Unesco: Del Nomic a Palestina

ELEAZAR DÍAZ RANGEL| La Asamblea General de la Unesco reunida en Nairobi en 1976 fue el punto de partida de uno de los procesos más ricos, extendidos, plurales y prometedores, como lo fue la búsqueda de un Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación.Últimas Noticias

La Asamblea General de la Unesco reunida en Nairobi en 1976 fue el punto de partida de uno de los procesos más ricos, extendidos, plurales y prometedores, como lo fue la búsqueda de un Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación.

En diciembre del 77 se instaló la comisión designada para su estudio, presidida por Sean MacBride, ganador de los premios de la paz Nobel y Lenin, y cuyo informe es conocido como McBride, aprobado en 1980, luego de intensos debates en las más variadas instancias -académicas, estatales, gremiales, etc.-.

Ese período fue muy rico en resultados teóricos y materiales. Simultáneamente se conocieron diversas investigaciones y estudios, y se concretaron avances por una información internacional justa y equilibrada. En esos años se crearon el Pool de Agencia de los No Alineados, Acción de Servicios Informativos, de 12 países latinoamericanos; Alasei, agencia de análisis latinoamericana; Opecna, de la Opep; Rnap, de 23 agencias de Asia; Pana, de 12 países de África, etc.

Venezuela fue uno de los países donde hubo significativa coincidencia a favor del Nomic, del gobierno, la academia y sectores gremiales de los periodistas.

Se desajustaba el mundo de las transnacionales de la información, que vieron amenazado ese poder de informar, no tolerados por las grandes potencias occidentales. Las respuestas comenzaron con la llamada Declaración de Talloirs, abiertamente contra el Nomic, seguida por la SIP, y sus similares, por la Federación Internacional de Editores, llegó hasta la Cámara de Representantes de EEUU: «La Unesco debe dejar de hacer esfuerzos por regular (sic) las corrientes de noticias e información en todo el mundo» (oct. 1981), política que posteriormente se expresó en la decisión del presidente Reagan de retirar a EEUU de la Unesco, imitado seguidamente por Alemania, Inglaterra e Israel. Le estaba torciendo el brazo con la retirada de casi 50% de su presupuesto.

La Unesco funcionó cojeando. Muchos de sus programas se cayeron. Comenzaron las negociaciones. Había que salir del senegalés Amad Mahtar M’Bow, quien como director de la Unesco impulsó vigorosamente ese proceso. Llegó de España Federico Mayor, quien por supuesto fue electo a cambio de olvidarse del Nomic, y uno de los primeros a quien fue a explicárselo fue a la Federación de Editores.

De nada valieron los pocos esfuerzos por resucitarlo.

Ya se habrán imaginado a qué viene todo este cuento. La Unesco está otra vez amenazada por EEUU, le retirará su aporte anual de 22% de su presupuesto. Como en los ochenta, su ejemplo será seguido por los mismos países.

Esta vez, el pecado fue la democrática decisión de su asamblea de 144 votantes a favor de la admisión de Palestina con todos sus derechos, apenas dos votos en contra de EEUU e Israel y algunas abstenciones.

Parece lógica una pregunta: ¿habrá otro Federico Mayor? Y en el plano nacional, extrañar el silencio de comunicólogos, periodistas, universidades, gremios y otras instituciones que estuvieron entonces con la Unesco y ahora no parece preocuparles esa grosera intromisión de la fuerza del dinero para oponerse a la decisión de los países de la Unesco.

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