Nicolás Centurión

El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 confirma que la producción potencial de cocaína se multiplicó más de cuatro veces en una década, que Brasil se consolidó como plataforma de salida hacia Europa, África y Asia y que los grandes puertos dejaron de ser los únicos objetivos. Uruguay no aparece como protagonista del mapa global, pero su ubicación entre las cuencas productoras, la Hidrovía, los puertos brasileños y el Atlántico lo coloca dentro de una zona logística que exige bastante más atención de la que recibe.

Durante décadas, la representación más extendida del narcotráfico latinoamericano fue relativamente sencilla. La coca se cultivaba en los Andes, la cocaína se procesaba cerca de las zonas de producción, cruzaba alguna frontera, llegaba a un puerto y desde allí viajaba hacia Estados Unidos o Europa. Había países productores, países de tránsito y países consumidores. Cada territorio parecía cumplir una función estable dentro del negocio.

El World Drug Report 2026, publicado el 26 de junio por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, termina de demostrar que ese esquema quedó viejo. La cocaína ya no circula por una ruta principal ni depende de una organización capaz de controlar toda la cadena. Funciona mediante un sistema mundial, fragmentado y flexible, que combina cultivos, laboratorios, fronteras terrestres, ríos, puertos, empresas exportadoras, contenedores, embarcaciones menores, operadores financieros y redes de distribución instaladas en varios continentes.

La principal conclusión del informe es brutal por su dimensión: la producción potencial mundial de cocaína aumentó más de cuatro veces entre 2014 y 2024. En la presentación oficial del documento, la UNODC explicó que el volumen de 2024 fue casi cinco veces superior al de una década atrás. El crecimiento no se produjo únicamente porque aumentara la superficie cultivada, también mejoraron el rendimiento de las plantaciones, los procesos químicos y la capacidad de los grupos criminales para transformar la hoja de coca en mayores cantidades de producto terminado.

Por lo tanto, no estamos ante un mercado que simplemente recuperó niveles anteriores: estamos frente a una expansión estructural de la oferta. Mientras los gobiernos celebran incautaciones récord, el mercado consigue producir, transportar y vender más cocaína que nunca. Las incautaciones pueden aumentar al mismo tiempo que crece la disponibilidad porque ambas cosas se alimentan del mismo fenómeno: circula más droga, hay más cargamentos para detectar y también más cargamentos capaces de atravesar los controles.

De los Andes al Atlántico brasileño.

C
olombia: narcocultivos y producción de cocaína

Colombia continúa siendo el principal punto de salida de cargamentos de cocaína identificados a nivel mundial seguido por Perú y Brasil. Estos tres países no cumplen la misma función.

La mayor parte de la cocaína que sale de Colombia continúa desplazándose hacia el norte, directamente o a través de Ecuador, principalmente por vía marítima. Brasil, en cambio, ocupa una posición diferente: funciona como una plataforma atlántica para cocaína originada sobre todo en Perú y Bolivia y, en menor medida, en Colombia. Desde territorio brasileño, los cargamentos se proyectan hacia Europa, África y Asia. 

Este punto es especialmente relevante para comprender el lugar de Bolivia dentro del narcotráfico sudamericano. Bolivia posee producción propia, pero no tiene salida al mar. Para llegar a los grandes mercados necesita atravesar países vecinos. Brasil ofrece territorio, carreteras, ríos, infraestructura exportadora y una extensa costa atlántica. La cocaína puede ingresar por Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Rondônia, Acre o Paraná, consolidarse en centros urbanos y mezclarse posteriormente con los flujos legales que alimentan los puertos.

La ruta no necesariamente tiene que ser directa. Puede comenzar con pequeños movimientos de pasta base o cocaína por caminos terrestres, continuar mediante depósitos intermedios, pasar a camiones con mercadería legal y terminar dentro de un contenedor de un buque de carga. Cada etapa puede ser ejecutada por actores diferentes. La organización que controla el cultivo no necesariamente controla el puerto, y quien contamina el contenedor puede no conocer al distribuidor europeo.

Vídeo: Polícia apreende 82 kg de | NE2 | G1
Pasta base de cocaína

La cadena productiva del tráfico ilegal de estupefacientes sufre los mismos procesos de deslocalización, tercerización y fragmentación que el comercio global.

