Lula vs Bolsonaro, la gran final

Javier Vadell – Tektónikos

Las elecciones generales de Brasil de este domingo son cruciales no solo para Brasil, sino para América Latina y para el mundo.

Brasil es un jugador de primer orden, es miembro de los BRICS, es una de las mayores economías del Sur Global y, de por sí, la mayor economía latinoamericana. Se juega la continuidad o no del proyecto del Presidente Lula Da Silva, con la salvedad de que, si no continúa ese proyecto, regresa el bolsonarismo, que ya tuvo su experiencia y completaría un cuadro bastante temible para América Latina: el de los triunfos de las extremas derechas neoliberales.

Hoy, Brasil, como México también, es una resistencia a este avance del trumpismo. Si ocurriera una victoria de Flávio Bolsonaro, completaría un cuadro que cambia de cuajo la matriz latinoamericana y del Sur Global.

Todas las encuestas indican que habrá segunda vuelta, ninguno de los dos candidatos con posibilidades parece estar en condiciones de obtener más de 50% de los votos este domingo. Lula está al frente, según diversos sondeos, con una diferencia que oscila entre tres y cinco o seis puntos. Pero el bolsonarismo continúa fuerte, mantiene ese apoyo del votante bolsonarista que ahora tiene como candidato al hijo del expresidente Jair Bolsonaro, hoy preso por su accionar golpista.

Flávio Bolsonaro mantiene el número de votos a pesar de todas las denuncias de corrupción o de vínculos de corrupción como el caso del banquero Daniel Vorcaro, que en Minas Gerais creó un banco de la nada, el famoso Banco Master, con innumerables vínculos con jueces y políticos, la mayoría de los cuales son políticos vinculados al bolsonarismo. Hoy Vorcaro está preso por fraude financiero. Pero esos lazos con el clan Bolsonaro habría impactado poco en la cantidad de votantes. Es muy interesante observar que la agenda de corrupción es utilizada de manera episódica u oportunista por parte de estos sectores, sin embargo, ahora no lo hacen tanto como pauta porque están ellos mismos muy involucrados.

Gran parte de este tipo de denuncias, como las que ha sufrido también Lula en torno a uno de sus hijos por presunto uso malicioso de su influencia política, es parte de una guerra sucia, que seguirá fuerte en el caso que se pase a un balotaje. También ahí cabe analizar la miniguerra que se ha desatado en el seno del Supremo Tribunal Federal, es decir la Corte Suprema de Brasil, entre jueces involucrados en esta causa o con vínculos con Vorcaro y jueces más simpáticos al statu quo. Se juega políticamente también dentro de la STF, que está dividido y juega a mantener la neutralidad. En general, los casos de supuesta corrupción que aparecen tendían a manchar a Lula, sin embargo, en los últimos días eso se revirtió porque varias denuncias cayeron sobre Flávio y el Presidente que busca su reelección ha crecido en las encuestas.

(Xinhua/Paulo Lopes)

Más allá de estas cuestiones ligadas a filtración de presuntos, o no, casos delictivos, que los hay en toda América Latina y más allá también, las elecciones en Brasil y la propia estructura brasileñas tiene algunas particularidades. Una de ellas es la cuestión religiosa.

Por ejemplo, estos días se filtró, en diversos eventos, que Flávio Bolsonaro, más ligado a un electorado evangelista, pretende quitarle a Nuestra Señora de Aparecida su rango de patrona de Brasil. La Virgen de Aparecida es un símbolo del catolicismo brasileño, con una basílica gigante en San Pablo, entre otras representaciones. Eso tocó el sentimiento de los católicos, que es un sector donde gana Lula, aunque también hay electores católicos del bolsonarismo, que a su vez tiene mayoría en los evangelistas. La religión atraviesa esta campaña electoral, como ya ha ocurrido antes en Brasil, y la cuestión de la Virgen de Aparecida, que Bolsonaro denunció como fake news, provocó una cantidad considerable de comentarios en las redes sociales, memes, etc,. que pueden ser muy influyentes en millones de votantes.

