Scioli, ganador por puntos

Marcos Salgado – Desde la Plaza

El próximo 22 de noviembre 32 millones de argentinas y argentinos deberán definir por primera vez en la historia en segunda vuelta quién será el próximo presidente.

Por primera vez, también, se produjo un debate presidencial como el que se vivió anoche en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Daniel Scioli, candidato peronista del oficialista Frente para la Victoria y Mauricio Macri, referente del Partido PRO y candidato de la alianza Cambiemos se vieron las caras durante una hora.

Comenzaron con un lapso de silencio por las víctimas de los ataques terroristas en Francia, y luego alternaron intervenciones cronometradas de uno o dos minutos y hablaron poco de los ejes propuestos por los organizadores del evento, por el contrario, se concentraron en reforzar los ejes centrales de sus estrategias de campaña en primera y segunda vuelta.

Pero lo nuevo fue que Macri salió al ruedo con el cuchillo en los dientes. Sorprendió con una estrategia agresiva que desentonó con su campaña hasta aquí edulcorada. Acusó a Scioli de ser un vocero del kirchnerismo y con indisimulada altanería lo menospreció una y otra vez: “en qué te has transformado, parecés un panelista de 6 7 8”, le espetó dos veces, en referencia a un programa de TV de abierta defensa al gobierno de Cristina Fernández.

En la primera parte del debate Scioli no respondió a las provocaciones, y alternó definiciones generales sobre cómo sería su eventual gobierno con apelaciones a las consecuencias inmediatas de la hipotética administración Macri. “Detrás del cambio hay una gran mentira”, dijo. Denunció que el candidato de Cambiemos prepara una “brusca devaluación” del peso argentino frente al dólar, junto a la quita de subsidios a los transportes públicos, un ítem de vital importancia en la economía de los argentinos.

Sólo cuando promediaba el debate y el tema era las políticas de seguridad y contra el narcotráfico, Scioli mostró munición mas gruesa: “¿Si no pudiste resolver el tema de los trapitos, creés que vas a resolver el tema del narcotráfico? Se llama “trapitos” en la Argentina a los que piden dinero a cambio de vigilar automóviles estacionados en la calle, especialmente en la ciudad de Buenos Aires, donde Macri fue jefe de Gobierno por dos períodos consecutivos.

Macri hizo gala de un perfecta sincronización. Casi todas sus intervenciones culminaron un segundo antes de que sonara la campanilla, Scioli en cambió chocó contra el reloj y contra los tres moderadores impiadosos (periodistas de medios privados) que no le dejaron terminar las intervenciones. “Tenés que respetar los tiempos Daniel, por favor”, le dijo Macri. A contramano del entusiasmo que mostraron algunos cronistas de medios hegemónicos, aquí nos inclinamos a pensar que el regaño de Macri fue un gesto desafiante y soberbio, que puede beneficiar a Scioli más que perjudicarlo.

Tampoco surtió efecto la táctica de Macri para ligar a Scioli con los referentes más desacreditados del kirchnerismo. Por caso, el candidato opositor nombró un par de veces a Aníbal Fernández, actual jefe de Gabinete de Cristina Fernández derrotado por una referente del riñón de Macri en la carrera a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Las dos veces encontró la misma respuesta cuidada de Scioli: “insistís en debatir con un gobierno que termina el 10 de diciembre”, en referencia a la fecha de toma de posesión del próximo presidente.

Macri contra Venezuela, Scioli contra el Fondo Monetario

El intenso ping pong dio tiempo también para algunas definiciones de fondo, especialmente en el final del debate. “No volvamos nunca más a ponernos de rodillas frente al FMI”, pidió Scioli. Macri, por su parte intentó sin éxito que Scioli fijara posición sobre asuntos internos de Venezuela.

