La toma del poder estadounidense en África

PEPE ESCOBAR| No confíes en extraños que llegan con regalos. La amazona post moderna y secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, aterrizó finalmente en Trípoli –en un avión militar– para prodigar elogios al sospechoso Consejo Nacional de Transición (CNT), esos oportunistas/desertores/islamistas conocidos previamente como “rebeldes de la OTAN”.

Pepe Escobar-Asia Times Online

Clinton fue saludada el martes “en el suelo de Libia libre” (sus palabras) por lo que el New York Times describió curiosamente como “milicia irregular” (traducción: una banda fuertemente armada que ya tiene líos con otras bandas fuertemente armadas), antes de reunirse con el presidente del CNT Mustafa Abdel-OTAN (Conocido anteriormente como Jalil).

La mayor parte de los regalos de EE.UU. –40 millones de dólares– fuera de los 135 millones de dólares que ya fueron desembolsados desde febrero (en su mayor parte en “ayuda” militar, son destinados a un scramble de misiles dirigido por “contratistas” (es decir mercenarios) para que trate de rastrear el tsunami de cohetes antiaéreos móviles que hasta ahora ya han sido convenientemente ocultados en almacenes islamistas secretos.

Clinton dijo a los estudiantes en la Universidad de Trípoli: “Estamos a vuestro lado”. No logró conectar los puntos y darse cuenta de que los shabab (jóvenes) que comenzaron a manifestar contra Muamar Gadafi en febrero no tienen absolutamente nada que ver con los oportunistas/desertores/islamistas del CNT que usurparon las protestas. Pero tuvo tiempo suficiente para revelar otro “secreto” de la política exterior de EE.UU. –que EE.UU. quiere a Gadafi “muerto o vivo”, al estilo de George W Bush (o como beneficiario de un asesinato selectivo, al estilo de Barack Obama).

La nueva Faluya

En sus agotadoras seis horas y media en el suelo de “Libia libre”, Clinton no encontró el tiempo necesario para incluir un vuelo en helicóptero a Sirte para ver por sí misma cómo la OTAN ejerce su R2P (“responsabilidad de proteger” civiles).

Algunos cientos de soldados y no menos de 80.000 civiles fueron bombardeados durante semanas por la OTAN y los antiguos “rebeldes”. Solo 20.000 civiles lograron escapar. No quedan alimentos. Han cortado el agua y la electricidad. Los hospitales están vacíos. La ciudad –sitiada– está en ruinas. Los imames de Sirte han emitido una fatua (decreto) permitiendo a los sobrevivientes que coman gatos y perros.

Lo que Gadafi nunca hizo a Bengasi –y no hay ninguna evidencia de que pudiera haberlo hecho– lo está haciendo el CNT a Sirte, la ciudad natal de Gadafi. Como la ofensiva asesina de EE.UU. en Faluya en el triángulo suní iraquí a fines de 2004, Sirte es destruida para “salvarla”. Sirte, la nueva Faluya, os la presentan los rebeldes de la OTAN, R2P, RIP.

La cosa se pone mucho peor. Libia es solo un ángulo de una estrategia de múltiples vectores de EE.UU. en África. La insana candidata presidencial Michelle Bachmann, puede haberlo identificado sin querer en el debate republicano del martes en Las Vegas. En una demostración de su acumen geográfico, cuando se refirió a la nueva intervención estadounidense de Obama en Uganda, Bachmann dijo: “Nos coloca en Libia. Ahora nos coloca en África”. Es verdad, Libia ya no es África; como lo desea la contrarrevolucionaria Casa de Saud, Libia ha sido mudada a Arabia (idealmente como una monarquía restaurada).

En cuando a Obama “nos coloca en África” (Vea, Obama, el rey de África, Rebelión, 20 de octubre de 2011), esos cien soldados de las fuerzas especiales estadounidenses en Uganda, presentados como “consejeros” deben ser vistos como un remix de la modernidad líquida de Vietnam a principios de los años sesenta: también comenzó con un puñado de “consejeros” – y el resto es historia.

El Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) del sanguinario místico demente Joseph Kony es ahora un puñado variopinto de no más de 400 guerreros (solían ser más de 2.000). Están en fuga – y ni siquiera basados en Uganda, sino en Sudán del Sur (ahora protectorado occidental), la República Centroafricana y la larga frontera con la República Democrática del Congo.

¿Por qué Uganda entonces? Entra en escena Heritage Oil, y su presidente Tony Buckingham, ex –ya lo adivinasteis– “contratista” (es decir mercenario). Y el modus operandi de Heritage, descrito por el propio Buckingham, es: “desplegar una estrategia de tomar primero la iniciativa de entrar en regiones con vasta riqueza de hidrocarburos donde tenemos una ventaja estratégica”.

Traducción: dondequiera hay invasión extranjera, guerra civil, ruptura total del orden social, hay mucho que ganar. De ahí la presencia de Heritage en Iraq, Libia y Uganda.

Aprovechando la niebla de posguerra, Heritage firmó jugosos acuerdos en Kurdistán iraquí a espaldas del gobierno central en Bagdad. En Libia, Heritage compró un 51% de una compañía local llamada Sahara Oil Services, lo que significa que ahora está directamente involucrada en la operación de licencias para petróleo y gas. Al ser apremiados al respecto, los mandamases del CNT trataron de cambiar de tema, y afirmaron que nada ha sido aprobado hasta ahora.

Lo que es seguro es que Heritage irrumpió en Libia a través de un ex comando del SAS, John Holmes, fundador de Erinys, uno de los mayores grupos de mercenarios en Iraq, aparte de Xe Services, ex Blackwater. Holmes envió astutamente las botellas apropiadas de

Johnnie Walker Blue Label a Bengasi a los pillos adecuados del CNT, seduciéndolos con el know-how mercenario de Heritage para imponer la “seguridad en los campos petrolíferos”.

Tengo contratista, todo va bien

La ‘oleada’ de Obama en Uganda es también una jugada clásica de Ductistán. Las reservas petroleras descubiertas recientemente en África subsahariana, que pueden llegar a “miles de millones de barriles”, están ubicadas en la problemática frontera de Uganda, Sudán del Sur, la República Centroafricana, y la República Democrática del Congo.

Créalo o no, Heritage fue la principal compañía petrolera en Uganda hasta 2009, y perforó en el lago Albert –entre Uganda y la República Democrática del Congo– jugando a un país contra el otro. Luego vendió su licencia a Tullow Oil, esencialmente un subproducto también de propiedad de Buckingham, embolsando 1.500 millones de dólares al hacerlo y, crucialmente, sin pagar un 30% de los beneficios al bastardo de Washington, el gobierno del presidente de Uganda, Yoweri Museveni.

Entra en escena la compañía petrolera estatal libia, Tamoil, que formaba parte de una sociedad conjunta con los ugandeses para construir un oleoducto crucial a Kenia; Uganda no tiene salida al mar, y necesita urgentemente el oleoducto para cuando las exportaciones comiencen el próximo año. La guerra de la OTAN contra Libia paralizó la jugada del Ductistán. Ahora todo vuelve a estar en juego. Tamoil puede estar excluida – pero lo mismo puede valer para otros protagonistas.

Tratando de deshacer el entuerto, el parlamento en Uganda –poco antes del anuncio de Obama– decidió congelar todos los contratos por petróleo, lo que afecta a Total de Francia y a China National Offshore Oil Corporation, pero especialmente a Tullow Oil.

Pero ahora, cuando las fuerzas especiales de Obama “aconsejan” no solo a Uganda sino también a sus vecinos, y se asocian con Heritage –que es esencialmente un inmenso equipo petrolero/mercenario– no es difícil imaginar dónde terminarán los contratos petroleros de Uganda.

La amazona manda

Protector Unido, Alba de la Odisea, y todas las demás metáforas homéricas para las más de 40.000 bombas de AFRICOM/OTAN contra Libia han producido el resultado deseado: la destrucción del Estado libio (y de gran parte de la infraestructura del país, para deleite de los buitres del capitalismo del desastre). También lograron la consecuencia imprevista de esos misiles antiaéreos incautados por islamistas – una razón extremadamente convincente para que la “guerra contra el terror” en el Norte de África se haga eterna.