Otro punto que pegó en la carrera electoral fue la decisión reciente de Lula de prohibir las apuestas deportivas, con una reglamentación que ahora debería decidirse en el Parlamento. Este tema causó mucho impacto. Y fue una jugada osada de Lula, que aprovechó que, según se estima, 75 % de la población quiere el fin de las esas apuestas que vienen afectando gravemente las economías de los hogares brasileños, de los sectores pobres. Favoreció, según los últimos sondeos, sobre todo al electorado femenino y a los sectores populares, muy endeudados por esos juegos.

La elección está tan disputada, que factores como lo religioso o la medida contra las apuestas puede sumar algunos puntos importantes.

Todo está siendo muy medido. A tal punto que también ocurrió algo curioso con el último debate presidencial que iba a ser este jueves y fue cancelado. Lula había dicho que no asistiría porque sabía que todos los demás candidatos, no solo Flávio, irían en su contra, porque son todos de derecha. Por ejemplo, el del partido Novo, un ultraliberal parecido a Javier Milei aunque algo más educado pero muy limitado, Romeu Zema, gobernador de Minas Gerais; o el gobernador Ronaldo Caiado, de Goiás, un político más preparado que compite por derecha con Lula desde la década de 1990 y nunca superó el 4% de los votos, vinculado al agronegocio; y otros candidatos más todos de derecha, como Augusto Cury, un escritor de libros de autoayuda que hace quince días había subido en la encuesta de una manera impresionante, posiblemente como un globo de ensayo.

Es decir, para Lula ese debate en la cadena Globo (que no es amigable con Lula, y que apoyó su prisión y el golpe a Dilma Rousseff), aunque tampoco del todo bolsonarista, es más bien equilibrista y sobe todo oportunista) podría haber sido un paredón de fusilamiento. Por eso él previó no asistir y, a la misma hora, participar de un podcast en Flow también con mucha audiencia. Pero finalmente ocurrió que el debate presidencial sin Lula fue levantado (primera vez que pasa en 20 años) tras una orden de una jueza del Tribunal Superior Electoral (TSE) que prohibió mostrar el atril vacío del Presidente.

Ahora bien, si hay segunda vuelta, se estima que Lula sí participaría cara a cara con Flávio para debatir sus proyectos, en igualdad de condiciones.

Otro asunto a tener en cuenta en esta elección es la evidente injerencia de EE.UU. en el proceso. No debemos olvidar que el hijo de Jair y hermano de Flávio, Eduardo Bolsonaro, se fue allá para hacer lobby contra Lula.

Recientemente, el diario británico The Guardian dio cifras específicas sobre un dinero que fue destinado a atacar al Tribunal Superior Electoral y a los jueces que habían puesto preso a Bolsonaro, con el argumento de que son fondos que usa Estados Unidos para ayudar a la supuesta falta de libertad de prensa, censura, derechos humanos, etcétera. En el gobierno de Lula dijeron que eso en todo caso era la punta del iceberg de un dinero mucho más cuantioso de apoyo al bolsonarismo. Hay un injerencismo sistemático de EE.UU., inclusive viene con las Big Tech. Por ejemplo, Meta (Facebook, Instagram) prohibió varios videos de Lula y canceló por un tiempo las cuentas de Lula y del PT. Hay cosas que no van a cambiar si gana Flávio Bolsonaro: un alineamiento servil con Estados Unidos, que es todo el modelo de lo que llamo el trumpismo invertido (neoliberal económico, y no “proteccionista”) de la nueva derecha de América Latina. No hay muchas sorpresas. También un alineamiento con Israel y el sionismo internacional. Y ante esa posibilidad, el injerencismo es muy fuerte. Lo del lobista Eduardo Bolsonaro en la Casa Blanca para que Estados Unidos intervenga en Brasil es clarísimo, sin velos, busca que sancione a Brasil, que se le pongan aranceles, que dinero del Departamento de Estado, que absorbió la USAID, vaya a financiar campañas contra Lula y contra su proyecto para Brasil. El secretario Marco Rubio maneja todo eso, es el más interesado y la cara más agresiva de la burocracia de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe, promoviendo inclusive otro genocidio a cielo abierto en Cuba.

