicho que era mundial, pero como era en África, claro, no era mundial.

Ahí había grupos armados de varios países que, además, estaban financiados y tenían milicias y mercenarios de Estados Unidos, de Francia, de China, de la Unión Soviética. Y había grupos armados. Por un lado estaba el movimiento popular de liberación de Angola, por un lado, estaba por el otro la UNITA y luego estaba el Frente de Liberación, también por otro lado. Y los países implicados eran varios, era Angola, era Sudáfrica, era Namibia.

Y para que veamos un poco la envergadura de la participación cubana, vamos a dar algunos datos, de cuánta gente estamos hablando. Estamos hablando entre 400 y 450 mil cubanos, de ellos 300 mil combatientes en el que mueren más de 2.600. O sea, imagínate qué operaciones, incluso ahora que las poblaciones son mucho mayores, los movimientos de tropas son más espectaculares y las ofensivas son mucho más ofensivas, ¿no? Mover a 400 mil cubanos e irse a la otra punta del mundo a luchar. Entonces, imagínate. Primero, no hay ningún interés geopolítico, es decir, a diferencia de lo que pasa ahora, ningún cubano, ningún gobierno cubano estaba luchando ni por petróleo, ni por recursos, ni por influencia geopolítica, porque te puedes imaginar la influencia geopolítica que podía tener Angola en el Consejo de Seguridad o en la Asamble de las Naciones Unidas era mínima.

Por otro lado, no había intereses cubanos en recursos naturales de Angola. Es decir, era una guerra como todas las que participó Fidel, era una guerra de principios, era una guerra de valores. Luchar contra la apartheid, luchar por la liberación de África y además con la victoria.

– También después en la historia hay algunos personajes a los que Occidente parece reservarles un espacio mayor, más romántico, como el mismo Mandela, ¿no? Que estaba preso en aquella época, como estuvo preso buena parte de su vida por el apartheid en Sudáfrica. Mandela sale en libertad en el 90, en el 91 está visitando a Fidel. Digo, porque también el desenlace de aquella operación internacionalista debilita fuertemente el modelo del apartheid, ¿no?

– Como das cuenta, el reconocimiento de Mandela lo que quiere además es enterrar la calificación de Mandela como terrorista, que es lo que le hizo Occidente durante todos los años en que estuvo en prisión. Es decir, ese héroe del que tanta pena nos daba por los años que estaba en prisión lo teníamos considerado por terrorista. Es ese doble rasero que se tiene, evidentemente, con los estadistas.

Yo creo que eso también sucede no tanto por su ideología sino por el peligro en el que se les aprecia, ¿no? Si Mandela circunscribe su lucha en un momento determinado, ya es mayor el riesgo, pero si la circunscribe a Sudáfrica, si no hay ningún movimiento de unidad africana que pudiera preocupar a los países del primer mundo, a Francia especialmente o a Estados Unidos, pues evidentemente la figura de Mandela gobernando desde la decencia y desde la igualdad y desde el apoyo al pueblo gobernando Sudáfrica no es un peligro.

En cambio, un Fidel Castro que sigue haciendo un llamamiento a la unidad de Latinoamérica, que sigue siendo un ejemplo de otra política a 30 millas de Estados Unidos y que tiene la capacidad de enhebrar a líderes políticos latinoamericanos desde Chávez a Evo, o a Correa, en torno a una lucha común de unidad latinoamericana, evidentemente ese sí que es un peligro para el imperio, para Occidente y ese sí que hay que combatirlo hasta el último de sus días.

– Quiero hacer un salto, Pascual, podríamos estar hablando mucho sobre sobre la figura de Fidel a la actualidad de Cuba. Yo veíamos antes un informe de Telesur desde La Habana que recogía de alguna manera una parte de los actos, no fue el único que se hizo ahí en el Teatro Karl Marx, sino que hubo actos en toda la geografía de Cuba, en un momento en donde Cuba está en el, en el, no sé si decir el peor momento de asedio, o se acerca a lo que fue el llamado periodo especial tras la caída de la Unión Soviética. Pero cómo valorás vos el momento en el que está Cuba y ligándolo con esa esa persistencia en los principios revolucionarios.

– Creo que el momento es delicado, es gravísimo, es tremendo, con la diferencia a otros momentos históricos en que nunca en la historia de agresión a Cuba se haya visto un nivel de violencia, de criminalidad por parte del imperio y de burla y atropello al derecho internacional. Creo que en este momento, más allá de reconocer la dignidad del pueblo cubano, la fortaleza con la que lo están enfrentando y la capacidad que tiene de resistir a todo eso, creo que todo ciudadano del mundo a quien tenemos que señalar es a nuestros gobiernos a recordarles todo lo que le debemos a Cuba y todo lo que los pueblos le deben a Cuba.

Yo como español tengo que señalar a la Unión Europea y al gobierno español y a los gobiernos europeos de su responsabilidad para que el derecho internacional se imponga y se acabe el crimen contra Cuba.

Los venezolanos tienen que señalar a su gobierno venezolano para recordarle todo lo que Venezuela le debe a Cuba. Los mexicanos, los rusos, los chinos. Es decir, como decía Fidel, como decía el Che en la carta que leyó Fidel, para no ser indiferentes a cualquier injusticia en cualquier lugar del mundo sobre cualquier persona. Creo que cualquier ciudadano del mundo no debe de ser indiferente a la injusticia y a la criminalidad que se está cometiendo contra Cuba y todos estamos obligados no a señalar solamente al gobierno estadounidense, sino a nuestros propios gobiernos para que combatan y se enfrenten a ese crimen que se está cometiendo contra Cuba.

– Cuando Fidel falleció, surgió rápidamente una consigna emocionante que era, y que la repetía al pueblo cubano en las calles, en un momento de dolor, el yo soy Fidel. ¿Cómo se resume hoy ese yo soy Fidel? ¿Cómo se debe entender en cada quien?

– Bueno, Fidel, digamos, es una batería de principios, de valores y de comportamientos y acciones. Entonces, lo que se trata de decir, esos valores, valores de solidaridad, de defensa del más deprimido, de ponernos al lado de los pueblos, de no ponernos de rodillas ante el poderoso, no aceptar nunca el atropello y la injusticia, esos valores los hacemos nuestros.

Es decir, somos Fidel en la medida en que esos valores son nuestros. Es más, algunos, si verdaderamente son así, están siendo Fideles sin saber, aunque no hubieran conocido a Fidel. Esos principios, además, los llevas en tu lucha cotidiana, es decir, apuestas por mecanismos de organización que luchan por eso, apuestas por líderes que actúan así, en tu vida y en tu participación política tienes todos los elementos de humildad, de trabajo incansable y de lucha que caracterizaban a Fidel.

Es decir, yo creo que los cubanos tienen claro que ser Fidel es ser todo eso, ¿no? Y si todos son Fidel, evidentemente esa revolución se va a mantener. Y si hubiera muchos más Fideles en el mundo y en nuestros países, pues también habría muchas más revoluciones y mucha más dignidad y mucha menos pobreza.