A Washington no le interesa para nada R2P [la responsabilidad de proteger civiles]: como lo muestra el saltito libio de Clinton, lo único que importa es la excusa de “asegurar” el arsenal de Libia – la perfecta cobertura para que contratistas estadounidenses y agentes de inteligencia anglo-franceses se apoderen de las bases militares libias.

La regla inquebrantable es que Libia “libre” debe estar bajo el control de los liberadores. Decid eso a las “milicias irregulares”, para no mencionar a la banda de Abdelhakim Belhaj y sus hombres de al Qaida que ahora tienen el control militar de Trípoli.

Vale la pena recordar que el viernes pasado, el mismo día que el Departamento de Estado de EE.UU. anunció el envío de “contratistas” a Libia, fue el día en el que Obama anunció su ‘oleada’ hacia Uganda. Y solo dos días después, Kenia invadió Somalia – una vez más con la excusa de R2P para proteger civiles contra yihadistas y piratas somalíes.

La aventura de EE.UU. en Somalia se parece cada vez más a una mezcla de Sófocles y de los Hermanos Marx. Primero fue la invasión etíope (que fracasó miserablemente). Luego la invasión de miles de soldados ugandeses enviados por Museveni para combatir a al-Shabaab (fracasada parcialmente; después de todo el “gobierno” respaldado por Washington apenas controla un vecindario en Mogadiscio).

Ahora la invasión keniana. Una medida de la lucidez de la CIA es que sus agentes han estado en el terreno durante meses junto a un montón de mercenarios. Pronto algún fanfarrón de la contrainsurgencia en Washington que ora en el altar del nuevo jefe de la CIA, David Petraeus, concluirá que la única solución es un ejército de drones MQ-9 Reaper para que ataquen Somalia hasta la muerte.

La visión general sigue siendo que AFRICOM del Pentágono extienda sus tentáculos militarizados contra el atractivo del poder blando chino en África, que consiste de: a cambio de petróleo y minerales, construimos todo lo que queráis, y no tratamos de venderos “democracia para tontos”.

El gobierno de Bush despertó un poco tarde ante esta “amenaza” – al nacer AFRICOM en 2008. Bajo el gobierno de Obama, el humor es de un pánico total. Para Petraeus, lo único que importa es “la guerra prolongada” con esteroides – de soldados en el terreno a ejércitos de drones, y ¿cómo van a estar en desacuerdo el Pentágono, la Casa Blanca y el Departamento de Estado?

El geógrafo y politólogo italiano Manlio Dinucci es uno de los pocos en señalar cómo funciona el neocolonialismo 2.0: basta con mirar al mapa. En África Central, el objetivo es la supremacía militar de EE.UU. –en el aire y en los servicios de inteligencia– sobre Uganda, Sudán del Sur, República Centroafricana y la República Democrática del Congo.

En Libia, el objetivo es ocupar una encrucijada absolutamente estratégica entre el Mediterráneo, el norte de África y Medio Oriente, con el beneficio (nostálgico) agregado de que Occidente –o sea París, Londres y Washington– finalmente lleguen a poseer bases como cuando el rey Idris estuvo en el poder (1951 a 1969). En conjunto, hay que establecer el control sobre el norte de África, África central, África oriental y –más problemáticamente– el Cuerno de África.

La pregunta del billón de dólares que nos espera es cómo reaccionará China – que planea sus acciones estratégicas años antes. En cuanto a la amazona Clinton, debe estar radiante. En Iraq, Washington destruyó meticulosamente todo un país durante dos largas décadas, solo para terminar sin nada – ni siquiera un contrato petrolero sustancial. Clinton tiene por lo menos un ejército privado – los “consejeros” que estarán estacionados en la embajada de EE.UU. en Bagdad, más grande que el Vaticano. Y considerando que los nuevos “consejeros” africanos de Obama serán pagados por el Departamento de Estado, ahora Clinton también posee su propio ejército privado africano. Después de noviembre de 2012, no deja de ser posible que Clinton entre al negocio de los contratistas. En el nombre sagrado de R2P, naturalmente.

Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War ” (Nimble Books, 2007) y “ Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge ”. Su último libro es “ Obama does Globalistan ” (Nimble Books, 2009).

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