Contra la censura a la causa Malvinas
Los jugadores argentinos desoyeron las prohibiciones y sostuvieron el reclamo
Gustavo Veiga
Los jugadores de la selección nacional argentina desoyeron las prohibiciones del gobierno de Javier Milei, la FIFA y el FBI y sostuvieron el reclamo de soberania con una bandera al final del partido y de cara a la tribuna colmada de hinchas argentinos que festejaron la victoria sobre Inglaterra. Cuarenta años después del 2 a 1 en el estadio Azteca, la historia se repitió.

La bandera fue desplegada con prolijidad sobre el césped por Giovanni Lo Celso. Después la levantó con Julián Alvarez, la tomaron los dos de cada extremo y el resto acompañó el gesto de cerca: Paredes, Otamendi, Cuti Romero, Lautaro Martínez, Musso, Palacios. Saltaban y festejaban con ella, de cara a la tribuna. En letra prolija, tinta negra sobre tela blanca, decía: “Las Malvinas son argentinas”. Un mensaje claro, conciso, una reivindicación histórica que el gobierno argentino intentó amordazar y no pudo. Stop.
La ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva, la mujer que tomó la posta de Patricia Bullrich en la represión de cada miércoles a los jubilados – y ayer no fue la excepción -, había definido el reclamo de soberanía como “contenido político”. Y acompañó la decisión que tomaron en conjunto la FIFA, el FBI y los dos gobiernos. No querían mensajes como el que dieron los jugadores de la selección minutos después de ganarle a Inglaterra.
La funcionaria se dio un tiro en los dos pies. Su actitud cipaya, colonizada, solo es posible con un gobierno como el de Javier Milei, que festejó en Olivos, como el amo que juega al esclavo, diría el Indio Solari. En la semana Monteoliva había declarado: “Está definido que ni mensajes de odio ni contenido político, y ‘las Malvinas son argentinas’ es un mensaje político”. ¡Gracias por la noticia, ministra! Es como dice. Un mensaje político ¿O piensa que se trata de un grafiti adolescente, un sticker para pegar en un cuaderno de escuela?
Para usted es una provocación – lo había dicho cuando se acordó amordazar a los hinchas – pero la bandera apareció en el lugar menos pensado. Adentro del campo de juego, en el área, de cara al arco donde Enzo Fernández y Lautaro habían convertido sus goles. Frente a la tribuna donde miles de hinchas argentinos empezaron a sacar otras banderas parecidas. Ni el FBI, ni el ICE, ni la CIA, pudieron filtrar o tapar el reclamo de soberanía sobre la islas. Ese combustible extra que queda en el tanque cuando se juega con los ingleses y se siente vivo a Maradona. “Por los pibes de Malvinas…” dice el cantito, ya un clásico, entonado por igual por público y jugadores.
The Sun, el diario sensacionalista británico tituló sobre el episodio de la bandera: “Arrogancia Argie”. Ese mote que nació con desprecio durante la guerra de Malvinas y el argentino futbolero lo resignificó en un ingrediente más de identidad. La bajada del titular principal ampliaba: “Indignación por la celebración de los jugadores argentinos con un cartel que dice: ‘Las malvinas son nuestras’ tras eliminar a Inglaterra en el Mundial”.
En el texto, el tabloid inglés agregó que la bandera con la reivindicación sobre las Malvinas era “repugnante” y que los hinchas mostraron otras semejantes a las que definió como “deplorables”. Curiosa coincidencia con el protocolo que habían acordado los funcionarios argentinos, ingleses y del FBI. Sus sabuesos son los mismos que investigan a la AFA en Estados Unidos por los presuntos delitos de lavado de dinero, evasión fiscal y fraude bancario. Una filtración informativa que hizo el empresario Guillermo Tofoni, que juega en dobles con el gobierno de extrema derecha argentino para sacarse de encima a Claudio Chiqui Tapia y después del Mundial ir por las sociedades anónimas deportivas.
Los jugadores ingleses, aturdidos, como si no alcanzaran a comprender lo que pasaba, anduvieron a los bifes contra los argentinos. Bellingham le pegó un cachetazo de atrás a Barco mientras se abrazaba con un puñado de compañeros. La bandera se desplegó minutos después, volviendo inocuo el protocolo de la ministra, de su mentora Bullrich y los agentes del FBI.
El domingo, cuando se juegue la final con España, ¿será posible que prohíban otra vez banderas por la causa Malvinas y a los españoles por el peñón de Gibraltar? No somos súbditos de la corona ni aceptamos ser colonia. Las islas son argentinas, los colimbas que murieron en ellas son nuestros héroes y la historia no la escriben siempre los que ganan una guerra. Porque eso quiere decir que hay otra historia. Al fútbol ganó la selección. Otra vez y como en el ’86.