(Xinhua/Jin Haoyuan)

El problema es cómo llegar a estos centros neurálgicos de un país tan grande como Brasil, en el cual el nacionalismo es importante, porque muchos bolsonaristas levantan la bandera de Brasil creyendo que Bolsonaro representa a Brasil en alguna medida. Ese travestismo del neoliberalismo, un nacionalismo fayuto, palabra que viene del italiano que se usa en Brasil también.

Frente al proyecto Trump-Marco Rubio-Bolsonaro, está el programa neodesarrollista de Lula. Dentro de sectores lulistas, se trata de un nacionalismo con interés soberanista. Esto es fuerte porque Brasil tiene grandes empresas públicas y un banco de desarrollo, y el programa de Bolsonaro tiende a privatizar. No lo ocultó en su primer gobierno y no va a ser diferente con Flávio.

¿Qué pasará luego del domingo? Si hay, como se prevé, balotaje el último domingo de octubre, lo que posiblemente veamos es una disputa muy complicada y mucho juego sucio. No podemos saber si hay alguna carta en la manga, pero los bolsonaristas están apostando a ganar más puntos de indecisos hasta el domingo.

Lula es un animal político, como pocos hay en el mundo. Y tiene una característica: la adrenalina y la energía de Lula suben cuando la crisis es mayor. Eso ya lo mostró. Entonces no hay que subestimar a Lula en estos últimos tramos.

Por último, el encuadre global. Brasil es el país más importante de América Latina, más incluso que México, que también lo es. Porque las elecciones de Brasil ocurrirán antes de las elecciones de mitad de mandato de Donald Trump, y todo indica queno le está yendo muy bien. Puede perder las dos cámaras, y perder las dos cámaras podría habilitar un impeachment al presidente de EE.UU. El ambiente no está bien, y puede ser una realidad para el año que viene.

En ese contexto, a los sectores demócratas no les disgustaría una victoria de Lula. Inclusive dentro del gobierno de Lula hay gente de George Soros, todo es más complejo de lo que puede analizarse en la superficie, bien colorido, como se dice en Brasil. Y Lula podría saber usar las contradicciones de la política de Estados Unidos, lo cual podría ser interesante, aunque no hay mucho tiempo.

Claramente este juego político se da en el plano regional y global. Veamos qué está pasando con el caso de Fernando Cerimedo. Él es un nexo de toda América Latina manipulando elecciones, e inclusive operó en Brasil, donde tiene un peso importante, porque hay gente que trabajaba con él y es amigo de Flávio Bolsonaro. Todas sus operaciones, todas sus granjas de bots (sobre lo cual en Brasil no casualmente dejó de informarse en estos días) significan que hay una lucha mayor ahí. Y en el caso de que gane, Flávio también va a ser útil para Donald Trump en las elecciones que él tiene que afrontar. Hay una lógica muy interesante, porque Brasil no es Honduras, con todo el respeto que tengo por –por ejemplo- Honduras, que ahora se tornó un narcoestado, o Ecuador. Brasil tiene un peso muy grande, y tiene la segunda mayor reserva conocida del mundo de tierras raras, lejos de la tercera, que es Australia. Esa es la energía del futuro, y también el petróleo, la fortaleza de Petrobras y todo lo que eso implica. Entonces creo que Donald Trump va a sacar provecho si gana Flávio Bolsonaro. Pensemos que la entrada de EE.UU. en Venezuela era la entrada a Brasil, geopolíticamente. Brasil está hoy rodeado, como en una boca en el medio, por países hostiles o aliados a ese trumpismo invertido. Por eso este proceso electoral tiene un significado clave para toda la región, y para el Sur Global en su conjunto.

Especialista en temas internacionales. Profesor del Departamento de Relaciones Internacionales y Coordinador de la especialización en China contemporánea de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais. Licenciado en Relaciones Internacionales de la UNR y Doctor en Ciencias Sociales en la UNICAMP, Brasil.

Fuente: https://tektonikos.website/lula-vs-bolsonaro-la-gran-final/