Stelling: Amaneció de diálogo/ Earle Herrera: Acuerdo y paz/J.M.Rodríguez: La Mesa Nacional

Amaneció de diálogo

Maryclén Stelling|

A inicios de semana el país político se sorprende con la noticia de la instalación de una  “Mesa de Diálogo Nacional por la Convivencia”, suscrita entre Gobierno y sectores de la oposición “con seis históricos acuerdos”.

Bajo el asombro  inicial,  desde el espectro político surgen una serie de  interrogantes en torno a la oposición que participa en dicha mesa.  Suerte de disección de las posibles razones en torno al madrugonazo,  que se resumen en dos vertientes:   imperativo ético-moral o meras razones pragmáticas.   Se alude a  una demarcación de los sectores radicales y polarizados, además de  una  necesaria renovación profunda  y fortalecimiento del sector nacionalista de la oposición, en aras de la  defensa del dialogo, la convivencia y la democracia.   Emanan desde las otras oposiciones críticas y satanización de los partidos que osan plantear un dialogo social en alianza con el gobierno de Maduro.

A los fines del fortalecimiento de la democracia, la  Mesa de Diálogo Nacional constituye una acertada y  oportuna decisión  política, aunada a un necesario deslinde ético-político de la actual oposición.   Coincide además con  la pérdida de credibilidad,  legitimidad y apoyo a Juan Guaidó en tanto líder “designado”.

Suerte de construcción ficticia y  producto de un marketing político dirigido a clientes y consumidores, que -pese a gozar  inicialmente del  apoyo internacional y del poder transmedia-  se ha ido desgastando como actor político y cabeza de la oposición.

Tutelaje extranjero, ausencia de proyectos más allá de la confrontación y la intolerancia en detrimento del dialogo y de la convivencia;  marchas sin destino,  promesas incumplidas han terminado de rematar la ilusión de esa  oposición vacía de contenido.

La irrupción de esta Mesa de Diálogo Nacional debe fortalecer y legitimar el debate público en torno a proyectos colectivos, antagónicos y supuestamente inconciliables entre sí.  Llamada a reconocer el conflicto, las relaciones desiguales de poder y aceptar el antagonismo en democracia.  Oposición nacionalista que podría devenir en un importante instrumento de cambio.  Ámbito idóneo para la revalorización  y recuperación de  la confianza en la  política en tanto herramienta dirigida a promover la praxis.

Una mesa con competencia para  contribuir a generar un proyecto colectivo nacional.

Acuerdo y paz

Earle Herrera|

Entre las tenebrosas sanciones criminales y el bloqueo económico- financiero, el acuerdo entre el Gobierno y la oposición fue un haz de luz y esperanza, a pesar del imperio. Las descalificaciones de la derecha y los analistas cogidos fuera de base no se hicieron esperar. Partidos en peligro de extinción se centraron el aspecto cuantitativo de los opositores firmantes, en una oposición cuajada de minorías.

Lo cierto es que la mesa nacional de diálogo y los puntos del acuerdo dieron la vuelta al mundo. Si los firmantes por la oposición son grandotes o microscópicos quedó para reconcomio de unos pocos y balbuceantes argumentos de otros. Su impacto político fue tal, que el imperio se precipitó a desempolvar el Tiar sin consultar a sus vasallos (los que le obedecen temblorosos en la OEA).

En lo interno, el “genio” embotellado en Datanálisis teorizó que el Gobierno lo que busca es ganar tiempo “barato”. Sus neuronas amelcocharon la botella, como en un cuadro de Dalí. Ramos Allup salió de su “concha” y se fue a la Asamblea Nacional a desafiar a los chavistas, pero se encontró como el Generalísimo en la Vela de Coro, “sin amigos que se le unieran ni enemigos contra quienes pelear”. Entonces se puso a hacer boxeo de sombra con la pera de su lengua.

El autoproclamado debería estar agradecido con el acuerdo de paz, pues este desplazó de los titulares mediáticos, incluso en Colombia, su descubierto concubinato con “Los Rastrojos”, narco-paracos autores de los más atroces crímenes. Por supuesto, ese es un hecho colateral, el objetivo de la mesa nacional del diálogo es más noble y trascendente que lavarle la cara a un “interino” cogido en malas compañías por trochas y atajos.

Desproporcionada también la reacción de EEUU ante el diálogo entre venezolanos. Activó el Tiar unilateralmente y chilló que no reconoce a la oposición firmante. Sin duda que el acuerdo fue un recto al suiche del autoproclamado y un gancho al hígado del imperio.

La situación del país clamaba por pasos en esta dirección por parte de sus líderes, de la oposición y el Gobierno. El entendimiento ya es bombardeado por todos los enemigos de la paz en Venezuela y Latinoamérica. Ladran los perros de la guerra, pero el primer paso está dado y la semilla sembrada. Sobrarán las manos que la rieguen.

La Mesa Nacional

JM. Rodríguez

El gobierno y el sector reflexivo de la oposición acaban de firmar un acuerdo de paz instalando una mesa de trabajo para la defensa de la soberanía y el cumplimiento con la Constitución Nacional. Se intenta recomponer la institucionalidad. Mejor propósito es imposible, bienvenido sea, el país está agotado.

El gobierno ha tenido éxito en su estrategia de dejar que los grupos de opositores sociópatas se consuman en sus propias hogueras (aunque el costo material y anímico de este “dejar hacer” haya sido, para la Nación y para la República, gigantesco). Con ello intenta llevar a una oposición, con fracturas irreconciliables, a una medición electoral que dificultaría sus posibilidades de ganar y  disminuiría la presión de la derecha internacional.

A su vez, este sector sensato de la oposición, ha visualizado que la torcida de brazo del capitalismo mundial, si bien no logró sacar al chavismo del gobierno, lo ha obligado a negociar buscando algo parecido a una cohabitación, por ejemplo, un ejecutivo socialista y un legislativo liberal, que permita equilibrar los cinco poderes. Esa parece ser su apuesta.

Lo cierto es que ambos intentan minimizar la verdadera disyuntiva política que nos enfrenta que es de naturaleza excluyente, llámese como se llame: izquierda o derecha, socialismo o capitalismo, revolución o conservadurismo, protagonismo o tutelaje. Están en confrontación permanente y sus acuerdos son coyunturales. Lo alarmante es que, ahora, luego de 20 años de intentar avanzar al socialismo, la hoja de ruta pareciera trazarse sobre la capitulación del propósito último.

Lo digo porque la cohabitación, que tantas vanas ilusiones genera en el idealismo europeo, sólo ha encontrado piso en la fría Escandinavia, más bien en los noruegos. Obligados por su terrible naturaleza, por su aislamiento y las ansias territoriales de sus vecinos,  desarrollaron con autodisciplina, responsabilidad colectiva, homogeneidad de origen y el luteranismo como sólida fe; un equilibrio que parece no depender de programas políticos. Su libre mercado bajo control estatal y su particular rechazo por la globalización, sobrevive al partido conservador que los gobierna desde hace seis años. Nada que ver con nosotros.

 

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