En Argentina somos todos médicos, en medio del revisionismo histótico

JUAN GUAHÁN| Con motivo de la polémica operación a la presidenta argentina Cristina  Fernández de Kirchner y aspectos equivocados del diagnóstico inicial da la impresión que en la Argentina todos somos médicos. Como somos todos entrenadores de fútbol o excelsos ecopnomistfas. Mientras la política no tiene muchas novedades, los datos de la economía generan preocupación y esperanza.

Question Latinoamérica

Difícilmente haya habido en la Argentina una mesa hogareña, una barra del bar o la esquina, una oficina pública, donde no se haya debatido -con mucha pasión- el desenlace de la operación a la que fuera sometida nuestra Presidenta. Todos los argentinos, prácticamente sin excepción nos colgamos el estetoscopio, nos pusimos el delantal de médicos y opinamos sobre los “errores” del diagnóstico inicial y sacamos todo tipo de conclusiones. Más allá de estas apasionadas discusiones y opiniones, un clima tranquilizador se adueñó de la mayor parte de los compatriotas al enterarse que la enfermedad de la Presidenta era menos grave de lo originariamente planteado.

Quienes quedaron seriamente cuestionados y en el “ojo de la tormenta” fueron los integrantes de la Unidad Médica Presidencial (UMP), particularmente  su responsable el “Gordo” Luis Buonomo, muchos estiman que dentro de un tiempo otro puede ser  su destino laboral.

En lo político el sucesor de Julio Anacleto Cobos parece desenvolverse con muchas precauciones, procurando no atizar los problemas ya existentes con los más íntimos del entorno presidencial. Para su beneficio, al evitar los intermediarios, Amado Boudou ya se puede comunicar directamente con la Presidenta. En lo económico la semana estuvo caracterizada por un cúmulo de novedades donde se alternan las  buenas  con  las no tanto.

Entre estas últimas se cuenta el informe parlamentario sobre la inflación. Una de las informantes acerca de estos datos -una síntesis de lo producido por varias consultoras privadas- fue la diputada piquetera Ramona Puchetta, que llegó al Parlamento en las listas de Alberto Rodríguez Sáa y precediendo al discutido dirigente Raúl Castells. Los legisladores informaron que la inflación de diciembre fue de 1,9%, sumando un anual de 22,81%  Esta cifra es un poco más del doble de lo señalado por el INDEC, cuyos datos dieron 0,8% para diciembre y un 9,5% para todo el año.

El oficialismo seguramente convalidará el decreto firmado por Cristina, horas antes de ser internada para su operación, por el cual se dispuso una “revisión de los pagos por adicionales” que perciben 300 mil empleados estatales. Esta medida, que mañana será considerada por una Comisión Parlamentaria Bicameral, cuenta con el aval del sindicalista Andrés Rodríguez, Secretario General de la Unión de Personal Civil de la Nación (UPCN). En cambio se opone Julio Piumato, dirigente judicial, ambos de la central obrera peronista CGT. Por el lado de los trabajadores del Esatado (AT) y la opositora central CTA ya han manifestado su oposición y están planificando medidas de resistencia a esa medida.

Teniendo presente la temperatura de estos días y los récords históricos de consumo energético, desde el Ministerio de Planificación –Julio de Vido- están satisfechos porque el aprovisionamiento fue suficiente. No obstante ello hubo cortes reiterados en muchos sitios del país. Los distribuidores generales y locales se echan mutuamente las culpas antes el generalizado reclamo colectivo. Éste incluyó varios cacerolazos en la ciudad de Rosario.

Como medidas positivas se han publicado las cifras de los nuevos empleos industriales, en estos 8 años. Se trata de 1,3 millones de nuevos puestos de trabajo. A éstos se le podrían sumar otro 1,5 millones previstos hasta el 2020. Los sectores de mayor crecimiento fueron la construcción, seguido –a bastante distancia- por automotrices y textiles. Por otro lado se hizo pública la decisión sobre la obligación, que regirá a partir del 1º de febrero, de presentar a la AFIP, la dirección impositiva, una Declaración Jurada Anticipada de Importación”, quedando sujeto el trámite de importación a la aprobación estatal.

