Una derrota apabullante, impactante, abrumadora del neoliberalismo macrista

 

Claudio della Croce

Los candidatos presidenciales del Frente de Todos, Alberto y Cristina Fernández, vencieron por paliza, con una diferencia de 16 por ciento de los votos, a la dupla Mauricio Macri y Miguel Pichetto de la alianza oficialista Juntos por el Cambio, en las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), de cara a los comicios del 27 de octubre.

En un escenario hiperpolarizado, donde las dos fuerzas mayoritarias concentran casi el 80 por ciento de las adhesiones, y sin competencia interna en ninguno de los diez partidos en disputa por las categorías de presidente y vice, los resultados tuvieron el impacto de una enorme encuesta nacional, donde las dos terceras partes de la población repudió las políticas neoliberales de la alianza Cambiemos y del aún presidente Macri.

Alberto Fernández, exjefe de gabinete de Néstor Kirchner, afirmó que el Macri debe tomar nota del resultado y «ordenar el desorden que ha creado antes de terminar su mandato», tras dejar en claro que lo que ocurra de aquí a diciembre “es responsabilidad” exclusiva de su gobierno. Al día siguiente de las PASO, el dólar pegó un salto de 43 a 53 pesos.

En las elecciones generales  de octubre, ganará en primera vuelta el candidato que obtenga el 45% de los votos o supere el 40% con una diferencia de diez puntos sobre su contrincante. De lo contrario, habrá ballottage el 24 de noviembre.

Los números del conteo final de las PASO derrumbaron estrepitosamente los pronósticos que manejaba la Casa Rosada y las encuestadoras, en su estrategia para construir un clima virtual de paridad que no pudieron sostener pese al respaldo de la prensa hegemónica y de la manipulación en las redes sociales. La única verdad es la realidad, y ésta se vio en las urnas: el macrismo sólo ganó en la capital y en la provincia de Córdoba.

El voto de estas PASO, que para muchos parecía una sobreactuación republicanista ya que apenas definía a los candidatos que participarían en las elecciones del 27 de octubre, se convirtió en la gran encuesta nacional que el poder fáctico temía y que salió a la luz pública entre las manipulaciones de Smartmatic, Cambridge Analytica, los trolls del jefe de gabinete Marcos Peña y las fake-news de los autoproclamados “grandes periodistas argentinos” de los medios hegemónicos.

La mira del gobierno estuvo puesta en los dos millones de electores que hace cuatro años no votaron en las PASO, pero sí lo hicieron en las generales; y en los adultos mayores que no tienen obligación de sufragar, sector que también acumuló la frustración por el ajuste, la falta de resultados económicos, la desocupación y klos altos niveles de pobreza en el otrora llamado granero del mundo.

Mauricio Macri y Miguel Angel Pichetto, las caras de la derrota en el bunker de Juntos por el Cambio.La tercera vía representada por las ofertas de los derechistas Roberto Lavagna y José Luis Espert no consiguieron remontar vuelo frente a la hiperpolarización, mientras que la izquierda, fragmentada, no conservó siquiera los guarismos de cuatro años atrás. Si bien entonces, Cambiemos remontó casi nueve puntos de desventaja en las PASO, quedó a cuatro de Daniel Scioli en la primera vuelta y forzó el balotaje que finalmente lo llevó al poder. Hoy la situación no es ni remotamente similar.

Los estrategas del gobierno basaron su campaña en un deliberado ocultamiento del debate económico, haciendo foco en la demonización de los rivales de la coalición kirchnerista-peronista (especialmente en la figura de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y del “marxista”Axel Kicillof), planteó el eje pasado-futuro como línea divisoria con la oposición; y pidió el voto “sin argumentos”. Pero los argumentos estaban a la vista de todos: crisis económica y social, pauperización, miseria.

Desde una segunda línea, sin apariciones públicas, Cristina dejó el protagonismo y delegó la candidatura presidencial en Alberto Fernández y posibilitó el frente de unidad opositor, que logró sumar a Sergio Massa -un actor importante en la provincia de Buenos Aires- y luego el apoyo de gobernadores e intendentes peronistas de todo el país.

Cristina acompañó con la presentación de su libro en los distritos donde el Frente de Todos cosecha más adhesiones. También con dos apariciones -al principio y final de la campaña- con su compañero de fórmula: el acto fundacional de Merlo y el cierre multitudinario en la ciudad de Rosario.

En las últimas semanas, Alberto Fernández, un candidato inesperado, interpretó la realidad y puso a la economía en primer plano, con algunas propuestas concretas bajo la consigna ‘vamos a prender la economía´, en su búsqueda de conglomerar a los millones de desencantados y víctimas de la experiencia neoliberal y depredadora del macrismo.

El Gobierno apeló al manual probado con éxito: mensajes hipersegmentados para capturar la atención de cada ´tribu´ ciudadana, estudiadas apariciones públicas en distritos adversos y aliados, y el manual de uso de las redes sociales que, sobre el final, dejó una bizarra falla en los bots que multiplicaron el hashtag “YovotoMM” con insólitas frases de respaldo al Presidente. La efectividad del aparato comunicacional de Cambiemos y sus asesores extranjeros, esta vez falló.