Reiteró -ya lo había dicho a medios extranjeros la semana pasada- que de ganar el balotaje inmediatamente pedirá se utilice la cláusula democrática del Mercosur contra Venezuela, donde aseguró no se respetan los derechos humanos. También dijo que dejará sin efecto el acuerdo con Irán con el que el gobierno de Cristina Fernández busca avanzar en el esclarecimiento del atentado contra la mutual judía AMIA, ocurrido en Buenos Aires en 1994.

Aunque la asomó como la carta de ataque mejor guardada, el intento de Macri de forzar a Scioli con una definición sobre Venezuela e Irán fue tal vez el momento de mayor debilidad del candidato opositor en el debate. Es que una cosa está clara: los derechos humanos en Venezuela y las negociaciones con Irán no forman parte de la agenda nacional y no desvelan a nadie en Argentina. Lo mejor que pudo hacer Scioli fue no contestar.

Pero más allá del saldo del debate, la referencia de Macri a Venezuela es un portentoso antecedente de lo que vendrá en caso de que el candidato neoliberal resulte electo. Ante todo, es una señal de alineación automática con la agenda continental de los Estados Unidos, que ni siquiera formulan abiertamente gobiernos de derecha en el subcontinente.

La calle más que el debate

Scioli aseguró que Macri “mandó a esconder” a sus economistas, tras el aumento de la harina de trigo -elemento vital y básico en la dieta de los argentinos- y los medicamentos en la última semana. Aumentos que desde el oficialismo se asegura son la consecuencia urgente y precoz de las definiciones de referentes del macrismo  que piden liberar el dólar como primera medida económica de un eventual gobierno del opositor.

Dice -antes del debate- Aram Aharonian, experimentado cronista latinoamericano, fundador de Telesur y actual director del semanario bonaerense Miradas al Sur: “todo indica que el voto macrista tocó techo y las victoriosas encuestas se pinchan, en un período entre elecciones demasiado largo como para mantener el engaño”.

Explica el periodista que “Cambiemos planteó una campaña alegre, divertida, positiva, al estilo pare-de-sufrir, sin contenidos ideológicos, mientras el FpV se empecinó en el reconocimiento a la década ganada y en el miedo hacia el futuro posible si ganase el proyecto del PRO. La habilidad de los que idearon el producto Macri fue hacer creer que lo muy viejo –el neoliberalismo– era la novedad.”

Aharonian anota que en la semana antes del debate Macri no atacó directamente al kirchnerismo y hasta aseguró que Argentina “no tiene problemas de fondo”. Aunque decidió desenfundar pistolas en el debate, Macri no criticó directamente ni una vez a la presidenta Cristina, que se va del gobierno con un porcentaje de aprobación inimaginable hasta aquí en Argentina para quien corporiza doce años de gestión.

Anotamos nosotros que tal vez la virulencia del opositor en el debate de ayer domingo sea fruto de una íntima percepción negativa sobre su desempeño electoral el fin de semana que viene.

Una cosa es segura: nadie puede asegurar nada. El debate de este domingo en la Facultad de Derecho se salda -opinamos aquí- a favor del candidato Scioli, pero las encuestas quedaron, tras la primera vuelta, lo suficientemente sumergidas como para no asegurar nada concreto a las puertas del 22 de noviembre.

Habrá que esperar. Por lo pronto, Macri adelantó que cerrará su campaña electoral en Humahuaca. Un imponente centro histórico del virreinato del Alto Perú. La ciudad de los colores, techo del norte de Argentina. Muy lejos de la ciudad de Buenos Aires, único distrito donde Macri ha logrado una hegemonía política comprobada e indiscutida.

¿Sumará Macri con movidas de campaña como el cierre en Humahuaca el volumen electoral necesario para ser Presidente? ¿Consolidará Scioli el voto antineoliberal y prokirchnerista que lo sitúe como un continuador con perfil propio?

El debate no nos arroja una respuesta mágica. El domingo próximo a eso de las ocho de la noche de Venezuela tendremos noticia.

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