El informe también registra una preferencia creciente por cargamentos de menor tamaño. Ese cambio aparece a lo largo de la cadena: desde los movimientos de cocaína base dentro de América del Sur hasta los envíos de clorhidrato interceptados en Europa. No significa que hayan desaparecido los cargamentos de varias toneladas. Significa que las redes distribuyen mejor el riesgo, multiplican los envíos y reducen el costo de perder una sola operación. 

Esta constatación obliga a abandonar los mapas construidos únicamente con grandes flechas. Una ruta no es una línea que une Bolivia con Santos o Colombia con Amberes. Es una secuencia de nodos: producción, procesamiento, cruce fronterizo, almacenamiento, consolidación, empresa exportadora, terminal portuaria, escala oceánica, extracción y distribución.

Europa cerró una puerta y aparecieron diez

Las incautaciones de cocaína continúan concentradas en dos grandes espacios: América Latina y el Caribe reúnen el 83% del volumen mundial decomisado y Europa otro 15%. En conjunto se explica prácticamente todo el mercado visible para las autoridades. En 2024, las cantidades incautadas en Europa superaron por sexto año consecutivo a las de América del Norte. 

Siguiendo dentro de Europa, podemos inferir que ocurrió un desplazamiento significativo. Durante años, Amberes y Rotterdam fueron presentados como las grandes puertas de entrada de la cocaína sudamericana. El endurecimiento de los controles, la presión policial y las investigaciones sobre corrupción portuaria redujeron las cantidades decomisadas en ambos puertos durante 2024. Al mismo tiempo, aumentaron las incautaciones en España, Francia, Reino Unido y una serie de terminales de menor tamaño.

España pasó a reportar el mayor volumen de cocaína decomisada en Europa, seguida por Francia, Bélgica y los Países Bajos. El informe no interpreta la caída de Amberes y Rotterdam como prueba suficiente de una reducción del tráfico. La cocaína continúa entrando por puertos, pero los puntos de ingreso se dispersan. Los traficantes prueban terminales menos vigiladas, rutas más largas, puertos secundarios y países con capacidades de control diferentes. 

Esta transformación tiene consecuencias directas para América Latina. Cuando Europa diversifica los lugares de llegada, también se diversifican los lugares de salida. Ya no alcanza con controlar las exportaciones dirigidas a tres o cuatro puertos conocidos. Los cargamentos pueden viajar hacia Portugal, el Mediterráneo, terminales francesas, puertos británicos o escalas intermedias en África occidental.

Brasil adquiere aquí una importancia adicional. No es solamente un país de salida hacia Europa: es un nodo capaz de alimentar rutas hacia África y Asia. Nigeria, Sudáfrica y Etiopía aparecen como importantes puntos de salida fuera de América y Europa, señal de que África no funciona únicamente como escala ocasional. En algunos territorios, el tránsito terminó construyendo mercados locales, circuitos de distribución y nuevas formas de consumo. ¿Es la misma suerte con la que está corriendo Uruguay?

Lo que comenzó como una ruta hacia Europa produjo un efecto derrame: parte de la cocaína quedó en África occidental, aumentó la disponibilidad y comenzaron a aparecer patrones de consumo más dañinos, incluido el crack. El tránsito no es neutral. Las rutas no solo recorren los territorios que atraviesan sino que los transforman.

América Latina produce, transporta y consume

Hojas de coca

El informe rompe otra simplificación habitual: América del Sur no es únicamente la fábrica de cocaína del mundo. Se ha consolidado como un mercado consumidor.

Los datos disponibles muestran que el consumo de cocaína se mantuvo relativamente estable durante la última década en algunos países sudamericanos y aumentó en otros. Las cifras recientes ofrecen señales parciales de estabilización, pero la región presenta productos, modalidades y daños muy diferentes. La cocaína convive con la pasta base, el crack y otras presentaciones. Cada una está asociada a mercados, precios y poblaciones distintas. 

Los análisis de aguas residuales indican que el consumo de cocaína por habitante es mayor en América del Norte, seguido por América del Sur y Europa occidental y central. La región productora aparece así también entre los territorios con mayor nivel de consumo detectado. 

Brasil ofrece una advertencia particular. La UNODC registra un aumento considerable de las muertes atribuidas a trastornos relacionados con el consumo de cocaína desde 2020, seguido por otra suba marcada en 2024. El informe advierte que los cambios en los sistemas de registro pueden influir sobre la estadística, pero señala que la tendencia coincide con una mayor presencia de cocaína detectada en aguas residuales de varias ciudades brasileñas. El aumento del daño podría estar relacionado con cambios en las formas de consumo o con productos de mayor pureza. 