 Un diferencia abismal

La diferencia del Frente de Todos sobre la alianza macrista Juntos por el Cambio superó en 15 puntos porcentuales el margen de tolerancia que había construido el gobierno (un revés menor a los cinco puntos), reversible –según sus asesores de imagen- en las elecciones del último domingo de octubre.

Más allá de la contienda nacional, la atención de estas primarias estuvo concentrada en el futuro de la macrista gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, que peleaba por su reelección en la provincia que concentra el 37% del electorado nacional y no tiene segunda vuelta. Pero su fracaso fue mayor que el de Macri: el kirchnerista exministro de Economía Axel Kicilof arañó el 50 por ciento de los votos y superó en 16% a Vidal.

Para equilibrar un posible revés en la Provincia de Buenos Aires, el gobierno confiaba en la acumulación en las otras dos provincias más importantes de la zona centro: Santa Fe y Córdoba. Pero en Santa Fe, Fernández obtuvo el 43,62% y le sacó casi diez puntos de ventaja a Macri, que llegó al 33,88%. El único lugar donde se confirmaron los pronósticos de la Casa Rosada fue en Córdoba, donde Macri sumó el 48,18% y le sacó casi 20 puntos al peronismo, que llegó al 31%.

Los analistas señalan que el derechista Consenso Federal, que sumó el 8,37% de los sufragios, para convertirse en la tercera fuerza nacional, podrá tener un valor determinante para una victoria del Frente de Todos en primera vuelta en octubre, salvo que decida apoyar al macrismo, lo que sería un suicidio de una experiencia recién nacida.

¿Cómo llegar a octubre?

Está claro que la fórmula de “les Fernández” (Alberto y Cristina), como la dupla triunfante en la provincia de Buenos Aires (Kicilof-Magario), tendrán que sortear lo que será un camino lleno de dificultades y acechanzas hasta el 27 de octubre, en medio de la agudización de la crisis que pone en riesgo, incluso, que Macri pueda terminar su mandato.

Macri pierde gobernabilidad y hace recordar al expresidente Fernando De la Rúa, que tuvo que huir en helicóptero antes de terminar su mandato. La llegada del proyecto macrista había sido mostrada como modelo ejemplar contra el progresismo. Fue el héroe de la primera cumbre de Davos a la que asistió, pero jamás invirtieron en la producción, sino que desembarcaron para especular y endeudar.

Y aconsejaron al Fondo Monetario Internacional que endeudara al país hasta las pestañas para controlar cualquier acto futuro de rebeldía contra las políticas neoliberales de saqueo y dependencia. Y el FMI transgredió todas sus normas para darle el 62% de toda su capacidad de préstamo a un solo país, empréstito que –además- no tenía la aprobación parlamentaria. Una deuda ilegal cuyo objetivo fue sostener la campaña para la reelección de Macri o, en su defecto, condicionar al gobierno que lo sucediera.

Lo que vendrá

“Argentina hoy está pariendo otro país; en ese país del que hablaba Cristina (Fernández de Kirchner), el único trabajo que tenemos es que los argentinos recuperen la felicidad”, dijo el candidato a presidente del Frente de Todos, Alberto Fernández, quien llamó a la unidad y a acabar con la venganza y la grieta.

Más temprano, cuatro horas y media después de que cerraron las urnas, sin que hubiera ningún resultado oficial, el presidente Mauricio Macri llegó a su comando de campaña y sus primeras palabras fueron: hemos tenido una mala elección; aún no había cifras en la pizarra del centro de cómputos, lo que creaba fuerte incertidumbre y dudas.

Desde Santa Cruz, donde estaba la aspirante a vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, envió un mensaje, recibido con gritos y cánticos por la multitud que fue creciendo al paso de las horas. Habló con serenidad sobre la importancia de la unidad que se había logrado y la esperanza de encontrarse todos juntos, después de los comicios del 27 de octubre.

Pero también remarcó: “estamos absolutamente conscientes de la crisis que está atravesando Argentina, y al referirse a los desocupados y a la pobreza, sostuvo que lejos de ponernos felices por el triunfo, estamos pensando en la responsabilidad sobre lo que vamos a enfrentar a partir de ahora.

Poco antes, debido a la demora del centro de cómputo para brindar resultados de la contienda, los partidos opositores comenzaron a dar a conocer los datos que tenían en sus conteos paralelos, después de haber denunciado ante la justicia electoral las irregularidades del gobierno al mantener a la empresa Smartmatic a pesar de todas a las advertencias y que terminó cometiendo errores graves y sin dar resultados concretos llegando a la medianoche.

El gobierno intentó retrasar los resultados para ver si podía incidir en algunos, pero debieron rendirse ante la realidad y especialmente lo sucedido en la provincia de Buenos Aires, que tiene 37 por ciento del electorado de todo el país.

Triste, solitario, final, el de Mauricio Macri y de su modelo neoliberal, quien quizá haya comprendido que no se puede gobernar contra el pueblo, como si éste no existiera, a pesar del respaldo de las grandes corporaciones de medios y del capital concentrado. Envió a vivir a la calle a los más vulnerables y transfirió a los paraísos fiscales los dineros de los especuladores argentinos y trasnacionales. El pueblo no lo perdonó.

**Economista y docente argentino, investigador asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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