Colombia llega la elección presidencial en un contexto de polarización extrema
Camilo Rengifo Marín
Colombia elegirá el 31 de mayo al sucesor del presidente Gustavo Petro en una votación que pondrá a prueba la continuidad del proyecto político que llevó a la izquierda al poder por primera vez en el país sudamericano. La primera vuelta presidencial se celebrará el 31 de mayo y definirá la fórmula de presidente y vicepresidente para el periodo 2026-2030. Si ningún candidato obtiene la mitad más uno de los votos válidos, los dos más votados irán a una segunda vuelta prevista para el 21 de junio.
Todos los sondeos dan como seguro el pase de Cepeda al balotaje; Valencia y De la Espriella compiten por el segundo lugar.Lo bueno, lo regular y lo malo en la gestión del Gobierno del Cambio está en balance, en un clima de polarización donde las opciones de centroderecha,
representadas por figuras como Claudia López y Sergio Fajardo, han quedado relegadas en la intención de voto frente a propuestas más marcadas de izquierda y derecha..
La carrera para suceder a Gustavo Petro ya cuenta con tres favoritos claros que encabezan las encuestas en una contienda que incluye a más de una docena de aspirantes. Los candidatos Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia representan visiones profundamente distintas sobre el futuro económico, social y la seguridad del país. La campaña electoral avanza en medio de una fuerte polarización, el deterioro de la seguridad en varias regiones, un sistema de partidos fragmentado y una economía que dejará al próximo gobierno con poco margen para prometer cambios sin asumir costos.
El hoy partido oficialista Pacto Histórico con su candidato, Iván Cepeda, aparece como la figura que busca conservar el campo progresista sin reproducir necesariamente el mismo estilo político de Petro. Su discurso se apoya en la paz, los derechos humanos, las reformas sociales y la defensa de sectores históricamente excluidos.

Independientemente de quién gane la presidencia, el próximo mandatario enfrentará el desafío de gobernar sin mayorías absolutas en el Congreso. En las recientes elecciones legislativas, el Pacto Histórico de Cepeda se mantuvo como la fuerza más votada con el 23% de los votos para el Senado, seguido por el Centro Democrático con el 16%. Este escenario obligará al sucesor de Petro a tejer alianzas con fuerzas tradicionales, como los partidos Liberal y Conservador, para lograr la aprobación de sus leyes y garantizar la gobernabilidad del país.
A escasos dos meses y medio de terminar el mandato popular que le abrió las puertas de la Casa de Nariño a Gustavo Petro, el siete de agosto de 2022, las opiniones están polarizadas, más que divididas. El veredicto final, de aprobación o desaprobación de lo realizado, lo dará la sociedad en las elecciones presidenciales en las que se elegirá a quien entre a esa misma Casa ese mismo día, pero de 2026.
Iván Cepeda, de 63 años y representante del Pacto Histórico, es el candidato llamado a continuar las reformas iniciadas por el actual gobierno. Hijo del líder asesinado Manuel Cepeda Vargas, ha dedicado gran parte de su trayectoria política a la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de la paz. Su plataforma propone aumentar el rol del Estado en la economía, combatir la desigualdad y mantener la política de «paz total» mediante el diálogo con grupos armados. Aunque lidera las encuestas para la primera vuelta, sus propuestas generan debate entre economistas por la situación fiscal del país y rechazo en sectores que se oponen a negociar con grupos ilegales.

La senadora Paloma Valencia busca devolver el poder al Centro Democrático, el partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe. Valencia representa lo que analistas denominan «derecha institucional», con un enfoque en reducir el tamaño del Estado y bajar impuestos a las empresas. Crítica acérrima de la gestión de Petro y del acuerdo de paz de 2016, propone reforzar a la Fuerza Pública y aumentar el gasto en defensa. Aunque inicialmente buscó acercarse al centro político para ampliar su base de votantes, las encuestas sugieren que ha perdido terreno frente a la propuesta más radical de De la Espriella.
Al igual que otros candidatos de derecha, Paloma Valencia propone integrar a Colombia en el Escudo de las Américas, el proyecto del presidente Donald Trump que asegura combatir el narcotráfico con apoyo tecnológico y entrenamiento de Estados Unidos.A pesar de proponer la cooperación estadounidense en materia de seguridad, la candidata enfatiza que la Fuerza Pública colombiana “mantendrá la autonomía operativa total y el mando soberano” en la lucha contra el crimen transnacional. En la línea internacional, también busca impulsar a Colombia como un aliado fundamental en la futura reconstrucción de Venezuela.
Si bien en las últimas encuestas Valencia perdió intención de voto, la candidata opositora se mantiene en el podio y podría acceder al balotaje. Frente al resultado negativo, la candidata derechista pidió a los ciudadanos colombianos que no se “dejen engañar por las encuestas”. “Voten por la decencia, por las propuestas, por un proyecto serio de país y por lo que Colombia realmente necesita”, solicitó.