Esta dimensión suele quedar subordinada al relato policial. Se habla de toneladas, puertos y organizaciones y menos de los territorios que quedan atravesados por mercados locales. Las mismas redes que exportan pueden abastecer ciudades intermedias, fronteras y periferias urbanas. El crecimiento de la oferta mundial reduce precios, amplía disponibilidad y permite que la cocaína llegue a lugares donde anteriormente era escasa.

Uruguay aparece poco, y ese también es un dato

Uruguay no figura en el informe como un gran país productor, un punto de salida principal ni uno de los mercados más relevantes de cocaína. Esa ausencia podría ser interpretada como tranquilidad aunque sería una lectura apresurada.

Cocaína incautada en el puerto de Montevideo

El país se encuentra entre las zonas productoras de Bolivia y Perú, las redes paraguayas, el mercado brasileño, la Hidrovía Paraguay–Paraná y el Atlántico sur. Tiene un puerto con conexiones internacionales, zonas francas, depósitos, empresas logísticas, un sistema financiero abierto y fronteras extensas con Brasil y Argentina. Ninguno de esos factores demuestra por sí mismo que Uruguay sea un nodo central. Juntos describen una infraestructura que puede ser utilizada y es apetecible para las organizaciones transnacionales.

La principal advertencia del informe para Uruguay surge precisamente del papel atribuido a Brasil. Montevideo no necesita competir con Santos para resultar útil. Puede funcionar como alternativa, escala, punto de consolidación, depósito, plataforma societaria o ruta de diversificación.

Cuando los grandes puertos europeos aumentaron los controles, las organizaciones se dispersaron hacia terminales más pequeñas. El mismo comportamiento puede ocurrir en América del Sur. Si Santos en Brasil o los puertos ecuatorianos concentran inspecciones, la presión puede desplazar operaciones hacia otros puntos, fragmentar cargamentos o utilizar puertos con menor volumen y menos experiencia acumulada. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, en el año 2020 y 2021 en plena pandemia.

La excepción uruguaya del cannabis

Uruguay sí aparece expresamente en otra sección del informe: la regulación del cannabis. A diciembre de 2025, era uno de los países —junto con Canadá y distintas jurisdicciones estadounidenses— que había establecido mecanismos legales para el acceso no médico. 

El informe sitúa esas reformas dentro de un proceso de normalización y expansión de productos de cannabis. En América Central y del Sur, el consumo aumentó durante las últimas dos décadas, aunque muestra signos de estabilización. La región representa alrededor del 30% del volumen mundial de marihuana incautada.. Uruguay: Así celebraron la legalización de la marihuana (Fotos) | MUNDO ...

La pregunta relevante es cuánto mercado consiguió absorber el sistema regulado, qué sectores permanecen abastecidos por redes ilegales, cómo evolucionaron la potencia y la variedad de productos y qué relación existe entre el mercado uruguayo y la marihuana procedente de Paraguay.

El fracaso de las rutas fijas

La conclusión política del informe no aparece en una frase única, pero atraviesa todos sus datos. La presión sobre un territorio desplaza la actividad hacia otro. El control de un puerto abre rutas alternativas. La incautación de grandes cargamentos favorece la fragmentación. La prohibición de una sustancia impulsa la aparición de otras o el aumento de su demanda y más mercado ilegal. La tecnología permite vender, pagar y coordinar sin una estructura visible y las criptomonedas juegan un rol fundamental en este aspecto.

En 2024 fueron identificadas 755 nuevas sustancias psicoactivas en el mercado mundial, 118 de ellas nunca reportadas anteriormente. El número de tipos de drogas incautadas es cinco veces mayor que en el año 2000. Las redes no solamente producen más; ofrecen más variedades, mezclas y presentaciones, utilizan aplicaciones sociales y adaptan el producto a distintos públicos.

La cocaína continúa siendo una droga de origen vegetal, atada geográficamente a los Andes, pero todo lo que ocurre después del cultivo es flexible. Los químicos cambian, los intermediarios cambian, los puertos cambian y los mercados se expanden. Colombia, Perú y Bolivia siguen en el origen, pero Brasil se consolidó como la gran bisagra atlántica de América del Sur.

El narcotráfico contemporáneo, busca en los márgenes, la periferia y los intersticios de las rutas y países cuando el centro comienza a ser vigilado.

* Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP).Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)