De esta manera el gobierno avanza en su intervención sobre el mercado exterior. La explicación “de coyuntura” apunta a la necesidad de ahorrar todos los dólares que se pueda. La razón estratégica sería darle un mayor impulso a las políticas de sustitución de importaciones.

Derribando estatuas y revisando genocidios

Es común asistir a diversas expresiones en el sentido de “tirar abajo” el monumento a Julio Argentino Roca, en pleno centro de la urbe porteña. Tales intentos están fundados en la acusación de genocida que pesa sobre Roca como consecuencia de su “Campaña al Desierto” y los crímenes cometidos contra los “pueblos originarios” residentes en esa región, con motivo de dicha “campaña”. Son varias las reflexiones que genera esta pretensión de “derribar estatuas”

La primera tiene que ver con el hecho que somos el producto de una historia, con sus luces y sombras. Lo más sensato parece asumirla completa, de modo tal que ella no se oculte a las generaciones venideras. Las mayorías populares o fuerzas dominantes en cada momento de la historia construyen su propia visión de la realidad. Lo más saludable parecería ser que ella, siendo ruptura o continuidad de las anteriores, de cuenta de las mismas con críticas o aplausos, pero sin negarlas o destruir las manifestaciones con las que otras generaciones los recordaron.

En segundo lugar, no son pocos los sectores que ven en Roca un símbolo de la construcción de este Estado Nacional y de sus actuales límites territoriales. No se incluyen en esta consideración a los sectores conservadores que hacen del combate a los pueblos originarios un paradigma que manifiesta su odio a lo nativo. Tampoco a quienes en nombre del progreso, avalan la negación y destrucción de las culturas precedentes. En este caso se refiere a los que como Jorge Abelardo Ramos, reivindican el rol de Roca definiendo los alcances territoriales del Estado Nacional.

En efecto su “Campaña al Desierto” (1879/81) permitió, a lo que sería conocido como República Argentina, ocupar la Patagonia. Ésta estaba poblada por unas 14 mil familias mapuches que habían asimilado a los tehuelches, sus pobladores anteriores. Esa ocupación se realizó al precio de lo que hoy sería conocido como un auténtico genocidio. Los pobladores que no murieron peleando fueron trasladados. Las mujeres repartidas en las casas porteñas de “las familias” de la época y los varones recluidos en la Isla Martín García.

Por último ese “genocidio” no fue único. Es uno de los varios cometidos en nuestra historia por quienes son conocidos como su “clase dirigente”. Pero también fue “genocidio” la liquidación de los afrodescendientes. Esa población fue mayoritaria en el Río de la Plata durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Fueron prácticamente exterminados en el siglo XIX, con motivo de haber sido los principales reclutados para la Guerra con Paraguay y terminados de liquidar por la falta de atención en la famosa epidemia de fiebre amarilla. La eliminación física de más del 70% de los hombres paraguayos, también merecería la misma calificación. La guerra contra las montoneras federales tampoco podría ser denominada de otra manera.

Pero… si destruimos el monumento a Roca, ¿qué hacemos con los dedicados a Bartolomé Mitre, uno de los principales responsables y beneficiarios de eliminación de los pueblos originarios, del combate a los caudillos federales y de la “Guerra de la Triple Alianza” contra el pueblo paraguayo? En el mismo sentido ¿Qué lugar de la historia debería ocupar Domingo Faustino Sarmiento, el “ilustre sanjuanino”? Al respecto no se puede olvidar que éste en su brillante “Facundo” explicó que había –en Nuestra América- tres clases de seres humanos: salvajes, bárbaros y civilizados. Reivindicando a estos últimos, planteaba la necesidad de “civilizar a los bárbaros”. Respecto a los “salvajes” su posición era clara: Había que eliminarlos.

De modo tal que para mantener la coherencia, junto a la destrucción del monumento a Roca habría que “revisar” mucho más profundamente nuestra historia y encontraríamos muchos otros “genocidas” que merecerían ser “bajados de sus estatuas”.

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