En el espectro de la derecha radical aparece Abelardo De la Espriella, un abogado de 47 años que irrumpió en la política con su movimiento Defensores de la Patria. Presentándose como un «outsider» independiente de la élite tradicional, De la Espriella basa su discurso en la seguridad nacional y los valores conservadores. Admirador de líderes como Nayib Bukele, Javier Milei y Donald Trump, el candidato propone «mano de hierro» contra el crimen y la corrupción. Su campaña ha sido especialmente fuerte en redes sociales, atrayendo a votantes que buscan cambios drásticos y una defensa férrea de la libre empresa y la familia.
Injerencia
El ultraderechista presidente de Ecuador, Daniel Noboa, ha entrado de lleno en la campaña colombiana. A dos días de las elecciones, ha eliminado los aranceles a las importaciones colombianas tras un encuentro virtual con el ultraderechista Abelardo de la Espriella. Han transmitido a través de YouTube el anuncio de “un acuerdo” para normalizar las relaciones diplomáticas entre ambos países, que se encuentran en un punto de máximo tensión por las diferencias entre la Administración de Noboa y el Gobierno de Gustavo Petro.
“Lo estoy haciendo como una señal de buena voluntad, de cariño, de esperanza”, le ha dicho el ecuatoriano al candidato ultra. El ultraderechista busca capitalizar la decisión. “Empieza la Patria Milagro. La verdadera diplomacia no necesita grandes salones, clubes ni
viajes, necesita liderazgo y voluntad (…). Conmigo es diciendo y haciendo”, ha escrito en X. Varios aliados del presidente Gustavo Petro han repudiado la intromisión de Noboa.
“Se devela un plan internacional de la extrema derecha contra el progresismo valiéndose de medidas antidemocráticas y que atentan contra el derecho internacional”, ha comentado Camilo Romero, exgobernador de Nariño.
Para Alejandro Chalá, politólogo e investigador de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), el punto de partida para entender la elección no debe ser la polarización. «No hay que observar la polarización como algo malo, sino como precisamente la fase natural de la política, en la que claramente hay distintos puntos de vista que, de alguna u otra manera, van a tender a chocar siempre, sea en un escenario electoral o sea en un escenario que no esté enmarcado en lo electoral», dijo Chalá.
El partido oficialista Pacto Histórico con su candidato, Iván Cepeda, aparece como la figura que busca conservar el campo progresista sin reproducir necesariamente el mismo estilo político de Petro. Su discurso se apoya en la paz, los derechos humanos, las reformas sociales y la defensa de sectores históricamente excluidos.
En el otro extremo, Paloma Valencia representa la derecha institucional, con énfasis en seguridad, libre empresa, oposición al petrismo y defensa de un orden político más cercano al partido Centro Democrático, fundado por el expresidente Álvaro Uribe (2002-2010).
Abelardo de la Espriella, por su parte, encarna una derecha más extrema y confrontativa, con un mensaje de autoridad, reducción del Estado y choque frontal con el progresismo.
Chalá considera que la fragmentación de las candidaturas revela la dificultad de los partidos para comprender y ordenar el conflicto social actual. Solo el Pacto Histórico y el Centro Democrático han logrado construir relatos políticos con capacidad de organizar a sus bases.
«Creo que la fragmentación de las candidaturas políticas en Colombia es muy clara y habla muchísimo de que, hasta cierto punto, no ha habido ningún partido en Colombia, más allá del Centro Democrático ahora mismo y del partido del Pacto Histórico por el lado de la izquierda, que hayan entendido cuál es la dinámica del conflicto social actual y la gestión que le dan a ese conflicto», explicó.
El Pacto Histórico, afirma, articuló un discurso alrededor de la redistribución, una demanda que se hizo visible durante los paros nacionales y que sigue siendo el núcleo de su promesa electoral.
El Centro Democrático, en cambio, organiza su mensaje alrededor de la seguridad y el orden, especialmente en sectores urbanos y en regiones donde el deterioro de la seguridad se percibe como una amenaza directa a la estabilidad.
*Economista y docente universitario colombiano, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la